domingo, 15 de enero de 2017

EL PALENQUERO

En toda fiesta campera
se nombra al animador,
al paisano acarriador,
al basto y a la encimera,
al que pialó puerta afuera,
al que sacó con el cuero,
al que por ser muy campero
hoy de las clinas montó,
…pero nadie le cantó
al gaucho que es palenquero.

En el palenque todo hombre
debe de estar muy atento
y no vaya a creer que es cuento,
espero nadie se asombre;
es justo que yo los nombre
porque soy su defensor
del gaucho, de su valor,
de su costumbre campera
y al palo no va cualquiera,
le aclaro al espectador.

Cuantas veces un manotón
recibiste por confiao,
como al poner el bocao
te dieron un mordiscón,
otras vece’un pisotón
te llevastes de regalo
de algún reservao muy malo,
baquiano y tironiador,
cuando corrió el atador
te peló el dedo en el palo.

Que tuvistes un descuido,
que al hombre hiciste apretar,
que no le debías largar,
que no te lo había pedido,
que pa’ qué te habrás metido
si vos no sos muy campero,
que le dejás flojo el cuero
y corrida la encimera,
y yo opino que de afuera
es fácil sacar el cuero!

Si es tradición un arreo,
una tropilla, un rebenque,
si es tradición un palenque,
una milonga, un punteo,
si es tradición un floreo,
un rancho, un pial, un fogón,
si es tradición un horcón,
un domador, un soguero…
¡Yo opino que el palenquero
honra nuestra tradición!


Versos de El Paisano Mireya

BOYERITO

1
Recién diez años tenía,
fui a trabajar de boyero,
pasaba días enteros
con tres perro’e compañía;
cuantas veces me dormía
apoyado al paraíso,
o montado en el petiso
viejo, bichoco, tobiano,
que por áhi  movía las manos
como  dándome un aviso.
2
Temprano de madrugada
orientado por los perros
o el tañido del cencerro
campeaba la caballada;
las alpargatas mojadas
por la escarcha o el rocío,
aunque tiritando ‘e frío
 pensaba con alegría
que a mi madre llevaría
¡seis pesos!, el sueldo mío.
 3
De esa forma fui creciendo
observando con esmero,
y el trabajo ‘el chacarero
despacio fui comprendiendo,
o mejor dicho, aprendiendo
como esto que detallo:
a empecherar los caballos
pa’ atarlos bien al arado,
¡cuántas veces me han pisado!
Lo que gritaba... lo callo.
 4
Tuve que arar y sembrar,
ayudar en la carneada,
atar bien la choriceada
y colgarlos pa’ secar;
también me tocó ordeñar
luchando con los terneros,
arreglar bien los chiqueros,
batir pa’ hacer la manteca,
dar de comer a las cluecas
y echarle pasto al nochero.
 5
Así se pasó mi infancia
en mis Pagos de Arenales,
entre maizal y trigales
 y del lino la fragancia.
Pa’ todo tuve constancia
y supe andar el camino;
hoy pienso que es mi destino
pasar sin hacer barullo
¡conservando alto el orgullo
de saberme campesino!

Versos de Manuel Rodríguez


PA' UN PAISANO DE VALOR

Disculpe Miguel González
si en una forma atrevida
cuento algo de su vida
y de lo mucho que vale;
espere a que yo iguale
las cuerdas de mi instrumento
y de que suelte al momento
mi voz pura de paisano
para que recorra el llano
enancada en los vientos.

 Fue domador, fue resero
en la costa ‘e Punta Lara
y le broncearon la cara
entre el sol y el pampero;
en los trabajos camperos
ponderiao como el mejor
demostrando gran valor
boleando en campo raso,
y en el cimbrón con el lazo
baquiano y calculador.
  
Si habrá cruzao los bañao
en épocas de creciente
luchando con la corriente
para salvar el ganao;
penurias habrá pasao
en las bravas travesías
poniendo su fe y baquía
para cruzar los arroyos.
Tirando con todo el rollo
supo asentar su valía.

Días felices llegaron,
conoció a su compañera
y a la usanza más campera
en el “Piria” se casaron,
cuando los meses pasaron
llegó la hija primero
-que cuidaron con esmero
en tibio nido ‘e terrón-,
el segundo fue el varón
que le salió bien campero.
  
Cincuenta años  trabajó
con honradez y constancia
y en aquella misma estancia
a jubilarse llegó;
a lo suyo se entregó,
se le agrandaron los callos
tironeando los caballos
cuando formó la tropilla
con la que hizo maravillas
al pisar suelo uruguayo.
  
Hoy que ya ha llegado a viejo
contento de ser abuelo,
pa’l paisano de este suelo
éste gaucho es el espejo.
Mi homenaje acá le dejo
con respeto y emoción,
se me agranda el corazón
-casi del pecho se sale-
gritando: ¡Miguel González,
un puntal de tradición!

