martes, 28 de febrero de 2012

TROPIYA 'E CRIOYOS

He conocido a un paisano
con dotes de güena gente
al qu’he tratao, diariamente,
en matiadas mano a mano.
Campero el hombre, baquiano,
siempre andaba bien montao
en un “oscuro tapao”
ande’l sol, dende la altura,
chispiaba en la plata pura
de su lujoso emprendao.

Tropiyero de una estancia,
sus pingos sobresalían
y ande quiera se lucían
por su gayarda prestancia.
Con marcada relevancia
siempre estaban bien tusaos,
prolijos, desraniyaos,
con las colas al garrón
despuntadas a facón,
y los vasos recortaos.

La madrina, “zaina overa”,
de cola larga hasta el pasto,
se pegaba contra el basto
cuando diba a la sidera.
Siempre atenta y muy austera
era un lujo verla al trote,
colgaba de su cogote
-con el badajo del fierro-
un reluciente cencerro
marca “Ciervo”, bien grandote.

Nueve “picazos overos”
completaban la tropiya,
verdadera maraviya
pa’ lucirla en entreveros.
En los desfiles puebleros
cuando ante’l palco paraban
los nueve pingos formaban
en una fila perfeta
y junto a la yegua quieta
mansamente se apretaban.

Uno solo, redomón ,
lucía un largo penacho
en el tuse, y vivaracho
mostraba su condición;
con pacencia, su patrón
horas con él se pasaba,
a campo ya lo agarraba
con una sapiencia tal,
que mostrándole el bozal
al trote se le arrimaba.

Ya el tropiyero ha partido
des’ta tierra, y “los picazos”
talvez siguieron sus pasos
hacia el pago del olvido.
Va un ricuerdo merecido
pa’ este gaucho al por mayor
que hoy andará, a lo mejor,
con su tropiya de estreyas,
por las celestiales güeyas
del los campos del señor.

Versos de Arnoldo Daniele

COSAS DE UN RESERO

A Don Dionisio Sequeira,
resero, guitarrero y cantor

Alboroto de reseros
y alaridos de opa, opa,
acicatean la tropa
en balidos lastimeros,
por los ariscos senderos
de lagunas, albardones,
arroyos y cañadones,
noches de rondas a lazo,
aguantando el cimbronazo
a temporales sobones.

Por donde “el pampero” agita
al caldén, a raso acampa,
el agreste vergel pampa
del cardo y la margarita;
y a esa pampa infinita
impregnada de verdor,
en un trino arrobador
en lo alto de un mangruyo,
ata al sentimiento suyo
de guitarrero y cantor.

Templa bordoneando el son
de una milonga campera,
en seis cuerdas en hilera
de armoniosa vibración,
se la prendió al corazón
de quien le cruzó el destino;
y si por áhi, el camino
lo embroyó en un apuro,
no reculó por más duro
que guampa de güey barcino.

Quedó el rancho ataperao
y en la inmensidá bravía,
horadó en la lejanía
de un horizonte azulao;
señales, del “gaucho alzao”
de un tirón sin recoveco,
se yevó el viento y el eco
en el atronar lo nombra,
patriarca, a Segundo Sombra
ayá en los pagos de Areco.

Ya no se oyen, los balidos
ni el chasquear de una pezuña,
en güeya, que ya no acuña
ni galopes, ni alaridos,
ni madrineros tañidos
de un cencerro en trayectoria,
abriendo güeyas de gloria
anda resero y tropiya,
prendido de la presiya
al cabresto ‘e la memoria.

Versos de Carlos Rosendo

domingo, 26 de febrero de 2012

DESVELO

L’alcancía del horizonte
del sol, guarda la moneda,
la pampa en silencio queda,
el arroyo, el yano, el monte.
La noche viene de apronte,
la luna, enciende’l pabilo;
medio tristón yo cavilo
en esta creciente calma…
Para la dueña de mi alma
nació un cantar por estilo.

Cuando haya soltao el cielo
sus abejas luminosas
soñaré, mi niña hermosa,
estar besando tu pelo.
Tu ricuerdo es el pigüelo
que sostiene la rodaja
que’n cualquier lao me abaraja
p’hacharme sin compasión,
y es un potro mi ilusión
que’n cualquier tirón me abaja.

Mi recao, mudo testigo
de mi desvelo por vos,
cuántas vece’oyó mi voz
decir: “mujer, te bendigo”.
Y si dormirme consigo
al dir la aurora amagando,
mientras que viene pintando
con luces, al tranco lerdo,
siento, mi alma, que te pierdo
y me dispierto yorando.

Y cuando mate’l venao
y l’eche un taco al garguero,
ensiyo un picazo overo
que tengo redomoniao;
parece estar preparao
pa’ tranquiar hasta yevarme
donde estás, y ayí quedarme
a tu lao, igual que un preso,
y en el fogón de tus besos
los labios achicharrarme.

Versos de Coco García

sábado, 25 de febrero de 2012

LLUVIA

De temprano está lloviendo
y yo en el galpón, sentao,
tristón, y medio amoscao
un lazo estoy ingiriendo.
Unos pichones gimiendo
arriba ‘e los ucalito’
me recuerdan, ¡Dios bendito!,
a los que están reserinado
mientras le sigue pegando
el agua que cae finito.

Como chasquido de cuerdas
de guitarras misteriosas
el viento, al sauzal acosa
para que’l ritmo no pierda.
Un cuzco sobre la cerda
embolsada da un gruñido,
mientras me llega el tañido
de la yegua, en el potrero,
dando el agua al aguacero
que se ha hecho juerte y tupido.

Me paro, y por la abertura
de la ventana diviso
las nubes color plomizo
que van cobrando negrura.
De una garza, la blancura
hace contraste en el cielo
mientras parece haber duelo
en los pájaros cantores
y horneros trabajadores
amasan barro en el suelo.

El pajal queda petiso
al ir el agua subiendo
y su altura va perdiendo
como por obra hechizo.
Va siendo un fangal el piso,
y del camino, a un costao,
va un resero resignao
ante el tiempo que le toca,
un apagao en la boca
y en el de lona emponchao.

El agua caída es tanta
que ya me parece el suelo
ser un inmenso pañuelo
a pintas verdes y blancas.
El aguacero no escampa,
y al refalar sobre el techo
marca un surquito derecho
por el costao del alero
y asoman los hormigueros
hirviendo de trecho en trecho.

Cuelgo el lazo terminao
junto a una marca sin mango
mientras sigo acomodando
otras pilchas del recao.
A una lezna que he quebrao
al coser una encimera,
lo mismo que una tijera
sobre la piedra acomodo,
¡que triste parece todo
amalaya… compusiera!
(6/1957)
Versos de Coco García

LAS VIZCACHERAS

…No le ande sacando al cuete
el cuerpo á las vizcacheras,
si no son mozas puebleras
pa’ que tanto las rispete…
Tanto miedo‘e que lo apriete,
pero si anda bien montao;
deje nomás al tostao
que enderiece como bala,
y si le toca la mala…
¡aprienda á salir parao!

Usté que’s mozo pueblero
y que, asigún me decía,
estudió filosofía
y aura aprende pa’ ingeniero,
¿cómo estima tanto el cuero,
si ya ha de haberse enterao
que si el destino malvao
mañana -haiga sol ó yueva-
le abre delante una “cueva”…
¿de ande va á salir parao?

