jueves, 12 de octubre de 2017

PONCHITO'E VERANO

Mi ponchito’e verano!
Divas ayer, alegre, saludador…
Ni a los postes dejastes sin: “güenos días”…
Liviano te sentías, y juguetón.

Lo buscabas al pingo, por las cosquillas,
macaquiaba, el picazo, de puro mimo;
te asentabas en l’anca, pa’ sosegarlo,
y eras como una mano que hace cariños…

Chacotiabas conmigo, como invitando
pa’ que yo acompañase tus alegrías,
con las lindas bobadas que nos recrean
cuando zonza, de güena, se hace la vida…

Me trujiste ricuerdos… Tal vez por eso
cuando ayer te venías sobre la cara,
yo sentía dos manos sobre mis ojos
y el apoyo de un cuerpo sobre mi espalda…

Ayer!... Ayer… el día que era una gloria!...
Ansina cualisquiera marcha escarciando!
Un vientito de frente y una garúa…
suficiente pa’ que uno se ponga “al paso”…

Ayer… ¡qué diferencia!... de puro alegre
cuasi se me salía por la cabeza…
A mí, que voy distráido, por ciertas cosas…
esos cambios de tiempo, poco me alteran…

Áhura ¡vé que distinto!... Como de invierno…
Un ponchito, liviano, que es una pluma!...
Si ayer no emparejamos, lo que es hoy día,
quizás vamos haciendo mejor figura!...

Pero, ni se le ocurra de andar iguales!...
porque, yo… yo me río de estas garuitas!
Ni que venga de frente!... L’ala’el sombrero,
basta pa’ que uno lleve secas las vistas!...
……………………………………………..
Lo aventajo, a mi poncho!: si va llorando
que parece que en llanto se ha redetido!...
El me aventaja en otra: ¡cuánto se oree,
habrá que ver, lo alegre que es mi ponchito!

                                                                                                                     (11/1935)

Versos de Romildo Risso

jueves, 28 de septiembre de 2017

POR TROPEZAR

             (relato)
1
Sucedió en una ocasión
que en la estancia “La Nombrada”
estando la paisanada
matiando junto al fogón;
un gaucho de la reunión,
hablando con voz potente,
dijo: “Si hay en los presientes
quien quiera probar un pingo,
yo lo invito pa’l domingo.
Tengo un moro reluciente”.
2
No faltó quien contestara:
“Acá está quien le retruca.
Será carrera macuca
con mi zaino malacara”.
Las condiciones se aclara;
depositan lo apostao
y como juez es nombrao
para más formalidá
a un gaucho serio, de edá,
y en carreras adiestrao.
3
Los paisanos se llamaban
uno, Alejandro Lindoro
-era éste el dueño del moro
que como a niño cuidaba-.
El otro, un tal Mendizabal
-que era del zaino su dueño,
lo atendía con empeño-
y siempre a toda carrera
llegó confiao y risueño.
4
Llegó el día de la carrera
y alrededor de la cancha,
la gente como avalancha
aquella largada espera.
Apostar jue cosa fiera
pues pa’ elegir áhi no había.
En esos fletes se vía
una divina hermosura:
era el zaino una pintura
y el moro una fantasía.
5
Seiscientas varas corrieron
y del punto de partida
la carrera jue reñida:
¡hocico a hocico venían!
Los apostantes decían
que ‘puesta’ debía de ser
pero vino a suceder
que cerca de la llegada,
el zaino dio una hocicada
y ansina vino a perder.
6
Aunque una amistá esistía
en los gauchos que he nombrao,
Mendizabal, enconao,
se jue pa’ la pulpería.
Áhi la giñebra corría
sin mezquinarle el garguero.
Y Lindoro, ya altanero,
por unas copas tomadas,
largando una risotada
alborotó el avispero.
7
Si hasta aura jueron amigos,
por palabras que tuvieron,
pelan los dos sus aceros
declarándose enemigos.
Áhi allí muchos testigos
de esa lucha sin ventaja.
Uno tira y otro ataja
y es la contienda pareja;
mientras las chispas reflejan
los golpes que se abarajan.
8
Al dar una atropellada,
da Lindoro un tropezón
dejando un claro al facón
que maneja Mendizabal.
Éste en el pecho lo clava
con un puntazo certero
y en un esfuerzo postrero
Lindoro, que es muy valiente,
aunque ya siente la muerte,
firme maneja el acero.
9
La herida lo debilita,
las piernas le tambalean
y aflojando en la pelea
baja el cuchillo y le grita:
“¡Ahijuna, suerte maldita
por tropezar me has clavao!”
Y el otro contesta airao:
“A mano estamos y envaino;
¡por tropezar, a mi zaino,
con tu moro le has ganao!”

