sábado, 30 de abril de 2011

A LA CRIOLLAZA MANUELA

Yo no sé porque razón
cabrestiás ansí tan feo
cuando medio rebenqueo
el pingo de mi pasión;
si con güenaza intención
cariñoso te atropello
contra el palenque me estrello
de tu negra ingratitú.
¡Pucha! si como ñandú
me juis perdiendo el resuello!

Al ñudo como carancho
a todas horas del día
te ando ronciando, alma mía,
por la tranquera y el rancho;
gracias a la marca “chancho”
que en ocasiones me alienta,
de nó, ya de mi osamenta
ni el polvo hubiera quedao;
pues no hay como andar chispiao
cuando una pena revienta..

Seguile nomás cuerpiando
a mis amorosos piales
que al final entre chircales
vas a quedar hocicando;
vos me has de tener penando
con negarme tu querer,
pero yo que a la mujer
arisca, nunca le aflojo,
te he de pinchar como abrojo
hasta que te haga ceder.

Con boliarte a lo bagual
y disparar orejiando
vas mi cariño aumentando
de manera sin igual;
y yo, a quien jamás el mal
le hace perder el valor,
he de sufrir el rigor
con que me querés matar
hasta que pueda cuartiar
la carreta de tu amor.


                      (Buenos Aires, 02/1902)


Versos de Justo Albornoz

ALBORADA

(Fragmento)

Rasgando el brumoso poncho
de una noche sin estrellas,
clareando rastros y huellas
y surcos del campo en flor,
una ancha faja rosilla,
que allá por el este sube,
arrea la última nube
trenzando el primer albor…

Con la luz de la alborada
que colorea el horizonte,
pumas y gatos del monte
ya dejan de matrerear;
relinchan los yeguarizos;
alzan vuelo los caranchos,
y abren las puertas los ranchos
dejando a la luz entrar.

En las cocinas, los peones,
después de un sueñito largo,
se prenden al mate amargo,
al churrasco y al porrón;
y cargadas hasta el tope
tiradas por sus masetas,
salen las viejas carretas
con los cueros, del galpón…

En los postes y alambrados,
en los sauces y los talas,
se va el zorzal en escalas,
y abajo, escarba el tatú;
mientras por entre las zarzas,
se pierden con sus gambetas,
las perdices martinetas
y el perseguido ñandú.

A los gritos del resero,
chirleados por los cuadriles,
vienen novillos cerriles
por el gran camino real;
y bajando a la laguna
siguen al tero en comparsas,
los flamencos y las garzas
que se alzan del fachinal.

De un buey viejo en la osamenta,
que allá quedó entre los fangos,
pellizcan cuervos, chimangos
y los perros en montón;
la yegua llama al potrillo;
mientras los peones mensuales
trabajan en los corrales
imitándolo al patrón.

Versos de Bartolomé Rodolfo Aprile

EL BOLSERO

Chata playa o de cajón
que de’una van atracando,
bolsero que está esperando
en la puerta del galpón,
bolsa derecho al vagón
que en el pesaje descansa,
un pinchazo que la alcanza
como el puntazo de un sable
que le ha dao “el responsable”
poco antes de la balanza.

Burro que se ha terminao
y hay que seguir más arriba,
camino sobre la estiba
y muslos acalambrao;
nuevo, de hombro lastimao,
llegada de un forastero,
hay un cambio de sombrero
y si la sé no da tregua,
con la corrida de yegua
ya se refresca el garguero

Está el que barre la chata,
lauchero en la descosida,
el surco, que en la tenida
va dejando la alpargata;
aujeros en una lata
del chico que junta afuera
el cereal que se cayera
y lo lleva zarandeao,
también de ropa un atao
si es hijo ‘e la lavandera.

Cuzco que cuida el pilchaje
en una estiba empezada,
un lugar en la ranchada
al que es nuevo en el paraje;
un peso al que va de viaje
pa’l pan o pa’l cigarrillo,
el chiripá y calzoncillo
cuando es tiempo de calor…
Siempre mojao de sudor
pero seco de bolsillo.

jueves, 28 de abril de 2011

APARIENCIA

La cuestión me entró a gustar
una tarde yoviznando
qu’iba un picazo montando
con dos galgos a la par;
áhi fue que al atropeyar
una liebre, en la ocasión,
noté despierto en la ación
al redomón de bocao,
y cuando estuvo enfrenao
lo entré a cuidar a galpón.

No mañerió pa’ comer
ni siquiera el primer día.
Yo bien chaireao lo quería
pues pintaba pa’ correr;
una tapa le hice hacer,
el pelaje entró a cambiar,
lo sacaba a caminar
de mañana muy temprano
y ya herrao de pata y mano
también aprendió a parar.

Con Panchito, mi muchacho,
le mandé a decir a Lara
que venga ni bien aclara
pa’ ponerlo frente al ‘tacho’.
El picazo vivaracho
bien ceñido, atutanao,
más me dejó entusiasmao
cuando Lara lo tendía
y con la contra tenía
‘un diecinueve’ aliviao.

Fue un domingo luminoso
antes que apriete’l calor
que’n un moro escarciador
salí pa’l pueblo, dichoso;
cabrestiando muy airoso
iba mi picazo atento
con un trotecito lento
a lo lejos divisaba,
y al verlo así aparentaba
de poder ganarle al viento!

Y entre copa y cigarriyo
estando ayí en las cuadreras
me desafió un tal Contreras
con pingo doradiyo;
nos arreglamos senciyo:
la bandera de parao,
trescientos metros clavao,
la cancha, el peso, el rayero
…y la sorpresa, aparcero
fue perder lejos… cortao…!

Después, al atardecer
medio en el trago bandeao,
montando el moro ensiyao
pa’l rancho quise volver.
Me costaba comprender
al picazo en forma lenta,
y ya sacaba la cuenta
que no iba a pedir revancha.
¡No siempre se ve’n la cancha
lo que’n el campo aparenta!

Versos de Carlos Daniel Líneas

ACLARACIÓN

1
Mi verso quiero dejar
así nomás de pasada,
para nuestra caballada
que jamás voy a olvidar.
Yo quiero solo aclarar
a todo el aficionao
que a veces he oservao
en uno y otro paraje
que confunden el pelaje
del pingo que han ensillao.
2
Es muy poco mi saber
y muy chica mi esperiencia
pero hay que hacer diferencia
en el pelaje, a mi ver.
Si hasta suele suceder
que al “picaso”, en un apuro
hay quien lo ha llamao “oscuro”
y si el sol los ha quemao,
“cebruno” los han llamao…
Eso yo les aseguro.
3
Al “moro” con el “tordillo”
no me lo confunda, hermano,
como el “alazán” del “ruano”
y el “moro” con el “rosillo”;
“colorao”, del “doradillo”
y del “zaino colorao”;
el “bayo” con el “gatiao”
no confunda, le diré,
el “zaino” del “pangaré”
y el “alazán” del “tostao”.
4
El “overo” y el “manchao”
separo uno por uno,
el “barroso” del “lobuno”
y “rosao” de “entrepelao”.
No confunda en ningún lao
el “sabino” y el “tordillo”
y sepárelos con brillo
como el “palomo” del “blanco,
eso se conoce al tranco
es muy fácil y sencillo.
5
Está el “castaño”, el “pintao”,
el “azulejo”, el “tobiano”,
el “dorao” y el “rabicano”,
el “yaguané” y el “bragao”.
Y empiezo por otro lao
con manchas particulares,
en el campo muy vulgares
como el “lista” y “malacara”,
que tan fácil encontrara
andando en estos lugares.
6
Está el “pampa”, el “mascarilla”,
el “estrella” y el “lucero”,
el “lista tuerta”, que quiero,
“pico blanco” y “gargantilla”.
También está el “testerilla”,
el “media res” y el “maneao”,
el ”medias botas”, el “trabao”
y el “argel” ya lo atestigua;
me voy con la frase antigua:
¡Es muy ligero el “cruzao”!
7
Yo he querido en mi versiar
destacar pelo por pelo
que para mi es un anhelo
el poderlos comparar,
y así poder aclarar
sin lugar a confusión,
y si pegué un tropezón
al ir tirando con rollos:
¡Cómo ustedes son bien criollos,
les voy a pedir perdón!

Versos de Juan Félix Oar

miércoles, 27 de abril de 2011

ROMANCE DE SOL Y HUELLA

Venías en tu carreta
mordizquiando una manzana,
sentada en el oscilante
cabezal de la culata.

Tráibas zapato amarillo,
vestidito de zaraza,
las trenzas sueltas al sol
brillando de aceite ‘e pata!

Eran un lujo esos güeyes!
franqueros, hoscos y pampas
d’esos que agarran la güeya
sin merecer la picana.

Les ataste pa’ la fiesta
machines en las guampas;
¿tráiba malicia el clavel
que me diste a la pasada?

Los cerros del Valle Edén,
en redondo corcoviaban…
Tenía olor a primavera
la brisa de la mañana…

Mi tropa andaba ligero
porque había olfatiao el agua,
y en un flete coscojero,
rabicano, ‘e gran alzada,

venía yo como de novio,
con todo el chapeao de plata,
de pata dura, luciendo
los estribos de campana.

Venías en tu carreta
mordizquiando una manzana.