Yo, que apena sé escribir
el nombre que me pusieron
los que pa’ siempre se jueron
cuando comencé á vivir,
aprendí, á juerza‘e sufrir,
que’l hombre que anda asustao
va lo mesmo que maniao;
y, creameló, amigazo:
si rueda… se da un porrazo
¡no sale nunca parao!
…………………………….

El campo es como la vida:
libre y ancho pa’ cualquiera…
Siempre hay una vizcachera
tras de una mata escondida;
pero á la vista dormida
no hay que yevarla, cuñao…
Galopée desatao
sin tenerle miedo al hoyo,
si al fin, es de hombre… y de crioyo,
rodar… y salir parao.

Autor Desconocido

DÉCIMAS DEL PLATERO

Señor platero he pensado
ya que usté sabe engarzar
por eso le vengo a dar
un trabajo delicado.
Porque una joven me ha dado
un besito con esmero
y engarzarlo en plata quiero
porque soy su fino amante
¿qué plata será bastante?
dígame señor platero.

La boca era chiquitita
pero en mis labios chasquió
el besito que me dio
esa joven tan bonita.
Era dulce y esquisita
y con gusto a salerito
y dígame, platerito,
¿qué plata me llevará
y cuánto me costará
para engarzar el besito?

Engarzarlo a usté le toca
y también debe añadir
el trabajo de medir
el tamaño de su boca.
Yo creo que será poca
la plata que gasto en él
y usté lo debe saber
porque yo lo pago a peso
para engarzar ese beso
¿qué plata es mejor poner?

Tendrá que andar con cuidao
porque si no sale justo
la niña tendrá un disgusto
y yo quedaré burlao.
El beso es muy delicao
y da mucho que entender
y usté lo debe saber
que hay que andar con cuidadito
para engarzar el besito
de boca de una mujer.

Recopilación Quicho Peralta - Pipinas, Punta Indio)

viernes, 24 de febrero de 2012

COJINILLO

Con un cuero de carnero
-si más lanudo mejor-
el cojinillo es primor
con que se adorna el apero!
Su recorte bien certero
dá al recado gaucha estampa
y donde quiera que acampa
-sobre los pastos tendido-
es el sofá más mullido
que tiene el gaucho en la pampa!

Su blandura delicada
se parece a una caricia.
Tiene la suave delicia
de las manos de la amada;
su blancura inmaculada
un gran cuidado revela
y al sobarlo se desvela
aunque es la tarea cruda:
que es para el gaucho la ruda
necesidad, una escuela!

Cuando la noche se ahonda
en los abismos del cielo
ya la tropa en su desvelo
el gaucho seguro ronda.
Aunque la luna se esconda
no escapa a su vigilancia:
tiene de sobra constancia.
Tiende en tierra el cojinillo
se sienta y un cigarrillo
le ayuda a acortar distancia.

Recuerdos, que a su destino
con la brisa mañanera
a la buena compañera
le va enviando del camino;
y así que el relevo vino
a continuar con la ronda,
busca que el sueño le esconda
de su nostalgia, el reflejo
y en el cojinillo viejo
duerme lo mismo que en fonda!

Versos de Marcelo Altuna

MADRUGADA

Qué gusto da recordarse
cuando la noche cerrada
va a buscar la madrugada
cabresteándole al lucero
y el patrón del gallinero
nos suelta su clarinada.

Arrimarle algunos marlos
al rescoldo del fogón
y empezar el cimarrón,
mientras el campo tendido
parece un niño dormido
envuelto en la cerrazón.

Rompe el silencio el nochero
relinchando a la madrina,
cercano entre la neblina
se oye el tin-tin del cencerro
y está toreando algún perro
en la población vecina.

Al alerta de un chajá
que les pide el santo y seña,
responde la contraseña
de los teros al momento
y, al tranco del pensamiento,
yo sigo gastando leña.

Cuando el lucero por fin
se acuesta en el horizonte,
ya se adivina un apronte
de luces por el naciente
y es una bulla creciente
la de las aves del monte.

Madrugadas de la pampa,
plenitud de lo profundo,
en la certeza me fundo
de ver a mi alrededor
lo mismo que vió el Creador
en la alborada del mundo.

Versos de Juan Antonio Beherán

jueves, 23 de febrero de 2012

ENCARGOS

(Pa’ Ña Pancha)

D’el chancho de su compadre
aquí le traigo el rabito,
se lo manda a su ahijadito
su buena y santa comadre,
dice que cuando le cuadre
la ocasión, con Sinforiano,
mand’el pavo de su hermano,
qu’eya se lo v’a engordar…
Ansí lo podrá matar,
si usté quiere, este verano.

Dice qu’en esta semana
ha de mandarle un recao,
pa’ que le ensiye su ahijao,
la potranca de su hermana;
y de que alguna mañana,
ya que se lo ha prometido,
vendrá a trujirle el vestido
que usté le dio p’arreglar,
y al mesmo tiempo tuzar
al burro de su marido.

Tamién dice su comadre
que le priepare salmuera,
pa’ curarle la renguera
a la oveja de su madre;
y que le diga a su padre,
si es que a su rancho se arrima,
que’n vista de que la estima
y para eya, no es malo,
le v’a trujir de regalo
la mulita de su prima.

Güeno, he cumplido el encargo
y aura, Ña Pancha, me voy,
porque’ntuavía yo estoy
sin saboriar un amargo;
y como el viaje es muy largo
y a pie p’acá m’he largao,
priésteme sin el recao
el potriyo de su hijito,
he de yevarlo al tranquito
pa’ que no yegue sudao.
(Ca. 1925)
Versos de V. Sierra

miércoles, 22 de febrero de 2012

LOS RESEROS

Levantando polvaredas
van, por los “caminos reales”,
arreando los animales,
criollos de poncho y facón...
llevan el lazo a los tientos;
los “pingos” a media rienda...
y entre bramidos de hacienda
va cayendo la oración...

Va anocheciendo... Se escuchan
rebencazos y cencerros...
chiflidos... ladrar de perros
que amenazan el garrón...
El tropel de los vacunos
se va alejando en la huella...
-y se alumbran, con la estrella
de la tarde, el corazón-.

Vida gaucha, que te pierdes
en lo inmenso de los llanos,
como los ecos lejanos
de un arreo, en la oración...
cuando nubla mi existencia
la tristeza del camino,
me siento más argentino
soñando tu tradición.

Versos de Julián de Charras

martes, 21 de febrero de 2012

AGUANTANDO EL CIMBRONAZO

Quisiera probar mi suerte
por eso pido permiso
y desde ya les aviso
que piso bastante fuerte,
porque sangre pampa vierte
si en mis venas da un chuzazo,
y hoy tiro con todo el lazo
estas décimas prolijas
porque me sobra verija
pa’guantar el cimbronazo.

Anduve de muy pichón
en las ruedas de fogones
entropillao con los peones
entre charla y cimarrón;
tendí mi catre pobrón
en un galpón ande quiera;
si me habré engrasao la pera
saboreando un costillar
y me la supe limpiar
con un cacho de arpillera.

Yo soy el sol que refleja
sobre’l verde pastizal,
el corcovo de un bagual,
soy del pampero su queja,
soy la punta de la reja,
del paisano su bondá,
del monte la inmensidá,
el silencio de los cerros,
garganta de los cencerros
cantando a la libertá.

