viernes, 29 de junio de 2012

CON TODO EL LAZO


1
A lo gaucho me abro paso
como despuntando el vicio,
la campaña fue mi inicio
por eso le canto al lazo,
cuando al impulso del brazo
cái certero y oportuno
a las guampas de un vacuno
o al yeguarizo, en un pial
en la puerta de un corral
con un torcido de uno.
2
Fue ese lacito, el primero,
aparcero en mi niñez,
torcido crudo, al revés,
por mi padre y compañero;
de una vaca flaca, el cuero
cortó en un playo terreno,
y dijo: “Va’a salir güeno
-mientras sonriendo me alvierte-
será sin yapa, muy juerte,
torcido de uno: el chileno.”
3
El torcido de dos hebras
con yapa ‘e cuatro trenzada,
útil pa’ cualquier gauchada
donde lo campero suebra;
como el trenzao, no se quiebra,
por eso que’l pión rural
enlazando en el corral
lo echa al carretel del torno
y no ha de quedar de adorno
si hay que maniar un bagual.
4
También el de tres torcido
-siempre hablando de torzales-,
aunque parezcan iguales
son tan solo parecidos;
la yapa de seis ha sido
a la que’l criollo se inclina
y cualquiera se imagina
que’n la otra punta remata
presilla de trenza chata
y un botón de cinco esquinas.
5
El lazo ‘e cuatro trenzao
reliquia gaucha, serpiente,
decía Martínez, conciente
que no estaba equivocao.
Pedro Risso, bien montao
desató el de seis zumbón,
para cumplir la misión
de sacarlo casi augao
a Corbalán, que porfiao
se largó al Samborombón.
6
Con trenza de ocho cuadrada
el lazo queda vistoso
pero reseco es filoso
y ¡cuidao con la quemada!;
la redonda bien trenzada
con relleno, que’s su apoyo,
le vi usar a más de un criollo
como flamiantes caireles
la’rgolla con cascabeles
que canta al cimbrar los rollos.
7
El de catorce brazadas
se puede ver donde quiera
para enlazar campo afuera
y con rollos y bandada,
como en época pasada
lo manejó con aplomo
el patrón o el mayordomo,
el pión y hasta el cocinero,
viendo rodar un tenrnero
con un pial por sobre’l lomo.
8
Son lazos qu’he conocido
en lo poco qu’he tranquiao,
la variedá del trenzao
como igualmente el torcido;
pero hay algo que no’lvido
del correntino Cantero,
le decían “Gurí”, al campero,
y lucía en el recao
un bruto lazo trenzao
y con argolla de cuero.
9
En pagos de Chascomús,
Casalins cumplió un deseo
y una pieza de museo
su ingenio llevó a la luz,
pues con venas de avestruz
hizo un lazo bien trenzao,
¡las horas que habrá gastao
pa’ ver coronao su intento!,
aunque parezca, no es cuento
el lazo de ocho y cuadrao.
10
Por más que’l progreso avanza
y la tradición va’l hoyo,
el lazo será pa’l criollo
como pa’l indio la lanza;
no hay que perder la esperanza,
darle aliento a los gurises,
afirmar nuestras raíces
y que sepa el más caudillo
¡que habiendo lazo y cuchillo
no vamos a asar lumbrices!