“¡Moza! deme una mordida!”
-te dije- pa’ que brillaran
tus ojos de Nochebuena
dormidos de serenatas.
Me contestase a las risas
entre el mugir de las vacas:

“Si San Antonio lo ayuda
no si ha de morir de ganas!”

Los cerros del Valle Edén
bellaquiaban en redondo…
el aire, pasaba ardiendo,
como un lonjazo en el rostro…

Tuve que picar espuelas
pa’ enderezar un barroso
que se me hacía cimarrón
si le mezquinaba’l ojo,

y juí el que perdió tu amor
por no descuidar un toro…

Tomaron rumbos distintos
tu carreta y mi esperanza.

Parándome en los estribos,
te acaricié en la palabra
de mi pañuelo de seda
con voz de pena lejana…

Y después, cuando tu risa
palideció en la distancia,
acosté un silbido triste
sobre el lomo de mis vacas…

“Hopa! Hopa! Bichos lerdos”.
Polvo, pezuñas y guampas,
y el sol parao en el cielo,
y esta güeya que se alarga,
y el repique del cencerro,
y ay! qué vidita aporriada!

Siempre arriando alguna pena
pa’ la feria, o la guitarra!

BIEN SOLO Y BIEN AL TRANQUITO

Si me toca en la “culata”
ni me interesa un arreo,
me corro pa’ la puntera
pa’ atar mi silbo al cencerro.
No me gusta dir charlando
con cualquier gaucho tropero
pesao como piedra ‘e bola
que empieza y no acaba un cuento.

Llamando la novillada
al son de un silbo puntero
pasan por sobre el camino
lindas las leguas y el tiempo.
A solas con la tropilla
se me arriman los ricuerdos
a tráirme de viejos pagos
amores que jueron nuevos.

Pasan chinas y guitarras,
pericones y desvelos…
porque -siento estando solo-
como caricias los sueños.
Si hay luna, mejor pa’ un canto,
cuando no hay luna, la enciendo
en cualquier bicho de luz
o en mi puchito estrellero.

O, alzo mi chifle puntudo
pa’ verla junto al chambergo…
Siempre lo llevo con tragos
de esos que se güelven versos.
A mi que me den la punta
si dentro en algún arreo,
que andar solo y medio triste
me hace dos veces tropero.

No me apuro ni aunque sé
que llegar tarde no es güeno,
y si va o viene el camino
tuavía estoy sin saberlo.
Por eso en una puntera,
mejor si hay luna pa’ un verso,
bien solo y bien al tranquito,
triste y solo voy contento.

Versos de Wenceslao Varela
                       (uruguayo)

martes, 26 de abril de 2011

EL RESERO

El chambergo requintao,
una blusita cortona,
bombacha, botas, lloronas…
y ancho tirador platiao;
el facón atravesao
en la cintura le brilla,
y prendido a una presilla
que l‘hizo algún trenzador
sujetao al tirador
lleva el mate y la bombilla.

No le falta en el recao
pa’ los vicios la maleta,
la llave de torniqueta
y un lazo ‘e cuatro trenzao,
poncho ‘e paño, un encerao,
güenas matras y carona,
una botita “Pamplona”
que en cada boliche se hincha
y colgando de la cincha
la pavita barrigona.

No hay estancia en la comarca
qu’en su tranquear no conozca:
“La Golondrina”, “La Tosca”…
“La Malacara” o “La Zarca”.
Señales, pelos y marca
conoce hasta la “planchada”
y no ha de haber alborada
que no haiga visto asomar,
ni güella por donde andar
qu’él no sepa la cortada.

Con los ponchos por delante
empujando “el cola fina”
dibuja una serpentina
en el camino ondulante
con la tropa que distante
desfila por la gramilla
puntea una yegua rosilla,
y seis sumidos charcones
van tirando mordiscones
a las pajas de la orilla.

Entre un grito y un silbido
taloneando su constancia,
se va hundiendo en la distancia
entre el rumbo del balido.
Responsable y precavido,
guardián de ajena fortuna,
pa’ que no le falte alguna
de las vacas pa’ entregar,
de noche sabe rondar
y marcha al salir la luna.

Si el temporal desatao
lo sorprende en plena marcha
y sobre el barro o escarcha
no puede tender recao…
Tantas d’esas ha pasao!
que no v’a ser la primera;
si hallándose campo ajuera,
sobre la cruz de su bayo
supo dormir de acaballo
afirmao a la estribera.

Su suerte es estar llegando
pero nunca pa’ quedarse:
a veces suele olvidarse
qu’el rancho lo está llamando;
se acerca de vez en cuando
pa’ no perder la costumbre
con el último vislumbre
del sol que acaba d’entrar
y se tiene que ausentar
antes qu’el lucero alumbre.

Apenas cambia de ropa,
ensilla y güelve a salir,
prometió que va a cumplir
con el dueño de otra tropa;
pa’ ganar tiempo galopa
sin aflojar un momento,
bajo la lluvia y el viento
cruza por bañaos y esteros.
Por algo allá en “Mataderos”
le hicieron un monumento.

Versos de Andrés Eduardo Gromaz

LA PRIMER VISITA

La conoció pa’ una fiesta
en la esquina “La Totora”
y bailaron hasta la hora
que se tuvo que ir la orquesta.
La cosa quedó dispuesta
que a visitarla iba a dir,
por eso se ve venir
en el tordillo escarciando,
y ella, que lo está esperando,
ya lo sale a recibir.

Y así después de pasar
echa un vistazo al palenque,
hace un nudo en el rebenque
y lo dentra a desatar.
O ya empieza a castigar
la bota con la azotera,
y se va la tarde entera
palabra va y mate viene,
y el sol, que no se detiene
refala por la ladera.

La “vieja” se va a juntar
los güevos al gallinero
y el “viejo” a atar el ternero
de la vaca de ordeñar,
y él, sin hacerse esperar,
viendo que el tiempo es escaso,
va desarrollando el lazo
y áhi cerca nomás el criollo,
le tira con todo el rollo,
pa’ pialar un “sí” machazo.

Dos cachetes colorean
como tomates maduros
y dos corazones puros
como locos bellaquean.
Las miradas se cambean
y ni cuenta se están dando
que la pava está cantando,
y hasta la tapa salpica,
con ruido de perdiz chica
cuando se aleja volando.

Cuando la noche se viene
hace mención de marchar,
pero un “quédese a cenar”
y “total que apuro tiene”
resulta que lo entretiene,
y en el lomo del tordillo
la lana del cojinillo
con el rocío se moja,
mientras que hace la coscoja
contrapunto con un grillo.

Versos de Luis Domingo Berho

TRENZAO DE SEIS

Lazo de seis, bien trenzao,
cuantas veces, pa’ mi bien,
en menos de un santiamén
solía tenerte armao.
Hoy como yo, arrinconao,
pasás desapercibido,
y si el tiempo transcurrido
quiere borrar tu campaña
ya te conozco una hazaña
de la que nunca me olvido.

Corbalán, gaucho mentao,
campero como el churrasco,
parece que fuera vasco
por lo reloco y profiao.
Andando así atravesao
deja de ser cauteloso,
y de puro caprichoso
se le antojó una ocasión
‘bandear’ el Samborombón
estando muy correntoso.

Que el río no daba paso
dos veces se lo alvertí,
pero él ráindose de mi
siguió sin hacerme caso.
Presintiendo su fracaso
me formé una mala idea,
y aunque en la brava pelea
dentró Corbalán con fe
cuando el gatiao perdió pie
la cuestión se puso fea.

Con un tirón en la bocas
e echó su caballo encima,
que si él despacio lo anima
el animal no se apoca.
Y como a todos provoca
su instinto de salvación,
después de aquel chapuzón
los dos bultos separados
boyaban como empujados
en la misma dirección.

El caballo, resoplando,
mojao hasta la cabeza,
con un resto de guapeza
ganó la orilla nadando.
Corvalán, casi boqueando
se debatía inútilmente,
y ya perdido, impotente,
como una fiera vencida
era un juguete con vida
arrastrao por la corriente.

En un trance tan severo
de un tirón te desaté
y en un pestañar te armé
como una luz de ligero.
Montao en mi zaino overo
calculé justito el trecho,
y me hizo una buya el pecho
cuando tu armada, me acuerdo,
cayó bajo el brazo izquierdo
y sobre el hombro derecho.

Yo puse el alma en el tiro…
lo demás lo hiciste vos,
y al darle gracias a Dios
dejé escapar un suspiro.
Después ya tomo otro giro
lo que antes fue pesadilla,
y en una escena sencilla
un hombre, una estampa criolla,
entre la yapa y la argolla
cabrestiaba pa’ la orilla.

Por eso te quiero tanto
mi viejo lazo trenzao,
y como me hallo inspirao
en estos versos te canto.
En mis rimas te agiganto
porque un deber me convida
y cuando en forma sentida
te acaricio con afán
me acuerdo que Corbalán
¡te está debiendo la vida!...

Versos de Pedro Risso

MENSUAL DE CAMPO

¿En qué potrero lejano
se prolongará su marcha
sobre dureza de escarcha
o trebolar de verano?
¿Tras qué ternero orejano
o rastro de yeguarizo,
en el pangaré mestizo
o el malacara lunanco,
irá recorriendo al tranco
el horizonte rojizo?