Al flete de mi destino
ya lo sentí relinchar
porque me quiere llevar
quién sabe por qué camino;
si te gustaron mis trinos
con cruza de campo raso,
yo volveré, mi amigazo,
con esta guitarra en yunta
y una milonga de punta
¡pa’guantar el cimbronazo!

Versos de Gilberto De Goicoechea

PA' SU GOBIERNO

Tenga cuidao Salustiano
que es nuevito el colorao
y aunque algo lo he trajinao
y en el campo para a mano,
a Secundino Lozano
ande le mostró el talero
pegó un arrastrón tan fiero
q' enantes que se aperciba
lo dejó la ráiz pa´ arriba
estropeándole el sombrero.

Por precaución, pa´ montar
mancórnelo, porque esquivo
en cuanto pise el estribo
el cuerpo le va a sacar.
Después me querrá contar
cómo le fue en la boliada
con este pingo que Almada
me dejó cuando se fue
y que yo le presto a usté
pa´ hacerle a la desplumada.

Por mí duerma sin cuidao
-dijo Salustiano Sojas-
esta garuga me moja
lo tiro al poncho encerao!
Y sin más al colorao
confiao se le enhorquetó
con las riendas lo animó
y después de un trotecito
zapateando un galopito
de las casas se alejó.

Por ver qué puntos calzaba
enfiló para el potrero
mientras don Pablo, el puestero,
dende el patio lo observaba.
El colorao escarciaba
cambiando a trechos de mano
como si quisiera el llano
arrasar con su vigor,
y sentao como un doctor
lucía su estampa el paisano.

Ni bien pasó la tranquera
dejando a un costao la senda
largó el pingo a media rienda,
desató las ñanduceras,
y cruzando a la carrera
en el recao se empinó:
con fuerza las revolió
a todo lo largo ´el brazo.
y un soberano bolazo
al palenque le encajó.

Iú piú jú jú! El alarido
cortó el aire como hachazo
y una perdiz como hondazo
se hizo perdiz de un volido.
De la perrada el ladrido
se oyó al punto consecuente
y con la sangre caliente
después de la atropellada
era como el as de espadas
el colorao, mesmamente!

Versos de Guillermo Villaverde

lunes, 20 de febrero de 2012

POBRE, VIEJO Y ARRINCONAO

Sin plata en el tirador,
pobre, viejo, arrinconao,
con el matungo cansao
por los años y el rigor;
sin que me ladre un amor,
arrastrando la osamenta,
aquí estoy al fin de cuenta
con goteras en el rancho,
picoteao por los caranchos
lo mesmo que vaca muerta.

Esos tiempos se acabaron
en que’ra ‘flor’ de los pagos,
y no faltaron halagos
que a montones me brindaron.
Hoy solo, me acorralaron
con las pena’en un rincón,
y estoy como mancarrón
que le falta pastoreo;
por eso yo solo veo
partida de defunción.

Yo que’nsillé un redomón
como hice un tiro de lazo,
le supe cantar machazo
a la china ‘el corazón.
Hoy ya tengo el armazón
aflojao en los cimientos,
y es inútil todo intento
pa’ enderezar la cumbrera;
ya no hay agua en la caldera
¡y todo esto es un lamento!

Versos de Pedro Bianco

domingo, 19 de febrero de 2012

ÑANDUCES

1
¿Ande andarán los ñanduces que ni uno alvierto en la marcha?
¿Ande andarán, que me llevan tranquiando ya de tal suerte?
¡Bien haiga este sol de invierno que va a redetir la escarcha!
¡Bien haiga mi güen caballo que resoplando juerte!

Tuitas las matas del campo limpia la luz mañanera.
Y aura que al fin se divisa cuanto se mueve en el suelo…
ya te vide, macho viejo, salir de la cortadera,
detrás del oro jundido que parece cáir del cielo.

Tá la bandada de moros alerta a la arremetida,
ispiando los pajonales y el trebolar de los claros.
Cuanti que le afloje al pingo ¿pa qué te quiero, mi vida?
como víboras de luces se van a golver los charos.

2
Y ende que ya no me quiere la moza de ojos traidores,
las plumas pa Laudelina, que anda dentrando en amores.

3
Vi a ver de ganar el viento pa entretener la bandada
mientras de abajo del poncho despriendo las ñanduceras.
La loma tá que da gusto pa pegar una rodada:
todita de punta a punta sembrada de vizcacheras.

Han dao en gritar los teros… ¡Animalitos fatales!
si me vichan dende el bajo van a venirse a las bullas.
Quién sabe a qué le torean juriosos en los huncales…
Dejuramente a algún zorro que anda haciendo de las suyas.

No te asustes, macho viejo, que se va a alzar la tropilla.
Dispará más bien pa el limpio que áhi es ande está lo güeno.
Si en la primera hocicada no me saco alguna astilla
cuanti que le alfoje al pingo te pongo abajo del freno.

4
Y ende que la otra me tiene a pura juerza e rigores,
las plumas pa Laudelina, que anda dentrando en amores.

5
Aura, por el cuesta a bajo, van juyendo los ñanduces.
El macho de una tendida se ha distanciao como flecha.
¡Charabón que corre lindo, las patas igual que luces!
Ya mi caballo lo vido. ¡Ya le ganó la derecha!

¿Pero miren el antojo de querer buscar la juida
disparando a las cuerpiadas pa lucir las plumas moras!...
Aura sí, gambetiá juerte, macho viejo de mi vida,
que no al ñudo en el pescuezo te enllevás las boliadoras.

Pu allá van los charabones a la juria y viento abajo.
Endetrás el macho viejo regolviendo el plumerío.
¡Bien haigan las ñanduceras que le van dando trabajo!
¡Oigalén!... Con la rodada se te va a acabar el brío.

6
Y ende que ya no me quiere la moza de ojos traidores,
las plumas pa Laudelina, que anda dentrando en amores.

Versos de Carlos Molina Massey

LA RONDA

1
Humos en los montes pa el lao del Mangrullo,
pa el lao de Las Flores la punta de un juego.
Diban los novillos lerdiando en el yuyo
y la noche cáiba con desasosiego.

¿Ande hacer la ronda? ¿Ande armar cocina?
Empezó a dentrarnos susto a los paisanos.
Pa pior, del salitre ¡se alzó una ñeblina
que a gatas, de escuro, se vían las manos.

¡Toro-guay de mi vida!
De hambre no veo.
¡Güelta torito bayo,
güelta al rodeo!

Toro-guay con dos cuernos
pa’ que me mate.
¿Ande estará mi prenda
tomando mate?

2
Ladiamos la tropa pa prender fogones
y buscar arrimo contra la barranca.
Las aguas crecían a los borbotones:
era un hervidero tuito el Vallimanca.

Agua y juego juntos nos tráiban sitiando;
se óiban como voces juriosas del río,
y pa hacer coraje yo seguía cantando
y engüelto en el poncho tiritaba e frío.

¡Toro-guay con las aspas
como dos eses!
Han dentrao a hacer punta
los yaguaneses.

Se me yelan las manos
que es un castigo.
¿Ande estará mi prenda
con güen abrigo?

3
Dejuro toriaban perros cimarrones
dende la espesura de los pajonales;
porque a los bramidos y los encontrones
pasaban juyendo los toros baguales.

Era óirse en la ñebla trotes repentinos
y cruzar vislumbros como de tormenta:
se vían clarito los lomos barcinos
y el gosque cerrado de la cornamenta.

¡Toro-guay de mi vida,
güelta a la ronda!
Ñeblina colorada.
Luna redonda.