Versos de Amilcar Guzmán

martes, 26 de junio de 2012

NUTRIERO


1
Después que un buen chaparrón
dejó blanquiando la pampa
me fui en busca de las trampas
que guardaba en el galpón,
y pa’l lao del cañadón
al ver de que había crecido,
salí al paso, decidido,
quería sacarme la duda,
de ver si alguna “coluda”
pa’ la orilla había salido.
2
Porque es fácil comprender
que cuando el agua está baja,
ráices y troncos de paja
le sobran para comer
mas empezando a llover
al venirse la crecida,
se le inunda donde anida,
y al taparse los pajales,
es entonces cuando sale
a la orilla, por comida.
3
Es en el agua tendida,
donde están los comederos,
entre el junquillo orillero,
sus ráices, las preferidas;
si anda alguna de medida
es fácil de calcular,
sin seña particular
pocas veces me confundo
si el comedero es profundo
algún nutrión puede andar.
4
Aunque sin ser muy canchero
al ver las ráices blanquiando,
prontito voy calculando
de que’s fresco el comedero,
con un vistazo, certero,
en la mejor rastrillada,
dejo bien asegurada
la trampa de boca abierta,
que bruscamente despierta
cuando la nutria es trampiada.
5
También se tiende en los nidos
donde algo de onda se pone
porque si no, a los pichones
se los agarra tupido…
se hace como si ha comido
cortando algunos rebrotes
y pa’ evitar no se note
la trampa, por si es trampiada,
se deja disimulada
con rácies y camalotes.
6
Si la noche fue platiada
al otro día al revisar,
seguro se han de encontrar
varias nutrias entrampadas;
puede haber, trampas cerradas
donde alguna uña dejan;
gruñen las nutrias más viejas
y atropellan con bravura,
quedando de pata dura
con un palo tras la oreja.
7
Luego viene la cueriada,
y la que’l cuero no alcanza
se la abre más pa’ la panza
pa’ que dea en la estirada;
con buena desmatambrada
el cuero se pone flojo
y estirao a güen antojo
puede agrandarnos la cuenta,
si es que llega a dar “sesenta
del tronco ‘e la cola, al ojo”.
8
Eso sí, se ha de tratar
de que muy fino no quede
porque seguro que puede
el comprador protestar;
si se quisiera aflautar
porque el molde es muy blandito
hay que meterle un palito
pa’ que haga fuerza en el medio
y así, con ese remedio,
saldrá  el cuero parejito.
9
No quiero alabar las mañas
 que’l oficio me ha enseñao,
son sólo porque m’he criao
a orilla ‘e las espadañas,
éstas que hay en las campañas
pa’ quien es medio bichero,
si cuántas vece’unos cueros
que’n buena plata he vendido
pa’ pagarle, me han servido
las cuentas al bolichero.

Versos de Jorge E. Young

domingo, 24 de junio de 2012

TANTA MARAVILLA

Sos una nube alazana,
pimpollo de primavera
que va pechando tranqueras
pa’ que dentre la mañana.
Un sol en cada ventana
de color bastante extraño,
rebeldes, dulces, huraños
que me hacen sentir más bueno,
hasta escupir el veneno
por miedo de hacerte daño.

Cual junco que mece el viento
tu silueta cimbradora
es la aguja marcadora
del reloj del sentimiento.
Entre el celeste de un cuento
y oscuro de realidad,
galopeo en la mitad
con el ansia de quererte
y cada que vuelvo a verter
ser alarga mi cortedad.

Olor a rancho mojao
con misterio de espadaña
y esa lindura tamaña
que hasta Dios quedó almirao.
Que si la mujer ha criao
con un hueso de costilla,
tarea nada sencilla
al pobre Adán esa vez,
me le han bajao media res
pa’ hacer tanta maravilla.

Versos de Omar Moreno Palacios

sábado, 23 de junio de 2012

LOS DIEZ HERMANOS ROSALES

1
Un rancho que llá se vía,
viejazo, largo, achatao,
fue el puesto más alejao
de la EstanciaLa Porfía”.
Daba un ombú su alegría
pegadito a los corrales,
y entre haciendas, pastizales,
y entre relinchos de potros
allí nos criamos nosotros;
los diez hermanos Rosales.
2
Mi padre, “el Viejo Zenón”,
cumplidor, serio y formal,
jamás carnió un animal
sin que supiera el patrón.
Mi madre, Aurelia Almirón
fue virtuosa pa’ cumplir,
y aunque lavar y el zurcir
mucho tiempo le llevaba
siempre un rato le quedaba
pa’ enseñarnos a escribir.
3
Mi hermano mayor, Hilario,
como es zurdo, por tal caso,
tanto el facón como el lazo
los lleva del lao contrario.
Tiene pa’ el trabajo diario
seis bayos y un azulejo,
y aunque va llegando a viejo
pobrón y con poca suerte
puedo decirles bien fuerte
que es un paisano parejo.
4
Yo soy Jacinto Rosales,
soltero por conveniencia
porque al resero, la ausencia
suele acarrearle sus males.
El tranco de mis baguales
por cien rumbos me ha llevao,
del catre estoy olvidao
y voy, sin que me haga meya
reseriando en cualquier güeya
y durmiendo en el recao.
5
El que sigue es Antenor,
campero entre los camperos,
corredor de parejeros,
bailarín y buyen cantor.
Por caprichos del amor
cambió a menudo de china,
pero en una tremolina
del pago se hizo perdiz
y aura vive muy feliz
“arrimao” con Juan Urbina.
6
Demetrio, Ignacio y Benito
-por los consejos de tata-
reuniendo un poco de plata
han arrendado un campito.
Áhi resalta como escrito
el valor de cada cual,
y como el medio rural
al más “quedao” despabila,
vieron después de la esquila
redoblao el capital.
7
Victoriano es de alma buena,
Pero… la sangre salpica…
y encerrao en Sierra Chica
‘ta purgando una condena.
Recuerdo con mucha pena
cuando por unas sonceras
tras dos palabras muy fieras
se desmontó de un tordillo,
y en una pela a cuchillo
mató a un hombre en las carreras.
8
Balbino y Julián Rosales
son aplicao domadores
que de sus mismos valores
no me hallarán dos iguales.
En sus riendas y bozales
resalta el trabajo fino,
y aquí mi opinión mezquino
porque pa’ hablarles sincero
si Julián es buen soguero
¡áhi nomás anda Balbino!
9
Serión, pero mal arriao,
mi hermano menor, Tadeo,
supo ser mensual de arreo
en “Las Tunas” de Alvarao;
si el hombre no anda alunao
es suave como una esponja,
pero no es santo y no es monja
y no sé porque cuestión
le dio una soba al patrón
que cuasi gasta la lonja.
10
Y ansí somos los Rosales
gente campera y honrada,
capaces de una gauchada
como los más liberales.
Virtudes muy naturales
con que Dios quiso dotarlos,
y al terminar de nombrarlos
viá decir, mordiendo el freno,
¡que habrá que pitar del bueno
pa’ atracarse a repecharlos!