Lo enlutaban la golilla
y el sombrero con ribete
y andaba siempre paquete
de bota de cabritilla;
sólo adornaba una hebilla
su cinto de cuero crudo;
era fuerte, corajudo
y serio como un facón,
de poca conversación
pero atento en el saludo.

Debajo del cojinillo
acostumbraba llevar
la cuchilla de cuerear
de corvo cabo amarillo;
tenía un recado sencillo,
corto a la usanza surera,
y al borde de la encimera
la california tocaba
con ruido seco de aldaba
la llave torniquetera.

Con parecido reflejo
al de su sonrisa franca,
la cincha de lona blanca
listaba el apero viejo;
tusaba liso y parejo
dejando un martillo bajo,
y usó para su trabajo,
con escondida jactancia,
en vez de los de la estancia
los dos caballos que trajo.

Uno, liviano y ligero
-el pangaré ya nombrado-
tenía paso recortado
y laya de parejero;
arrollado, coscojero
y pronto para montar,
aunque manso en el andar,
cualquier madrugada fría
en el arranque podía
arrastrarse a corcovear.

La estampa del malacara,
salvo el anca defectuosa,
era bruñida y vistosa
del lomo a la frente clara;
reciedumbre de tacuara
que en cada nudo reluce,
ancho y renegrido el tuse
y brasa encendida el pelo,
como si tal cosa al suelo
tumbaba una vaca al cruce.

Hombre y caballo parecen
unirse en una figura
sobre la larga llanura
por donde desaparecen,
y entre vislumbres que mecen
su incertidumbre en un giro,
aun imagino que miro
su porte cuando se fue,
montado en el pangaré
y el malacara de tiro.

Versos de Miguel Domingo Etchebarne

lunes, 25 de abril de 2011

MI MADRE BESABA EL PAN

Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo,
porque al llevarlo a sus labios
lo limpiaba con un beso.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

Un recuerdo de mi infancia
que no lo ha matado el tiempo,
algo que no he de olvidar
por más que me sienta viejo.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

Y al transcurrir de los años
lo mismo yo estoy haciendo,
besando el pan de la vida
de mis penas en silencio.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

Porque la vida es ansí
llena de error y tropiezo
y a uno lo cambia la vida
que pierde hasta los recuerdos.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

A veces dentro a pensar
en la distancia y el tiempo,
en lo bueno y en lo malo,
en la mentira y lo cierto.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

Por eso cuando yo escribo
y ‘ensestillo’ algunos versos
quiero volver al pasado
y descubrir sus misterios.
Mi madre besaba el pan
cuando se cáiba en el suelo.

COMO NIDO ABANDONAO

De la güeya en una oriya
como algo que se ha estraviao
hay un ranchito tirao
entre cardos y gramiya;
ya se ha ido medio ‘e costiya
por los vientos paletiao
pero entuavía está parao
y como una mano abierta
está ofreciendo una puerta
por si pasa algún cansao.

De tanto andarlo el pampero
medio lo ha matao del lomo,
y de tordiyo palomo
aura pasó a zaino overo,
le han hecho meya a su cuero
el tiempo y las alimañas
y mientras que las arañas
zurcen aujeros del techo,
los mangangases han hecho
como una tarja ‘e sus cañas.

Al voltearle la tranquear
los años con sus pechadas,
lindas épocas pasadas
dispararon campo ajuera,
ya en su patio sin frontera
aura tan solo ha quedao,
porrón a pique rodiao
como fortín de avanzada,
un cantero a la dentreada
por hormigas maloniao.

Sobre los cardos overos
que le han hecho corralito,
el cielo cuelga cachitos
pa’ adornarle los aleros,
rayito ‘e sol, los jilgueros
con melodiosa tibieza
le ponen a la tristeza
que’n un sauce viejo yora,
un’alegría en cada aurora
que’n cada ocaso regresa.

Lo mesmo que’n cualquier nido
ayí emplumaron pichones
que al criárselé los alones
levantaron su volido,
un casal muy dolorido
quedó mirando la güeya,
y al tiempo é la ida aqueya
vio el rancho con desconsuelo
su gaucho ‘e negro pañuelo
y ayá en su cielo otra estreya.

Por la soledá arrendao
dentró a morar la tristeza,
ilusión, dicha, beyeza,
el tiempo todo ha yevao.
Viejo nido abandonao
ande’l pasao desensiya
y un negro presagio briya
dende aquel día que’l nochero
quedó adentro del potrero
relinchando a la tropiya.

Versos de Ricardo "Tito" Urnissa

A MI CUCHILLO ESCAMAO

Si prenda de algún valor,
suele lucir mi figura,
es una que en la cintura,
llevo junto al tirador.
Me costó a mas de sudor,
aunque lo vean sencillo,
muchos pesos del bolsillo,
pa' poder mandarlo hacer,
pero al fin logré tener,
hecho a mi gusto un cuchillo.

Por empezar conseguí
una hoja cortadora,
bien templada, aguantadora,
y a medida para mí.
Siendo un antojo pedí
al platero que lo hiciera
bien gauchón y que tuviera,
con prolijo cincelao,
un buen relieve escamao,
desde el cabo a la puntera.

Con plata de la mejor,
cobró forma mi pedido,
y tal cual lo había querido,
me armé de un trabajo flor.
Pero tal vez, la mayor,
de todas mis alegrías,
fue lograr, sin fantasías
que en un monograma de oro,
se entrelacen, con decoro,
las dos iniciales mias.

Hoy con él salgo empilchao,
y al verlo irán comprobando,
que un zurdo lo está llevando,
pués va a la izquierda inclinao.
Es en la faja trabao,
aparcero sin igual,
por demas de servicial,
cosa que mucho valoro,
y es lujo que yo atesoro,
por criollo y tradicional.

Voy en su filo confiao,
a pie, o cuando un pingo ensillo,
pero nunca a mi cuchillo,
para algo malo he sacao,
pero si lo mas sagrao,
me viene el diablo a insultar,
tendré que desenvainar,
con perdón del Padre eterno,
y al mismo rey del infierno,
con él lo habré de pelear.

ME ALCANZA Y SOBRA

Frente a la azul maravilla
de un campero amanecer
siento el alma florecer
al contemplar mi tropilla;
cuando mosquea la rosilla
y suelta “el ciervo” un reflejo
se me hace al verlos de lejos
sobre el canto de una loma,
que es otro sol que se asoma
entre los ocho azulejos.

Con ellos tengo a destajo
arreo a los cuatro viento
ya que son un documento
pa’garrar cualquier trabajo,
a cual más manso de abajo
y aunque recién enfrenao,
si hay que mudar apurao
bajo una tormenta fiera
son de manotear cualquiera
a lo oscuro y emponchao.

Pa’ lucir en el recao
tengo unas pilchas de plata
que fueron del finao Tata
y son mi mayor legao;
un tirador escamao
en monedas nacionales
con la flor de los cardales
en la rastra que atesoro
y un facón que tiene en oro
grabadas mis iniciales.

Debajo de un sauce criollo
florecido de jilgueros
tiende mi rancho un alero
dando espaldas al arroyo,
me lo ha bordao a pimpollos
por fuera cada malvón
y adentro en algún tizón
suelo hallar compuestos largos
mientras me endulza el amargo
las horas junto al fogón

Por si fuera poca cosa
lo que la vida me ha dao
tengo al mío acollarao
el corazón de una moza,
ella cuida primorosa
mi tiempo de verseador
y hasta me siento cantor
cuando le observo aunque a gatas,
como le abulta la bata
el fruto de nuestro amor...

Versos de Carlos Loray

domingo, 24 de abril de 2011

RETRATO GAUCHO

¿Usté no conoce Don,
a un gaucho de Mataderos
estimao por los puebleros
y los hombres del fogón?
Que cerca de un albardón
tiene construida una choza,
que vive allí con su esposa
-una gaucha querendona-
servicial como carona
y además muy güena moza?

Él, es un hombre de estao;
firme hasta en las intenciones
y en las fiestas y reuniones
un gaucho muy apreciao.
Además es muy mentao
y querido en la campaña,
pa’ unas de a pie se da maña
y frente del mostrador,
sin ser gaucho bebedor
también le gusta la caña.

Viste traje de pueblero,
pero si hay necesidá,
también calza el chiripá,
bota, facón y culero.
Es un jinetazo entero
en el arte de la doma,
ya en el bajo o en la loma
domina al bruto ande quiera
y si el caso se ofreciera
se larga de la maroma.

Cuando mozo fue boyero
con mentas de picador
y en la güeya seguidor
como siñuelo rumbero.
Mensual y dispués resero
curtido al agua y al viento
y como le sobra aliento
pa’ cualquier cosa, amigazo,
lo mesmo le trenza un lazo
que corta parejo un tiento.

Sin echarlas de pintor
ni ser ducho en el pincel,
áhi tiene un ritrato fiel
de este gaucho de mi flor,
que hasta el rostro es de color
dorao, como paja ‘e trigo,
y a más tiene, como digo,
hasta el nombre campechano,
se llama: Horacio Lascano,
y me honro de ser su amigo.
                                         (1943)
Versos de Amadeo Desiderato

POR EL CAMINO

Repite el eco el silbido
y un perro desde una estancia
del boyero, a la distancia
contesta el viento al oído;
se oye en el campo dormido
la queja de los molinos,
y allá cortando caminos
se dibuja la silueta,
de una pesada carreta
que tiran bueyes barcinos.