Versos de Venancio Ramirez Abella

jueves, 21 de septiembre de 2017

PULPERÍA

Se detiene el camino en el palenque
dando frente a la “misma” pulpería.
Donde el cliente se anuncia, todavía,
golpiando el mostrador con el palenque.

Un alero mesquino es la ante sala
y, en su lista de sombra, medios grises,
se revuelcan tirientos tres “gurices”
y una clueca hace carpa con las alas.

Dentro, todo se observa de un vistazo;
un estante que guarda cosas viejas,
y sobre el mostrador, tras de las rejas,
botellas, suciedad y algunos vasos…

Hay “fragancia” a las pipas del Mendoza
que fermenta el calor de plena siesta,
y las moscas zumbonas hacen fiesta
recorriendo los frascos, perezosas…

Lo demás, poca cosa; algunos bancos,
una mesa con naipes, los porotos,
en la pared carteles medios rotos
y un almanaque de Molina Campos.


Versos de Pedro Boloqui

MI AHIJADITO EL REGALÓN

Tengo un ahijao: Rumualdino,
que es criao como la humedá.
De pura casualidá
yo he resultao su padrino.
Nació en un día barcino
de esos de invierno, llorones,
y por deberle atenciones
al finadito su padre,
tengo aura ahijao y comadre
y nuevas obligaciones.

Antes de hacerlo mi ahijao
me costó unos patacones
pa’ hacer callar los gritos
de: “áhi va un padrino pelao”.
Cuando el curo le hubo hablao
no sé en qué lengua extranjera,
pagué por otra soncera:
pa’ que con agua limpita
que había en una juentecita
le lavaran la mollera.

Cuando se hizo un grandulón,
la madre de Rumualdino
me dijo: “Siendo el padrino
ya sabe su obligación.
Hay que darle educación
pa’ que no sea un atrasao,
sobre este punto he pensao
que hagamos d’él un dotor,
pa’ que gane al ser mayor
una banca ‘e dipuatao.”

Yo dije: “Pa’ mi es mejor
y aunque se enoje, comadre,
que salga como jué el padre
un hombre trabajador.
Que sea un criollo agricultor,
que manejando el arao,
sepa en el campo heredao
desparramar la semilla,
pa’ que después de la trilla
cobre su trabajo honrao.”

Pero triunfó la mujer,
y el muchacho regalón
resultó al fin un chambón
que agatas aprendió a leer.
A veces lo suelo ver
y me entristece endeveras,
porque al errar la carrera
me resultó el muchachito,
lo mesmo que un muñequito
escapao de una vidriera.

Habla con voz destemplada,
se hamaca cuando camina.
¡Potrillo de raza fina
que al fin no sirve pa’ nada!
Lleva melena engomada
que es dura como el cartón
y con la cola’e ratón
que usa como bigotito,
se cree que es mozo bonito
mi ahijadito el regalón.


