martes, 23 de agosto de 2011

LA DESPEDIDA

Dame otro, china, otro amargo
como pa’ no dirme cojo,
y no morirme de antojo
porque el viajecito es largo;
y al mesmo tiempo te encargo
que me lo tengás prontito,
que á la güelta necesito
que los volvás a cebar,
pues nada me hace gozar
como este tu matecito.

Es cosa que aquerencea
de un modo particular
cuando lo sabe cebar
la china á quien se aprecea.

- Ya me estás dando correa
y se me hace que mentís.

- No seas, chirusa, infeliz,
¿y á cual otra viá querer
si como vos no hay mujer?

- ¿De endeveras los decís?


- Creemeló, que es realidá,
solo por vos desensillo.

- Güeno, cuidalo al tordillo
y volvé pronto. - Ya está.
Mirá, mi china, mirá,
mañana de tardecita
cáigo al rancho, y me palpita
que te he de tráir un barato,
pa’ que veás no soy ingrato.

- Tráime cariños, vidita!
                                    (08/1900)
Versos de Alcides De María
                   (uruguayo)

lunes, 22 de agosto de 2011

DON VENANCIO

Don Venancio:
                       por su modo
de alzar el poncho en el brazo
y su forma de sentarse
siempre en la punta de un banco;
por las flores de los trucos
dichas como por si a caso,
por sus mentiras tan lindas
en usted que era tan franco
y por sus señas ligeras
como reflejo de charco.
Por el gusto de la caña
-blanca y regular el vaso-
que le alegraba los ojos
y le hacía jugar la mano
desde el ala del chambergo
al corte justo del mazo,
lléguele entre cepa y malva
el recuerdo de mi canto,
porque, aunque talvez la muerte
lo habrá llevado muy alto,
en las tardecitas claras
debe recorre el campo,
con ancho fondo de nubes
y ya azulejo el picazo.
                                      (1946)
Versos de Miguel Domingo Etchebarne

sábado, 6 de agosto de 2011

¿TE ACORDÁS, CHINA?

¿Te acordás, china adorada,
de aquella noche tan grata,
que siendo el santo ‘e tu tata
se reunió la paisanada?
Noche de baile y payada
pa’ mi la de más fortuna,
noche linda cual ninguna
pa’ despertar las pasiones,
y que brillaron facones
al resplandor de la luna.

Vos te habías abajerao
un traje color limón,
con una cinta punzó
hecha moño en el painao;
un pañuelo colorao
te cáiba hasta el cinturón,
y había tanto almidón
debajo de tu vestido
que las naguas hacían ruido
lo mesmo que un ventarrón.

¿Te acordás que te saqué
pa’ un gato con macachines,
y te polvié los botines
en cuanto lo escobiyé…?
Me miraste, te miré,
y al decir la relación,
vos miraste pa’ un rincón
pa’ ver si óiba tu mama,
y ansí mostraste la rama
florida, de tu pasión.

Cuando te encaraste a mí
te pusiste como guinda,
y al verte tímida y linda
con más hambre me sentí;
creo que te dije ansí
después del escobiyao:
“Cuando me sirven asao
soy más glotón que un muchacho,
quisiera comerte un cacho
aunque me muera empachao”.

Al óirme la relación
te vino como de intento
un juerte estremecimiento
desde la nuca al garrón,
y con un tono burlón
y la miradita gacha
me dijiste: “Aunque muchacha
le contesto su endilgada,
cuando no es carne cansada
ni el más chapetón se empacha”.

En eso un mamao gritó
que salga el que sea varón,
y al candil de un sacudón
con el poncho lo voltió;
y en cuanto oscuro quedó
te saqué rumbo al poniente,
te apliqué un beso en la frente
que tu jagüel fue testigo,
y lo demás… no lo digo…
porque me oye mucha gente.

Versos de Luis Acosta García

ROSITA LA CHACARERA

Rosita la chacarera
moza lindaza y ladina
llevó a Juan a la cocina
pa’ hablar de la chancha overa,
una noche oscura y fiera
junto al fogón lo sentó
y ahí nomás le preguntó
mientra’hacía sus quehaceres
si pensaba en las mujeres,
y Juan le dijo que nó.

Y allí mismito otro día
del fogoncito al calor
se le quejó de un dolor
que en la paleta tenía.
Le dijo que si sabía
dar ventosas, y sonrió.
Y áhi nomás, se arremangó
la bata limpita y clara
para que Juan la curara,
y Juan le dijo que nó.

Trabajando en los maizales
las enaguas le mostraba
y él, avergonzao, miraba
pa’l lao de los animales.
“Que pavo… pa’ ver baguales”,
le dijo, y se encocoró;
pero a su boca arrimó
los labios frescos y rojos,
y Juan, cerrando los ojos,
no dijo ni sí ni nó.

Y cuando se despedía
dijo, escondiendo la cara,
que a nadie se lo contara
pues la gente se reiría.
Y ella que lo comprendía
con vergüenza se acercó,
y a gatas le preguntó,
recogiendo el delantal
si el beso le supo mal,
y Juan… no dijo que nó.

(De un muy viejo folleto titulado “Biblioteca Gauchesca – Pastor Luna en versos gauchescos”, sin indicación de autor y sin fecha)

jueves, 4 de agosto de 2011

UNA CARRERA CUADRERA

Por esta sierra dorada
y aún en toda Olavarría,
no hay yegua como la mía
-ha dicho Pizzano Almada-.
Primorosa y bien plantada
entra en la cancha cuadrera
y en la partida primera
se oye opinar a la gente:
“Por lo guapa y diligente
hará suya la carrera”.

No pido, mas doy ventaja,
hago apuestas de mi flor
y corto a luz al mejor…
Ofrezco y nadie me ataja.
Un goloso me abaraja
tentao por lo que estoy dando,
pero sigue reclamando
usuras hasta el exceso;
la cancha, el tiro y el peso…
y en plata hay qu’irlo doblando.

Cuando esto se ha concertao
la gente está que se alegra
porque mi tordilla negra
se topa con un mentao…
Con un zaino colorao
que es guapo en Olavarría.
El dueño que de él se fía,
ofrece apuestas de a cientos
y yo le tomo quinientos
y ¡viva la yegua mía!

Salen parejos los dos
y oigo a la gente de afuera:
“¡La tordilla es una fiera
que va guiada por Dios!”
Corre el zaino de ella en pos,
más la carrera es sencilla,
la yegua al caballo humilla
y lo vence y se oye un grito
que suena hasta lo infinito:
“¡Ganó lejos la tordilla!”

Don Germán Pizzano Almada,
gaucho flor de la calera,
le da gloria verdadera
su yegua bien afamada.
Téngala fina y cuidada,
como Usté lo sabe hacer,
porque puede suceder
que le caiga algún tapao
y por falta de cuidao
deba la yegua perder.