Ji-ji-ji-jú, perezozo
(se escucha por el camino)
Güeya, “Guay” con ese pozo
¡cachaciento guay barcino!

Y a los gritos del boyero
que va al yugo picaneando
pisan los bueyes salvando
los peligros del sendero.

Ji-ji-ji-jú, perezozo
(se escucha por el camino)
Güeya, “Guay” con ese pozo
¡cachaciento guay barcino!

Se acerca la madrugada
y por detrás de la loma,
el sol la puntita asoma
como roja llamarada;
en la florida enramada
surge un concierto de trinos
mientras cortando caminos
se ve alejar la silueta,
de una pesada carreta
que tiran bueyes barcinos.

Versos de Tagle Lara

COMO LANZA

Toda la tarde he probao
entre la prima y la cuarta
porfiando con una nota,
y no he podido templarla…
La pava chilla y ni un mate
ha pasao por mi garganta
y si sigo ansí, la noche
se va a echar sobre las casas.
Gastando tabaco y tiempo,
aquì estoy sin hacer nada.
Patrón de mi aburrimiento
me he quedao solo en la chacra
entre dominante y tono
de una milonga pampeana.
Bozal para los recuerdos
que a mis recuerdos amansa.
Sin encerrar la lechera
ni traer leña pa’ las casas
abrazao a la tristeza
que destila mi guitarra.

En un tiempo fui patrón
de caminos y distancias;
para sobre los estribos
siempre más lejos miraba.
Las narices de mi moro
ventiando un charquito de agua
eran el único apuro
que mi destino apuraba.
Dueño de soles de marzo
y noches de estrellas altas,
desensillaba ande quiera
en el cielo de mi patria…
Ningún amor duradero
por entonces me hacía falta,
me duraban los romances
entre la noche y el alba.

Pero… una tarde de otoño
más triste que mi guitarra,
me vio pasar por aquí
con la tormenta en la espalda.
Torearon dos ovejeros,
ella salió de las casas.
Yo ensayé un “¡Ave María…!”
até el moro a la enramada
y sonaron mis espuelas
con un tin-tin de rodaja.
Cuando dentré a la cocina
pa’ saludar a su tata,
se levantó el hombre viejo,
me tendió su mano gaucha:
“-Desensille y pase mozo,
mire que se viene el agua…”
Dos ojos grises de tiempo
le chispeaban en la cara
mirando aquél forastero
de a caballo y con guitarra.

Cenamos en la cocina
después del mate y la charla;
yo canté de sobremesa,
casi hasta la madrugada.
Me levanté tempranito,
el camino me esperaba,
y los ojos de la moza
pedían que me quedara.
Y allí terminó pa’ siempre
la historia de mis andanzas…
Cambié por dos ojos tristes
mis noches de estrellas altas.
Mi guitarra tuvo dueña,
porque ella también cantaba,
y le hacían desde el ombú
contrapunto las calandrias.
Mi moro dentró a engordar
en el potrero ‘e las casas
y en un rincón se durmieron
mis dos espuelas de plata.

Después su sueño y el mío
se juntaron en la almohada,
emplumando dos pichones
bajo una ternura mansa,
y jueron dos muchachitas,
prendidas de mis bombachas,
que me pialaron los rumbos
de mis pasadas andanzas.
Y aquí estoy clavao pa’ siempre
igual que una vieja lanza,
con cicatrices de herrumbres,
recuerdos de antiguas cargas…
Gastando tabaco y tiempo
me he quedao solo en la chacra,
viá’rrimar unas astiyas
y a ver si priendo una lámpara
antes que vengan del pueblo
la patrona y las muchachas;
que si me ven en lo oscuro
van a creer que algo me pasa,
y capaz que esas mandonas
me den una levantada,
porque… a pesar de los años
y el respeto por mis canas,
yo soy dueño de mi tiempo…
pero ellas son las que mandan.

Versos de Carlos López Terra

DE RECORRIDA

Después de larga matiada
ensiyo siempre el nochero
poniéndole cada apero
con la pausa acostumbrada.
A los tientos, bien atada,
una bolsa de herramientas,
encerao pa’ las tormentas,
alambre, por si han cortao,
y un lazo por mí trenzao
que ya tiene algunas mentas.

Buscando algún abichao
en la hacienda, voy tranquiando,
mientras sigo vigilando
el tiro del alambrao.
Un perro de cada lao
van haciendo de laderos;
el alboroto ‘e los teros
da melodía matinal
y hacen coro musical
con su canto, los horneros.

Lagunas, lomas, uncales,
los talas desparramaos,
unos cardos resecaos,
varias clases de animales;
bordeo los tembladerales
por si alguno empantanó,
y el “Picazo” que avistó
a lo lejos, un caído,
con desconfiao resoplido
a mi orden se le acercó.

Un lindo noviyo holando
de noche’ncontró la muerte,
tal vez... por el trébol juerte
que de apoco va asomando.
Dispacio lo juí cueriando
pa’ sacarlo sin cortar,
porque lo quería guardar
como adorno pa’ la pieza,
o justo abajo ‘e la mesa
pa’ risguardo ‘el pisotiar.

Seguí dispacio tranquiando
y ya con el cuero en ancas
del picazo patas blancas
que soplaba, disconfiando.
Estaba un toro escarbando,
otro balaba enojao
y un tercero prieparao
pa’ trenzarse’n la topada,
y más ayá una yeguada
que’l padriyo ha’montonao.

Al pasar, a un esquinero
lo vi que estaba tumbao,
(al “pión” se lo había ladiao
el correntoso aguacero);
parao al torniquetero
tras de un rato lo dejé,
ansí a mi rancho yegué
con la gran satifación
de cumplir bien la misión
que a diario m’encomendé.

Versos de Agustín A. López

CON TODO EL ROLLO

Porque dentré al reñidero
viá probar mis espolones
me gustan las ocasiones
cuando hay gallos verdaderos,
yo siempre me juego entero
cuando cantando es el lance,
no me aflijo si en el trance
hay famosos payadores,
porque en este páis, señores,
donde hay yeguas potros nacen.

Y ya que he gritado flor
en la primer orejiada
trataré que’n la jugada
no me vean perdedor;
yo respeto al que’s mejor
sin medir mis intereses
y si hay que cuidar reveses
probarme es lo que yo quiero
ya que’l que pega primero
siempre ha pegado dos veces.

No es que me sienta confiao
ni que de vicio me agrande
pero donde quiera que ande
me han de encontrar bien plantao.
Pa’ defender lo que he hablao
con la guitarra me alcanza
y si me sobra confianza
será porque adentro siento,
que pulsando el instrumento
se me hace que’s una lanza.

Yo no soy percal barato
que lo achica el aguacero,
si saco el lazo aparcero
es porque hay rollo pa’ rato,
y aunque a veces me desato
medio porfiao y ladino
es culpa de mi destino
que no sabe de aflojada,
cuando en cualquiera trenzada
hay que cantar lo argentino.

Versos de Víctor Abel Giménez

MUSEO DE BARRO

Un rancho cuasi tapera,
se vislumbra en la llanura,
vestigios de su hermosura
pueden verse en la cumbrera.
Si el pampero hablar pudiera,
dentraría en cavilaciones;
implacable en sus sermones
que chiflan las casuarinas,
yo soy corona de espinas
para tus pobres horcones.

Inmensas telas de araña
son mortajas en tu suerte;
te anda olfateando la muerte
con su nariz de guadaña.
De manera un poco extraña
hay un jagüel que te mira,
la cruz de palo se estira
como un Cristo con un rezo
y a vos te suenan los güesos
como sacando mentiras.

Donde antes hubo una puerta,
hoy es mueca de amargura;
cual gigantesca criatura
que llora cuando despierta.
Se oye en la pampa, un alerta
por los guardias del bañao,
un buho ha capataciao
el silencio de un minuto,
como pagando tributo
a su último soldao.

El pampero ha sujetao
sus cuatrocientos de afuera
cortao, ganó la carrera
que había depositao.
Rancho, padrillo tostao
sepultao por las espinas;
te ofrezco mi peregrina
alma, a tu alma en desgarro,
porque sos, “Museo de Barro”,
de reliquias argentinas.

Versos de Omar Moreno Palacios

NOCHE DE INVIERNO

Negro, igualito a una pena
tiende la noche su manto,
las aves guardan su canto
hasta que la luz sea plena,
temprano la luna llena
se ve de estrellas rodeada,
después de una fría jornada
el invierno hace derroche
y como es larga la noche
se hace sentir más la helada.

Todos buscan el calor
ni lejos ni cerca’el fuego,
crucificao un borrego
se dora en el asador,
le hacen silencio a un cantor
que un lindo tema ha elegido,
tema que el mozo ha aprendido
en esta campera escuela
y de Wenceslao Varela
canta “La Cuenta”, a pedido.