Versos de Pedro Risso

VIEJO TORDIYO PLATIAO

Viejo tordiyo platiao
estás como yo bichoco
y a los dos nos queda poco
pa’ dirnos pa’l otro lao.
Una ilusión he guardao
pa’ lo que queda de resto,
quisiera, si no es molesto,
cuando la muerte me ladre:
¡yegar hasta el Santo Padre
yevándote del cabresto!

Estás casi terminao
como el pucho de mi vida
que fuera yama encendida,
briyo y lumbre del pasao.
El destino entreverao
nos dio de todo, parejo,
mis arrugas son espejo
que reflejan tus hazañas,
¡pucha que nos dimos mañas
pa’ poder yegar a viejo!

La plata que hemos juntao
mi vincha me la asujeta,
nunca fruncimos la jeta
ni nos hicimos a un lao;
si anduvimos apretao
durmiendo en el campo raso,
entre talón y porrazo
pechando toros guampudos,
cada cual con lo que pudo
…pero el patrón no hizo caso.

Pensar que te regalaron
pa’ no mandarte pa’l tacho:
vos potriyo, yo muchacho
juntos en el desamparo.
Los inviernos se apilaron
en yunta con el rodar,
después de tanto guapiar
casi a mitá de la cancha,
el corazón se me ensancha
oyéndote relinchar.

Y aura vamos a marchar
sin rumbo fijo ni apuro
que yo, pa’ los dos, seguro
abrigo voy a encontrar.
De lejos te viá a mirar
retozando al descampao
y viá quedarme a tu lao
pa’ guiarte en l’última güeya
cuando te vuelvas estreya
¡viejo tordiyo platiao!

Versos de Alberto Danza

viernes, 22 de junio de 2012

SIN QUERENCIA

Terminó la resereada
y al volver para mi rancho
me invitó el camino ancho
a volver por mi pisada.
Pensé, por la madrugada
según el tranco que llevo
me voy a encontrar de nuevo
con el mate en la cocina
devolviéndole a mí china
las caricias que le debo.

De repente el sol cobarde
se escondió ante mi reproche
y se empezó a hacer de noche
en el medio de la tarde.
Me dio tiempo pa’ que guarde
bajo el poncho mi osamenta
pero venía una tormenta
de relámpagos perdidos
que hacían los mismos sonidos
de un lazo que se revienta.

La noche es como un letargo
que al mismo miedo entusiasma
y el viento es como un fantasma
que tiene el cabello largo.
Iba soñando un amargo
que me entibie el sufrimiento
y por un breve momento
un pucho me iluminó,
la mitad me fumé yo
y la otra mitad el viento.

Pero terminó lo bueno.
Para colmo mi caballo
cada vez que veía un rayo
le esquivaba el cuerpo al trueno.
De repente ví el terreno
con el primer chaparrón,
le jugué a mi redomón
la esperanza que tenía
por que yo ya ni sabía
cual era mi dirección.

Siquiera la misma ausencia
sabe el tiempo que me ausento
y a veces lo que yo siento
no sabe ni mi conciencia;
me llamaba la querencia,
mi rancho, y a mi paisana
la imaginé tan cercana,
tan feliz, que pude ver
la imagen de una mujer
esperando en la ventana.

A veces el pensamiento
y el deseo te transporta
a un lugar donde no importa
ni el estado ni el momento.
Pero hubo un presentimiento,
como una sensación rara,
como si la noche hablara
viéndome temblar de frió,
y la mano del vacío
me diera un chirlo en la cara.

