sábado, 31 de diciembre de 2011

MI NOVIA ES LA SOLEDÁ

Se oye un lejano torido
que al dir despertando calma
se va metiendo en el alma
como en el óido un chiflido;
el día, que se ha aburrido
se yeva la claridá
y empresta tranquilidá
pa’ que corra la memoria…
Y yo solo, pues mi novia,
mi novia es la soledá.

Ya está el campo por dormirse
cansado de tanto luz,
y la tan mentada cruz
en el cielo, quiere abrirse,
trae la noche al venirse
su poncho de oscuridá
y tapa un rancho que’stá
como cuidando a una noria…
Y yo solo, pues mi novia,
mi novia es la soledá.

Como ispiando, de una en una,
las estreyas van saliendo
y medio se van corriendo
pa’ darle paso a la luna,
se cayan en la laguna
la gayareta, el macá,
el silencio envuelve ya
como una sombra que agobia…
Y yo solo, pues mi novia,
mi novia es la soledá.

Versos de Álvaro Istueta Landajo

LA BENDICIÓN

1
Estancia “La Bendición”
con tu gaucha marca “el gato”
bien plantada de hace rato
en un pago muy lindón,
pago crioyo y antiguón
yamao… General Belgrano,
lugar donde soberano
campea un sabor que’ncierra
para querer más mi tierra
y sentirme más paisano.
2
Tu casa chata y largota,
gastao patio de ladriyo,
y el viejo aljibe, senciyo,
con su roldana yorona,
aqueyas rejas tiocona’
que’n tus ventanas había,
ese frescor que salía
de la gran enredadera
que la tierra, gaucha entera,
como un poncho te tejía.
3
Ese algo que’n la pieza
semejó tendida mano
dando sombra en el verano
y en el invierno, tibieza,
grandura que jué grandeza
tamaño y comodidá,
altar de hospitalidá
ande supe cobijarme…
sin que quieras preguntarme:
quien sabe como estará?
4
Tu corredor de baldosa,
columna ‘e fierro redondo,
pintao en el frente y fondo
de un lindo color de rosa,
tu cocina tan ruidosa
lo mismo que’l comedor,
las siyas alrededor
de la mesa, que si hablara,
es capaz que me abrazara
en mi sueño evocador.
5
Esa grande y vieja higuera
que daba sombra ‘e colores
porque había entre las flores
hasta paja cortadera,
ayá, la parte trasera,
ande sangraba el ceibal,
o en que yoraba un rosal
con el dolor de una espina
el amor de la glicina
por la estreya federal.
6
Tu parque alegre y senciyo
con paráisos, con higueras,
araucarias y palmeras,
ligustros, robles, membriyos,
aquel inmenso espiniyo,
manzanos y durazneros,
naranjos y limoneros,
nísperos, moras, ciruelos,
y a gatas alzao del suelo
el ranchito del parquero.
7
Ese colchón de hoja fina
de color medio perdido
que’ran las que habían caído
del monte de casuarina’,
la pálida cina-cina
achicada en su grandor
por el aire de señor
de un ligustro muy derecho
recostada -por despecho-
contra el árbol de alcanfor.
8
Tamién la casa ‘e los piones
petisona, bien blanquiada,
escondida y asomada
entre unos sauces yorones,
tus dos limpitos galpones
que supo besar l’aurora,
ande la desgranadora
con su insistencia de griyo
hizo reír al rastriyo
junto a la guadañadora.
9
Ese palenque de yanta
que unas argoyas tenía
y que a mi me parecía
que se abrazaba a una planta,
tamién la vieja volanta
pintada ‘e color marrón
que cobijaba un galpón
y en los dos, muy bien escrita
estaba bien pintadita
la marca y “La Bendición”.
10
Tu ancho camino de’ntrada
adornado de frescura
que pimientos y maclura’
daban en tarde soliada,
que’n tu güeya abovedada
soñé recorriendo al tranco,
ande a manera de banco
para mirar campo ajuera
me acomodé a tu tranquera
pintada de negro y blanco.
11
Y aquel cruza de ovejero
muy guardián, pero alunao,
que por quedar de agregao
le pusimos “Forastero”,
y tamién el ratonero
tan seriote, tan discreto,
que jamás tuvo ni un reto
cuando anduvo entre la gente
que por gauchito y prudente
lo yamábamos “Respeto”.
12
O de no el cuzquito aquel
tan gaucho como ninguno,
de pelo medio lobuno
que “Tata” yamó “Clavel”,
jué siempre el crédito d’él
por vivaracho y dispierto
y como sería de cierto
que “Tata”, por divertirse,
si lo mandaba morirse
“Clavel” se quedaba muerto.
13
Aquel cuadrao palomar
que no muy lejos se alzaba
ande nunca me faltaba
un pichón pa’ churrasquiar,
los nidos que supe hayar
de urraca, de carpintero,
de picaflor, de jilguero,
de ratona y de mistito
que del güevo al pichoncito
oservaba con esmero.
14
De churrinche, corbatita,
chingolito, leñatero,
de benteveo, de hornero,
de calandria y cenicita,
renegrido, cabecita,
y palomita torcaz,
¡ah! tiempos que fui rapaz
sin ignorar escondrijo
y que al recordar me aflijo
porque ya no vuelven más.
15
Y esos petisos que jueron
(eso lo sabe el Señor)
como el regalo mejor
que nunca jamás m’hicieron,
petisos que se perdieron
pero en mi pecho han quedao,
y hoy que los he recordao
vaya otro adiós, muy senciyo,
al “Valecuatro”, rosiyo,
y “Envido”, oscuro tapao.
16 …………………………..
Estancia que me traés
como el puntazo de un grito
ese recuerdo bonito
del tiempo de mi niñez,
que’n mi sentir pareces
un sueño viejo y lejón;
si tengo la sensación
cada qu’evoco tu estampa
que le robaste a la pampa
un poco de tradición.
(10/05/1966)
Versos de Álvaro Istueta Landajo

jueves, 29 de diciembre de 2011

AL PELAJE

Le canto al gatiao tiznao,
tamién le canto al cebruno,
y pa’ n’olvidar ninguno
canto al lobuno bragao,
le canto al entrepelao,
al briyoso doradiyo,
al zaino, al moro, al tordiyo,
al colorao y al overo
y además cantarles quiero
al pangaré y al rosiyo.

Canto al blanco porcelano,
al picazo gargantiya,
al barroso testeriya
sin dejar de lao al ruano,
al de’mprendar el paisano
que’s el oscuro tapao,
tamién al bayo encerao
y como nada me dejo
vá mi canto al azulejo
y al guapo alazán tostao.

Canto al palomo, al albino,
canto al overo rosao,
y porque soy de cuidao
le viá cantar al sabino,
le canto al gatito barcino
pasando por el tubiano,
al alazán blanca mano
y como al cantar me alegro
canto al bayo cabos negro’
y al castaño rabicano.

Y les canto a toda hora
al blanco orejas rosada’,
al rosiyo anca nevada
y hasta’l zaino mano mora,
y como nada me atora
(hasta aquí lo he demostrao),
canto al tordiyo rodao,
y en un estilo sincero
le canto a otros dos overo’
al negro y al colorao.

Al zaino lomos overo’
lo acoyaro en mi canción
al colorao corazón
y al doradiyo lucero,
y pa’ que’l canto sea entero
le viá cantar al rosao,
al tostado requemao,
al bayo güevo de pato
y ya qu’el cantar desato
vaya mi canto al manchao.

Versos de Álvaro Istueta Landajo

sábado, 24 de diciembre de 2011

DOÑA PAULINA

Ayá en un camino real
que va costiando un bañao
se ve un rancho abandonao
que casi cubre un cardal;
de su estampa sin igual
hoy solo quedan las ruinas,
y donde era la cocina
entre esas paredes viejas,
‘ta poblao de comadrejas
y otras especies dañinas.

Habitó aqueya tapera
en un tiempo ya lejano
Doña Paulina Medrano
viuda de Fausto Contrera.
Dice la gente de ajuera
que del puesto de “Los Valles”
la echaron sin más detayes
junto con otros puesteros,
y lo mesmo que’l hornero
levantó un rancho en la caye.

En muchos caminos reales
a lo largo y a lo ancho,
se jue poblando de ranchos
por desalojos rurales.
La verdá que a tantos males
nunca le ví la ventaja,
si en cada rancho de paja
una razón se sustenta:
la tierra no es bien de rentas
sino ¡del que la trabaja!

Jué vendiendo poco a poco
lo que nunca había pensao:
de la tropiya ‘el finao
no le quedó ningún soco;
junto a un petizo bichoco
de boyeriar, muy desecho,
entraron varios de pecho,
y un bayo -que’ra el mejor-
se lo dio al hijo mayor
que’ra su brazo derecho.

Jué madre y jué compañera
de sus hijos sin descuido,
y hasta en los ratos perdidos
jué maestra y culandrera;
cosa ‘e no creer de’ndevera
que habiendo tanta riqueza,
por unas cuantas cabezas
de avarientos sin escoyos
tenga de que andar el crioyo
a golpes con la pobreza.

Con su espíritu sereno
y su fibra de quebracho,
se crió todos los muchachos
y algunos cuantos ajenos,
pero unos más y otros menos
todos volaron temprano,
y asigún cuenta un paisano
que una noche de tormenta,
ya pisando los noventa
murió Paulina Medrano.

Versos de Rafael Bueno

SIN PEDIR PERDÓN

Pienso que’l gaucho surero
nunca ha sido alabancioso,
pa’ saludar, respetuoso
siempre se quitó el sombrero.
Jue’n el combate, altanero
repeliendo al invasor;
en las lides del amor
embozaló su coraje,
y al regresar al paraje
por vocación, jue cantor.

Cantor, sí, porque sentía
amor cristiano y profundo
por la gente de su mundo
y la tierra en que vivía.
Con lo poco que tenía
conciente de su pobreza,
jamás faltó a una promesa
y si llegaba un viajero
solía servirle primero
el mejor pan de su mesa.

Pero hoy, escucho cantores
cantar milongas sureras
con palabras altaneras
y versos provocadores,
suficientes, superiores;
parece -más que cantar-
que invitaran a peliar
como vulgares matones,
con semejantes facones
que ni saben afilar.

Hablan más de un parejero
que de un pingo pa’l trabajo;
mentan al que luce un tajo
que otro le marcó en el cuero.
Con lenguaje pendenciero
cantan, como provocando
mientras le siguen cantando
al paisano verdadero:
¡que no hay hombre más campero
que’l hombre que’stá cantando!

No hablo del cantor social
que denuncia un atropeyo
o defiende todo aqueyo
de interés universal.
Hablo del cantor “trivial”
que desperdicia el talento
y no sigue un mandamiento
muy difícil de olvidar:
“-Acostúmbrense a cantar
en cosas de fundamento”.

No quiero un cantor sumiso
que aguante cualquier chirlazo
o, que pa’ salir del paso
eluda algún compromiso,
ni aquel que pide permiso
pa’ dejar una verseada
usa de la compadrada
cosa que yo no la entiendo
pues, dispués sale pidiendo
perdón por la refalada.

Bueno… ¡ya me desahugué!
no solo por criticar,
yo no canto por cantar
mi canto tiene por qué.
Si a algún colega chucié
por lo que he dicho opinando
no han de verme disculpando
porque siento un soberano
respeto por el paisano
¡que’s pa’ quien estoy cantando!

Versos de Carlos López Terra

viernes, 23 de diciembre de 2011

PULPERIA "LA COLORADA"

Dicen que fue pulpería
pa’l tiempo de las galeras,
aura tan solo es tapera,
rincón, pa’ las brujerías;
pero conserva entuavía
una paré levantada
con varias letras pintadas
que al leerlas, al pasar,
uno se viene a enterar
que’sa fue ¡"La Colorada"!