Parece que la emoción
ganó la escena al galope,
porque de Juan Pedro López
“La Leyenda del Mojón”
le solicita el patrón,
que cante hasta ande se acuerde
y no importa si se pierde
total esto es de entrecasa,
y de mano en mano pasa
el mate su amistad verde.

A un consejo se obedece:
“el cantar con fundamento”,
transfiriendo el instrumento
a otro que lo merece,
y se acostumbra, parece,
solo a tratar cosas serias,
sin protestas ni miserias,
y arrancó en forma perfeta
a desgranar “Las Carretas”
del oriental Néstor Feria.

Siempre un cantor fogonero
suele sacar del olvido
algún recuerdo querido
y al ser suelo dorreguero,
cual homenaje sincero
al payador que fue guía
legando bellas poesías
al pago que lo idolatra,
cantó “Por tus Hombres Patria”
de Luis Acosta García.

Versos de Julián Marcos

MALAS NOTICIAS

1
Tomo la pluma en la mano
y arrancando en redepente,
espero que la priesente
te halle con salú, che hermano.
Anque no soy muy baquiano
pa’ la escritura corrida,
te hago saber que la vida
de mama se v’acabando
y que te está reclamando
pa’ que vengás enseguida.
2
Ansina con la galera
te mando esta triste carta
¡¡y que te aguante la cuarta
pa’ una noticia tan fiera!!
Vení, hermano, que te espera
pidiéndole a Tata Dios,
qu’en cuantito llegués vos
le endurezca la quijada
y entonces l’haga finada
en los brazos de los dos.
3
La cosa jué que antiyer
la médica que la vido,
dijo que ya ni el sentido
le quedaba pa’ su ver,
que la mama iba a tener
una muerte verdadera.
Que mejor que le pidiera
a Dios que se la llevara,
pa’ que antes que se cortara
la pobre no padeciera.
4
Recebí con la priesente
un juerte abrazo y mi afeto
y pa’ cortar más direto
agarrá la call’el puente;
pedí al puestero d’enfrente
que te permita pasada
y si te hace la gauchada
que pa’ él no es ninguna hazaña,
dentrá a bajarle la caña
y acortás la galopiada.
5
Venite hermano enseguida
que yo ando medio bichoco
y sólo apurando un poco
puede que la hallés con vida.
Dispensá la despedida
tan de golpe y apurada,
pero está tan atrasada
la pobrecita de mama,
que yo del lao de su cama
no quiero dirme pa’ nada.
6
Doce leguas galopió
hasta una estancia vecina,
ande manió la madrina
cambió caballo y siguió.
Ahí nomás cuando arrancó
lo cruzó por la paleta,
al bagual, que de trompeta
lo que lo movió de apuro,
salió con el lomo duro
con ganas de hinchar la jeta.
7
Y... cerrada la oración
se oyó el torido de un perro
y el tayido de un cencerro
puso el óido en atención.
Cada vez más el trotón
de una tropilla se oía.
La perrada de alegría
se cruzaba alborotada,
anunciando la llegada
del hijo qu’ella pedía.
8
Dende un bayito amarillo
se desmontó en el palenque
y la manija ‘el rebenque
colgó en el cabo ‘el cuchillo.
Como cuando era potrillo
ansias de verla refleja,
pero... su hermano lo aleja...
Y en un abrazo que arde,
le dice... ¡¡llegaste tarde,
ricién se nos jué la vieja!!

Versos de Omar Javier Menvielle

PATRONES DE ANTES

En un tiempo los patrones
eran de lay pa’ mandar,
y se vían trabajar
misturaos entre los piones.
Eran hombres baquianones
pa’ lo que se les pusiera,
igual sabían de mancera
que de tientos ramaliaos,
de ‘ingerir’ lazos cortaos
que de pialar puerta ajuera!

Sabía el patrón lidiar
con cualesquier herramienta,
como l’echaba una cuenta
y era capaz de alambrar.
El sabía hacer parar
de la cola al más enclenque,
atar un potro al palenque,
hacer novillo al ternero
y mordaza pa’l mañero
con la manija ‘el rebenque.

Nada pa' él fue distante,
y si un río desbordaba
a nado se lo bandiaba
con tropilla por delante.
Tenía pingos de aguante,
era resuelto y campero,
y cuando ya pendenciero
el sueño lo atropellaba,
al raso desensillaba
durmiendo sobre su apero.

Aura son más delicaos;
andan en auto en la estancia,
o rumbean pa’ la Francia
con dineros heredaos.
Y cuando disparramos
los bienes de alguna herencia,
quedan sin plata, ni cencia
pa’ podérsela ganar,
ricién saben relinchar
por volver a la querencia.

Versos de Charrúa

UN AMIGO ACIDENTAO

Ayer embozalé’l ruano
mientra’silbaba bajito,
ensiyé y salí al tranquito
pa’ visitar a un paisano.
Güen amigo campechano
y por oficio, soguero,
no lo vía dende’nero,
un lazo le había encargao;
pa’ ver si lo ha terminao
me jui a lo del aparcero.

Cuando a su rancho yegué
desmonté junto al corral
en donde había un bagual
de pelaje pangaré.
Medio un poco me’strañé
no verlo bajo el alero
maceteando algún cuero
como yo lo sabía ver,
cuando salió su mujer
espantando al ovejero.

Dispués de haber saludao
y de invitarme a pasar
me dijo: “-Él ya va’estar
(se’ncontraba ricostao),
¿no sabe lo que ha pasao?”
prieguntó media’sombrada,
contesté no saber nada
cuando un mate recibía
y mi amigo aparecía
con media cara vendada.

-Pero amigo: ¿qué ha pasao?
enseguida priegunté
-Ese potro pangaré
en el ojo me ha pateao.
-¡¿Y... cómo se ha descuidao?!
-La verdá que no sé nada,
me dismayó la patada,
sólo sé que tuve suerte
porque’sta güelta la muerte
me tiró una’tropeyada.

Ató el sulki mi mujer
y me yevó pa’l poblao,
yo diba disesperao
porque no podía ver.
Y cuando eya jue a’tender
al crío, hacerlo mamar,
áhi cuenta se vino a dar
del susto que se pegó
la leche se retiró
ya no pudo amantar.

Al potriyo iba’mansar
por encargo de un pueblero,
sabe que a más de soguero
tamién me gusta domar.
Y me vengo a’cidentar...!
Su lazo a medio torcer
está, y cuando pueda ver
pa’ trabajar, lo termino.
Disculpe si al cuete vino
¡no se lo he podido hacer!

Aunqu’él quería rechazar
el trabajo le pagué
adelantao, porque sé
lo que’s en la mala’ndar.
Más no lo pude ayudar
porque tampoco acetó,
no quise ofenderlo yo
insistiendo dimasiao.
¡Y así me marché apenao
por esto que le pasó!
                                        (30/04/1992)
Versos de Alberto Zárate
       "El Lujanero"

IMAGEN DEL PASAO

Un picazo rabicano
calzao de las cuatro patas,
cuya presencia delata
ser un flete soberano.
Montao en él, un paisano
viene silbando y se ve
lucir con gran altivez
en rastra, bastos y pretal,
hecha en oro una inicial
con las letras F.B.

Una madrina tobiana
zarca del lao de montar,
viene del gaucho a la par
cabrestiando muy ufana.
El gran cencerro desgrana
sus sones por el sendero
y el silbo del tropillero
junto a ellos es canción,
que alborota la extensión
con el gritar de los teros.

Pisándole los garrones
a su mama, un potrillito,
ensaya algún galopito
pa´ mostrar sus condiciones;
ya ha de ganar sus galones
cuando llegue a ser mayor,
y si conserva el color
lucirá como ninguno,
porque es tobiano lobuno,
difícil que haya mejor.

Más atrás, como jugando,
viene al tranco la tropilla,
mordizquiando la gramilla
que la hueya está bordeando.
Viene dispacio avanzando
un malacara, un gateao,
un peticito tostao,
un alazán como de oro
y un potro tobiano moro
junto a un tordillo bragao.

Al final, algo atrasao,
vivaracho como gama,
viene un pingo que la fama
se ganó de reservao.
Es un brioso colorao,
cabos negros, linda alzada,
que refleja en su mirada
un ansia de andar caminos,
lo llaman “El Argentino”,
poco nombre, cuasi nada.

Félix Bánez, el paisano
que es dueño de esta zoncera,
allá va y es cual bandera
del agitar de su mano.
Se va perdiendo en el llano
esta imagen del pasao,
y brindándole un legao
a este gaucho y su tropilla,
el sol, se parte en astillas
en la plata del chapiao.

Versos de Arnoldo Daniele

COMO DICE EL REFRÁN

Cuando a vos te pastoriaba
aquél tamañote vasco
que’ra pa’ prenderse al frasco
como gaucho pa’ la taba;
tamién yo te cabrestiaba
pero cinchando a la inversa,
y como no hay quien me tuersa
vi complacido mi afán,
con razón dice el refrán
“más vale maña que juerza”.

Cuando te rastriaba fiel
aquél gringo medio pueta,
qu’era para la limeta
como mosca pa’ la miel;
le hiciste tragar la yel
y juyó, de áhi, pesaroso,
entonces supe, ganoso,
esta gran razón, Nicasia:
“Que más vale cáir en gracia
que dárselas de gracioso”.