¡Torito con las aspas
a los reveses!...
Han dentrao a aquietarse
los yaguaneses.

4
No al ñudo es que se óiba bufar la madrina
y a las disparadas andar los potrillos:
¡brillaban dos ojos entre la ñeblina
que se me clavaban como dos cuchillos!

Con garuga y ñebla, ¿de ande armar un chala?
Tráibamos toditos mojao los yesqueros.
¡Noche de mis penas pa andar en la mala,
hecha ni de encargo pa gauchos troperos!

Toro-guay con las aspas
como alfileres:
¡Muy más pior que las fieras
son las mujeres!

Como voy, gaucho pobre,
tras del ganao,
¡siguro que mi prenda
ya me ha olvidao!

Versos de Carlos Molina Massey

jueves, 16 de febrero de 2012

ME SOBRA CON EL AMARGO

Aura me pongo a pensar
que no te estraño, cigarro.
En madrugadas de fuego
me sobra con el amargo,
y esquivando los profetas,
una milonga en la radio.
Te dejé en alguna huella
hace ya como seis años…
y la verdá, compañero,
me sobra con el amargo.
Te agradezco aquellas noches
que llovía, y reseriando,
acariciando la hojita,
engarrotadas mis manos,
con paciencia humedecida
de papel Ombú te armaron.
Y llenaste horas penosas
con tu lenguaje, tabaco.
Te agradezco de’ndeveras
pero en verdá, no te estraño.
Te recuerdo, galopiando
encenderte de a caballo,
con un viejo “carusita”
que a tu memoria acollaro…
o en el tranco remolón
sobándote con los labios.
Conversar haciendo tiempo
a que se queme… el asao.
Te dejé en aquella huella
junto al mostrador y al vaso.
Bien sabés, si me enamoro
soy el cristiano más pavo,
y me entrego, sin preguntas,
casi sin pensar lo que hago.
Y me jugaron con trampas
porque ese, no era el trato.
Vos sabés que con cualquiera
yo sé hacer yunta crotiando,
pero era feo ganarme,
en la noche, el lao del lazo.
Y que me faltara el aire
me resultó más que bravo…
o ignorar en la mañana
lo que en la noche ha pasao.
O ponerme pendenciero
yo que siempre he sido manso,
y ser un mudo testigo
de sentirme hablar bolazos.
Por eso, si hicieron trampa
que quede el asunto claro,
sigan ustedes su rumbo
que, aunque en los boliches ando,
te saludo, dende lejos,
mi compañero cigarro.
No quiero yunta ‘e tramposos
como mostrador y vaso.
Pa’guantar mi soledá
me sobra… con el amargo.
(3/06/1990)

Versos de Pablo Díaz

domingo, 12 de febrero de 2012

EL RASTREADOR

Le arrancó al monte el matrero
muchas cosas ignoradas
y el baquiano, a las quebradas
la cencia del derrotero.
El rastreador, tesonero
se inclinó sobre las huellas
y anduvo rastreando en ellas
largamente y una a una;
mil veces con luz de luna,
de refucilos o estrellas.

Y le aprendió a los caminos
de nuestros campo anchuroso
un lenguaje misterioso
escrito en extraños sinos.
Los arroyos cristalinos
sus secretos revelaron,
todas las sendas hablaron,
los pasos y los esteros;
y los hábiles cuatreros
ante un rastreador temblaron.

Como intérprete y lector
de las páginas del trillo
expondré en modo sencillo
el arte del rastreador.
Es estudio superior
en el aula campesina,
se describe en la cocina,
en los senderos se explica,
y se estudia y se practica
desde el llano a la colina.

La creciente es la ramera
-que complicada o sencilla-
ostenta el vaso en la orilla
a manera de herradura;
corta, larga o puntiaguda,
profunda, llana o mellada;
puede ser lisa o dentada
y en caballos o en baguales;
no hay dos crecientes iguales
ni en un millón de pisadas.

El lomo queda marcao
-y siempre del vaso hablando-
al hundirse en campo blando
el triángulo del candao.
Puede ser sano o matao:
bastera, hinchazón, nacidos…
y dicen los entendidos
que’n un millón de animales
no hay nunca lomos iguales
ni siquiera parecidos.

Hay de lomos un montón
-pero son los más usao-
el de chancho, el de venao,
el derecho y el sillón.
Está el largo (de porrón)
y está el corto (de tinaja),
lunanco, de cruces bajas,
cacunda y alto (de alzada);
el de orilla ramaleada
y el lomo ‘e cebra (con fajas).

Sé en un rastro de baguales
si va madrina o padrillo
y sobre el renglón de un trillo
leo signos desiguales;
destingo en los arenales
la ranilla con tramojo.
Y marco, en cualquier rastrojo
o ande se hunda la pisada,
begijas, taba cargada,
cuerda tensa o ñudo flojo.

Sepan que un vaso vetiao
se gasta en la parte blanca
y que un defecto en el anca
le imprime forma al candao.
Con el ojo ejercitao
se descubren maravillas!
siempre crecen las ranillas
según del pingo el color
y áhi deduce el rastreador
el pelo de las tropillas.

Conozco el caballo espiao
ni que hablar del andador,
el tuerto o testeriador,
el que va suelto o montao;
también sé si va ensillao
y con la cincha apretada,
-y si cruza una cañada
o atraviesa algún bañao-
si tiene el marlo quebrao
o lleva la cola atada.

Pingo de vasos caldiaos
marca lomos con costillas,
son pa’ mi prueba sencillas
conocer si va cansao;
si lleva freno o bocao,
si es de campo o parejero;
-y ande se preste el sendero-
me animo a reconocer
si lo monta una mujer
o si va en él un matrero.

Si es del sur, vaso extendido,
del norte, vaso astillao
chapín, duro y mal gastao.
De arenas, vaso pulido;
más no falta un perseguido
que vaya enredando el trillo
y anque no es nada sencillo
-si el hombre es conocedor-
desorienta al rastreador
labrando un vaso a cuchillo.

Mi “Moro” tenía grabada
-yo mesmo le había grabao-
entre creciente y candao
una cruz media inclinada;
agüería muy usada
entre la gente de ajuera…
Lo hallan al gaucho ande quiera
pero es pa’ ganar con luz;
con la cruz y sin la cruz
jamás perdí una carrera.

Versos de Wenceslao Varela

ANSÍ NO MÁS

Pa’ que negarlo… surero
del chambergo hasta los pieces.
Más derecho y sin dobleces
que tuse de parejero.
Por oficio soy resero,
bailarín y versiador,
algo diablón pa’l amor,
y pa’ alardiar de fortuna
me dio su disco la luna
pa’ usarla en el tirador…

Iba no más de pasada
como quien va sin querencia;
dentré sin pedir licencia…
…la puerta estaba entornada…
Pensarán que es agachada
o que tal vez lo hice adrede;
y pa’ qué andar con enredes,
les viá decir la verdá:
de pura casualidá
dentré… y estoy con ustedes.

No tengo más pretensiones
que la que me dá la suerte:
pero eso sí, piso fuerte
pa’ dir rompiendo terrones.
He dao tantos trompezones
en la güeya de la vida
que tengo el alma curtida
y desecha la osamenta;
si hasta he perdido la cuenta
de tanta y tanta caída.