Viejos que tienen memoria
cuentan de que aqueya esquina
fue pa’ los tiempos de Alsina
un mojón para la historia;
que ayí perdieron su gloria
entre pelea y jugada,
gente que fue muy mentada
recorriendo los caminos,
y que hasta el mismo Gabino
ayí templó su encordada.

Como si leyenda jueran
cuentan, que’sa pulpería,
en su costado tenía
una cancha pa’ cuadreras;
que un día yegó de ajuera
-del lao del ‘Rincón del Toro’-
un mozo yamado Floro
y desafió en güena ley,
al flete “Pangaré Güey”
pa’ correrle con su moro.

Y se amontonan las mentas
de aqueya esquina campera
que’n otros tiempos luciera
como el gauchaje lo cuenta,
y aunque tal vez se le aumentan
las cosas, como si nada,
pienso que’stá bien ganada
la fama que antes tuviera,
¡y que’s triste ver tapera
la que fue “La Colorada”!

Versos de Víctor Abel Giménez

CRECIENTE

El agua que era visita
se quedó de dueña ‘e casa,
y no tenemos ni grasa
pa’cer una torta frita.
Al reparo la pavita
gruñe cerquita del pie,
y el desteñido caicué
se va solito al galleta.
Si ya la yerba es receta
de algún boticario inglés.

Se han achicao las provistas,
escasean las raciones,
y se tumban los horcones
como si jueran pruebistas;
no se ve ni a largavistas
asao, galleta ni tinto;
hay que hacerle aujero al cinto
pa’ tapar retorcijones.
Esto es pior que diez malones
como dice el Viejo Pinto.

No se me ponga a llorar
que va a aumentar la creciente;
piense que en un redepente
se va a poner a bajar;
y otra vez güelta a quinchar
y a enderezar los horcones,
hacer pasear lo talones
pa’ salir del trance fiero.
Aunque esta es vida ‘e costero
me quedo en los albardones.

Nos sabremos remediar
como en otras anegadas.
Macá chiflando en la helada
es curtido pa’ aguantar;
pero puedo asegurar
y por ser terco, porfío:
pa’ que no nos mate el frío
si viene otra inundación,
o enaltan el albardón
o lo rebajan al río.

jueves, 22 de diciembre de 2011

LLUVIA SERRANA

Mientras la lluvia en los cerros
plomiza la serranía
se oyen en la lejanía
monótonos, los cencerros;
buscan el galpón los perros
tras un trueno que revienta,
entre el rancho se comenta
la furia del temporal
y hacen una cruz de sal
para auyentar la tormenta.

Tumbando tembetarices,
nidos, talas y quebrachos
silva el viento en los picachos
resoplando las narices;
conmoviendo las raíces
entre el pedregal trenzadas
baja el agua en correntadas
rumorosas y ondulantes
como serpientes gigantes
culebreando en las quebradas.

La hacienda con sutilezas
que el instinto le insinúa
le da el anca a la garúa
resguardando las cabezas,
hay balidos de ternesas
como notas lastimeras
y al descender las laderas
resfalando a los zanjones,
los terneritos mamones
tiemblan junto a las lecheras.

Los relámpagos chairando
bruñen su filo de luz
mientras que frente a una cruz
hay una anciana rezando.
Sigue lloviendo y tronando,
el rayo estalla y fulmina,
la oscuridá se ilumina
entre un canelón y un moye
y un ¡Santa Bárbara! se oye
de un viejo que se persina.

Los sauces con algazara
como en infantil recreo
con galante balanceo
se van lavando la cara;
la resaca en forma rara
va en brazos de la creciente
y en un columpio inocente
los camalotes floridos,
van con sus cirios prendidos
azulando la corriente.

En un palenque desnudo
retrucador del pampero
toca el clarín un hornero
desafiante y agalludo,
de albricias lanza un saludo
con gallarda bisarría
y al irse aclarando el día
su regocijo pronuncia
al arco iris que le anuncia
del tiempo, la mejoría.
(08/1964)

miércoles, 21 de diciembre de 2011

ORGULLO DE PUESTERO

Hoy me levanté temprano
con ganas de hacer un verso,
como no me cuesta esfuerzo
me fui derechito al grano,
para cantarle a un paisano
que ya lo mencionaré,
y pa’ que lo sepa usté
es justo que un verso engarce
pa’ cantarle a “Coco” Arce
puestero de “San José”.

Ya pisando los sesenta
este paisano campero,
bien criollito y bien surero
que a su pago representa.
Es del campo una herramienta
porque’n el campo se ha criao,
bien prolijo su recao,
montao en un pingo flor,
porque’s su orgullo mayor
andar siempre bien montao.

Como se crió en la campaña
y trabajando en hacienda
sacar un pingo de rienda
pa’ él, no es ninguna hazaña.
Porque’n todo se da maña,
desenvuelto en el potrero,
se luce porque es campero,
arriando, una maravilla,
y ha formao una tropilla
que’s su orgullo de “puestero”.

Cuatro caballos gateao
y tres lobunos parejos
que se notan desde lejos
de que’stán muy bien domao.
Y va siguiendo a su lao
otro pingo maravilla
que pisando la gramilla
al contemplarlo me alegro,
un caballo zaino negro
que’s “lunar” de la tropilla.

Muy linda picaza overa
es la yegüita madrina
de’sta tropilla divina
que recorre la pradera;
y hace flamear la bandera
de un viejo poncho escarlata,
y recordando horas gratas
con su tranco acompasao
lleva un cencerro cuadrao
que’s recuerdo de su Tata.

Ahora sí, quedo cumplido,
porque le canté a un amigo
y sepan que lo que digo
lo tiene bien merecido.
Nunca lo echaré al olvido
y siempre le cantaré
y presente lo tendré
por amigo y compañero,
a “Coco”, gaucho puestero
de la estancia “San José”

Versos de Arnolfo "Quicho" Peralta

sábado, 17 de diciembre de 2011

ENSILLANDO

1
El sol que se ha despertao
me manda una luz al cruce
al verme arreglarle el tuse
a un flete oscuro tapao.
Es que pa’ dir al poblao
saldré temprano del puesto,
y como es lindo el pretexto
en semejante ocasión
con mi emprendao pobretón
viá ensillar echando el resto.
2
En él no hay mucho valor
porque el dueño es un resero,
pero a prolijo y campero
puede arrimarse al mejor.
Cada prenda con mi amor
les voy a dir detallando,
pa’ que vayan observando
pilcha por pilcha en su aspecto,
o le saquen un defecto
mientras que voy ensillando.
3
Primero la sudadera
le asiento con gran cuidao
bien justa de cada lao
para que no haga “bandera”.
Al poner esa bajera
siempre precauciones tomo,
porque el hombre muestra aplomo
y hasta su ciencia resalta
cuando al pingo no le falta
ni un solo pelo en el lomo.
4
Pongo un mandil colorao
y otro azul, de buena lana,
pa’ que la gente paisana
no vaya a creerme un dejao.
Ser prolijo y delicao
no es nada muy trabajoso,
y suele ser ventajoso
ya que ande llegue a parar
siempre lo han de ponderar
al criollo que es cuidadoso.
5
La carona nunca olvido
por servicial y por crioya
que parejita se apoya
realzando el recao florido.
Todo gaucho presumido
con ella el pilchaje entona,
porque un recao sin carona
es verano sin chicharra,
o parece una guitarra
que le falta la bordona.
6
Con la mayor sencillez
pero realzando su estampa
le pongo una matra pampa
cuidando cada doblés.
Y así convertido en juez
que no perdona un descuido,
aunque he galopiao tupido
con mi oscuro en ocasiones,
de la cruz y los riñones
nunca lo vi dolorido.
7
Pongo los bastos, y veo
que cada tapa de plata
es señal que los delata
como emprendao de paseo.
Al ponerlos me floreo
y cuando los emparejo
entre el brillo y el reflejo
me hacen ver de tal manera
como si el sol se viniera
a mirarse en un espejo.
8
De anca ‘e potro la encimera
que un viejo me ha trabajao,
de un bagual bayo tiznao
quebrao en la vizcachera.
Es fuertona su asidera
y machazos sus corriones,
pa’ que aguanten los tirones
porque el criollo siempre adujo
que hasta en las pilchas de lujo
hay que tener precauciones.
9
Cincha muy bien trabajada
de cuero crudo elegido,
hecha por un entendido
pareja y bien macetiada.
Viene a copar la parada
con apuros de apretar,
pero yo siempre al cinchar
cualquier detalle contemplo,
como siguiendo el ejemplo
del que me enseñó a ensillar.
10
De cerca, o de medio lejos,
mirando en forma segura
verán a la misma altura
los dos estribos parejos.
La luna les dio reflejos
una noche al contemplarlos,
y aunque a menudo sé usarlos
en fiestas de tradición
de tan gauchitos que son
me da pena de pisarlos.
11
Haciendo grupa al recao
brillosas y tentadoras
le pongo las boleadoras
en su lugar obligao.
Son como un certificao
del tiempo que han recorrido,
y desafiando al olvido
hoy brillan airosamente,
cual si el pasao, al presente,
le echara una falta envido.
12
Un lazo bien trabajao
mostrando su trenza blanca
le acomodo sobre el anca
prolijamente arrollao.
En su trabajo esmerao,
vistoso y de resistencia
en todo el tiro evidencia
de la presilla a la argolla,
un sello de mano criolla
de lujo, de arte y de ciencia.
13
Como adorno superior
después le pongo el pretal
porque pa’ mi es habitual
salir como un gaucho flor.
Prenda de lujo mayor
siempre mi atención reclama,
y entre el brillo que derrama
de su patrón, con derecho,
justo en el medio del pecho
va luciendo un monograma.
14
Recortao a la medida
va un cuero negro gauchón,
blandito como un colchón
de lana corta y tupida.
El sobrepuesto enseguida
pongo con cierta cautela,
donde el carpincho revela
su suavidá y sus matices
y un sinfín de cicatrices
que parecen de viruela.
15
Doy una vuelta al cinchón
y vuelvo a darle otra más
pa’ que no digan jamás
que está ensillando un chambón.
Debe empezar de pichón
quien se quiera destacar,
y en el diario trajinar
algo nuevo hay que aprender,
porque dicen que el saber
no ocupan ningún lugar.
16
El rebenque está conmigo
y si ustedes no lo han visto
está siempre a mano y listo
como si fuera un amigo.
Ha sido y es el testigo
en cada ocasión que ensillo,
y mandón como un caudillo
que de su fuerza alardea
colgado, se balancea,
desde el cabo del cuchillo.
17
Formando un solo conjunto,
rienda, cabezada y freno,
como en el día del estreno
relumbran de contrapunto.
Mientras enfreno, repunto
la manada de mis versos,
y haciendo algunos esfuerzos
entre chiflido y chiflido
los traigo desde el olvido
aunque se encuentren dispersos.
18
Bozal bien cáido al hocico
dando al sol sus resplandores,
sumando sus pasadores
como trecientos y pico.
Y así como les explico
al seguir con mi tarea
el cabresto juguetea,
mientras yo en la cogotera
con los botones pa’ afuera
le prendo bien la manea.
19
Ponerle un recao a un flete
parece cosa sencilla,
pero no cualquiera ensilla
que ensillar no es un juguete.
Al que no sabe y se mete
ya renegando lo siento,
pues nadie dirá que miento
las molestias que ocasiona
si la mosca está bravona
o si sopla fuerte el viento.
20
Pa’ que opine cada cual
a su antojo y sin apuro
dejo ensillao a mi oscuro
rienda arriba en el corral.
Y como a carta cabal
soy criollo de campo afuera,
rogarle a Dios yo quisiera
pa’ que el recao y mi pingo
no anden en manos de gringo
el día que yo me muera.