Versos de Evaristo Barrios

miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA BOLSA DE ARPIYERA

El día que te inventaron
naides habrá calculao
todo el uso que te han dao
en las cosas que te usaron.
De nuevita aprovecharon
tu tejido resistente
con un yeno permanente
levantao en la ocasión,
o colgada en el galpón
pa’ la cosecha siguiente.

Tanto coserte la boca
y tirarte las “orejas”
te jueron volviendo vieja
aunque no una cosa tioca.
El calador te provoca
una herida que no cose,
y hacían con vos pa’ las doce
la bandera de avisar,
a la hora de almorzar
pa’ que te vieran con goce…

Yo te usaba en el recao
de carona o sudadera
y hecha cincha chacarera
con un prolijo doblao.
A un bagual recién montao
servís pa’l ojo tapar
y yo te sabía atar
tantas veces a los tientos,
con destintos alimentos
que solían encargar.

Pa’ pelar, en la carniada,
o en la melga, de bandera,
y limpiar la volcadera
anterior a la engrasada.
También te he visto doblada
en el asiento’el arao
en los días que había helao;
y te vide cuando el pión
hacía de vos un colchón
y hasta lo hubieras tapao…!

De improvisao capuchón
pa’ no mojar la moyera
también sirvió la arpiyera
y pa’ tapar el recao.
Yo la vi de cortinao
hasta en una jinetiada
-¡pa’l que no paga la entrada!-;
y en un asao, pa’l pueblero,
vos juiste mantel campero
bien abierta y bien lavada.

Diste calor a mis pies
en los suecos o en las botas
si las medias ‘taban rotas,
y te tiraba después…!
Hoy maduro, ya lo ves,
de mi estirpe chacarera,
una décima surera
con desparejos renglones
resaltó tus condiciones
vieja bolsa de arpiyera…!

En artesano morral
pa’ la avena de un cuadrero
también te usó el chacarero
si no había otro material.
Pa’l moquiyo -que’ra un mal-
se te usa pa’ un ahumao
y de lo que he recordao
es una parte nomás,
porque en muchas cosas más
en el campo se te ha usao.


Versos de Agustín A. López

sábado, 12 de agosto de 2017

EL SURQUI

A más de uno a la partera
en un trote sin aliento
contra la yuvia o el viento
lo yevaste a que naciera.
¡Cuánta gente chacarera
con vos se había trasladao!
en tus viajes al poblao
pa’ buscar los comestibles,
o en los momentos temibles
cuando alguno había enfermao.

A veces en cayejones
ande naides daba un paso
desafiando el barquinazo
por los pozos o güeyones,
zanjas y barro, a montones,
¡la pucha si habrás pasao…!
al cruzar algún bañao
y acaso hasta’lgún arroyo,
y no siempre había un crioyo
que te guardara lavao.

A los bailes nos yevabas
más de la cuenta cargao
y ayí vos, junto a “tu atao”
bajo el rocío esperabas…
Otras veces te aguantabas
en una noche de helada
-cuando alguna trasnochada-
el frío taladrador,
y de tu dueño, el calor
era solo pa’ su amada…

Pocas veces a pintarte
te mandaba el chacarero
porque’n un círculo austero
se tenía que manejar.
Incluso hasta pa’rreglar
te conformaba un remiendo
y ansí seguías recorriendo
de nuestra patria, sus güeyas,
dejando marcao en eyas
lo que’stuve describiendo.


Versos de Agustín Alberto López

jueves, 10 de agosto de 2017

MAIDANA

Jué en una de mi flor. Hasta en los cerros
nacían margaritas coloradas
y quedamos dispersos unos pocos,
con malas armas y ninguna bala.

Entreviero feroz: ¡Vinchas y bolas!
melenas y clineras enredadas,
relámpagos de sables y facones;
divisas rojas y divisas blancas.

Allá sobre la frente del sol bajo,
semejaba una vincha roja franja.
Dejuro había salpicao la orilla
del horizonte azul la sangre gaucha.