Mas, tengan por entendido
que un resbalón no es trompiezo,
y ande caigo me enderiezo
como quien sale al descuido.
Procuro andar precavido
contra cualquier emergencia;
se valora una imprudencia
luego de estar cometida.
Va en eya a veces la vida
y en otras… va una sentencia.

Por eso, nunca hago alarde
de mi saber o bravura.
Cuando más uno se apura
es cuando yega más tarde.
La leña mojada no arde
sólo hace humo en la cocina;
es lo mismo que una china
que le está mintiendo amores.
¡Pa’ ser macachín sin flores
prefiero ser cina-cina…!

Disculpen si es que en la cuenta
me he pasao perdiendo plata.
Soy como pava de lata,
cualquier fuego me calienta.
Como cuervo en la osamenta
me aquerencio y hasta olvido
ande diablo dejé el nido
y si es que emplumé pichones.
¡Será que me suebra alones
pa’ gastarme en un volido!

Me voy, pues… Si sé da el juego
volveré como me he ido,
por eso no me despido
digo no más… hasta luego.
Pero antes, vaya este ruego
y dispensen si es que digo
que pueden contar conmigo
pa’ cualesquier entrevero,
que ande alguno deje el cuero
sabrá dejarlo este amigo…

Versos de Enrique Uzal

sábado, 11 de febrero de 2012

PATRÓN DE ANTES

-Muy buenos días, Ponciano,
una alegría encontrarlo.
-No salí por esperarlo
de mañana bien temprano.
-En el escritorio a mano
me ha dejao el escribiente
una nota muy prudente
la que he leído al pasar
y me dispuse a llegar
por si anda en inconveniente.

-Yo le agradezco, patrón,
de que al puesto haya llegao.
-‘Te Ponciano sin cuidao
es esa mi obligación.
-Lo llamé en esta ocasión
no pa’ ponerle un pretesto
sino pa’ decirle esto
que mi voluntá no merma:
tengo mi patrona enferma
y le viá entregar el puesto.

-Medio tiradón me hallo,
los remedios son muy caros
y no he de poner reparos
pa’ negociar mis caballos,
el tobiano, el ruano, el bayo
me los va a comprar Medina,
el azulejo Lencina
que’s una persona seria,
y el resto llevo a la feria
junto a la yegua madrina.

-Ponciano, no se me apure,
lleve a Carmen pa’l poblao,
dele todos sus cuidao
no hay mal que cien años dure;
de atenderla bien procure,
yo hablaré con Don Mansilla,
una persona sencilla,
de confianza, por supuesto,
que venga, le atienda el puesto
y le cuide la tropilla.

-Yo le agradezco, patrón,
pero espero que me’ntienda,
al ‘tar enferma mi prienda,
no ha quedao un patacón.
-Es esa mi obligación,
usté jamás me ha fallao,
fue franco, sincero, honrao,
un hombre sano, notorio,
arrimese al escritorio,
pida plata sin cuidao.

-Con que pagarle, patrón
esta tremenda alegría.
-Veinte año’es la garantía
usté cumplió como pión,
váyase tranquilo, don,
que todo irá mejorando,
y siga a Carmen cuidando,
atienda a su compañera
y vuelva aquí cuando quiera
que’l puesto estará esperando.

Versos del Paisano Mireya

DE VUELTA AL PUESTO

-Muy buenos días, patrón,
¿no sabe con cuantas ansias
he regresao a la estancia
después del trance durón!;
‘toy a su disposición
pa’ lo que guste mandar,
no me voy a resignar
es mi costumbre campera,
y junto a mi compañera
vuelvo dispuesto a luchar.

Ni bien el sol asomaba
coloriando el horizonte
y sus rayos tras el monte
por el campo desplegaba,
la zaina grande bufaba,
ya l’había atao al charré,
tabaco, galleta alcé,
un churrasco por supuesto
y pa’ regresar al puesto
a Carmen la convidé.

La zaina venía trotiando
como quien va con urgencia,
claro, a ella la querencia
como a mi, la iba llamando;
pasé el puesto de Servando
y cuando llegué a la esquina
del campo de Don Molina
y divisé el callejón,
se me’scapó un lagrimón
y me abracé con mi china.

Ni bien bandié’l primer cerro
me relinchó la azuleja,
y parando las orejas
hacía sonar el cencerro,
ya sentí toriar los perros,
se enderezó la majada,
el chajá en su clarinada
puso el campo en atención
y el tero siempre gauchón
anunciaba mi llegada.

Me había comentao Mansilla
-al que ví en dos ocasiones-
hallé los perros tristones
y sumida la tropilla;
se me vino la gramilla
del puesto hasta los corrales,
hay dos grandes matorrales
que me han rodiao el palenque
y en el galpón, al rebenque
lo hallé junto a los bozales.

Mas no importa, Don Ramón,
comienza una nueva vida
y como en mi pecho anida
un gauchazo corazón,
le traigo una invitación
ansí se va preparando,
después le sigo contando,
hay mucho más por supuesto,
pero ahura arrímese al puesto
que Carmen ‘ta cocinando.

Versos del Paisano Mireya

ROMANCE PARA UN VIEJO CARRERO

Viejito de las tres yuntas:
del “Clarín” y del “Corneta”,
del “Pericón” y el “Mazurka”
del “Remendao” y el “Bandera”.

Compañero de las noches
torvas de bravas tormentas,
amarillentas de luna,
agujereadas de estrellas.

Perseguidor de cien rumbos
perdidos sobre la tierra,
señor de las madrugadas
amigo de la carreta.

La que sobó con sus ejes
calientes de tantas vueltas
el lamento de un chirrido
entre sus “masas” resecas.

La que en los días de estío
-después de jornadas recias-
te hizo sombra con el toldo
para refresca tu siesta.

La que te sirvió de rancho
para salvar tu osamenta,
cuando la cimarronada
te rodeó en alguna sierra.

Sin prisa, siempre sin prisa,
con tu marcha somnolienta,
se acabaron los caminos
primero que tu paciencia.

Viejo de la barba blanca
y de la blanca melena
como la lana que tienen
tus cojinillos de oveja.

Cantor de las medias cañas
y de las cañas enteras.
Te nacieron vidalitas
cuando te plantaron penas.

Con tu nudosa tacuara
hiciste lanza y bandera
cuando te llamó la patria
con el grito de la guerra.

Y enhebraste muchas veces
-en las madrugadas negras-
el medallón de la guía
para tenerlo más cerca.

Trajiste de las estancias
vellones, cueros y cerda,
pluma de avestruz y cebo
o guampas, huesos y leña.

Y a las estancias llevaste
-en tu viaje de ida y vuelta-
yerba, galleta, fariña,
sal, vino, caña o ginebra.

De dormir a la intemperie
se hizo blanca tu cabeza
y en los tajos de tu frente
se sumaron tus ochenta…

Abuelo de los fogones
calientes de historias viejas,
curado a tabaco negro,
a mate amargo y ginebra.

Te hizo ver cien luces malas
tu superstición campera,
y de ignorancia contaste
mentiras que créiste ciertas.

Quien te iba a decir que no
te anunció ruina la “autera”
cuando te cantó posada
sobre el “limón” o la rueda.

Por eso fuiste tan bueno:
peleaste solo en la guerra
y en la paz con los jaguares
o alguno de malas mentas.

Sin rezar un padre nuestro
no acostaste tu cabeza,
para que Dios perdonara
pecados que no hacen mella.

¿Para que “viejito” gaucho?
Si los como tú no pecan…
Si tu eres siempre inocente
con tu caudal de experiencia.