Versos de Pedro Risso

SEMBLANZA SUREÑA

Hoy quiero cantarle al alma
de la llanura sureña
como una tierna reseña
de un atardecer en calma.
Su honda frescura ensalma
los males del pensamiento
refrescando sentimientos
de que tiempos que ahora son sueño
cuando tenía por dueño
al puma, el potro y el viento.

No voy a nombrar la gente
que sus campañas gastaron
ni las cruces que dejaron
al irse calladamente.
Nombro la paz imponente
que domina sus ocasos,
las vibraciones del lazo,
su cielo enorme y abierto
y su insondable desierto
erizado de lanzasos.

Nombro sus claras mañanas
emancipadas del mar
proyectando un aletear
de albas gaviotas lejanas,
la algarabía temprana
que empluma el aire de trinos,
sus arroyos cristalinos,
el rumor de sus cañadas,
y sus salinas cercadas
por el valor ranquelino.

Le canto al Río Salado
muriendo entre cangrejales
y a sus bravos pajonales
de crestón empenachado;
a los ombúes clavados
en las lomadas dormidas,
a las aguadas perdidas
en un silencioso orgullo
y a los solemnes mangrullos
de las montañas Mahuidas.

Nombro su noche estrellada
bitácora de baqueanos
y a los caldenes pampeanos
frontera de las boleadas,
a las crujientes heladas
plateando los fachinales,
a los tibios arenales
y al riesgo del forastero
por los piales traicioneros
que le tiran los guadales.

Versos de Osvaldo Andino Álvarez

miércoles, 14 de diciembre de 2011

COSTALADA

Aunque empezó a garugar,
los cueros le eché al lobuno,
sabiendo bien que denguno
me lo podría igualar.
El patrón mandó apartar
a campo, cien vaquiyonas,
negras ellas, cimarronas,
de poco roce con gente,
capaces de hacerle frente
a animales o personas.

Salimos a tranco lento
cuando empezaba a clariar,
a fin de cumplimentar
del patrón, su mandamiento.
Jue elegido pa’l evento
personal capacitao,
el que, atento a lo ordenao,
arriaría a la estación
aquel vacaje en custión
pa’ trasladarlo al mercao.

El capataz repartía
-montao en un azulejo-
ordenes y algún consejo
a tuita la compañía.
La mensualada, ese día,
conciente de su labor,
ensiyó de lo mejor
que tenía en su tropiya.
¡Ahijuna! ¡Qué maraviya!
¡Qué pingazos, por favor!

Pa’l mediodía, en rodeo,
la tropa quedó formada
en un rincón, prieparada
pa’ comenzar el arreo.
A pesar del tiempo feo
el aparte estaba hecho,
y al ver que enfiló derecho
pa’l potrero, una macaca,
yo dije: “-Es mía esa vaca…”
y salí sacando pecho.

Al lobuno le cerré
las chuecas, y en la marucha
topé a la arisca y ¡jue pucha!
contra un poste la estampé.
Pero el barrito, endispué,
me hizo una mala jugada,
mi pata quedó apretada
entre el suelo y el recao
cuando mi pingo, de lao
se me jue de costalada.

Hoy han pasao al olvido
las fáinas con animales,
ya no se ven los mensuales
en su diario recorrido.
Añoro el tiempo vivido
de trabajo y diversión
y guardó de aqueya ación
una marca que perdura:
me quedó una pata dura
fruto de aquel apretón.

Versos de Arnoldo Daniele

lunes, 12 de diciembre de 2011

DE PALO A PIQUE

Rodeao de un cardal espeso
con la altivez de un cacique
un corral de palo a pique
está enfrentando al progreso.
La luna siempre algún beso
le deja, muy cordialmente,
y él, con guapeza creciente
va desafiando al destino
como un soldao argentino
quen está gritando “presente”.

Aunque hoy está solitario
su gloria salta a la vista,
porque el gauchaje fue artista
en tan campero escenario.
Sobre el chiripá ordinario
vio las rastras de botones,
y en cantidad de ocasiones
vio entre gauchos superiores
patrones muy pialadores
de igual a igual con los peones.

Para él no fueron ajenos
el torido de los perros,
los relinchos, los cencerros,
ni la coscoja en los frenos.
Supo de pingos muy buenos
y lazos que se cortaron;
de toros que lo pecharon
como adversarios temidos,
ya que’n sus palos torcidos
muchas guampas se chairaron.

Por más que allí el domador
de su arte dejara un sello
parece que a todo aquello
se le ha quitado el valor.
Y aunque tenga a su favor
todo un pasado florido,
allí entre un cardal, perdido
como una reliquia pampa,
se va cubriendo su estampa
con nubarrones de olvido.

Versos de Pedro Risso

jueves, 8 de diciembre de 2011

CARTA

He léido de punta a punta
su carta ande nos porfea
y medio nos rigorea
pa’ que arranquemos en yunta.
Usté es hombre que repunta
y lo envidea la suerte,
ansí olvida que la muerte
al Dotor cuasi lo ha arriao
y como hunquillo ‘e bañao
lo ha zamarriao fiero y juerte.

De güena gana paisano
en su palenque ataría
y allí desensillaría
como en casa de un hermano.
Yo sé muy bien que su mano
de criollazo sin reveses,
no almite los intereses
y es una amistá la suya,
apretadita y sin buya
como alpargata en los pieses.

Este amigo no le falla
y ah’malaya… juera cuando!
Si ya me estoy revolcando
como chimango en la playa.
Y anque Don, hasta la raya
no me han mezquinao la lonja,
sepa que soy como esponja
ardo lindo y doy abrigo
y al defeto de un amigo
siempre le hallo una lisonja.

Le viá pedir Don González,
hombre capaz de un aguante,
que no m’eché por delante
como hace con sus baguales.
Los hombres no son iguales
ni cualesquier los arrea
y si un cuzco los torea
porfiando en la garroniada,
es capaz que de una nada
se dé güelta la batea.

Su invitación tengo en cuanta
y me le viá descolgar,
pa’nsí poder retozar
con gaucho de tanta menta.
De familia tan atenta
y con la cría pichona,
tan franco pa’ su persona
y con tanto cumplimiento,
pa’ mejor no hay un momento
que no lo atienda su piona!

Lotecito tan parejo
ni en una feria se ve,
dichoso amigazo usté
que se oserva en ese espejo.
No vay’a creer que me quejo
ni soy un arrepentido
Y si mi destino ha sido
ser yo, con mis otros dos,
siempre le agradezco a Dios
que ansina me haya servido.

Ahura me han anoticiao
que anda mansito y no escarba
y que se ha dejao la barba
como antes en el pasao.
Que al tabaco se ha entregao
y anda alegre, a las risadas,
que de lejos las humadas
se ven sin mayor ejuerzo
y juma como el escuerzo
apurando las pitadas.

Sin más reciba cuñao
un saludo a lo campero,
que con afeto sincero
le manda su arrocinao,
aura como ando ocupao
será difícil toparlo,
pero carculo abrazarlo
cuasi sin duda ninguna,
pa’l otro cambio ‘e la luna
en que diré a visitarlo.

Versos de Omar J. Menvielle

COMO INDIO PA' LA BOLA

“-Se las mandé y se las puse”
dijo Marciano Laprida
y el avestruz en la juida
se dio güelta sobre el tuse;
boliando el hombre se luce
como estrella en noche oscura
y si un tiro ‘e bola apura
pa’ darle gusto al colmillo,
vaya sacando el cuchillo
porqu’es picana segura.

“-¡A medias si lo bolea!
¿Qué le parece aparcero?”
“-Que las medias, compañero
no andan en pata tan fea…”
“-Güeno, entonces si aprecea
una amistá verdadera,
viá pedir pa’ una pollera
que le v’hacer el bordao,
un cogote bien sacao
p’hacerme una tabaquera”.

Versos de Omar J. Menvielle

martes, 6 de diciembre de 2011

PA'L LOBUNO TORCAZ

Gaucho el lobuno torcaz
amagando a ser bragao,
gragantilla, bien calzao
y pico blanco además.
Animalito capaz
de enderiezar ande quiera
y al jugar con la testera
como queriéndola ispiar
es caballo ‘e galopiar
todita la vida entera.

Es aparente el apero
y su priesencia sencilla
va cantando que’l que’ensilla
es un paisano surero;
matras, caronas y cuero,
han zarandeao los baguales
y conocen los percales
porque al patrón d’endeveras,
le gustan más las polleras
que al zorro los pajonales.

Se h’amacao juerte el bragao
porque ha sido fastidioso
y anque medio cosquilloso
ya está bastante entregao.
El hombre que lo ha lidiao
no le pierde ni los trancos,
porque sabe que no hay mancos
ni son como vela ‘e sebo,
esos de la marca “El Güevo”
del finao Don Manuel Campos.

Versos de Omar J. Menvielle

DE LAS BRASAS A UN COSTAO

Lindo es después de un asao
mientras corre el cimarrón,
tirarse sobre un jergón
a conversar del pasao;
y de las brasa’a un costao
la pava medio tiznada,
con la tapita ladeada
pa’ que no suelte el hervor;
un viejo bolaceador
y una guitarra prestada.

Y entre un “¡Sírvase, aparcero!”
y un pedido de cigarro,
alguien prepara en un jarro
café al estilo campero;
otros limpian con esmero
su cuchillo en la alpargata,
que’s una prenda barata
y a veces no hay más remedio,
que hacerle un tajo en el medio
para que dentre la pata.

Con un cielo oscurecido
y el viento que pasa auyando,
a poco ya están hablando
de historias de aparecidos;
el “viejo” por consabido
es el primero que muenta,
y al tiempo que un caso cuenta
de hacerles fruncir el cuero,
se enrieda en unos aperos
y al suelo va la osamenta.

Allí se armó un zafarrancho
de marca morrocotuda,
al diablo se fue la viuda
y las historias del chancho;
las mujeres desde el rancho
preguntaban, ¿qué ha pasao?,
y salieron misturao
los que el golpe festejaban
con los que se santiguaban
vichando pa’ todos lao.

Versos de Osvaldo Andino Álvarez

lunes, 5 de diciembre de 2011

PIBE DE ORO

Fue al potro como pegao
y con muy poca ventaja,
chiquitita la rodaja
y el cuero bien recortao,
le gustaba al bocao
ponerlo desde la encía
y en cuanto al lomo caía
gritaba: ¡largue, nomás!
Y echando su cuerpo atrás
el potro ni lo movía.

El hombre se fue temprano
al cumplir los veintidós,
y créanmé de que yo
lo sentí como un hermano;
linda pinta de paisano,
morocho, algo fornido,
bastante bien parecido,
de regular estatura;
les describo su figura
pa’ quien no lo ha conocido.

Fue, un oscuro tapao
el que lo costó la vida:
lo enganchó en una caída,
no pudo salir parao.
Dicen, los que han presenciao,
que iba mirando pa’tras
y no pensaba jamás
que adelante, en el camino
‘taba su propio destino
junto a la fatalidá.

El potro que hago mención
después del triste acidente,
recibió un tiro en la frente
por orden de su patrón.
Fue tan grande la emoción
ante el suceso pasao
que’l cielo quedó nublao
en la estancia ‘e Albarracín
donde tuvieran su fin
el jinete y reservao.

Lo cierto del caso fue
que jinete y adversario
tuvieron como escenario
la Estancia de “San José”,
y desde entonces se ve
sobre los pastos tendidos,
al vencedor, ya vencido
y convertido en la nada,
con las carnes desgarradas
y los huesos carcomidos.

A Armando Aguirre he nombrao,
le decían: “El Pibe de Oro”,
porque llevaba un tesoro
dentro su pecho guardao.
Que Dios lo tenga al finao
descansando eterna paz,
que nosotros desde acá,
los que andamos por la vida,
lamentamos la partida
de un gran jinete y audaz.