Después que, herido en el alma
por tus continuos rigores,
acetastes mis amores
yo creí llevar la palma;
pero arrancaste, con calma
de tu corazón m’imagen,
entonces dije: abarajen
d’este refrán la razón:
“Al que nace barrigón
es al ñudo que lo fajen”.

Entonces yo, mi chinita
como pecaste de láida,
me quedé de capa cáida
afaitao y sin visita;
como en la vida maldita
supe aprovechar tu arenga,
es güeno que te prevenga
pa’gradecer tu capricho,
que’s muy certero este dicho:
“No hay mal que por bien no venga”
(Ca. 1925)

Versos de Francisco Iriarte

RANCHO

Rancho pampa, rincón crioyo,
maneador de mi destino,
vos sos igual que un pimpollo
en el ojal del camino.

Como chambergo cantor
en la nuca de la loma,
te requintás pa’l amor
con arruyos de paloma.

Vos sos el nido de hornero
con un abrazo de horcón,
que a la sombra del alero
bordoneás la tradición.

Como un alón de avestruz
cobijás al corazón,
y sos el lazo de luz
que engualicha la ilusión.

Vos sabés ser corajudo
como zarpazo de puma,
pero siempre tu saludo
tiene virolas de espuma.

Y sos poncho, sos guarida,
sos querencia y sos fogón,
y a veces, agua florida
pa’l ensueño cimarrón.

Versos de Délfor B. Méndez

PATRONA DE FOGÓN

Que misterioso poder
o sugestión primorosa
ofrecés como una rosa
o un adorable querer;
tenés llanto de mujer,
risa ‘e gurí juguetón;
pues cuando vibra tu son
con vida de primavera
llegás milonga campera
derechito al corazón.

Como al pantano, el hornero
siempre propicia te ven,
pues pa’ tuito venís bien
como caballo nochero;
cantás al gaucho matrero,
a las güestes patrioteras
y las costumbres camperas
en vos se hallan reflejadas,
y suplantás en payada
a la cifra montonera.

Si un paisano enamorao
va a cantar a una ventana
en serenata galana
el dulce te ha transformao;
se hace tu son delicao
como el alma de las chinas,
con tus notas cristalinas
el criollo más rudo afloja;
sos beso de boca roja
en vigüelas argentinas.

Vos sos brisa campechana
silbando en la paja brava,
suerte y revés de la taba,
carreta, rancho, picana;
la melodía pampiana
con sabor a tradición
que arrugás el corazón
al gaucho joven o viejo;
y sos patrona ¡canejo!
alrededor de un fogón.
                                    (1955)
Versos de Roberto Coppari

MI TROPILLA

Cada uno tiene en la vida
alguna debilidá
y está su felicidá
en la cosa más querida.
Pa’l glotón es la comida,
pa’l avariento, la plata.
Y este cantor que desata
esta décima sencilla
ha juntao una tropilla
como eligiendo ‘e la pata.

Como goteando sonido
va el cencerro en el cogote
de la madrina que al trote
puntea en el recorrido.
Al tranco -como dormido-
la va siguiendo un tobiano,
un pangaré, un rabicano,
un alazán, un tordillo,
un zaino, un doradillo,
un malacara y un ruano.

Retozando un colorao
lindo flete pa’ un apuro,
se arrima a un bayo, un oscuro
y un overito rosao,
un cebruno y un gateao
siguen sin hacerles caso.
Un rosillo y un picaso
y un moro junto a un bragao,
van con un blanco plateao
de aguante y de sobrepaso.

Un azulejo, un tostao,
un pico blanco y un pampa,
pingos de muy buena estampa,
y a cual mejor diseñao
siguen a un bayo encerao
que endereza pa’l potrero,
y junto a un picaso overo,
redondo, como una bola,
relincha formando cola
un peticito aguatero.

Pingos, hijos de mi tierra,
guapos y trabajadores.
Son del mundo, los mejores
en la paz, como en la guerra,
cada uno en su pecho encierra,
coraje, como sosiego.
Tienen a su dueño apego,
pa’ dir a golpe de pata
dende los Andes al Plata,
de Jujuy a Tierra ‘el Fuego!

Versos de Evaristo Barrios

LOS PICAZOS DE OLIVERA

Viene subiendo el repecho
un criollo de altiva estampa,
montao en un pingo pampa
que pega la pera al pecho
y al verlo ansina aprovecho
pa’ir destacando su esmero,
en el tuse, en el apero,
en cola, oreja y ranilla
y en el lujo ‘e su tropilla
que es su orgullo de campero.

Señores viá presentar
al gaucho Lucho Olivera
que trae una yegua overa
con un moro de ‘lunar’,
la estancia “El Espartillar”
representa en este caso,
su experiencia es como un lazo
que apreta trece cogotes
y hoy la va siguiendo al trote
su tropilla de picazos.

Un cencerro charlatán
le va hablando a la distancia
de amores viejos y estancias
por los pagos de Pirán,
y en sus clarinadas van
hablando de cada doma,
tropillas, viejo no es broma
le aclaro bien ese punto
de día salieron juntos
de la estancia “Siete Lomas”.

Después le brindó el destino
los premios de su trabajo
y el golpear de su badajo
le fue marcando el camino
y al verlo tan argentino
se hace milonga un suspiro
porque ocasiones me inspiro
al ver gauchadas como estas,
que sigue siendo una fiesta
dir con la yegua de tiro.

Versos de Horacio Otero

DE REGRESO

Vengo pegando la vuelta
en una noche estreyada,
la hacienda ya fue entregada
sin que falte un animal,
con buen estao general,
bien comida y descansada.

Galopiando con la fresca
cruzando esos campos bajos
voy al compás del badajo
de mi cencerro puntero,
con este orguyo campero
del qu’hizo bien su trabajo.

El montao tras la tropiya
viene escarciando con ganas,
un contrapunto de ranas
murmuran los cañadones
y una neblina a girones
se alza en lagunas cercanas.

Yo voy chiflando bajito
algún estilo pampiano
viendo sus ojos lejanos
ayá en la estreya más alta.
¡Pucha! que poco hace falta
p’hacer feliz a un cristiano.

Versos de Juan Antonio Beherán

DESENCANTO

Me retiro, no hay que ver,
al ñudo son sus halagos,
estos ya no son mis pagos,
los pagos que dejé ayer.
Ansiaba, amigo, golver
pa’ ver mis viejas taperas,
y me hayo con puras eras,
y puras tierras aradas,
y paisanas remangadas
cuidando las sementeras.

¡La gran flauta, que dolor
ver negrear esas cuchiyas
ande antes vide tropiyas
de baguales de mi flor,
hoy solo el guay arador,
el mancarrón aguatero,
el criollito… majorero
que come gofio a puñaos,
y chanchos enchiqueraos
que jieden de lo más fiero.
Los que fueron gramiyales
que daban gusto a los ojos,
se han convertido en rastrojos
tuitos yenos de abrojales;
no hay mangueras ni corrales,
pero no falta el chiquero,
ni el galpón, ni el gayinero,
ni siyas en las cocinas,
porque, ¡ahijuna! hasta las chinas
cambiaron de asentadero.

¿Chinas dije? pues reculo
la espresión; aura el embraje
ha cambiao hasta el pelaje
con ladino disimulo;
¡compañero, hay cada rulo!
¡cada frente de cuajada!
¡cada megiya rosada
como pintada por Dios
con carmín, polvos de arroz
y cebo de riñonada!...

Nada, ¡a volar, a volar
ni estos mis pagos han sido,
ni el que como yo los vido
los golverá a ricordar.
Voy ande pueda pulpiar
y amañar un redomón,
ande alegren un jogón
gauchos que digan primores,
y hembras que envidien amores
al cebar un cimarrón.

Versos de José Alonso y Trelles
                    "El Viejo Pancho"

¡ANSÍ LO QUISIERA VER!

Don Carlos Risso, paisano
con afecto lo saludo
camperazo y entrañudo
aquí le tiendo la mano…,
con sinceridad de hermano…
me alegró mucho saber,
que ha llegao a florecer
un nuevo bástago suyo…,
y le digo con orguyo
que “ansí lo quisiera ver…!”

Yo quiero verlo mañana
redomoneando un bagüal
ó costuriando un pegüal
en la forma más paisana,
churrasqueando una picana
con güen vino de la bota…,
de risa franca y grandota
como su padre lo és…
poblao de gaucha altivéz
y de corazón patriota.

Entrevereló temprano
en los quehaceres camperos
pa’ que dengún estranjero
le vaya a ganar de mano…,
enseñeló… bien paisano…,
para atuar y pa’ decir
que sepa bien definir
a los destintos pelajes
que sea güeno pa’l hembraje
y ducho para escrebir.

Enseñelé que’l patrón
es un bicho peligroso…
y que aveces por tramposo
le hace bién un coscorrón…;
que… si amansa un redomón
po’abajo debe empezar
pués si sabe trabajar
como el indio… debe hacer
“manosearlo hasta saber
que nada lo hace temblar…!”

Que sepa a una res vacuna
sacarle los siete asau…,
manejar bien el trenzau…,
y juerzas que dá la luna;
que conozca el pasto puna
el tala, las cina-cinas…,
que pa’ montar de las clinas
hace falta güén garrón.
“¡No me lo saque un sobón
apegao a las cocinas…!”