Al llegar a la tranquera
vi el rancho tan apagado,
tan triste y abandonado,
tan convertido en tapera,
que busqué a mi compañera
pero seguro sentía
lo mismo que el alma mía
cuando en la necesidad
te lleva la soledad
en busca de compañía.

Desde entonces ya no tengo
que decir de donde soy,
para que camino voy
o porque camino vengo.
Y aunque a veces me detengo
a charlar con mí conciencia
me voy como penitencia
de un arreo a otro arreo,
sin que me gane el deseo
de volver a mi querencia.
                                        (06/2009)
Versos de David Tokar

jueves, 21 de junio de 2012

EL TRAICIONAO


Una manopla callosa
acogotaba el cordaje
y un alarido salvaje
puso la nota angustiosa.
Más dolida y quejumbrosa
que’l bramido de una fiera,
daba la impresión certera
de ver un tigre llorando,
al escucharlo cantando
a ese hombre de campo ajuera.

Juan Manuel era el cantor,
Lucero de apelativo,
gaucho buenazo y altivo,
más valiente que’l valor.
Lo había chuciao el amor
y tan fuertemente herido
estaba más afligido
que matungo acollarao
cuando en el palenque atao
oye un cencerro perdido.

“Yo la quise de verdá
con la juerza de mi hombría
y ella pagó con falsía
a tanta sinceridá.
Dios la tenga en su bondá
si mi amor ha traicionao…”,
y el paisanaje extrañao
se quedó al lao del fogón
más triste que la oración
que se le reza a un finao.

Todo el veneno dejó
de su amargura sentida
aquella fiera dormida
por la mujer que adoró.
Y en voz alta disvarió
sus juertes cavilaciones
diciendo que entre varones
por más que orejeé derecho,
naide adivina en que pecho
se escuenden las intenciones.

Versos de Santiago Rocca

LA ESQUILA

1
Si me prestan atención
y ustedes me dan permiso,
ya que Dios colmarme quiso
de un poco de inspiración,
á la luz de este fogón
que hace el viento llamariar,
voy, señores, á cantar
unas décimas, que quiero,
como güen gaucho sincero
á mi patrón dedicar.
2
El catorce tempranito
del mes que va disparando,
del año que está boquiando
y al oyo va derechito,
al trote y al galopito,
empezaron á llegar
los que venían á dejar
á las ovejas sin lana,
ó en jerga mas castellana
los que venían á esquilar.
3
Yo llegué de los primeros
porque soy madrugador,
que el que es güen trabajador
madruga siempre, aparceros;
no soy como los puebleros
que entre sábanas blanquitas
y en unas camas blanditas
se dan ciento y una güelta
y roncan á pata suelta
á modo de señoritas.
4
Yo me acuesto en mi recao
donde la noche me agarra,
eso sí, que mi guitarra
siempre la llevo á mi lao,
porque soy aficionao
á cantar, porque cantando
un poquito, y trabajando
otro poco, me consuelo
de las desdichas que el cielo
va en mi camino sembrando.
5
A medio día se dio
órden de tráir la majada;
¡jué pucha!... la paisanada
como en un tiatro aplaudió;
en seguida se encajó
el traje de trabajar,
trajesito singular
que no quiero describir,
porque de tanto raír
se puede alguno enfermar.
6
Y después que pude estar
escuchando sin yo ver,
quien sabe, alguna mujer
y se va á… ruborizar;
el traje de trabajar
que lleva el esquilador,
es un traje de mi flor
corte “Adán y Compañía”,
no es traje de sastrería
pero es lindo pa’ el calor.
7
Al conjunto abigarrao,
que forma tuita la gente
de esquila, corretamente
“comparsa” se le ha llamao,
y al que esquila se le ha dao
el nombre de “esquilador”,
al que agarra, “agarrador”,
al que dá latas, “latero”,
al que alza lana, “lanero”
y al que embolsa, “embolsador”.
8
Se llama “envellonador,
al que los vellones ata,
y ansina al que los desata
llamarán “desatador”;
hay un “descatangador”
ó dos ó tres, y hay “laneros”,
“médicos” y “curanderos”,
eso aquí, que en las fronteras
dicen que hay hasta “parteras”
con patentes, aparceros.
9
Se denomina el lugar
donde trabaja la gente,
dende muy antiguamente
“cancha” o “galpón de esquilar”;
hoy es cosa de almirar
cuando se está trabajando,
ver la gente manejando
los tamaños tijerones,
que muerden en los vellones,
lo mesmo que yo el pan blando.
10
Y redepente uno grita,
cuando una oveja ha esquilao:
“¡Ya!... compañero… cuñao
no se olvide la latita”;
mas allá se desgañita
otro, llamando al “bostero”
para que venga lijero
á limpiar no sé que cosa,
que jiede á… jazmín, á rosa
á zapallo ó á… romero.
11
“-¿Quiere lana embolsador?”
“-Venga lana, un velloncito,
alcanzame el mas chiquito
con eso dentra mejor”.
“-¿Ande está el agarrador?”
“-En los bretes, ¿y el lanero?...”
“-Aquí hay barriga, aparcero”,
“-Ya la voy a levantar”
“¿Quién va esta oveja á curar?
“-Que la cure el curandero”.
12
Y así sin interrución,
desde que el día amanece
hasta la hora en que anochece,
siempre la mesma junción;
tuito es farra, animación,
ruido, barullo, contento,
algazara y movimiento
en la cancha de esquilar;
así es lindo trabajar
sin opresión ni tormento.
13
Y mientras en el galpón
la gente está trabajando,
hay uno que cocinando
está en un tremendo ollón;
arrima leña al fogón
y cuida de los asaos,
del pirón y los guisaos,
y hace hervir cada puchero,
que le vale al cocinero
¡vivas! de tuitos costaos.
                                   (11/1899)
Versos de A. R. Lassus
                  (uruguayo)