Versos de Julio Secundino Cabezas

sábado, 3 de diciembre de 2011

DE PASADA

-Con la licencia de ustedes
voy primero a saludar
pa’ dispués desensillar
(dijo Romualdo Paredes),
he salido ‘e “Las Mercedes”
junto al Río Colorao,
y como ya he galopiao
dando güelta pu’ “El Retiro”,
éste que traigo de tiro
viá cambiar por el montao.

-Güeno, desensille y largue
y vaya dispués dentrando
que lo estoy abarajando
pues llega como de encargue;
me aurra así de que me largue
hasta allá, hasta “La Inmortal”
que he trabajao un bozal
pa’ mi compadre Amaranto,
y como pronto es su santo
no quisiera quedar mal.

-Siempre estoy pa’ su mandao
pero… veo que a mi picazo
un bozal así, lindazo
le quedaría pintao.
-Que lo tenía destinao
ya lo sabe aquí, Don Soria,
pero… úselo pa’ mi gloria
y tamién pa’ su contento
y pa’ que al ver cada tiento
haga de mi una memoria.

-Bien tejida la esterilla
y lindo el botón barquero,
le va a venir a mi apero
como ñudo a una golilla;
tengo siempre en mi tropilla
alguno sobresaliente,
y ese alazán reluciente
es sin yel, galopiador,
y como es un pingo flor
queda pa’ usté, Don Vicente.

Versos de Charrúa

RETRIBUYENDO

Viera que lindo alegrón
me ha causao el otro día
cuando su mano en la mía
pegó tamaño apretón.
Y como en esa ucasión
me ha demostrao ser sincero
enredarlo, amigo, quiero
en el lazo ‘e la amistá
que con franqueza le dá
este paisano campero.

Estaba como desiando
de poderlo conocer
por eso le quise hacer
carrera en mi “Convidando”.
Que desde ya va quedando,
de acuerdo a lo conversao,
completamente anulao
porque los crioyos de laya
no deben en una raya
nunca, quedar mal parao.

Mi “azafranao”, usté vido,
no lo alabo porque’s mío,
pero en cualquier desafío
estuvo siempre priendido.
A ucasiones ha sabido
perder, no lo viá negar,
más cuando supo ganar
también, se lo digo yo,
todo el tiro, al que perdió,
la tierra l’hizo tragar.

Y su “tordillo platiao”
lo reconozco, aparcero,
que’s cabayo parejero
que hay que tenerle cuidao.
Algo me habían comentao
pero aura lo pude ver
que’l que le quiera correr
por más que venga limao
téngalo por descontao
que ni meya le v’hacer.

Ansí, ya qu’hemos quedao
amigos de tal manera
mi rancho, pa’ cuando quiera
también le ofrezco, cuñao,
que aunque vivo apueblerao
debido a la circustancia
lo mesmo que’n una estancia
se ayará en ese rincón
que’s templo de tradición
levantao con la costancia
(06/1948)

Versos de Rodolfo Nicanor Kruzich

ENTRE DOS LUCES

S’esconde el sol en los cerros,
no canta el viento sus quejas
y pa’l brete unas ovejas
vienen arreando los perros.
El tañido ‘e los cencerros
puebla de notas la loma;
el trebolar con su aroma
va embalzamando la brisa
y con su media sonrisa
la luna en creciente asoma.

Volando bajo y serena
la cerrazón se desliza
tendiendo un poncho ceniza
sobre el potrero de avena.
Pone en alerta la escena
con su grito el teru-tero,
el panorama campero
va perdiendo sus matices
entre un silbar de perdices
que vuelven al dormidero.

Mientras va Doña Tomasa
a entrompetar el ternero,
un muchacho arrea el nochero
pa’l potrerito ‘e las casa.
Un lucero como brasa
v’apadrinando a la luna
y al volar los patos de una
espantada en alboroto
parece un espejo roto
entre’l juncal la laguna.

En la quietú del ambiente,
en formación alineadas,
van cruzando las bandadas
en dirección al poniente.
En el ramaje imponente
donde todo fue alegría
no se oye l’algarabía
de los pájaros cantando
y están los sauces llorando
la triste muerte del día.

Versos de Andrés Eduardo Gromaz

lunes, 28 de noviembre de 2011

LA TROPILLA

De pronto en la madrugada
suelo escuchar un cencerro
sobre el ladrido de un perro
furioso en la atropellada…
(Tras la madrina gateada
-como en el rumbo de un cuento-
entre las alas del viento
se me extravió la tropilla:
por eso me maravilla
cuando acercarse la siento.)

¿Qué tono infunde el desvelo?
Celeste tiene que ser,
porque al mirarla volver
se me levanta del suelo…
Oscuro era en vez el pelo
de los caballos del caso:
un testerilla, un picazo,
un albo y un taba blanca
y -medio moro en el anca-
un zaino de sobrepaso.

Pica la yegua en la punta
con retumbar de trabuco;
detrás, el zaino pasuco
y el taba blanca hacen yunta…
el testerilla se junta
con el listado en la frente…
el albo… ¡Pero la gente
qué me va a entender si digo
que con la vista los sigo
arreando por el poniente!

Algunos salvan las cosas
que no conocen los otros…
(El irse haciendo entre potros
no es corretear en baldosas.)
Hoy con las formas borrosas
de los sombrajes de palma
cruzan muy alto la calma
del cielo como una nube…
(A la tropilla que tuve:
¿quién me la quita del alma?)

Versos de Miguel Domingo Etchebarne

VIEJO PONCHO SANJUANINO

Viejo poncho sanjuanino,
a mi destino ligau,
cuantas veces me has tapau
a lo largo del camino…!
Viejo poncho sanjuanino
que en mis andanzas de arriero
juistes el fiel aparcero
de mis dichas y dolores,
y amparo de mis amores
con la chinita que quiero.

Viejo poncho sanjuanino,
refugio de mi osamenta
cuando azota la tormenta
al alto poniente andino.
Andariego y peregrino,
viejo poncho como yo,
cuántas veces te cortó
la daga del entrevero
y cuántas el aguacero
sobre tus pliegues lloró!

Te tienen por montonero,
viejo poncho sanjuanino,
pero antes sos argentino,
tradicional, guerrillero…
vos venís de un entrevero,
hecho a tambor y clarín,
vos conociste el confín
romántico del Perú;
ya te llevaba en Maipú
Don José de San Martín!

La historia de mi pasau
en tu vejez se resume;
a mi el tiempo me consume
y a vos te tiene olvidau…
Viejo poncho que ha rodau
unido siempre a mi suerte…
cuando mi osamenta inerte
descanse al fin de la vida,
estarás pilcha querida,
cubriéndome hasta la muerte.

Versos de Buenaventura Luna

sábado, 26 de noviembre de 2011

MI TROPIYA

Voy a rodiar mi tropiya
para prestarle algún pingo,
de paso -como es domingo-
viá desvasar “la rosiya”;
más crioya que la gramiya
mi pobre yegua madrina,
la huella no la arrocina
y nada le miento en esto:
con un pañuelo ‘e cabresto
yo cruzaría la Argentina.

Embozale “el colorao”
si quiere un pingo mansito,
le va a quedar muy bonito
si le pone su emprendao.
O si no, tiene “el rosao”
si quiere un pingo ligero,
es ágil pa’l entrevero
y en él yo salvé la vida
disparando a la partida
antes, cuando juí matrero.

Si quiere de raza fina
encarone “el pata blanca”,
es sin cosquiya en el anca
en él, se yevar mi china.
A ese “zaino” que de clina
solo le dejé un penacho,
a bajao varios muchachos
-yo entuavía no lo he probao-
dicen que jué reservao
de la estancia “El Quebracho”.

“El bayo” que al caminar
parece de tranco lerdo
me trái miles de recuerdos
cuando me pongo a pensar;
a ese, lo enseñé a saltar
cuando anduve enamorao,
es ágil pa’l alambrao
porque’s de pata finita,
cuando le haga una señita
… ya estuvo del otro lao.

Y si quiere en el poblao
lucirse una tardecita
corte y agarre “el pampita”
de clavijero tuzao,
lo tengo bien preparao
para cualquier ocasión,
desde que’ra redomón
jué’l pingo de mi delirio,
andando en él, no le envidio
los coches a mi patrón.

“El picazo” o “el tostao”
son de enlazar campo ajuera,
lárguelos por ande quiera
nunca conmigo han rodao.
Bueno, ya le he presentao
todos mis pingos, señor,
es el capital mayor
de éste gaucho que le esplica:
mi tropiya es medio chica
porque’s de un trabajador.

Versos de Juan G. García

A DON ARANDA

Muchos años jué juntando
sobre la tierra surera,
se nota en la cabeyera
que la helada jué quedando;
el tiempo lo jué achatando
pero no teme al rigor,
el sol le dá el resplandor
en las mañanitas beyas
y entre vasos y boteyas
hoy atiende un mostrador.

Yo sé que’l viejo campero
el cordaje había templao
…pero jué’l del alambrao
girando el torniquetero.
Bajo soles o pampero
cantó su copla bizarra
poniendo sudor y garra
en las milongas senciyas,
hizo décimas de astiyas
con un hacha por guitarra.

De San Pedro hasta Obligao
montó semanas enteras
y en tropiyas de ‘norteras’
dejó su nombre grabao;
por el rastrojo que ha’ndao
en horas güenas y malas
sus dos manos jueron alas,
sus patas, iban inquietas,
jinetiando a la maleta
soltando a palenque, chalas.

Y de herencia pa’ su nieto
jué juntando el viejo Aranda
cosas que su mente agranda
en esos días inquietos.
Con alegría y respeto
conserva el noble paisano
versos del tiempo lejano
hechos en montes y playos.
¡Son rimas hechas en cayos
sobre el libro de sus manos!

Versos de Enrique Mario Cabrera

ORGULLO DE DOMADOR

Me anotició “el patrocinto”
con pretensiones de gallo
que no quiere más caballos,
por eso me pega el grito;
es el hijo ‘e Gorosito
que me escribe en la ocasión
diciéndome: “Don Zenón,
deje nomás el que ensilla
y apróntemé la tropilla
que estos días va un camión”.

Con respeto a los baguales
está cambiando la cosa
-le decía a Juan Tolosa
el viejo Zenón Rosales-,
están sobrando bozales,
lazos, maneas, rebenques,
a más de viejo y enclenque
hoy me siento más vencido
al ver que un yuyal tupido
está tapando el palenque.

Fíjesé aquel zaino overo
entuavía sin colmillo,
lo mesmo que el doradillo
es redomón, aparcero;
jue pucha los herederos
tan modernisao, caracho,
no piensan estos muchachos
igual que el finao su tata
que ha despreciao mucha plata
por no mandarlos al tacho.

Por eso amigo Tolosa
si no queda un redomón
la amistá con el patrón
se ha puesto muy espinosa;
allá en el Boliche ‘e Rosa
que está por la calle vieja,
ya que el tiempo nos aleja
lo mesmo que a Cruz y Fierro,
allí me deja el cencerro
de la madrina azuleja.