¡Si yo te veo tan niño
como cuando tu “nacencia”!...
O como cuando tu madre
te hacía dormir con la teta.

“Viejito” de las tres yuntas
“guitarrero” de las huellas…
Cantor de las madrugadas
herrumbrosas de tristeza…

Te hallaron unos troperos
dormido como una piedra.
De colchón los cojinillos
y el basto de cabecera…

Ya no te oirán los caminos
gritarle en las noches negras
ni al “Pericón” ni al “Mazurka”
ni al “Remendao” ni al “Bandera”.

Esos caminos que atan
-con un centenar de leguas-
la frontera con el pueblo
y el pueblo con la frontera.

Esos caminos que oyeron
-al traquetear de las ruedas-
el cencerro del “Clarín”
y el cencerro del “Corneta”.

Ni te saldrán luces malas
a interceptarte la senda,
ni te anunciará más ruina
la bataraza agorera…

Sola quedó tu guitarra
donde tus dedos macetas
enredaron vidalitas
con el cimbrar de las cuerdas.

Sola quedó en el recuerdo
tu taciturna tristeza;
sola quedó tu guitarra,
las yuntas y la carreta.

De tanto cambiar de rumbos
olvidaste la querencia.
Quizás por eso no tienes
ni quien te prenda una vela.

Ni quien para tu alma, rece
un padre nuestro siquiera…
y tantos que tu rezaste
para las almas en pena…

Yo olvidé todos mis rezos
a lo largo de mis huellas…
pero aprenderé de nuevo
una oración aunque sea.

Y me hincaré de rodillas
como tu también lo hicieras,
para que Dios te perdone…
para que tranquilo duermas.

Versos de Wencelao Varela

Nota: este verso no es campero, pero me tentó incluirlo

UN CIMARRÓN, NEGRITA!

Aunque parezca sonsera
le digo de corazón;
que es la mejor atención,
la que mejor apreceo
si me brindan el deseo
cebándome un cimarrón.

Ande quiera que yo caiga
ya saben que es al botón,
que pa’ salir yo alegrón
y curao de todos males,
con cualesquiera modales
me han de dar un cimarrón.

Si voy á ver á un paisano
o lo mesmo algún “nación”,
ya salgo con la intención
de pasar por lo que quieran,
con tal que á tuito prefieran
el pasarme un cimarrón.

En los negocios más serios
dejo de lao la custión,
si con modos y razón
de gente que se avalora,
llego á ver á una señora
preparando un cimarrón.

Pa’ mi no hay amor, ni nada!
y pa’ ganar mi afición
la primera condición,
la que sobre tuitas vale,
es si la paica me sale
brindándome un cimarrón.

No me hablen de estar sonsiando
de amores y de pasión
y haciendo conversación
talvez de güeyes perdidos,
cuando más entretenidos
se está con un cimarrón.

Hay gente que por un beso,
o por dos y un apretón,
ya se largan á un zanjón
como el chimango al güey muerto
sin ver que nada es más cierto
ni mejor que un cimarrón.

Dende que se hace de día
ya me siento en el fogón,
y lo mesmo que un mamón
que hambrea verse en la teta,
ya se me hace agua la jeta
preparando un cimarrón.

Llamenmen pa’ una patriada,
pa’ alguna revolución,
pero pongan atención
y sepan por de contao,
que pa’ mi no hay nada hablao
si no corre el cimarrón.
(1902)
Versos de Juan Chingolo

jueves, 9 de febrero de 2012

RUEGO

Señor, nunca te he pedido
-ni en el mayor desconsuelo-
compasión mirando al cielo
ni ayuda cuando he partido
y he sufrido
y he pasao
tantas, que de acalambrao
miedo de hincarme he tenido.

No te pedí proteción
cuando gané los pajales,
cuando estribé los baguales
o desenvainé el facón;
sin razón
nunca he peliao…
y en lo alto el alma he llevao
pa’ no pedirte perdón.

Pero aura tengo señor
mucha angustia en mis desvelos
y he mojao poncho y pañuelo
con el agua del dolor;
y el amor
que se me va
me deja en la soledá
de un inmenso sinsabor.

Y he venido a vos Jesús
-sin rezos y sin rosario-
a vos, que junto al calvario,
junto al calvario y la cruz;
ya sin luz
en tus pupilas;
extendió tu voz tranquila
el perdón, como un capuz.

A vos señor, si es que’s cierto
que si tus labios mandaron
los tullidos caminaron
y se pararon los muertos,
y los huertos
florecieron;
y los ojos ciegos vieron
por tus milagros abiertos.

Vos que espinaste el estero,
le diste declive al río,
fuego a las siestas de estío
y un silbo frío al pampero…
y a los teros
lanzas rojas;
y bordonas de congojas
al canto de los boyeros.

Hoy tengo un hijo vencido
por no sé qué enfermedá
que consumiéndolo está
como un pabilo encendido…
Y he venido
por tu amor.
Él nunca ha muerto señor
un pichón ni ha roto un nido.

Sus tiernos dedos ni una
mariposa han deshojao
ni un grillo vivo han clavao
a los pinchos de la tuna.
Y a la laguna
del llano,
no han tirao piedras sus manos
pa’ no pegarle a la luna.

Por él subí a la colina
pa’ acercarme a tu bondá
a implorar con ansiedá
misericordia divina;
si su mal declina
en pago,
pondré en mis manos tus clavos
y en mi frente tus espinas.

Versos de Wenceslao Varela

TE RECUERDO

(palabras para preludiar un triste)

Me quedó de tiempos idos
este airecito campero…

No es mío no; de muchacho
me lo fió un amigo viejo,
y a él se lo dejó una novia
de patio, malvón, y alero.

Cuando finó la muchacha,
se le ganó al instrumento;
y solo tocando en ruedas
cortonas, de amigos serios,
sin dar muchas referencias
lo llamaba… “Te Recuerdo”.

Sé que no se casó nunca;
hombre de luto pa’dentro,
en contadas ocasiones
le oí decir al respeto:
“Pa’ cruzar la vida, bastan
un rumbo… y un sentimiento”.

-Se le añublaban las vistas
pero no pasaba d’eso;
sin duda hallaba prolijo
conservar el rostro seco.

Pero de encontrarnos solos
en la comunión del fuego,
ande hay muy pocas palabras
pa’ mejorar el silencio,
las cosas más escondidas
por la hombría de su dueño
las contaba con ternuras
de mujer, el instrumento;
y al brotar de la guitarra
entre arrastres y floreos,
un rosario de suspiros,
de murmullos, y de arpegios,
alboreaba la muchacha,
y el airecito campero
lagrimeaba como un sauce
musical su desconsuelo…

Hoy como la rueda es corta
y estoy entre amigos serios,
les he dejao este triste
que me acompaña hace tiempo;
son memorias de una moza
y se llama… “Te recuerdo”.

Versos de Osiris Rodríguez Castillo

MAL TIEMPO...

Se desató el temporal
sin darse tregua un momento.
En su atropellada el viento
lo hace crujir al causal.

El agua en los cañadones
rebosa en sus palanganas,
y hacen baruyo las ranas
molestando a los silbones.

El frío, rondando afuera,
que se abra una puerta espera
para ganarse en las casas.

Y la gente en el galpón,
lo está velando a un capón
en resplandores de brasas.

Versos de Enrique Uzal

PALENQUE...