UN FUEGUITO DE ESOS...


Rayito ‘e luz, es al ñudo
que venga de madrugada:
por más temprano que llegue,
nunca dormido me halla!...

Es inútil que me espíe
por la hendija ‘e la ventana:
hace rato que lo espero…
tengo la vista cansada
de ver en lo escuro, cosas
que la luz suele borrarlas!…

Dentre, que me hace un servicio:
hay ideas que hacen brasas
y, aunque nos queman lo mesmo,
en las tinieblas se agrandan
y, tal como en los fogones,
con la luz, medio se apagan…

Cuanto más claro es el día,
más palidece la llama
y más espesa parece
la propia ceniza blanca
que tapa el color del fuego
dejando viva la brasa…

Yo tengo un fueguito de esos…
y leña!... pa’ decir: basta!...
……………………………..

Bien haiga, rayito ‘e luz
si alguna vez se me apaga,
y viene y me halla durmiendo
al dentrar por mi ventana…

Versos de Romildo Risso
                   (uruguayo)

miércoles, 20 de junio de 2012

RECORDANDO EL PASAO


Bajo el ombú corpulento
que’n la pampa se levanta
éste pobre viejo canta
sus cuitas con sentimiento,
pues ya no brinda mi acento
como ayá en mi primavera
cuando en mi rancho, hoy tapera,
mi madre me acariciaba
y a cambio yo le cantaba
alguna endecha campera.

Pobre madre, ¡con qué gozo,
con que inefable ternura
contemplaba mi ventura,
mi juventú, mi alborozo!,
cuando risueño y gozoso
y silbando algún estilo
iba yegando tranquilo
sin pensar y sin engaños,
donde en mis primeros años
jue para mi, dulce asilo.

A ese rancho querido
al que con trabajo rudo
mi padre levantar pudo
y que le sirvió de nido,
allí es donde he conocido
lo dulce que era el tener
una madre a quien querer,
a quien las penas confiar,
y un padre a quien respetar,
a quien hay que obedecer.

Donde mi infancia florida
tranquila se deslizaba,
ayí donde disfrutaba
sin desengaños, la vida,
donde mi madre querida
con una total unción
recitaba una oración
que yo aprendí a repetir,
y cada noche, al dormir,
me daba su bendición.

Hoy nadita me ha quedao,
ya mi madre y mi tapera,
mi infancia y mi primavera
todo, todo ha terminao.
Hoy solo y abandonao,
pobre, viejo y achacoso,
de cuando en cuando retozo
aunque de memoria lerdo,
evocando algún recuerdo
de mi vida cuando mozo.

Mis ilusiones volaron,
¿quién sabe p’ande se jueron?;
mis amores se estinguieron,
mis dichas se evaporaron;
ni tan siquiera dejaron
los años con su mudanza
un desteyo de esperanza
pa’ que se ilumine mi alma…
Y hoy solo veo, con calma,
a mi triste fin que avanza.
                               (anterior a 1923)

Autor Desconocido
(tomado de un cuerdo de Don José Tirado, en el que apuntaba versos mientras cumplía con el servicio militar)

VOLCAO

Yo vide un bagual juyendo
puert’juera de un corral
y a un gaucho taura, de un pial,
dejarlo como durmiendo;
y vide al hombre corriendo
al impulso del tirón,
dírsele de sopetón
al bruto, con tal presteza,
que le apretó la cabeza
sobre’l mesmo revolcón.