Allá en el campo de Altabe
está Serapio Almirón,
un capataz muy gauchón
y es capaz que me aconchabe;
tengo más años, ya sabe,
que plata en el tirador,
y aunque no tengo el valor
de mozo cuando era juerte
conservaré hasta la muerte
mi orgullo de domador…

Versos de Rafael Bueno

EL RECAO

1
Con el cinchón bien sobao,
haciendo de todo un lío,
bastos, chapiao, prenderío,
está en el suelo el recao.
Al mirarlo he recordao
aquel tiempo sin dolor,
cuando de mi vida en flor,
que era un purito domingo
cruzaba el campo en mi pingo
llevando en ancas mi amor.
2
Al desatar la envoltura
de las prendas he sentido
como si de un ser querido
abriera la sepultura.
Todo un mundo de ventura
se me ha presentao allí:
el ranchito ande nací,
el ombú que le da sombra,
el pastito como alfombra
en que mil noches dormí.
3
Las estrellas como flores
de luz, en lo alto del cielo;
el griterío de un vuelo
perdido de silbadores,
las bocanadas de olores
que vienen del campo abierto,
el vientito del desierto
al ir aclarando el día,
la mañana… la alegría
del silguerío despierto.
4
El rayo del sol primero
que va a besar a la loma,
el gemir de una paloma,
el gritoniar de un hornero;
la diana alegre de un tero
que hace guardia en el bañao;
de un toro viejo, encelao,
el bramido de sus quejas;
el balar de las ovejas,
los mugidos del ganao…
5
A mi escuro renegrido
he sentido relinchar,
lo mesmo que el corretiar
de los perros y el ladrido;
del gallo giro, el volido
he visto dende la higuera,
y después, la ronda austera,
que le hacía a las gallinas,
que presumían de finas
siendo al fin como cualquiera.
6
Las priendas de mi recao
voy a mostrar despacito,
que pa’ mi, mucho bendito
hay en ellas encerrao.
Al lindo freno platiao
le ha tocao ser el primero,
pues tratándose de apero,
por el freno hay que empezar
cuando se ha de arrocinar
a un hombre o a un parejero.
7
¡Aquí está!... Nuevito de hoja
parece. ¡Tal lo he cuidao!
Sus copas son un dechao
y un contento su coscoja.
Y cuando en la rienda floja
jugaba con él mi escuro,
ni un cristiano, de seguro,
quedaba sin almirar
de mi criollito el trotiar,
que envidiaba más de un puro.
8
Aquí están las cabezadas
con su testera y fiador;
la manea, el maniador
y las dos riendas platiadas;
el pretal, con sus caladas
estrellas, que con primor,
van de mayor a menor
del encuentro hasta el lomillo,
y que, en mi escuro, su brillo
era un puro resplandor.
9
¡Velay los dos sahumadores
de mis estribos, grabaos
por plateros afamaos
igual que los pasadores!
allá en mis tiempos mejores,
cuando cruzaba el pueblito
zapatiando un trotecito
atravesao en mi flete,
los llevaba de juguete
pisándolos despacito.
10
Estas espuelas coquetas,
de ruidosas alabadas,
colgaban destalonadas
de la alzaprima sujetas.
Al óirlas rodar inquietas
con su cócora sonido,
el gauchaje, conmovido,
decía, la voz alzando:
-¡Áhi va va un gaucho galopiando,
honrao, valiente y temido!
11
Ese rebenque, trenzao
con un tientito tan fino,
lo heredé de pagrino
que lo había trabajao.
De virolas adornao,
con su argolla y su lonjita,
parece una monadita
lo mesmo que un abanico,
pero si tuviera pico…
¡Qué historias!... ¡Virgen bendita!
12
Aquí está el lazo, largote,
pa’ trabajar ande quiera,
prendido de la asidera,
que’s de cuero de cogote;
cuatro armadas en un bote,
sobre la res que se elija,
puede tirarse a la fija,
y enlazarla del tirón…
pero ¡guay del revolcón
si el julepe lo encanija!
13
Aqué están también las bolas
u pa’ avestruz, u pa’ potro,
y que, como dijo el otro,
“de güenas… bolean solas”.
De torzal fino las piolas,
y las piegras del Tandil,
apuesto aquí que entre mil
no hay otras como las mías,
pues las mesmas Tres Marías
son como al sol un candil.
14
¡La cincha!... Sería al ñudo
querer cosa más pulida,
con la encimera curtida
y abajo de cuero crudo
de un chúcaro, alzao, clinudo,
y a rajar con l’uña l’anca
que detrás de una potranca
se andaba haciendo el bonito,
sacó está lonja un gauchito,
tan parejita y tan blanca.
15
Aura los bastos levanto
pa’ que los contemplen bien,
aquí está el centro y sostén
de’ste recao a quien canto,
no sé de mi vida cuánto
a ellos me une, lo mesmito
que los dos por un tientito
van juntos como gemelos…
que’so, tan solo en los cielos,
o en la pampa, ¡estará escrito!
16
Voy a desdoblar, señores,
lo más blando del recao:
las matras, por decontao,
y las jergas de colores,
la carona, que en mil flores
bordó un paisano ladino;
el cojinillo, más fino
que de una mujer el pelo,
y el sobrepuesto ¡ese cielo
que a otras décimas destino!
17
Déjenmé que arrodillao
junto a esta prienda sagrada,
de arriba a’bajo bordada
por ser el más adorao,
saqué del pecho angustiao
palabras de un sentimiento,
que ni el mesmísimo viento
debía escuchar aquí,
porque ninguno, ¡ay de mi ¡
sentirá lo que yo siento.
18
Junquillos, claveles, rosas,
derramó tu linda mano
sobre este paño paisano,
en horas pa’ mi dichosas;
cual enseñas vitoriosas,
flamiando de norte a sú,
mi orgullosa juventú
las llevó por esos pagos,
¡buscando tal vez halagaos
que estaban en tu virtú!
19
Sobre este paño bordao,
fui soldao y fui matrero,
fui jugador, pendenciero,
malevo y desordenao;
corriendo desatinao
en busca de otros amores,
manché mil veces las flores
que me osequió tu cariño…
y auro lloro como un niño
el dolor de tus dolores…
20
Tendido sobre este lecho,
tu sombra abrazo soñando,
y te cuento suspirando
las tristuras de mi pecho.
Junto a mi cuerpo te estrecho,
y como a un panal de mieles,
tus labios puros y fieles
beso en ansias amorosas,
la que perfuman tus rosas,
tus juncos y tus claveles!
21
Aura, déjenmé, señores,
que otra vez líe el recao…
yo… ¡ya me créiba curao
de mis antiguos dolores!
Pero hay rescoldos traidores
que cualquier vientito atiza,
y hoy, en la olvidada triza
de mi viejo pensamiento,
he encontrao ese lamento
¡escarbando en su ceniza!
  
Versos de Nicolás Granada (1840/1915)
  
Silguerío: jilgueros
Cócora: molesto/a
Encanija: lo arruga

miércoles, 23 de noviembre de 2011

¡QUE OCURRENCIA!

Trajo el patrón, pa’ la estancia,
un toro fino, importao,
y creo que lo había comprao
en Inglaterra o en Francia.
Un animal de prestancia
con más cuidao que una alhaja,
y pa’ sacarle ventaja
mejorando los planteles,
dormía el toro en “Los Jagüeles”
en cama de buena paja.

Yo pa’ese entonces, me acuerdo,
redomoniaba un picazo,
que’ra más “pronto” que hachazo
pegao con el brazo izquierdo.
Ycomo nunca fui lerdo
pa’ enseñar un animal,
como un hombre servicial
pero con mala intención,
saqué el toro del galpón
pa’ soltarlo en un corral.

Monté y después, despacito
-como escondiendo una treta-
al toro, por la paleta
le pegué un empujoncito.
Escuchó el picazo un grito
con mi acento varonil,
y sarandeando el cuadril
se dio el toro a disparar,
y áhi se lo entré a “descolgar”
a dos velas y un candil.

Como el pingo tenía rollo
le iba gritando certero:
¡acomodate extranjero
que te está golpiando un criollo!
De entre las patas, un pollo,
salió con vida arañando,
todo asustao, cacariando,
pasando alguna penuria,
cuando yo en toda la furia
tráiba al toro recostando.

Después… para que les cuento…
se apareció el mayordomo,
malísimo, hinchando el lomo,
hasta quedar sin aliento.
Me parece que lo siento
gritar desde la tranquera;
más colorao que una hoguera,
estaba loco de atar,
y… ¡ya lo mandé a pasiar
con una palabra fiera!

Cuando lo supo el patrón
enseguida me pagaron
y como a un perro me echaron
sin darme una explicación.
Pero si esa tentación
me costó una sacudida
aunque pierda otra partida
no hay cuidao que retroceda,
¡y seguiré mientras pueda
haciéndome el gusto en vida!

Versos de Pedro Risso

A CUALQUIERA

Dedicado a mi amigo Julián Alberto Urrutia
Tempranito, los domingos
pa’ las carreras rumbeo
pero por allí no veo
algunos muy mentao pingos.
Será que no los distingo
o tal vez han pelechao.
Yo voy medio acomodao
pa’ probarlos, si son guapos,
pues se han hinchao como sapos
cuando el lomo le han tocao.

Me hubiera gustao hayarlos
al “manchao” y al de Cirilo
que aunque sean dos refucilos
me animaba a destaparlos.
Tenía yo, pa’ cotejarlos
mi parejero áhi cerquita.
No es más guapo quien más grita,
pero igual quiero gritar,
“que no se han de ir sin cenar
estando como en fondita”.

No pude verlo a Contreras
ni al “rosillo moro” de él,
ni al payador Juan Manuel
con su “oscuro” en las cuadreras.
Recorrí la cancha entera
a lo largo y de costao
sin encontrar al “tostao”
propiedá de Enrique Uzal.
que desafió en general
sin que le hayan aceptao.

Tengo un “tordillo plateao”
bien plantao y buena estampa,
lo traje desde La Pampa
pa’ correrle al más pintao.
Es mansito y arrollao
¡ah, pingo! de estampa esbelta,
Se viene, desde que suelta
derechito como un hilo.
cuando le guste, a Cirilo
le puedo dar cara vuelta.

En mi “tordillo plateao”
es tanta la fe que tengo
que si amaneciera rengo
igual le corro al “manchao”.
Lo tengo a soga trotiao,
lo vareo de madrugada,
come avena despuntada,
alfalfa y máiz amarillo
está tan fuerte el “tordillo”
que puedo hacer veinte erradas.

Al “tostao” de Don Uzal
que le dan fama de bueno
le voy a correr sin freno,
con la rienda en el bozal.
Me jugaré el capital,
y si ando de plata flojo
no me achico ni me encojo
apostaré lo que ensillo,
y confiao en mi “tordillo”
soy capaz de jugar ‘de ojo’.

A Don Hilarión Contreras
dueño del “rosillo moro”
pa’ probarlos si es tan toro
le corro “cuatro de afuera”.
Le pondremos la bandera
si su caballo es de aguante,
no espere que yo levante
pues si vengo bien pisao
le viá dar punta, cuñao,
echándolo por delante.

Si Dios quiere que no llueva
al “oscuro” ‘e Juan Manuel
con su fama y su cartel
le viá hacer errar la cueva.
A ver, ponganmén a prueba,
puedo estar en un error,
echen cualquier corredor
como estampilla ‘e liviano.
¡Yo pa’ correr no soy tano
cuando me juego el honor!

A los dueños de los fletes
como hombre los respeto,
pero si a correr me meto
no voy a correr al cuete.
Y si no son amarretes
ya pueden taparlos de oro,
y al dueño del “sangre ‘e toro”,
si hasta la cancha se llega
lo voy a dejar, si juega,
más seco que lengua ‘e loro.

Al que le guste, paisanos
ya que tanta fe se tienen
para el domingo que viene
yo les corro mano a mano.
Cáiganse medio temprano
y tráiganse su rayero,
nombren si gusta, el “tercero”
pero les quiero aclarar:
¡Si me llegan a trampear
los viá pelear a talero!
                                    (La Carreta 04/1947)

Versos de Pedro Risso

DE PIE FORZAO

Tengo un pingo colorao
viá ver si me compro un bayo
para la fiesta de Mayo
por si soy abanderao.


Como soy hombre campero
me gusta tener un pingo
preparao pa’ los domingos
y bien tusao con esmero;
acomodao el apero
o mejor dicho el recao,
los mandiles recortao
como por mano de brujo
y para darme ese lujo
tengo un pingo colorao.