Viejo palenque clavao
junto a unas viejas taperas
como si acaso quisieras
apuntalar lo pasao,
hoy solo, triste, olvidao
no servís ni pa’ esquinero,
el tiempo te ha puesto overo
como overa está mi alma.
¡Bien se ha dicho que la calma
va enancada al entrevero!

Te está sangrando la herida
con que te tajeó la suerte,
fuistes en el cimbrón fuerte
pero te venció la vida;
fuiste adiós en la partida
y caricia en la llegada,
lucero en la madrugada
y resolana en la siesta,
el malambear de la fiesta
y la cifra en la payada.

Siempre fuiste en las cuadreras
banderín y juez rayero;
vos le secaste al resero
el sudor de las ‘bajeras”
a las palomas viajeras
le diste asiento y querencia:
vos le “emprestaste pacencia”
a la lechuza agorera
y la calandria parlera
aprendió tu mal de ausencia.

Sos cumbre, pampa, ladera,
chiripá, poncho, pañuelo,
te falta el color del cielo
para llamarte bandera;
viejo palenque, ande quiera
pegá un grito de atención
que recorra la extensión
rudo, vibrante, valiente,
¡Pa’ que viva en el presente
nuestra gaucha tradición!

Versos de Enrique Uzal

EL RESERO

Con el profundo respeto
que merece el paisanaje,
he de rendir homenaje
a un personaje concreto;
y al sentirme así, repleto
de inspiración, me’ntretengo,
escribiéndole a quien tengo
por guapo, noble y campero,
quiero cantarle al resero
pues su recuerdo mantengo.

Mil caminos ha cruzao
con sus pingos decididos
entre el polvo y los balidos
de los vacunos arreao’;
más trabajo le ha costao
lidiar con la ternerada,
puesto que al ser destetada
era un peligro constante…
Pero, el resero triunfante
rondó en cualquier rinconada.

Vista ligera y baquía,
precisó como experiencia,
pero en cambio, la paciencia
pa’arrear las vacas con cría,
y más fácil se le hacía
ir con novillos tropeando,
o ir vaquillonas arreando
por los distintos parajes;
y de paso en esos viajes
sus potros iba amansando.

A la madrina puntera
solía un crudo acollarar
pa’ póderlo galopear
en cuanto un descanso hubiera,
y aunque ya casi estuviera
corriente el pingo montao,
anduvo medio apurao
el prevenido resero,
si al largarse un aguacero
se asustó del encerao.

Siempre su orgullo habrá sido
por ser hombre servicial,
entregar todo al final
como lo hubo recibido;
pero el camión ha venido
a reemplazarlo en su aguante;
lo imagino en este instante
aunque no esté su presencia,
¡yendo en busca ‘e la querencia
con la tropilla adelante!

Versos de Pablo Gallastegui

LAS COSAS DE MI GALPÓN

Se ha largao un chaparrón
que obliga a estar encerrao.
Menos mal, no me he mojao,
me guarecí en el galpón.
El agua es un aluvión,
ahijuna!, lluvia machaza.
Esperando a ver si pasa,
si llego hasta la cocina,
desde un nido de gallina
me observa una bataraza.

Hay restos de algún arao
y otros tantos fierreríos.
Por cierto, que no son míos,
el tiempo, los ha juntao,
y desde el techo, colgao,
se está pudriendo un apero.
No lo salva ni el soguero
de morir en su agonía…
y una gota que caía
se hizo lágrima en el cuero.

Las cosas de mi galpón
que nunca les di importancia.
Recuerdo de alguna estancia
que hoy duermen en un rincón.
Orgullo de mi patrón
fue aquella vieja volanta
que ya vencida se planta
y yo estoy imaginando:
las cuatro ruedas llorando
con un nudo en la garganta.

Que lindos tiempos pasao’,
recuerdos que por tenerlos
reviven de solo verlos,
no han de quedar olvidao’.
Se quedan como pintao’
y por áhi, si se presenta,
aprovechan la tormenta
pa’ galopiar sin recao.
Es que a veces de apurao
los miro, sin darme cuenta.

El aguacero se fue,
las nubes no mojan más,
y yo mañana quizás,
por un ratito vendré.
Trayendo el tiempo, andaré
de alguna memoria nueva.
Y a veces, haré la prueba,
pa’ robar un tiempo ido.
Voy a volver más, seguido,
sin esperar a que llueva…

Versos de Pacho Esperón

A LO CHINGOLO

Como he venido de paso
les voy a pedir primero,
permiso pa’ un forastero
y disculpen… por si acaso!
No quiero pecar de guaso,
por tal, si es qu’estoy demás,
pego la güelta pa’ atrás
sigo rumbiando mi güeya,
total, yo tengo mi estreya,
nací gaucho y montaraz.

Como no tengo reparo
en cantar siempre a mi modo,
me buscaré el acomodo
y voy a hablarles bien claro.
Mas si piensan que soy raro
‘tan todos equivocao,
soy decente y aplicao
si el que me trata es decente.
De tanto probar la gente
es que me sé disconfiao.

A veces me hago el prudente
por no pasar por guarango,
y si es que se arma un fandango
trato de ser consecuente.
Mas si alguno de indecente
quiso probarme en la cancha,
entonces m’hice pata’ncha
sin esigir condiciones.
¡Cuando afirmo los tralones
ni pido ni doy revancha!

Sé aflojar, cuando me aflojan,
y pincho cuando me pinchan,
yo cincho cuando me cinchan
y por esto no se encojan.
Las lluvias qu’a uno más mojan
son las que agarran sin techo;
si pongo a lo hecho, pecho,
es porque me sé varón,
y sé templar la intención
porque mi temple es derecho.

Me cuido de las carpetas,
igual que de lasmujer;
cuando m‘entrego a un querer
me ajusto bien las chancletas,
de arisco le hago gambetas
al naipe y al beberaje,
y no averiguo el pelaje
ni cuantos hay que enfrentar.
¡El hombre se ha de jugar
sin elegir el paraje!

Tiene que ser muy toscudo
el que me quiera topar;
si no me supe achicar
tampoco m’hice entrañudo;
yo soy curtido en lo duro
estoy sobao a lo pampa,
y de áhi sé lucir la estampa
que Dios me supo entregar.
¡Y pa’ mejor esplicar…
soy entrador como guampa!

Pa’l amigo, soy amigo,
educao, pa’l educao.
Y siempre fue mi cuidao
afirmarme en lo que digo:
el que precise un abrigo,
o algún servicio prestao
he de estar a su mandao
si es que la vida me deja.
Ansí que paren la oreja
pues lo dicho está firmao!

Volveré alguna otra güelta,
mas si acaso, he molestao,
‘tesen nomás sin cuidao
que soy una cosa suelta;
dejen la tranquera abierta
que yo he de pasar de largo,
pero si ‘e cáido de encargo
pa’ entretener la reunión,
¡mil gracias por l’atención,
y hasta más verlos… ya salgo!

Versos de Eusebio José Morán

martes, 7 de febrero de 2012

LA MILONGA 'E SANTA TECLA

¡Jué pucha! ¡Qué ganas tengo
de largarme pa’ Corrientes!...
Aquellas tierras ardientes
pagos de altivo gauchaje...
¡En donde brota el coraje
como el agua en las vertientes.

Qué gloria sería pa’ mi
al ratito de aclarar,
ver los carpinchos andar
por la costa del arroyo,
¡y en un buen caballo criollo
por los campos galopar!

