domingo, 6 de marzo de 2016

APARTANDO PA' LA FERIA

1
Corre un vientito frescón
y el mensualaje emponchao
con el cabayo ensiyao
espera junto al galpón,
yega, saluda el patrón,
da la orden de montar,
dice: “-Vamo’a parar
el del potrero del bajo
y pa’ no tener trabajo
los perros se han de quedar.
2
Si yevamos la perrada
habiendo tanto chicaje
difícil que se trabaje
con l’hacienda alborotada”.
La gente no dice nada
porque tiene la razón,
nu es la primera ucasión
que sus palabras se acetan,
lo quieren y lo respetan
porque’s campero y gauchón.
3
Dejan el casco tranquiando
contentos de su quehacer
y cerca’el amanecer
se va el cielo coloriando;
ahora van galopiando
sin dejar de conversar,
sujetan, para pasar
por la tranquera del bajo
y pa’empezar el trabajo
se’ntran a desparramar.
4
Al poco rato nomás
se oye a l’hacienda balar
empujada po’el gritar
que la va’rriando de atrás;
el patrón y el capataz
han hecho yunta los dos,
gritan con toda la voz
y al tiempo que se aturdieran
si parece que quisieran
que los escuchase Dios.
5
Ayá un toro retobao
se ganó entre la laguna
y lo sacan, por fortuna
de las guampas, enlazao,
aunque está muy enojao
no tiene nada que hacer,
le queda solo volver
pues además de los lazos
otros dos, a cabayazos,
lo ayudan a comprender.
6
Ya está l’hacienda reunida
junto a un molino grandote
y una vaca, medio al trote,
busca su cría perdida;
al reparo’e la bebida
s’echa un ternero cansao,
otro de lomo bostiao
‘ta parao, pero temblando,
endemientras van cinchando
los que primero han yegao.
7
Cincha el patrón, luego muenta,
también lo hace el capataz,
y aquél, mirando pa’tras,
manda’uno yevar la cuenta:
“-Si yegamos a sesenta
según el papel que traje,
entre seca y machorraje
lo que podamos sacar
no vamos a demorar…
tenés a la feria un viaje”.
8
Lo convida con un: “-Vamos”
enderezando al rodeo
y el capataz dice: “-Creo
que sí, patrón, las sacamos,
si le parece la’echamos
en el rastrojo de mái’,
ayí animales no hay
y pa’ mover bien temprano
mejor tenerlas a mano…”
“-¡Ajá… lo mejor es áhi!”.
9
“-Mirá, Cirilo, áhi tenés
la rabona y la peluda
y la de ajuera, esa aspuda
que quedó de la otra vez”,
“-¡Abrite, Juan! ¡Van las tres!”
dice ahora el capataz,
sujetan, güelven pa’tras
y cortando un ternerito
ya vienen, siempre al tranquito,
arrimando otras dos más.
10
“-¿V’esa del aspa quebrada…?
-le comenta el capataz-,
güeno, esa es así nomás
aunque parezca preñada”
“-Debe estar amachorrada”
suelta el patrón y se caya.
“-¡Sí!, porque tiene esa laya
de fines del mes de octubre
y nunca baja la ubre…”
“-Bien, entonces, que se vaya”.
11
“-¿Y esa…? -pregunta estrañao-
no tiene la señal mía…”
“-¡Ah, nó! esa es de Badía
y se debe haber pasao…”,
“-Avisale al encargao
que tiene una vaca aquí,
mejor anda vos, así
te yegás a lo’e Lazarte
y averiguas, de mi parte,
por las sogas que le di”.
12
S’escucha gritar un tero
cerquita del albardón,
en tanto que aclara un pión:
“-Es Benjamín, el puestero,
como ha ensiyao el overo
capaz que venga a picar…”
“-Cuidao!...”-se le oye gritar
al puestero que yegaba
porque una ternera andaba
con ganas de disparar.
13
Se oye’l chirlo’e la’zotera,
sale que apaga el cabayo
y en menos que canta un gayo
güelve al rodeo la ternera,
sin embargo la mañera
busca encarar otra vez,
“-¡Pero, Jacinto! ¿Qué hacés?
¡Corre muchacho! ¡Atajala!
¡Se te jue…! ¡Güeno, dejala!
la vamo’a sacar después”.
14
Y así siguen apartando
suave, porqu’esa es la cencia,
sin que falta una ocurrencia
pa’ ráirse de vez en cuando;
‘ta el lote remoliniando
‘n’un manchón de pasto puna,
mientras Cirilo Laguna
pregunta: “-¿Ché, cuántas van?”
y contesta pronto Juan:
“-Si no he errao, sesenta y una…”.
15
“-Me parece que no hay más,
suficiente las que están,
y mandá a Jacinto y Juan
que se las yeven nomás”,
así lo hace’l capataz
que también manda’l puestero
diciéndole: “En el potrero
mejor antes de dejarlas
traten de ver de arrimarlas
para el lao del bebedero”.
16
“-¡Cómo nó!, pierda cuidao
que las vamos a arrimar
y le vamos a dejar
la ternera d’este lao…”.
Se mueve el lote apartao
con los tres que van arriando,
y al verlos irse alejando
se güelve’n la direción
que había quedao el patrón
y los piones atajando.