Nos traiban derrotaos y de tan cerca,
los gritos nos golpiaban en la espalda,
y nosotros echaos sobre el pescuezo
charquiando los reyunos a rodajas.

Llovía un chaparrón de boliadoras
que acalambraba los matungos maulas;
como trío de yaras cabezonas
se enredaban juriosas a las patas.

Maidana me seguía a un tiro’e lazo
gastándole el resueyo a un criollo pampa,
cuando lo vide cáir, tosiendo sangre
ensartao en las aspas de una lanza.

El caballo cruzó. De puro instinto
lo agarré del cabresto a la pasada,
pa’ llevarle, a lo menos si volvía
la noticia a la viuda y las cacharpas.

Mejor me hubiese güelto sobre el pucho
a vender junto a él, la vida cara
a quebrar el facón contra los sables
pero a morir en ley como Dios manda.

Y lo dejé nomás… Pobre mi amigo…
Amigo de la paz y las patriadas;
amigo de las malas y las güeñas,
y amigo de las güeñas y las malas.

Y espueliando por juera a un duro’e boca
-como adentro el dolor pinchaba mi alma-
me escabullí por fin del chucerío,
como dice el refrán, echao en l’anca.

Se hizo la paz y regresé al ranchito
del que quedo tirao en las quebradas
defendiendo el color de una divisa
vergüenza ponzoñosa de mi raza.

Me acuerdo que me dijo muchas veces
en charlas del fogón o de la carpa:,
“-Si sos amigo y regresas con vida,
cuidame el gurisito si me matan”.

Por eso lo lloré junto con ella.
Igual que un perro le cuidé las casas
y gasté con los suyos los vintenes
que en domas o tropiadas agenciaba.

Y al gurisito, con cariño’e padre,
si se dormía, lo acosté en mi falda
y si lloraba de mimoso que era
le empriesté pa’ juguete mi guitarra.

Pero vino después la “primavera”;
se ajuntaron de a yuntas las bandadas,
y echaron flores, dende los rosales
hasta esos yuyos que a la hacienda matan.

Y un vaho de vida resurgió violento
que en ley pareja la natura implanta,
y ardió el instinto como un juego interno,
que a procrearse las especies manda.

Y ella tenía veintidós abriles…
Eran sus senos como dos torcazas,
tenían sus ojos un mirar profundo,
había en su boca contenidas ansias!

Y, yo me paro, si a degüeyo tocan,
y a veces, antes de copar la banca…
pero si dentran a jugar polleras,
si solo no me paro… no me paran!

Y como me conozco y soy güen gaucho
-antes dejuro, de meter la pata-
junté las pilchas, ensillé mi moro,
y con tristeza le anuncié la marcha.

Pensaba dirme como el hombre limpio,
bien atrás el sombrero, la frente alta!
que potros pa’ montar y chinas lindas,
ni nunca me faltaron ni me faltan.

Le dije: “-Me viá dir por un tiempito,
me han echao en el pago la perrada,
pero cuente lo mesmo con mi ayuda
que, teniendo yo plata, tendrá plata”.

Ñubló sus ojos el cristal del llanto,
bajó la frente de dolor cansada;
como una hermana se abrazó a mi cuello,
y yo la recibí como a una hermana!

Casualidá fatal que ató a mi vida
el ñudo potriador de la desgracia!,
sentí ruido de espuelas, miré afuera;
cuando en la puerta se paró Maidana!...

Nos miró sacudiendo la cabeza.
Tenía en los ojos un mirar de rabia
y se quedó parao como un palenque
sin decirnos siquiera una palabra.

Después, besó al botija que en un banco
como una piedra dormidito estaba
pa’ envolverlo temblando entre los pliegues
rojos y azules de su poncho patria.

Y con él en los brazos montó’e nuevo
y se puso chiquito a la distancia…
Mejor e hubiese güelto aquella tarde
a vender junto a él la vida cara…!!


Versos de Wenceslao Varela