Y pensé yo: “Si a la yegua
de la suerte la topara,
cuando por mi lao crusara
en una juida sin tregua,
si al colegirle, a la legua,
su malévola intención,
en un diestro revolcón
sujetarla yo pudiera,
tal vez mansa la tuviera
siempre a mi disposición”.

Pero es al ñudo aguaitar
ese momento propicio,
pues cuanto más la acaricio
más distante lo he de hayar.
Tal vez lo yegue a topar
cuando de esperarlo hastiao,
m’encuentre desalentao
y sin voluntá pa’ nada,
charlando con “la pelada”
mano a mano y entregao.

Pucha la vida!... Hay que dirla
yevando dale que dale,
y todita eya no vale
ni el trabajo de vivirla.
Nunca pretendí rendirla
al placer que me jue’squivo;
pues siempre sobra motivo
pa’ que la suerte, sin tregua,
se me niegue… como yegua
cuando patea el estribo!

Versos de Juan Escayola
("Juan Torora" - uruguayo)

ANOCHECIENDO


Desfallecido en la loma
como un gigante dormido
quedó el sol bien escondido,
y al ver que la luna asoma.
soltó el macachín su aroma,
se largó el tero al bañao
y en vuelo desenfrenao
cruza una blanca paloma.

Viene un paisano tranquiando
fatigao de su labor
y hasta el cuzco ladrador
su llegar va festejando.
Mientras va desensillando
arde el cardo en el fogón
y el olor a chicharrón
los campos va perfumando.

Y después de una bañada
que en el lomo dio al bagual,
le atracó con el bozal
un sogazo a la pasada.
Y oyó la pampa callada
los relinchos del “oscuro”
que relinchaba, le juro,
por llegar a la manada.

Versos de Domingo Nocera Netto

RETRIBUYENDO


Para el amigo Pedrito Risso

Como ya no voy sirviendo
ni para tropiar tamberas
amigo Risso, quisiera
que me siga comprendiendo.
No es un capricho el que arriendo
como podrá imaginarlo;
no vé que pa’ conformarlo
apenas me dá el pellejo,
¿qué puede pedirle a un viejo
que monta en pelao’ de marlo?

Pero mucho le agradezco
por su presencia en mi casa
donde muestra a tabla rasa
la amistá que le merezco.
La retribuyo y me ofrezco
sin mañas ni vueltas de anca
y me tiendo en forma franca
que las mulas y el amigo
con un sostenido digo
se prueban en la barranca.

Busco otra noche oportuna
pa’ saludarle y de paso
embramarlo en un abrazo
cerrao como cerco ‘e tuna;
porque a esa nube lobuna
que está empañando mi mal
le viá pedir un casual
como a manera de ruego
pa’ que nos junte en un juego
y allí dejar el tendal.

Por aura no le hago trato
pues una fuerza mayor
me atora con un  dolor
más fiero que caldo ‘e gato.
Pa’guantar ese barato
me está sobrando coraje
pero de tanto brebaje
y tanta droga ingerida
voy quedando en la partida
lo mismo que vaca en viaje.

Pa’ cerrar las oraciones
con tanto lamento al ñudo
le viá dejar mi saludo
envuelto en estimaciones.
Anude mis expresiones
pa’ sus décimas tan bellas,
que usté certifica y sella
con el criterio más sano,
y apriete fuerte una mano
que va el corazón en ella.

Versos de Pancho Asla

UN CRIOLLO 'E LEY


                                    A Honorio Ormello

En “tobiano” redomón
limpito y muy bien tuzao
iba un paisano montao
para el lao de la Estación.
Capataz de Don Ramón
-me lo contaron dispués-
criollazo, sin altivez
ya demostraba su estampa
ser hombre de nuestra pampa
de una pieza y sin revés!

Me dicen que’s buen resero,
peón de campo y domador,
esquila que’s un primor
sin  lastimarles el cuero.
Que las sogas de su apero
son trabajo de su mano;
tiene fama de baquiano
p’hacer un lazo trenzao,
como el que lleva arrollao
en el anca del “tobiano”!

En la yerra, es un primor
verlo jugar con el lazo.
“¡Cristo -dicen- lindo brazo
de fuerte y tironiador!”
Trabaja como el mejor
En rodeo a campo abierto
y allí mesmo, en el desierto,
cuando corre un avestruz
ya puede hacerse la cruz
porque lleva olor a muerto!

En un pértigo sentao
también se sabe lucir
y no hay nada que decir
pa’ manejar el arao!
Y cuando cái al poblao
en su flete escarciador
es mesmo que picaflor
entre chinas querendonas
y hace llorar las bordonas
en un “estilo” de amor!
                                          (1939)

Versos de Enrique Ghiozzi

martes, 19 de junio de 2012

DISCONFIANZA


Como si juera un zorzal
melodioso y tempranero
vengo a cantarte en tu alero
con mi guitarra triunfal.
La tranquera del corral
vengo a’brir, al pensamiento,
no pa’ que juya un lamento
lagrimiando en un acorde…
sino pa’ que se disborde
l’aguada del sentimiento!