Y que lindo recorrer
la orilla de los esteros,
alborotando los teros
y haciendo volar los patos...
¡Y qué macanudos ratos
charlando con los puesteros!

¡Mi Dios lo que yo daría
por conocer a un cainguá!
¡Ver algún guazú pihtá
brincando entre las totoras!
¡Y pasarme largas horas
contemplando el Yberá!

Escuchar el alarido
de los tapes jineteando,
ver tantas aves nadando
por las inmensas lagunas...
¡Y en esas noches de luna
amanecerme cantando!

O bien cuando a medio día
el sol reluciendo está
sobre el río Paraná,
y ya la calor aprieta
¡sentir desde alguna isleta
el grito del carayá!

¿Y las tropas de carretas
cómo en tiempo que pasó?
¡Bien quisiera verlas yo
entre arenales y zanjas
hasta el tope de naranjas
rumbeando pa’ Utúzaingó!

Y aquellos trabajos “a uña”
puerta ajuera del corral
entre griterío infernal,
balidos y polvadera.
¡Amalhaya quien pudiera
presenciar escena igual!

¿Y estremecerse en la noche
oyendo el urútaú?
¿Bolearse al cruce un ñandú,
en medio del desplayado?
¿O asustársele el montado
ante un boacuriyú?

O con mi buen 30-30
al que tengo tanta fé,
balear algún yacaré...
Y hasta pienso que pudiera
¡en la isla ‘e Talavera
rastrear un yaguareté!

Tomar mate con chipá
a la sombra ‘el corredor
y aspirar el rico olor
de una vaquilla con cuero
mientras canta un guitarrero
algún compuesto en mi honor.

Vagar entre los palmares...
y saliendo a mariscar,
en la canoa remar
contorneando un embalsado,
o ver algún toro alzado
por el monte disparar.

Y presenciar un rodeo
faena por demás ruda
lo que nadie pondrá en duda
ni un momentito siquiera...
¡Con lo brava y lo ligera
que’s esa hacienda guampuda!

¡Y a lucirse correntinos
que no tienen fama en vano!
Rueda de pronto un paisano
¡y... se me hace estarlo viendo
salir al indio corriendo
con el cabresto en la mano!

¡Jué pucha!... y que bien vendría
aprovechar la ocasión,
pa’ entrar en un pericón
en esos mates danzantes,
que evocando el tiempo de antes
gusta de dar el patrón.

¡Ah bailes de Santa Tecla!
donde no hay yerros ni tachas,
cuajaus de lindas muchachas
y tanto criollo prolijo,
de tirador y barbijo,
espuela, poncho y bombachas.

Con todo, nada ‘e lo dicho,
me hiciera ese viaje hacer,
si no fuese Ernesto Ezquer
(por mal nombre “Gato Moro”)
¡cuya amistá es un tesoro
de inapreciable valer!

¡Les garanto!... Hay pocos hombres
que como él, no tengan falla.
Buenos, leales y de agallas,
caballeros, generosos...
¡Pucha si hacen falta mozos
como Ernesto Ezquer Zelaya!

¿Y qué diré de los suyos?
La patrona ‘el Caraí,
Papín, precioso gurí
y la señora mayor...
¡Familia más superior
no se vido por aquí!

¿Y la gente de su estancia?
Bien creo valdrá la pena
mentar a Pantaleón Sena
y a Claudelino Esquivel...
aquel criollo bravo y fiel
de negra y larga melena.

Y seguiré enumerando
a toditos los de allí
y no me lo olvido aquí
a Isidro Zarza, como hombre
que goza de gran renombre
pa’ manejar el Smith.

Viene aura “Camba Thiú”
indio crudo y peleador,
cuyo probado valor
falló una vez en Posadas
ante las bruscas bajadas
de un condenado ascensor.

Y Moncho, los Barrios, Chito
hombres de facón y lazo...
Rojas, Ferreira... y si acaso
dejo alguno en el tintero,
¡sépanse que a todos quiero
confundir en un abrazo!
................................................

¡Jué pucha! ¡Qué ganas tengo
de largarme pa’ Corrientes!
Aquellas tierras ardientes
pagos de altivo gauchaje...
¡En donde brota el coraje
como el agua, en las vertientes!

Buenos Aires, junio de 1938
.

Versos de Justo P. Sáenz (h.)

lunes, 6 de febrero de 2012

CINCHANDO

¡Tire juerte güey picaso;
no me afluej’esas rodiyas!...
Ya sé que la carga es grande
y pesa mucho l’astiya…
Pero n’olvide que al lao
tamién el barcino tira,
y nu es gaucho que por güeno
se la vaya un vivo encima…
……………………………….
Güelv’a la güeya mi güey
y emparéjem’esa cincha!
No la obligue a la picana
a chucearlo en las costiyas!...
…Tamién los hombres que van
por el repecho ‘e la vida,
suelen, de diablos, quedarse
ronciando la cumbre altiva,
pa’ que los otros cinchén
hasta dejarlos arriba.
Y ayí de golpe, se paran;
y ayí de golpe se afirman;
y nos hablan como guapos
que han peliao a la partida…
…Pero… si el sol de la mala
le apuñala las pupilas,
cierras sus ojos de máulas
y el valor se le hace astiyas!
Dispués… como están sin uñas
pa’garrarse en la caída,
se ven venir como piedras
rodando por la cuchiya!...

¡Tire firme, güey picaso;
no me afluej’esas rodiyas!...
Que aunque le hablo de sentao
y lo mando dende arriba,
cincho yo, pa’ sáis gurises
en un yugo, con mi china.
¡Y mis cuartas no se afluejan!
Que’s dura lay de la vida,
clavar hondo la pesuña;
cuest’abaj’o cuest’arriba!

Versos de Esteban L. Aradó

domingo, 5 de febrero de 2012

A MI RANCHO

Ranchito que entre el verdor
parecés una gran cosa
y no sos más que la choza
donde escuendo mi dolor.
Rancho en que entuavía el amor
que en rescoldos se consume
a ocasiones desentume
las alas medio dispacio
pa’ perderse en el espacio
como si juese un perfume

Tapera medio arrumbada
que al costao de una laguna
en mis noches sin fortuna
fuiste pa’ mí como un hada.
¡Quién dirá al verte rodeada
de paráisos y palmeras,
que sos triste de adeveras
porque, bajo tus totoras,
no hay en mis noches auroras
ni en mi vejez primaveras!

Al zarzo que da a tu alero
un rosal de rosas blancas
trepa yevándose en ancas
la copa de un jazminero.
Corre a su sombra un sendero
que como baliza cierta
va derechito a una puerta
que bajo un toldo de flores,
pa’dormecer mis dolores
ha de hayarla siempre abierta.

Cuando m’echo en la catrera
bajo tu techo sombrío,
se saca el bozal mi hastío
pa’ disparar campo ajuera.
Bríndame su adormidera
la dulce melancolía,
y alegran el alma mía
las notas consoladoras
de dos calandrias cantoras
que madrugan más que el día…

Rancho que sabés mi historia,
mi linda choza querida,
que yevo siempre prendida
del cinchón de la memoria.
¡Pa’ que quedré yo más gloria
que el calorcito ‘e tu hogar,
hoy que cansao de penar
le tengo asco al vivir,
y se me hace que morir
no es nomás que descansar!

Versos de José Alonso y Trelles
                 "El Viejo Pancho"