Por demás escarciador
y juguetón con las riendas
y en los trabajos de hacienda
se luce que’s un primor.
Pero mi orguyo mayor
sería tener dos cabayos,
por eso al cantar el gayo
saldré pisoteando abrojo,
y pa’ sacarme el antojo
viá ver si me compro un bayo.

A la oración regresé
trayendo al bayo de tiro,
como aliviando un suspiro
el puesto viejo pasé.
De noche al rancho yegué
y lo fui a largar al bayo
en un potrerito playo
que muy güen pasto tenía
pues prepararlo quería
para las fiestas de Mayo.

Al otro día lo fui a ver,
tal vez estrañando el pago
arisco me hizo un amago
y dentró a retroceder.
Más como es güeno tener
dos cabayos preparao,
no sea que se haya dao
lo que a creerlo me resisto,
pero viá tenerlo listo
por si soy abanderao.

Versos de Roderico Sombra

lunes, 21 de noviembre de 2011

EL DUEÑO DE LOS PICAZOS

Áhi va, marcando sus pasos
como formados en fila,
por el camino hacia Pila
una tropilla ‘e picazos.
Ya el sol se duerme en los brazos
de la oración, y al arrullo
del inquietante barullo
de las aves en la fronda,
tiende la sombra su ronda
aquietando aquel murmullo.

Hay un rayo de luz clara
agonizando en el cielo,
que se refleja en el pelo
de un alazán malacara,
el animal se separa
junto con un testerilla,
y del camino a una orilla
entran a olfatear un yuyo;
ese alazán es orgullo
y lunar de la tropilla.

La madrina es colorada
vistosa como ella sola,
linda estampa y anca bola,
bastante bien preparada.
Ya se hizo noche cerrada
el día fue a su destierro,
debajo ‘el estribo el perro
saca hasta el suelo la lengua,
mientras su marcha no mengua
el tintinear del cencerro.

Ya con el cielo enlutado
que trae una estrella en l’anca,
trepa por una barranca
orillando el Río Salado.
El rocío se ha posado
sobre la verde gramilla,
y del picazo que ensilla
al ir el freno tascando,
va la coscoja sonando
precediendo a la tropilla.

Brilla en la noche un candil
que delata la presencia
de su anhelada querencia
donde lo espera gentil
con su gracia juvenil
su paisana, y en sus brazos,
entre besos y entre abrazos
vendrá el mate que le brinda,
la flor del pago más linda
al dueño de los picazos.

Versos de Roberto G. Morete

domingo, 20 de noviembre de 2011

TIJERA

Viniste como estranjera
por ser de acero importao
y te has nacionalizao
como argentina tijera.
Hoy te canto a mi manera
como rindiéndote honor,
y el hombre trabajador
siempre te ha guardao estima
por ser la herramienta prima
que tuvo el esquilador.

Ayí estás en el galpón
ni triste ni abandonada,
y solo por ser “usada”
se te ha cambiao la misión;
hoy tenés la obligación
y no te podés quedar
debiéndote de aguantar
y sin aflojar en nada,
y por estar muy gastada
hoy sos tijera ‘e tusar.

Sos la misma que aquel día
el muchacho esquilador
demostrando su valor
esquilando se lucía,
y apurao en su porfía
queriendo un beyón voltiar,
hasta yegó a renegar
cuando un abrojo agarraste,
por culpa d’él, te meyaste
y comenzaste a mascar.

Y fuiste fundamental
pa’ limpiar una majada
y estuviste en la cerdiada
de yeguas, en el corral;
y como es muy natural
estás con el barraquero
y el paisanito campero
agarrando de a poquito,
te usó pa’ cortar chiquito
el pasto del parejero.

Te usó el gaucho con su maña
en su cabayo de aguante
pelando en cruz y en menguante
pa’ curar la sobrecaña,
costumbre que’n la campaña
muchos han de conocer,
y el que te sabe tener
con las hojas bien parejas
pa’ pelarle las orejas
sos como mandada a hacer.

Hasta con l’hoja quebrada
ocupás algún lugar
aunque sea pa’ limpiar
la pala ‘e punta embarrada.
Y así, como de pasada,
se te verá donde quiera:
en una yerra cualquiera
o en alguna señalada…
Y así tenés bien ganada
toda tu fama, ¡tijera!

Versos de Ulises Muguerza
     "El Payador Libreño"

viernes, 28 de octubre de 2011

SALIÉNDOSE DE LA VAINA

-Áhi anda Ciriaco Garro
desesperau por correr,
con el moro de “El Placer”
de tanta fama en Navarro;
mano a mano, amigo Marro,
le correría con mi “Guaso”,
pero, de plata ando escaso,
de no… ya estaba apostando
y se lo gano domando,
sin pegar ni un rebencazo.

-Pero si ese viejo, amigo,
es más charlatán que un loro
y ya lo tiene al tal moro
más seco que pasa de higo;
no halla rival o enemigo,
se vuelve pura parada,
gritando en forma taimada
y arrejau que lo acuchillen:
¡le corro al que desensillen
y hasta ande marquen llegada!

-Es que las otras mañanas
un güen cotejo le han dao
y fácil se lo ha ganao
al escuro ‘e los Maidanas;
y el patrón de “Las Marianas”
que se lo jué a relojiar,
como lo vido pasar
en güen tiempo los quinientos,
le ha hecho cráir que ni los vientos
se lo han de poder ganar.

-Yo le haría el gusto al viejo
con el tordillo ‘e Barbosa,
ya que no habla de otra cosa
que del moro y del cotejo;
y dispués, con mi azulejo
si sigue haciendo pata ancha,
le daría la revancha
pa’ que deje ‘e cacariar
y lo hago contra-cantar
todo el tiro de la cancha.

Versos de Charrúa

NI AMOR NI JUEGO

Jui regular pa’l cuchillo,
pa’l lazo, como de encargo,
pa’ los naipes muy amargo
y aquerenciao al lomillo.
Pero nada más sencillo
que’l juego ‘e taba encontrao;
pucha… si me tiene dao
en la vida tanto cobre;
que de bandido ando pobre
con la plata que he ganao.

Con mi tiro se pararon
los más crudos ‘copadores’,
y famosos clavadores
a mis manos se jugaron;
como a Dios me respetaron
en las canchas más mentadas
y, después de esas oladas
de arrear el último peso;
quedé barajando el güeso
al final de cien jugadas.

En la estancia “El Caburé”,
después de una gran cerdiada,
se había armao una tabiada
y de pasada llegué.
Mano a mano me atraqué
al resplandor de la luna,
las pilchas y una fortuna
le tuve a un indio ganadas.
Le eché veintidós clavadas
sin volcárseme ninguna.

Un medio de día de enero
que’l sol me venía quemando
encontré desensillando
la peonada de un tropero,
allí nomás el apero
a mi moro le bajé
y a jugar los convidé
-mientra’el churrasco se asaba-;
esa ocasión con la taba
ni sé cuánto levanté.

En la estancia “La Espadilla”,
a un moreno brasilero,
le gané todo el dinero,
el herraje y la tropilla;
y también, a un tal Bonilla
en la pulpería ‘e “Centenos”,
tabero bastante güeno,
aguantador y platudo;
lo largué medio desnudo
y en pelo sobre un ajeno.

Después, cuando con mi hermano
acarriabamos baguales
pa’ unos remates mensuales
allá en el pago entrerriano
llegó un amor soberano
toda mi vida a embargar,
de una hija de aquel lugar
de la gran tierra Argentina;
era una mujer divina
que nunca podré olvidar.

Más mi hermano, con pasión
se prendó de mi entrerriana
y en mi mente una idea insana
me espueliaba con razón;
véia en el humo traición
si pitaba ‘e su tabaco
o si me empinaba un taco
de su chifle de franquero;
en su facón caronero
o en su poncho calamaco.

A buenas nos arreglamos
-aunque nos sobran agallas-
y a siete pasos dos rayas
con los facones marcamos;
la “baya” los dos tanteamos,
tiró primero mi hermano,
iba a defender ufano
toda su dicha, talvez…
Y me la dejó a los pies
como puesta con la mano.

Yo también la barajé
con esperanza en el pecho,
adelanté el pie derecho,
agaché el brazo, y tiré…
La taba picó y se jué
como una cosa perdida;
si cuando la vi caída
me vino como un sudor…
Jué la parada mayor
que yo he perdido en mi vida.

Después, golví pa’ mi tierra
con alma y fe quebrantadas
y me hayao en cien jugadas
de boliche, trilla o yerra.
Pero en tal forma me aferra
el recuerdo, aquella amada,
que si caigo a una jugada
y por vicio el güeso piso:
cuando echo algo, siempre es liso
por más que pique a clavada.

Versos de Wenceslao Varela
                      (uruguayo)

jueves, 27 de octubre de 2011

SIEMPRE SE APRENDE

Hasta el lobuno he’nsillao
y se me larga a llover,
¡con lo que tengo que hacer
que tiempo más desgraciao!
Pero si Dios lo ha ordenao
le tendré que cabrestiar,
¡que me voy a retobar
si el cielo no tiene agujeros
donde meterle los dedos
pa’ que deje de gotear!

Aura si, con esta leña
y algunas charamusquitas,
mi viejo fogón palpita
y en calentarme se empeña;
de mi voluntá se adueña
las ganas de no hacer nada
y me ayuda la encordada
con que mi mano trompieza,
pa’ asujetar la tristeza
que viene de atropellada.

Ya que la tengo abrazada
tan mansa y tibia la siento
que casi me hayo contento
que el tiempo haga esta jugada;
en su música embretada
queda mi melancolía
y toda la vida mía
desfila de a remezones,
como si arriara en sus sones
las tristezas y alegrías.

El rencor o la amistá,
lo bueno como lo malo,
la mezquindá o el regalo,
el amor… la soledá…,
odio, perdón y piedá
se mezclan en el izquierdo,
y al rastriar, el tiempo lerdo
toda la vida empareja,
como pa’ tapar las quejas
que nacen de los recuerdos.

¿Me estaré poniendo viejo
que al sentimiento le aflojo?
Él me maneja a su antojo
y yo, dominar, lo dejo.
Estos recuerdos añejos
que el mal tiempo me ha traído,
casi los he bendecido
aunque en antes renegué,
por eso aura pienso que:
¡gracias a Dios, que ha llovido!

Versos de Omar Italiano

miércoles, 26 de octubre de 2011

MALAMBIANDO!

He sido malambiador
ayá en mis tiempos de mozo,
y enancao en el retozo
de un rasguido escarciador,
con mudanzas de mi flor
me lucía zapatiando.
Y si alguno desafiando
quería contrapuntiar
¡era capaz de pasar
una noche mudanciando!

Entonces, era puestero
en la estancia de un inglés;
yo cabayos, tenía tres,
uno de’yos parejero.
Y aunque pa’ jugar dinero
siempre he sido moderao,
güenos pesos he ganao,
y dispués de la cuadrera
alguna moza pueblera
su almiración me ha entregao.

Ha sido el mejor cabayo
que yo he tenido en mi vida;
me salvó de la partida
mi güen parejero bayo
un 25 de Mayo
creo… del año ‘70
cuando me cobré una cuenta
con el cabo del talero…
por él, del estaquiadero
pude librar la osamenta.

Un día vine a ganar
corriéndole a un forastero,
y más tarde el guitarrero
un malambo entró a rasguiar,
y ya me empecé a floriar,
el paisanaje aplaudió,
y el mozo aquel que perdió
me desafió a un contrapunto;
como yo acetara, al punto
frente mío se plantó.

“-¡Contra de su parejero
mi cinto, rastra y cuchiyo!”

Contesté en en tono senciyo:
¡El flete no, compañero!
“-¿No será que’l aparcero
tiene miedo de perder…?”

Yo sentí la sangre arder,
emprincipié a escobiyar
y entramos a mudanciar
cuasi hasta el amanecer.