Quisiera verlo vestir
a nuestra usanza campera
de bota, de corralera
y que las sepa lucir…,
francamente viá decir
si no sirve ni pa’ grupo…,
que sea tramposo en el truco
cuatrero… hágalo hacer…
“enánte ‘e yegarlo a ver
de pito y de mameluco…!”
                                    (02/05/1981)

Versos de Benito Aranda

FANTASIANDO

Taloniando los hijares
de mi “tresalbo lunanco”,
hago un galope del tranco
y lo embico pa’ sus lares.
Dende el puesto ‘e “Los Chañares”
y con el magín caldeao,
caigo a su fogón mentao
como yuyo ‘e camalote,
como pelota ‘e rebote
por no decirle mamao.

Más no por gaucho chanflón
me v’a ricular su mano
y al darle la mía, paisano,
¡choque, que va el corazón!
¡Malhaya, con el porrón,
que no le puedo arisquiar!
Porque ando con mi penar,
peludiándole a la mala;
¡zorzal que no arrastra el ala
y su destino es cantar!

Ansí arrocinao me truje
con mis arrestos camperos
donde cantan los boyeros,
hay vigüela y el güey muge;
quiero juyirle al embruje
de la que jue prienda flor
y gambetiarle a su amor
que me amarró, hablando en pesos,
al palenque de sus besos
como un ñudo potriador.

Matrera y de arresto bravo,
me tuvo con su donaire
igual que un clavel del aire
acoyarao a un guayabo,
pero gaucho al fin y al cabo
y aunque enredao a su pial,
me salí del chapatal
y quiero olvidar sus dones,
aunque tenga en cien porrones
que peludiarle a éste mal.

Me culebrió la emoción
en la fantasía del viaje
y le canté al aperaje
las cosas del corazón,
sobre ellos soñé mi don
bajo la luna emponchao
y sobre ellos he llorao
porqu’he sido pa’ los males
blando como los pajales
que han orillao el bañao.

Y aura, cumpa, en macho estilo
le brindo estas camperiadas
pa’l solar de sus patriadas,
pa’ su carreta y su asilo,
mis charamuscas le apilo
pa’ chamizo ‘e su fogón,
oro viejo, tradición
que irá en mi sangre metida
cuando en la güeya ‘e mi vida
se me empaque el corazón.
                                            (Ca. 4/1937)
Versos de Manuel Casco

SU YEGADA

Cuando el chasque me avisó
que al camino real saliera
que’n la prósima galera
su visita tendría yo,
mi corazón retozó,
tres pingos eché al corral,
ya los dejé con bozal
-todos de distintos pelo-
que eligiera Claudio Agrelo
¡un buen cantor nacional!

Tenía una convidación
de almuerzo con confituras
(como quien dora una achura
despacito, en el fogón).
Pa’ “Huellas de Tradición”
rumbeamos con mi aparcero
diciendo versos camperos,
refranes y algún bolazo,
él, montao en un picazo
tranquiador y sortijero.

Los brazos como yuguiyos
al saludar los paisano,
entre apretones de manos
y “andá, que yo desensiyo”;
comimos a lo caudiyo
a tirador desprendido,
y después -lindo y tupido-
algo que al crioyo se aferra:
bailecitos de la tierra,
cielos, triunfos y escondidos.

Cuando el sol nos dijo adiós
le dimo’el anca a la fiesta,
a los tientos nuestra orquesta
la noche nos emponchó.
N’un boliche echamo’el dos
y unas gárgaras hicimos,
con los vecinos le dimo’
a los frasco’, a lo macuco.
(Esa ocasión en el truco
hasta la se nos perdimos).

Y a la vuelta, en la morada,
cuasi al trovar de los gayos
le dimos como de’nsayos
al produto ‘e las nidadas.
Con la panza como almuada
y el espíritu ferviente,
a los catres, gauchamente
nos fuimos a reposar
no sin antes recordar:
¡no hay crioyos como mi gente!

Versos de Jorge A. Suárez

ESCARCIANDO

Yo nunca he sido rogao
pa’ cantar, cuando me invitan;
sé pitar ande otros pitan
del juerte, si han convidao.
Aprendí a no ser quedao
dende que este mundo es mundo,
y por llevar muy profundo
lo que la tierra me ha dao
soy hueso que, aunque pelao,
en criollo sabor abundo.

Pa’ decir una verdad
no ando como el malacate,
soy paisano como el mate,
mi ley es la honestidad.
No tengo escuela, es verdad,
mas pa’ vertir lo que siento
soy pingo de largo aliento
cuando dentro a galopiar
y al guadal lo sé olfatear
aunque de atrás venga el viento.

Y nunca gasto cartuchos
en bicho que no se come,
quien a mi canto se asome
no tendrá que pensar mucho
hablo clarito y escucho,
no acepto ponderaciones,
mis versos son las razones
que como mojón clavadas
marcarán las rastrilladas
de paisanas tradiciones.

Soy surero hasta las patas,
mídanme con cualquier vara,
soy calandria que se para
por las tardecitas gratas
en la enramada y desata
la sencillez de su trino
para que el hombre argentino
nunca olvide su costumbres
y sea un lucero que alumbre
de nuestra raza el camino.

Versos de Guillermo A. Villaverde

BORDONEANDO

Soná, dulce compañera
de mis tristes desventuras
que consuelas con ternuras
mi suerte maldita y fiera.
Soná, guitarra campera,
como en mis años mejores,
aquellos tiempos cantores
en que todo era alegría
cuando linda florecía
el árbol de mis amores.

¿Dónde están esos fogones
llenos de luz y alegría,
donde el gaucho se lucía
con machazas relaciones?
Y esos ricos cimarrones
con hojitas de arazá,
esos criollos de verdá
de renegrida melena,
bota ‘e potro, nazarena,
y bordao el chiripa!

¡Y esa criollita oriental!
de carita frescachona,
esa china coquetona
de belleza natural,
que entonando un Nacional
en su guitarra bendita,
o una tierna vidalita
llena de amor y saber;
era, a mi modo de ver,
la fiesta más camperita!

Ya no queda de mis pagos
ni la sombra de lo que era;
hoy se ha güelto viscachera
mi rancho por los estragos;
ni siquiera los rezagos
quedan del tiempo pasao,
no hay nada, todo ha cambiao,
desde mi ausencia maldita,
que por disgracia me quita,
verlos como lo he dejao!

Versos de Alberto Novión

COSAS VIEJAS

Viejo galpón que áhi estás
como añorando el ayer
hoy de cerca vuelvo a ver
todo lo que vos guardás;
¡cuántas cosas que jamás
saldrán de nuevo a la vida!
allí están, como dormidas
cada una en su lugar…
Y hoy las quise recordar
pa’ que no queden perdidas.

Allí, junto a unos aperos
hay colgau un arriador,
tal vez fue el lujo mayor
en las manos de un carrero;
unos bastos de ladero
con los juncos casi afuera;
colgada de la asidera
y con la argolla ovalada
una encimera gastada
con la cincha de alpillera.

Allí, junto a unos bozales,
unas riendas de domar,
finitas de tironiar
quién sabe cuantos baguales;
un lazo con dos peguales
hay en un gancho colgau,
y por los años gastau
un par de estribos de suela
junto a unas viejas espuela’,
dos argollas y un bocau.

Prendido a una cogotera
hay un cencerro cuadrau
con el badajo osidau
junto con una coyera;
unos suecos de madera
hechos con cuero de chancho,
y más atrás, en un gancho,
como pa’ aliviar un mal,
el rollo de unto sin sal
que nunca falta en un rancho.

En un rincón, un recau
que sobre su caballete
parece que fuera un flete
que vuelve desde el pasau;
un viejo poncho encerau
y en una caña colgada
una maleta gastada
que ya no se ve arrastrar,
y la áuja pa’ deschalar
está en un clavo enganchada.

Se ven unos atadores
mellau de las asentadas,
frenos, rienda’ y cabezadas
están con los maniadores;
hay leznas y caladores
que hoy el herrumbre los baña,
y… como haciendo una hazaña
oservo que a todo eso
¡pa’ salvarlo del progreso
lo cubren telas de araña!

Versos de Hugo Pino

GUALICHO DI'AMOR

El amor es un corral
cerrao y de palo a pique;
y el hombre, por más q’embique
-a lu’indio- contra’l portal:
cabrestea, si es bagual,
cuando es chucaro, si’amansa…
Y qué pial no me lu’alcansa
p’hacerlo sonar, ansina:
¡comu’a cerco’e sina-sina,
cuandu’es pampero’l qui’avansa!

Porque, si ech’amor un pial,
floriar de más un’encarece:
con un volcao, me parece
que tiene un tiro cabal.
Si el amor los pega mal,
los trasjorma tuíto en trampas:
pa’ juirle nu’alcansan pampas,
cualquier yuyal es chusaso…
¡y le basta un cimbronaso
p’hacerlos clavar las guampas!

Qué valdrá dotoreriar
con saberío’e puebleros:
si al sol no tapan arneros,
al ñudo si’hace’l porfiar.
Cuando s’entra el bicho a criar,
d’espantarlo ya nu’hay caso:
al terne más enteraso
le va mermando enteriesa…
¡y lu’hace blando‘e tristesa
comu’a tiento sobadaso!