Vengo como ave agorera
de dichas… anunciadora
en mi guitarra sonora
a cantar la primavera…
La disconfianza matrera
que vos sentís sin razón…
vengo a ver si mi canción
-pa’ cortar ese mal gajo-
l’achura de un solo tajo
con el filo ‘e su facón!

¿Cómo tu almita de fuego
ha cráido ver a conciencia
que me apiaba en la querencia
de otro cariño borrego…?
¡El amor no es andariego
como perdiz alocada!...
Si una vez de la enramada
de tu pasión me alejé…
¡Siempre el ricuerdo llevé
de mi primera nidada!

¿Cómo la duda cuatrera
en tu alma, triste… confusa…
se asentó como lechuza
en la derruida tapera?
¿Por qué juyó campo ajuera,
com’una tropa beyaca?...
¡La pena que te machaca
no te hace ver con su brillo
que yo siempre jui potrillo
atao corto de tu estaca!

¿Cómo querés que te piale
con una traición tan perra
si pa’, mi sobre la tierra
sos la cosa que más vale?
¿Cómo querés que acorrale
en tu cielo tal tormenta?...
Si sos el soplo que alienta
de mis ensueños, los besos!...
el caracú de mis güesos!...
el calor de mi osamenta!...

Secá de tus ojos negros
ese llanto triste y frío…
¡Esas gotas de rocío
que pa’ mi son como abrojos!
¡Lagrimearán los rastrojos
si seguís llorando ansina!...
Borrá la duda mezquina
que te muerde las achuras
que al flete de tus ternuras
mi cariño lo apadrina!
                                        (Ca. 1925)

Versos de Marcelo Gutiérrez

sábado, 16 de junio de 2012

REENCUENTRO CRIOLLO


Hoy, tal vez, la ispiración
me brinda alguna sorpresa
o se enriede en mi cabeza
por culpa de la emoción,
al ver… vieja… la Estación,
los años, ya la han vencido,
por eso que a Dios, le pido
un milagro verdadero
pa’ no ver Ramos Otero
que se cae en el olvido.

Claro, que no está como antes
yo sé, que todo ha cambiado;
cuánta gente se ha marchado!
vuelvan pa’tras un instante
y aquel que pueda, que aguante.
Yo mi querencia no pierdo,
el corazón va’ndar lerdo
de aquel que quiera volver,
lágrimas le han de caer
cuando lo abrace el recuerdo!

¡Qué lindo que se vivía
cuando cada uno en su pingo,
al ir llegando el domingo
como a una fiesta venía!
Con sus pilchas se lucía
mas de uno en un redomón,
de “Tres Loma’” o “San Simón”,
y hoy la tristeza se nota
mirando la rueda rota
del molino ‘e la Estación.

¿Y pa’ que hablar del galpón
que ya no almacena nada
con las chapas desclavada’
y medio roto, el portón?
Hoy solo queda un montón
de recuerdos muy queridos,
el señalero, destruido,
el tanque de agua, aujereau,
y los rieles oxidau
entre los yuyos, perdidos.

¡Qué pena que ya no están
las chicas en el andén!
mirando pasar el tren,
ni el Boliche ‘e Don Adrián;
ni la chata de Durán
con el guinche y la roldana
llegar cargada de lana
pa’ la Barraca ‘e Mirande,
ni el boliche de Fernández
ni la Fonda ‘e Doña Juana.

La Victoria… se quemó
y todo se vino abajo,
entró a escasear el trabajo
y el trén… nos abandono!
Por eso que quiero yo
arrimarles este abrigo
y con orgullo consigo
gracias a Dios y a su apoyo
con este reencuentro criollo,
¡¡que se abracen los amigos!!

Versos de Hugo R. Elizalde

¿Y DE ÁHI?

Armate, hermano, ‘e valor,
desarrugá el entrecejo,
seguite de mi consejo
que ansí ha de juir el dolor;
poné un cristal de color
esperanza, en tu pensar,
y largate a galopiar
por los campos del placer
“que’n las huellas del querer
hay tiempo para llorar”.

Ensillá el pingo sin freno
que se llama ‘pensamiento’,
de recao poné el ‘contento’
que’s recao barato y bueno;
el campo ‘e dolor ajeno
cruzalo sin amargura,
porque’l dolor es locura
indigna de padecer,
“que’nfermedá de querer
con otro querer se cura”.