Una mudanza sin par
con un esfuerzo machazo
con la pata ‘el lao del lazo
se la conseguí sacar,
pero del lao de montar
el caldo se jue’spesando,
me pialé, y trastaviyando
no la pude devolver…
ansí el flete jui a perder
¡y lo perdí malambiando!
                                    (12/12/1991)
Versos de Alberto Zárate
        "El Lujanero"

domingo, 16 de octubre de 2011

EL RANCHO

Tengo un rancho de totora…
ataperao por el tiempo,
tirao a un lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
Son de adobes las paredes,
de adobes son los cimientos,
y de tala, los horcones
y la cumbrera del techo;
y como no tuve paja
pa’ terminarle el alero,
y me faltó -entre otras cosas-
las ganas de hacerlo y tiempo…
cacé un puñao de ilusiones,
me agencié de algunos sueños,
los misturé con suspiros
y se los puse de alero.
Y pa’ que no me lo arranquen
el viento de los recuerdos,
lo afirme con cuatro cifras,
con estilos y con cielos.
Ansí levanté mi rancho,
ansí lo puse derecho:
a un costao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
En él, no me falta nada
aunque no me sobra un cuero:
tengo güen horno, fogón,
y catre pa’ dos tengo hechos…
porque nunca me ha faltao
a quien arrimar los güesos;
¡privilegio de los sonsos
que somos corto de genio!
Varias cabezas de vaca
tengo pa’ hacerme de asiento,
y en las paredes: cencerros,
bolas, lazos y cabrestos,
encimeras y peguales
forman tuito el ornamento.
Y allá en un rincón… dormida
hasta que yo la despierto,
tengo una gaucha guitarra
que’s ¡pavada de instrumento!
Ni bien le pego un rasguido
parece que tiene adentro
cien zorzales encerraos
que se despiertan riyendo
y que juyen por las notas
cara al sol y pecho al viento.
De cuando en cuando,
uno de ellos, se para en el clavijero,
pa’ leer la cinta bordada
que una morocha le ha puesto
y dice: “Dolores Junes,
pa’ quien me ha robao el sueño”.

Todo eso tengo en el rancho…
y algo más que no me acuerdo.
En él son bien recibidos
amigos y forasteros;
los primeros por ser tales,
los segundos, por aquello
de que “en el rancho de un criollo
a naides le falta un cuero
en que tirarse una noche,
ni un pedazo de asao tierno,
ni un gollete a que prienderse
si no mezquina el garguero”.

Si pasa por él, mi amigo,
apeesé sin recelos,
va a entrar al rancho de un criollo
más servicial que’l yesquero;
es un rancho pobretón
pero adentro hay un entero.
Lo hallará al lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.

Versos de Carlos María Cervetti

(La versión corresponde a la grabación efectuada por Alberto Merlo)

ROMANCE PARA MI MATE

Aparcero de la pava
amadrinao a mis callos,
afirmao a un trasfoguero
o en las patas de algún banco.
Como un sueño de visita
en la boca de un hallazgo,
en las manos de una moza
sos ausencia, charco y lazo.
Lazo pa’ pialar las charlas,
charco pa’ ahogar el cansancio.
Y ausencia para quedarse
como dormido en sus labios.
Y áhi andás como un siñuelo
si entropillo algún churrasco,
cruzando por el camino
la presencia de algún gaucho
te alzás en invitación:
“eche pie a tierra, paisano”.
Galopiao por los luceros
llevás el chasque de un trago,
si te apura un dormilón
o te revuelca un bellaco.
Curandero en cada yuyo
y rumbo en cada cigarro,
si habrás llevao pisotones
cuando te rastrió una mano
a flor de tierra en las llantas.
Si te habrás golpeao el casco
palanqueando en las bombillas
el recuerdo de otros labios,
ablandando un alunao
o riéndote de algún guapo
que simuló acomodarte
solo pa’ mirar pa’ abajo.

De tanto ejuagarte el pecho
y engrasarte en los descansos
quedaste marrón oscuro
pa’ hacer juego con los bastos.
Tenés una cicatriz
recuerdo de aquel “picazo”
que anduvo de feria en feria
como vos de mano en mano.
Vos pa’l fondo ‘e la maleta
y yo apurao por montarlo,
me acuerdo se voleó entero
y vos quedastes abajo.
Con unas grampas de cobre
te fui remendando un tajo,
pero sangraba tu herida
hasta reclamarme un trapo.
Fue entonces que en una yerra
se quebró un pampa en el lazo.
Los asao pa’ los fogones,
los cuartos pa’ choricearlos
y los güevos, ni que hablar,
sobre las brasas se asaron
y calculen, con el forro
quedó el porongo del gaucho,
que las mozas acarician
como a un pasajero manso.

Mientras la tierra dé yerbas,
yuyos el monte y el campo,
yo soy el pobre más rico
sobre el rumbo de mi amargo.

Versos de Juan Carlos Bares
    "El Indio" -uruguayo-

CAPATAZ DE ARREO

Era ‘capataz de arreo’
ese Don Mariano Soria,
tan vivo está en mi memoria
que se me hace que aún lo veo:
muy cuidadoso en su aseo,
responsable, observador,
y como un timbre de honor
o rúbrica de su mando,
del hombro le iba colgando
el cabo del arreador.

Usaba chambergo ‘e lana
la copa bombeada entera
pa’ evitar de tal manera
formar una palangana;
la corralera liviana
y el tirador muy sencillo,
marca “Arbolito” el cuchillo
que le regaló un patrón,
junto con un redomón
de los Montes del Tordillo.

Lo conocí cincuentón,
con muchas huellas trilladas,
algo triste la mirada
¡pero entero el corazón!
Por la civilización
y aunque duro de pescuezo,
como un impuesto al progreso
y a sus nuevos elementos,
la “California” en los tientos
le formaba un contrapeso.

Nunca supe de donde era.
Pa’ donde se fue…? ¿quién sabe…?
Toda la tierra le cabe
sin alambraos ni tranqueras;
no ha dejao una tapera
al irse con su tropilla,
solo quedó en la gramilla
la sombra de su elegancia
y en el aire, la arrogancia
del vuelo de su golilla.

Versos de Osvaldo Andino Álvarez

viernes, 14 de octubre de 2011

CUANDO ME VAYA

Cuando al camino del cielo
lo empiece a tranquear despacio,
cuando ya deje el espacio
que hoy ocupo en este suelo,
quiero llevar de consuelo
a mi última morada
dos cosas que son sagradas
para cualquier gaucho altivo:
¡el rebenque y los estribos
que usaba en las jineteadas!

De mortaja, el poncho fino
que me pongan al marcharme,
pa’ cuando esté frío taparme
en ese largo camino;
quisiera como argentino
cuando se apague mi vida,
me diera la despedida
con un verso, un payador,
y de algún yuyo, una flor
me acompañe mi partida.

Me sentiré muy contento
si al llegar a esos lugares
me lo encuentro al Indio Bares,
Ayrala, al Pampa Barrientos,
soltando versos al viento
como en la tierra lo hicieron
en los pagos que anduvieron
con muchas amanecidas,
en su paso por la vida
junto a tantos que se fueron.

Y si hago ‘un alto en la güella’
por áhi lo hallo a Miguel Franco
pa’ después seguir al tranco
alumbrao por las estrellas,
y entre tantas cosas bellas
en el pago celestial,
zamarriando algún bagual
por áhi lo encuentro a Bilbao,
en un bruto bien sentao
de riendas y sin bozal.

Si alguna noche de farra
me lo encuentro a Alberto Danza
no pierdo las esperanza’
que han de llorar las guitarras,
siempre le sobraron garra
si canta como un jilguero,
y si está Domingo Berho
cerquita me via’rrimar,
seguro se va a largar
con algún verso campero.

Y si pa’ los versos nuestros
allá en el cielo hay escuela
pa’ mi Wenceslao Varela
seguro está de maestro;
yo viá a ver si les demuestro
lo poquito que aprendí,
en tanto que recorrí
en desfiles, jineteadas,
en peñas y guitarreadas
en el tiempo que viví.

Si hay jineteada y destreza
áhi la cuento como robo
si anima el Gringo de Lobos
y ‘el viejo’ Julio Cabezas,
también tengo la certeza
que en la rueda de cantores
estarán los payadores
de Uruguay y de Argentina:
Casquero, Lagos, Molina,
floriando a los montadores.

Que la hagan con las tropillas
de Labayén y Melón,
“El Penacho” de Zenón,
pelau de oreja a ranillas;
que hagan temblar las gramillas
lujos del gaucho nativo
y a aquellos que queden vivos
les pido de corazón:
¡ponganmén en el cajón
el rebenque y los estribos!

Versos de Hugo Pino

CAYE CORTADA

Nunca ha sido tan nombrada
como es “el camino real”
siendo que es tan servicial
la vieja “caye cortada”;
el ser poco transitada
tal vez le reste importancia,
pero cobra relevancia
y no hay halago que sobre
porque pa’ un paisano pobre
tiene el valor de una estancia.

El progreso en su embestida
pasó sin verla a su lao
y en ella quedó el pasao
porque no encontró salida,
muchas historias de vida
encierra en su corto trecho
y aunque distancias no ha hecho
todo el que supo tranquiarla,
seguro que al caminarla
le ha sacao algún provecho.

No conoció palanchones
ni cuidao de caminero,
es tan solo otro potrero
sin señales, ni mojones,
sin terraplén, ni güeyones,
cantariyas ni cunetas,
solo espejos de agua quieta
que a veces se hacen pantanos
y al secarse en los veranos
sirven de tumba a un “maceta”.

En no muy lejano ayer
cuando por meses se arriaba,
el resero la buscaba
pa’ rondar y pa’ comer.
En ella solían hacer
las chatas, noche a sus viajes,
y hubo en algunos parajes
algunas hasta famosas
que fueron entre otras cosas
“cancha”, pa’ medir corajes.

Con su chacrita arrasada
por heladas invernales,
por las secas estivales
o en crecientes, inundada,
ayí estaba la cortada
pa’ echar cualquier animal,
y algún domingo especial
también fue lugar propicio
pa’ la fiesta a beneficio
de la escuelita rural.

Aunque muchos la creen muerta,
solitaria y escondida,
ella siempre tuvo vida,
nunca se encontró desierta;
es como la mano abierta
tendida en toda ocasión…
Siempre cumple su misión
y aunque no sea muy nombrada,
en toda “caye cortada”
hay historia y tradición.

Versos de Ricardo "Tito" Urnissa

DON SALUSTIANO QUINTEROS

Andaba con veinte pingos
todos rosillos overos,
clinudos a decir basta
pero todos criollos netos.
Lucía un poncho calamaco
corto a lo pampa, sin flecos,
flaco, alto, melenudo,
mal trazao, con poco apego,
a perder tiempo en posturas
y en “etiquetas” de pueblo.

De desteñido era verde
su chiripá largo, negro,
de punto, su camiseta,
y calzoncillo sin flecos.
Calzaban sus pies desnudos
grandes espuelas de fierro,
que arrastraba en los boliches
Don Salustiano Quinteros,
y a caballo parecía
un centauro de mi suelo.

Su risa de horno encendido
le hacía un lindo juego
a un pañuelo que fue rojo
suelto al descuido en el cuello.
Un sombrero ‘panza ‘e burro’
anochecedor de sueños,
y una faja ancha largona
sostiene con gran respeto,
su cuchilla marca “Chancho”
Don Salustiano Quinteros.

Lucía entre tantas cosas
con su recado hilachento,
dos pares de avestruceras
a cintura Don Quinteros.
Se güarecía en los contornos
bien alejao de los pueblos,
pasando días tranquilos
en puntos muy estratégicos,
lejos de la policía
más por cuidao que por miedo.