Versos de Álvaro Istueta Landajo

viernes, 4 de marzo de 2016

DE CABEZA'E BASTO

Áhi le llegó, Saubidet,
la prenda que me encargó,
si el platero terminó
fue porque yo lo apuré;
quería entregársela y sé
que’s más campera que el pasto,
el uso ha hecho su gasto
y aún más valor le encastra:
¡qué linda queda la rastra
hecha de cabeza’e basto!

Se que’l basto de su abuelo
era, y que la platería
su padre uso con maestría
pa’ ensillar, sobre este suelo;
¡qué linda pilcha!, un anhelo,
parte de nuestra cultura,
el basto, que’s la figura
pura del recado nuestro
y hoy la pilcha de su ancestro
¡la lucirá en la cintura!

El centro pa’ destacar
plata y oro entreverado,
un trabajo burilado
en la inicial, da que hablar,
verdá es que se fue a gastar
pero que esté al lado suyo
pa’ lucirla en los mangrullo’
o escenarios donde cuadre,
la usó su abuelo, su padre,
y ahora pa’ usté’s un orgullo.

Quedó sin pulir, más brilla
por su historia y por su encuentro;
para que se luzca el centro
son de alambre las costillas.
Prenda gaucho y sencilla,
una hermosa antigüedad,
ah! y le digo la verdad
que lo que cobró el platero
se lo va a pagar Vaquero…
¡regalo de una amistad!
                              (3/03/2016)

Versos de Santiago “Tato” Vaquero

miércoles, 2 de marzo de 2016

EL ALAZÁN "EL TRAIDOR"

1
Estancia “Sauce Melú”,
entre Andant y Masurel,
anduve en el pago aquel
en mi plena juventú,
con acertada actitú
y coraje en abundancia
diré sin hacer jactancia
fui de mi hermano mayor,
ayudante domador
en esa famosa estancia.
2
Con cuarentaiún baguales
en dos tropillas formadas,
más bien una caballada
por los tantos animales;
con cabrestos y bozales
de sobra entre el guasquerío
pa’ sacarle bien los bríos
al chúcaro más matrero
y que no salga un mañero
por falta de soguerío.
3
Como al año, más o menos,
se terminó la domada,
ya estaba la caballada
todos mansos y de freno;
entregamos los ajenos
sin ninguna discrepancia
y pa’ no tomar distancia
del gaucherío rural,
allá quedé de mensual
por un tiempo en esa estancia.
4
Fue entonces que un tal Durán
-que en la estancia era puestero-
me dijo: “-Mire, yo quiero
que me dome el “alazán”,
que con esmero y afán
ya lo tengo palenquiao,
de tal modo lo he tratao
con paciencia y con trabajo
que está mansito de abajo,
bien sanito y bien cuidao”.
5
Era hijo de una “alazana”
-una buena parejera
que ganó muchas carreras
en una época lejana-;
yo, con la intención más sana
sus cualidades destaco,
por las conclusión que saco
no era de darle descanso:
si bien de abajo era manso
¡de arriba era muy bellaco!
6
Pero cái acidentao
por causa de una rodada
y una larga temporada
dejé caballo y recao;
todavía de bocao
lo entregué a medio domar,
no quiso el dueño esperar
y se lo pasó áhi nomás
a un mocito muy capaz
del pago de Salazar.
7
Pronto el mozo lo enfrenó
y aunque sacó un pingo flor
su istinto corcoviador
del todo no lo perdió,
en el campo lo probó
y le pareció ligero,
luego esperó con esmero
tener la oportunidá
de probarlo de verdá
corriéndole a un parejero.
8
Hasta que llegó ese día
y allá cerca, no muy lejos,
cuando en el San Pedro Viejo
grandes carreras se hacían,
allá este pingo podía
mostrar todo su valor,
y le corrió sin temor
a un parejero “tostao”
que en el pago había lograo
la fama de ganador.
9
Y así le corrió al “tostao”
en los trecientos de afuera,
pero a mitá de carrera
venía el “alazán” cortao,
con el triunfo asegurao
solo faltaba cobrar,
cuando llegando a un lugar
lo más duro de la playa,
antes de cruzar la raya
se le arrastró a corcoviar.
10
No lo pudo levantar
aunque de boca era blando,
a un flete que corcoviando
no era fácil jinetear,
un trecho lo pudo andar
peliándolo con destreza
y el “alazán” con fiereza
ganó al final la contienda
cuando lo sacó en las riendas
por sobre de la cabeza.
11
Quedó el paisano planchao
por el golpe del caballo
lo que parecía un desmayo
nada grave había pasao,
dolorido y atontao
después de este sacudón,
y el “alazán” en cuestión
echó las rienda’al costao
y costiando el alambrao
buscó el campo al galopón.
12
No bastan las precauciones
y es arriesgar demasiao
y si lo corre ensillao
es restarle condiciones.
Por estas simples razones
es tirar la plata en vano
y al dueño, tarde o temprano
y al que lo juegue de afuera
le hará perder la carrera
o estropiar un ser humano.
                                         (1948)

Versos de Ramón San Esteban