Al matungo que te apena
largalo pa’ otro potrero
dándole valor de cero
porque ni la cerda es buena;
pa’ echarlo agarra sin pena
el rebenque del olvido,
cruzale l’anca al perdido
con un azote ‘e mi flor
“que’l que muere de dolor
no debió de haber nacido”.

No es, hermano, pa’l varón,
eso de largarse a muerto,
ni este mundo es un desierto
con un  solito mojón;
si ‘aquella t’hizo traición’
no debés darle importancia;
demostrale tu arrogancia
alzando en el anca alguna
“que’n campos donde hay laguna
hay bagres en abundancia”.

Versos de J. L. Camparada

DÉCIMAS SUELTAS -2-

DESEMBUCHANDO

Al Cabo Ipuche, juró,
Zapata, ante mucha gente,
largárselo, frente a frente,
todo el odio que embuchó.
En eso aquel vino y dio
el grito de: “-¡Alto, Zapata!”,
pero al ver la enorme lata
que pelaba el Cabo Ipuche,
lo que tenía en el buche
le salió por la culata.

PA' OIR MEJOR

“-Con yuyos y agua caliente
le aliviaré la sordera”,
una vieja curandera
ansí le habló a Don Vicente.
“-Y en caso que no le siente
tengo entuavía algo, Don”.
Y él, por equivocación
de lo que dijo la vieja,
se enllenó una y otra oreja
con tapones de algodón.

UN BENEFATOR

N’el pago ande yo nací
los aficionao a hurcarse
tuvieron que acostumbrarse
a no morir más ansí.
Les vendía un gringo allí
unas sogas muy baratas,
medio comidas por ratas
que de nada les servían.
Al colgarse se rompían
antes de estirar las patas.

CUENTAS CLARAS

En mi carro alcé un vecino
que un día de sol rajante,
diba trepando jadiante
por la cuesta del camino.
Dispués de un rato, el ladino
que jue quietito y callando,
rompió su silencio cuando,
tirándome de la manga
dijo: “-Don, en esta changa,
¿cuánto es lo que voy ganando?”

Versos de Cupertino del Campo

martes, 12 de junio de 2012

DÉCIMAS CORDOBESAS

1
Tuve allá por Río Tercero
de marca de don Cruz Trejo,
un guapo macho azulejo
como una luz de ligero.
Me hice también de un apero
a la usanza cordobesa,
la caronilla… ¡cómo esa
no he tenido igual en mano!
Fue de origen tucumano
la carona‘e suela gruesa.
2
Recado de altos arzones,
cincha, ramales de tiento
y pa’ ablandar el asiento
cuero de chivo y pellones.
Seguiré dando razones
de mi recado serrano:
un lazo de seis, liviano,
espuelas de las chilenas
-yo nunca usé nazarenas-
y un facón siempre a la mano.
Un gran guardamonte overo,
de carpincho el sobrepuesto,
fuerte bozal con cabresto
y freno criollo de acero.
¡Lindo campear un ternero
por faldeos y quebradas!
o salir a las boleadas
de guanacos que, en otrora,
pastaban donde ahora
se alzan villas muy pobladas.
Cuando a recorrer salía
por varios días los cerros
llevaba siempre mis perros
Jazmín, Cuál y Policía.
Alzaba en la alforja mía
charqui, quesillo y patay…
-agua ande quiera la hay
en arroyos o en vertientes-
y en chifles el aguardiente
o caña del Paraguay.
En llegando la oración
al macho desensillaba
y preparaba la pava,
los avíos y un fogón.
Yerbera era en la ocasión
una guayaca de cuero,
-también lleva un yesquero
que era de mucha valía-
y al fin, cuando el agua hervía,
dulce tras dulce al garguero.
6
El apero acomodado
me formaba blanda cama
y colgaba de una rama
el charqui que había quedado.
Con los perros a mi lado,
envuelto en poncho y pellones,
me quedaba en dos tirones
dormido como un bendito
sin sentir nada el fresquito
que llegaba a remesones.
¡Qué lindas noches aquellas
las que en el campo pasaba!
¡De admirar jamás dejaba
a la luna y las estrellas!
Y para hacerlas más bellas
la salvia, el palo amarillo,
la peperina, el tomillo…
me brindaban su fragancia
y también, en abundancia,
su perfume el espinillo.
Todo aquello es un recuerdo
que se pierde en la distancia;
hoy son quintas las estancias
y jardines los potreros.
Y ya en mis años postreros,
aunque negando ser viejo,
creo ver… allá a lo lejos,
entre sierras y pampillas,
los guanacos en tropillas
y pastando mi azulejo.

Atribuible a D. Luis Alberto Flores