Había que ver a este gaucho
con sus rosillos overos,
sacar sin gritos un toro
y sin lonjas de un ‘un rodeo’.
Echar al medio, y ‘de un saque’
llevarlos hasta el señuelo,
y los pingos ni sudaban
aunque estaban bien rellenos…
Claro que el hombre había sido
del tiempo de Martín Fierro.

Versos de Héctor Del Valle

POR UNAS TRENZAS

Campo por medio nacieron,
se criaron a las vistiadas;
de talero se midieron
y unas trenzas que crecieron
dieron noche a la topada.

Patrones de sus destinos,
señores de sus locuras,
algún días esas bravuras
se harían sangre en el camino.

Sobraba un tigre de entrada
y eran dos, los dos iguales:
en el salto, en la topada,
volcando una puñalada
o echando al juego sus riales.

Marcos, de cuerpo delgao,
tejida en mimbre la estampa,
manejaba el cabo ‘e guampa
hasta con el brazo atao.
Naranjero recortao
le daba doble confianza
y en sus vistas una lanza
rota en dos se habi’afilao.

El otro, Crecencio Busto
yevaba vincha en la frente,
y un “marca sol” reluciente
pa’ darse ande quiera un gusto.
Cara de encargue pa’ un susto
cerrando un ojo miraba,
y en carpeta, caña y taba
nunca pasó de lo justo.
………………………………
El rancho ‘e la Mama China
como una garsita blanca
en el borde ‘e la barranca
de frente al zanjón s’empina.
Áhi vive una golondrina
que tiene luto en alas,
la florecida de galas
entre amor de dos reproches,
la que separa día y noche
con un briyo de lus mala.

Eran patrones en celo
cada cual con una aurora;
dos manos pa’ una sonora,
dos alas con igual güelo;
dos caricias en su pelo,
picaflores de una flor,
un coraje y un rencor
turnándose sus halagos,
y eya… jugando en el pago
dos cartas en el amor...

Uno salía, otro entraba
la madrugada ‘el encuentro;
una despedida adentro
y ajuera uno que’speraba;
tiran por eya esa taba
dos tigres enamoraos,
a “marca sol” ponderao
y a filoso cabo ‘e guampa,
que un mozo de fina estampa
va desvistiendo apurao.

Tanto buscarse se hayaron;
jué lo que tenía que ser:
por un amor de mujer
a fierro se despenaron;
ensangretaos se arrastraron
y por destino ‘e la suerte,
apariaos dos crioyos juertes
yegaron, de boca abierta,
y haciendo puesta en la puerta
vieron la liña ‘e la muerte.

Jué en la barranca el entierro:
Marcos, el de fina estampa
se jué con su cabo ‘e guampa
dormido al último encierro;
y acompañao por su fierro:
un “marca sol” reluciente,
iba, de vincha en la frente
Crecencio Busto a la fosa,
mientras la trenza ‘e la moza
se partía en dos ponientes…

Van por tuno en el lucero
sombra y luz a la ranchada,
y se siente la topada
clarita bajo ‘el alero;
yoran chispas los aceros
porque la trenza ha crecido,
y dos tigres malheridos
se apagan en las boquiadas,
hasta que la madrugada
los tapa con el olvido…

Crecencio quedó en La Noche,
y Marcos quedó en El Día,
y eya, en La Tarde caía
rodiada por dos reproches;
y los sosegó a derroches
siempre de trenzas crecidas,
y ayá en las amanecidas
se van topando por eya,
una noche sin estreyas
contra la luz de la vida.

jueves, 13 de octubre de 2011

PLATICANDO

Tengo unos animalitos
que yo mesmo los lidéo
y que a juerza de porféo
hoy están entabladitos.
Los tengo acomodaditos
como pa’ dir ande quiera…
porqu’es fiera la carrera
pa’l que debe reseriar,
tenerse que priesentar
como un arrastrao cualquiera.

V’esa yegüita tubiana
marca de una “ese” p’ajuera?
Se la comprié a Zenón Vera
cuando le vendí la lana.
Me ofiertó tres; una ruana
y dos tubianas iguales;
cada una diez nacionales
y la cosa era a elición,
nos ráibamos con Zenón
pu’el negocio ‘e los baguales.

Retozábamos los viejos
en conversación sencilla,
devisando la tropilla
no se juera a dir muy lejos.
La d’él era de azulejos
parejones muy iguales,
relinchaban los baguales
al sonar de los cencerros
y yo apretando los fierros
chiflaba mis animales.

Yo ya estoy acobardao
de tanto andar en la güeya
y qué hacer si esa es la estrella
que Dios nos ha reservao.
¡Y hay que ser juerte cuñao
pa’ cuando llame el destino,
qu’es honra pa’un argentino
que le hizo frente al coraje,
¡¡¡Dir de resero en el viaje
ande’s más largo el camino!!!

Versos de Omar J. Menvielle

CAMPERITA

No ha visto tras la lomada
como se muere solito
el fogón de algún solsito
que ha calentao la enramada…?
Y ha visto usté como lanza
tristona luz de agonía…?
Pues bien; como muere el día
así murió mi Esperanza!

No ha visto las golondrinas
que huyendo se van del nido
si ven el campo adormido
sin flores y sin espinas,
buscando siempre regiones
de más saumerio y más bellas…?
Pues bien; como se van ellas
se jueron mis Ilusiones!

Y no le ha dao por mirar
temprano, de madrugada,
cuando la mar enojada
vá en las toscas á quebrar
con ronco furor indino
olas de aguas inquieta y loca…?
Pues como el agua y la roca
me estrellé con el Destino.

Y cuando extiende el ñublao
su negro poncho de sombra
poniéndolo como alfombra
allá, en el cielo encrespao,
la lechuza con pereza
cantando los aires cruza…
Y así, como la lechuza
me canta a mi la Tristeza…

domingo, 9 de octubre de 2011

LA CARRERA (o "Gajito de Cedrón")

-estilo gateado-

¿Te acordás que fue un domingo
que te vi por vez primera
después de aquella carrera
que yo gané con mi pingo?
Se bailaba en lo del gringo,
el puestero del bañao,
yo te miraba embobao
como tigre al gallinero,
cuando gritó el bastonero:
“-¡Pa’ tuitos, gato polqueao!”

Yo te dije con temores:
“Diga, moza, ¿me acompaña?”
Vos retrucaste con maña:
“¡Cómo no, de mil amores!”
Vos revoleaste las flores
de tu pollera escarlata,
yo empecé a menear la pata
y uno de tantos mirones
dijo: “¡Voy diez patacones
al de las tabas de plata!”

Terminó el gato polqueao,
se sentaron las parejas
y en un rincón varias viejas
hablaban de lo pasao.
Y yo que estaba a tu lao,
haciéndome el inocente,
te di un beso redepente
que una vieja oyó el chasquido
y dijo: “¡Gaucho atrevido!
¡Ya ni respeta que hay gente!”

¡Lindo tiempo aquel, canejo,
cuando entuavía me amabas
y a los bailongos llegabas
en ancas de mi azulejo!
Hoy solo queda el reflejo
de tanto lindo domingo;
te casaron con un gringo
que tenía mucha plata…
¡Pero esa carrera, Ñata,
ya la había ganao mi pingo!

¡Ojo! Según el investigador Roberto Selles, Alfredo Navarrine no es el autor como figura en algunas grabaciones.

lunes, 19 de septiembre de 2011

MI PONCHO

De un nostálgico pasao
acoyarao al presente
como reliquia viviente
conservo un poncho rayao.
En la urdimbre y el tramao
ronda aborigen esencia,
y su íntima presencia
con fidelidad de amigo,
ha sido cálido abrigo
pa’ cobijar mi existencia.

Al final de un largo arreo
al pago chivilcoyano,
se lo compré a un artesano
descendiente ‘e Coliqueo;
el tiempo en su traqueteo
en el cuerpo le abrió heridas,
prolijamente zurcidas
por las manos de mi prienda,
viejo poncho y gaucha ofrenda
de rayas descoloridas.

Al contemplarlo recuerdo
la niñez de mis gurises,
hoy que mis cabeyos grises
me marcan el tiempo lerdo:
lo yevo en el hombro izquierdo
pa’ lucir sus condiciones,
y un relieve de festones
que imita flores de cardo,
resalta en su fondo pardo
listas bayas y marrones.

En el arrorró temprano
fue caricia arruyadora,
y fue musa inspiradora
en mis sueños de paisano;
fue como escudo en mi mano
en una acción no buscada,
fue bandera improvisada
pa’ largar una cuadrera,
y hoy es reliquia campera
de una época pasada.

Mi poncho fue tibio manto
cuando en el recao tendido,
campeaba un sueño perdido
mojao por nocturno yanto;
su boca se abrió en un canto
de paz, de amor, de armonía,
y hoy su grata compañía
de mi vida en el repecho,
tiene ganao por derecho
el honor de una poesía.

Versos de Juan Carlos Pirali

CAMPERA

(Romancillo)

Cuasi en la costita
del arroyo Negro,
en unos ranchitos
desquinchaos y viejos
que amenazan ruinas
paredes y techos,
se escuende un tesoro
de subido mérito,
una morochita,
¡válgamen los cielos!
La cosa más guapa
que ha pisao el suelo.
¡Ah china macuca!
La viera, aparcero,
que moza rolliza,
que cara, que cuerpo,
que brazos, que pieses,
que anca y que senos…!
Otra no ha nacido
cual ese lucero
en tuita la costa
del arroyo Negro.
En los pueblos, dicen
los mozos puebleros,
abundan mocitas
lindas como el cielo;
pero este cachito
que mora en modestos
ranchitos de adobe
amigo, le apuesto,
que á la más airosa
de cara y de cuerpo
no le desmerece
ni pizca, aparcero,
la chinita hermosa
del arroyo Negro.
¡Ah china guapaza
pa’ parar rodeo!
Tiene unos ojitos
hermosos y negros
que lanzan chispeantes
miradas de fuego,
parecen sus labios
florcitas de ceibo,
su aliento semeja
perfumes de trébol,
y es como palmera
su talle de esbelto.
¡Viera que tranquito,
viera que meneo…!
¡Si es pa’ redetirse
tal cosa, aparcero,
si es perder la calma,
calentarse el seso
por la linda moza
del arroyo Negro.
Es tanto el cariño
que á ella le profeso
que su amor me tiene
sin quietú ni sueño,
pues perdí por ella
mi dulce sosiego.
Más la muy indina
que me entiende el juego,
ni me dá el envite
ni me dice quiero;
dándome esperanzas
me tiene hace tiempo,
la rica morocha
del arroyo Negro.
Muchas ocasiones
me ha dentrao el fierro
de celos ardientes,
al ver, aparecero,
que andan detrás de ella
bebiendo los vientos
varios paisanitos
y mozos puebleros,
lo mesmo que moscas
al olor del queso;
mas me tranquilizo
porque luego pienso
que mi morochita
no admite requiebros,
y que al santo ñudo
se lamben los dedos
por la esbelta china
del arroyo Negro.
Impaciente á veces
digo á mi lucero:
“¿Hasta cuando, moza,
me tendrá sufriendo
estas crueles dudas
que son mi tormento?
Deme el sí anhelado
como es mi deseo,
o el nó, prenda mía,
pues ha mucho tiempo
me tiene indeciso…”
Mas ella sonriendo
me dice: “-Mi amigo
siga mi consejo:
siempre es conveniente
darle tiempo al tiempo;
en campos en donde
haiga mucho aujero
no apure su pingo,
andese con tiento,
que á rodar se espone
si quiere andar presto;
mire que el pajuate
se embroma por serlo,
más el precavido
sale siempre ileso.
En cuestión de amores,
téngalo por cierto,
aquel que es costante
tiene, con el tiempo,
que obtener, dejuro
su debido premio”.

¡Ah china de lábia
la moza del cuento…!
¡Si será ladina,
colija, aparcero,
la china macuca
del arroyo Negro!
(Ca. 1899)