Con gualichos, el amor
acosa’a tuíto cristiano;
se ve chambón al baquiano,
por él empiora el mejor:
porq’es yama su quemor
que v’ardiendo pu’ande quiera…
jué pucha, custión más fiera
nu’han tráido los sinsabores:
qui’andar, por males di’amores…
¡errando la comedera!

Versos de Diego Novillo Quiroga
Música estilo de Carlos V. G. Flores

CIFRA VIEJA

Es domingo de cuadreras
hay reunión en el boliche,
gana seguro el trapiche
en la única carrera.
Caen pilchas de la cumbrera,
el polvo emponcha botellas,
los chuzo miran estrellas
amarraos a su destino
mientras va corriendo el vino
caigan rayos o centellas.

“-Eche otra güelta pulpero
que por algo se ha ganao,
sirva el vaso bien cargao
y que cante el guitarrero;
soy un hombre forastero
que me gusta improvisar
y si me quiere probar
pa’ tratar cualquier asunto,
cantemos de contrapunto
que pronto me ha de encontrar”.

“Por cifra puede empezar
y veremos quien es menos,
si usté es de pagos ajenos
tenga cuidao al pisar,
no se vaya a resbalar
ni empacharse de avariento;
por su olor conozco al viento,
por el mojo, saco el norte
y si gusta, cope y corte
que traigo un verso a los tientos”.

Un mozo de corralera
fue el pisador de la taba,
sin maneas ni otras trabas
payaron la noche entera,
salió el tema de cuadreras,
curas de paico y carqueja,
trabajos de hacienda y reja,
clima, china, corazón;
vibrando en el diapasón
con notas de cifra vieja.

Versos de Carlos Castello Luro

sábado, 23 de abril de 2011

COPO

No me vengan con zonceras
ni amaguen por amagar
que yo para galopear
sé acomodar mis bajeras.
Hago noche en las taperas
y siempre alerta y dispuesto
vivo pegado a lo nuestro
y nada me hará cambiar
y si me pongo a tallar
es para doblar el resto.

Como nunca he sido manco
sé pecar de ganador,
baquiano y conocedor
en las oladas me enanco;
sin aflojar medio tranco
con el que obliga me topo
y aunque con caña me dopo
nunca me tumbó una tranca
y gustándome la banca
en el aire grito copo.

Nadie me cambia de idea,
nadie me indica el camino,
soy ante todo argentino
sin mordaza ni manea,
al que de sabio alardea
sin ser sabio le replico
y perdón si los salpico
al decir sin intención,
que ninguno sin razón
me pudo cerrar el pico.

Sin que saquen ventaja
me entrevero entre los buenos
y estando en pagos ajenos
desconfío del que ataja;
arisco con la baraja
jamás caigo en la volteada,
los puntos nunca ven nada
por más que miran y miran,
yo conozco ni bien tiran
si la taba está cargada.

Nunca me achata la mala
porque sé ser perdedor
y hecho en el duro rigor
soy como tronco de tala;
sé entonar una vidala
cuando el silencio me pesa
y si el pampero me besa
me siento más en lo mío,
del que reza no confío
y menos del que no reza.

Aprovechar la ocasión
sabe ser una ventaja
pero que se ate la faja
el hombre que erra el tirón;
al verme medio cortón
más de uno se fue de boca,
más sepa quien me provoca
que jamás he sido piche,
ni guitarra de boliche
“que cualquier mano la toca”.

Versos de José Alaiz

AL PIE DE LA TAPERA

Vengo como ave de viaje
por el viento sacudida
la que se posa rendida
a replegar su plumaje.
Vengo triste y sin coraje
mis recuerdos a evocar,
vengo buscando el lugar
donde se encuentra dormida,
una trapera querida
que fue mi primer hogar.

Aquí está junto a la huella
sola, triste, abandonada,
pero siempre la alborada
deja sus besos en ella.
Templo de la infancia bella
hoy mustia tapera en ruinas.
No pueden las golondrinas
en tus techos anidarse
ni mis estrofas dorarse
al calor de tu cocina.

Ya la calandria no canta
en los pilares del pozo
ni en el acacio espinoso
que a tu lado se levanta.
Tristeza inspira la planta
en la soledad campera,
no existe un muro siquiera
pues todo está derrumbado
¡para dejarte grabado
algún recuerdo, tapera!...

Anhelante la mirada
tiendo en todas direcciones,
y solo de los galpones
hay la señal apagada.
El rumor de la cañada
como en mi niñez lo siento,
y si quejumbroso el viento
se quiebra en la coronilla
canta triste la cuchilla
con la voz de mi lamento.

Hoy que a rezarte he venido
desde lugar muy lejano,
con las flores de tu llano
cubro tu suelo querido.
En el monte he recogido
al pasar por la espesura,
una rama fresca y pura
rama de sauce llorón:
que forma con mi canción
la cruz de tu sepultura…
(08/1923)

Versos de C. Luis D. Caruso

LA RUDA MACHO

La ruda tradicional
aunque por su olor sea fiera,
la usa la gente campera
por su don medicinal.
Ella para todo mal
sirve aunque sea despreciada,
siempre fue desalojada
de los más bellos jardines,
vino al mundo con sus fines
y debe ser respetada.

La ruda es como esas criollas
que alejan las sociedades
pero en las necesidades
las ocupan sin embroyas.
La ruda siempre descoya
de las demás, no es coqueta,
el hormigón la respeta
y el frío poco la daña,
se utiliza en la campaña
para el mal de ojo y “la yetta”.

En los guardapatios criollos
la ruda y el azaharero,
la menta como el romero
prestan sus grandes apoyos,
en los instantes de escoyos
son como el alfilerillo
o como el yuyo sencillo
que le llaman la meona,
la lengua ‘e vaca largona,
la cepa y el romerillo.

La infusión de ruda macho
-dijo Sierra, el curandero-,
que es un laxante campero
especial pa’ los borrachos.
La lombriz en los muchachos
la desaloja y la cura,
sus vahos, los parto’apura
y que pa’l oído es,
mejor que el aceite ‘e nuez,
bien frita en la oliva pura.

Yo, como humilde campero,
aunque de ciencia algo escasa,
del guardapatio ‘e las casa
la ruda es lo que más quiero;
en ella pongo mi esmero
por verla hojosa y morruda,
cuando la estación ya muda
los panoramas del rancho
muchos vienen hasta Pancho
por un gajito de ruda.

Versos de Francisco N. Bianco

RESUEYO

Mientras me deje el patrón
yo tendré pa’ mi consuelo
un pedacito de suelo
custodiao en un rincón;
lo cuido con gran pasión
del filo de las cuchiyas
que le han rondao las oriyas
como lanzas invadiendo;
es un clinudo remiendo
rodeao de siembras y triyas.

Por suerte a la rinconada
un gran talar la proteje,
un cardal demás hereje,
un bajo y una cañada;
ayí tengo la manada,
que’s mi gloria cuando voy,
por áhi, un grito les doy
pa’yarlos en las neblinas
y mojao hasta las clinas
se vienen donde yo estoy.

Ayí mi paz alborozo,
cuando en esa lejanía
encuentro el sol, cada día
que’l espíritu retozo,
y si un potriyo curioso
me vuelve a la realidá,
siento que’l campo me da
“resueyo” en ese momento,
y oigo en el silbar del viento
que gime la humanidá.

¡Oh pampa!, cuanto misterio
guarda la naturaleza
como si entre la maleza
germinara un cautiverio,
o acaso será el saumerio
del aroma que respiro,
por donde yega un suspiro
del pasao que me contagia
y va dejando una magia
en cada cosa que miro.

Confín, luz de amanecida,
donde la’rmonía conversa,
donde’l silencio da fuerza,
donde florece la vida;
áhi estás tierra querida,
pedazo de mi esistir:
si un día yegan a oir
que’ste cristiano se aleja,
será… porque’ntró la reja,
entonces… voy a partir!

Versos de Julio Mariano

A BANDERA

Para correr ‘dos ochenta’
con el ‘Indio’ me arreglé,
lo que llevaba jugué
contra su moro de menta;
sacando la misma cuenta
él también se rejugó;
en dos caballos quedó
cifrada toda esperanza
y al subir a la balanza
en ‘sesenta’ me igualó.

Enseguida conocí
que el hombre tenía caballo
y buscándole algún fallo
dos veces punta le dí;
como riéndose de mí
él también punta me dio
y al ver que nada logró
me tanteó en una corrida;
lo convidé en tres partidas
y ninguna me aceptó.

Entre partir y partir
aquello empezó a cansarme,
él, tratando de sacarme,
yo, procurando salir;
de reojo lo vi venir
y me invitó en furia entera,
como si no lo sintiera
se gastó en esa tendida
y al errar otra partida
nos pusieron la bandera.

Para largar de parao
estaba todo dispuesto,
mi pingo lleno de resto
estaba bien alertao,
al indio lo vi avispao
esperando la carrera,
nos bajaron, ¡si usté viera!
aquello terrible fue…
Mi zaino no sé por que
…se me quedó en la bandera…

Versos de José Alaiz