Versos de Manuel Rodríguez


                                       

sábado, 14 de enero de 2017

RECORDANDO AL PANGARÉ

1
Tuve un pangaré criollón,
cabos negro’y delgadito,
¡vieran que pingo bonito
desde la frente al garrón!;
lástima tan macacón
y tan diablo sin Jesús,
que, a pesar de su virtú
yo le llamaba “El Macaco”,
porque a parte de bellaco
pa’ la pata era una luz.
2
Por eso con ciencia grata,
cada vez que lo montaba,
despacito le agarraba
con el cabresto las patas;
no crean que son bravatas
lo que a recordarles entro
porque aunque lo ataba adentro,
no le confiaba un instante
mire, al patiar pa’delante
llegaba cerca’el encuentro.
3
Cansao de su sangre altiva
y de sus malas ideas,
le trabajé una manea
pa’ desmaniarlo de arriba;
bueno será que describa
pa’quel que mucho no entiende:
una manea, comprende,
que se trabaja al momento
con dos aujeros y un tiento
y una rosita que prende.
4
Es cierto que fue macaco
pero tenía la virtú
de alcanzar cualquier ñandú
en planizas o alpatacos;
y si habré boliao guanacos,
baguales y chucarones!,
porque con sus intenciones
dándole apena’una tregua,
capaz de correr dos leguas
saltando rama’y zanjones.
5
¿Dónde andarás pangaré?
que casi ya al enfrenar
se lo tuve que entregar
a un tal Santiago Valdes;
hoy, casi casi de a pie,
sin tropilla y sin recao,
con el corazón templao
se consuela mi alma inquieta
recordando algún sotreta
de los tiempo’en que he domao.


Versos de Saúl Huenchul

EN TRANCE FIERO

1
Yo andaba en un redomón
medio macaco y finito
cuando lo escuché al “Chiquito”
que toriaba en un zanjón,
salí medio al galopón
pa’ver lo que había encontrao
pero me quedé parao
cuando distinguí de paso,
que era un jabalí machazo
y de colmillos cruzao.
2
Como nunca fui chambón
pa’ voltiar cualquier padrillo,
pensé que sería sencillo
partirle en dos el melón,
pero me tembló el garrón
cuando se me vino airoso;
quise pelar el bufoso
pero el matungo, macaco,
se enredó en un alpataco
y al suelo fuí tembloroso.
3
En tremenda mescolanza
cuando medio me paraba,
vi que el caballo sangraba
desde el encuentro y la panza
y, al perder la esperanza
de voltiarlo de un balazo,
disparé unos cuantos pasos
pero al mirarme de a pie,
volvía a encararme otra vez
como pa’hacerme pedazos!
4
El perro, tuito sangrao
desde el hocico al cogote,
no le alflojaba al grandote
y parecía duplicao,
y si no he sido achurao
por aquel chancho fierazo,
fue por el perro, amigazo,
porque cuando se venía
al cruce se le prendía
sin miedo a los colmillazos.
5
Entre tantas reculadas
y apurones sin ventaja
me había perder la faja
y una alpargata gastada;
y fue una corajiada
que al saltar una jarilla,
alcancé a pelar el fierro,
¡y haciéndole honor al perro
se lo prendí en las costillas!
6
Como quien siente el amargo
dolor en cuerpo desnudo,
pegó un bufido el cerdudo
y se alejó al trote largo
pero el perro, sin embargo,
lo siguió firme y parejo;
cuando lo hallé allá lejos
en una playa estirado
se había muerto desangrado
por defenderme el pellejo.
7
Allí quedó, pobrecito,
entre tomillos y sampa
por serle fiel y sin trampa
a quien lo crió de chiquito;
en cambio el chancho maldito
herido pero se fue
y tristemente pensé:
¡qué julepe, compañero!
donde casi dejo el cuero
de puro tonto esa vez.


Versos de Saúl Huenchul

domingo, 8 de enero de 2017

SOY

Soy chasquido de facón
-cuando choca en otro acero-
y soy del viento pampero
el violento sacudón;
ansia’e perro cimarrón,
espina de zarza mora,
el filo de la totora,
del ñapindá dura garra;
y la angustia’e la cigarra
que’n la verde fronda llora.

Tucutucal en llanada,
yara oculta en el estero
y del reservao mañero
soy peligro de boliada.
Soy la yapa ramaliada
que en el apuro revienta,
el tizón que no calienta
y sin arder se consume;
soy sin calor ni perfume
yuyo que el pampero avienta.

Soy aquello que más cansa,
soy garúa dentradora,
retobo de boliadora,
media luna de la lanza;
asrisco que no se amansa
ni el progreso lo domina;
soy la emponsoñada espina,
sobra dañina de “aruera”
y esqueleto de tapera
que se agacha en la colina.

Soy de la espuela el crujido,
melladura de cuchiyo
y el lamento del lomillo
al lomo en arco oprimido;
del toldo del vicio, nido,
de la desgracia, guarida;
parada siempre perdida,
taba que el diablo cargó,
cencerro que Dios colgó
a la yegua de la vida!


Versos de Wenceslao Varela

MI PONCHO AUJEREAO

Tengo un poncho avicuñao
que lo llamo “el calamaco”
cuando hace frío lo saco
y me lo tiro a un costao.
Está todito aujereao,
con los flecos carcomidos,
mas yo no lo echo al olvido
y áhi está sobre mi cama,
lo hizo una güelta mi mama
de rato a rato perdido.

Si habré montao orgulloso
con mi poncho en el recao,
cuando anduve enamorao,
allá por mis años mozos.
Cuando era nuevo era hermoso,
en el pago no había igual,
me acuerdo, pa’un carnaval,
la menor de las Traverso
mientras yo le canté un verso,
me le bordó la inicial.

Este asunto de aujereao
a muchos le causa risa
pero a mí, ni una sonrisa
porque sé las que ha pasao.
Cada aujero es un bordao
que en mi vida de campero,
le hicieron lluvias, pamperos
y el filo de algún facón,
cuando en más de una ocasión
me salvó de un entrevero.

Es por eso que lo quiero
a mi poncho “calamaco”,
de mi lado no lo saco,
siempre fue mi compañero.
Y les voy a ser sincero:
¿saben por qué no lo olvido
y áhi lo tengo bien tendido,
adornándome la cama?,
porque lo tejió mi mama
de rato a rato perdido.


Versos de Carlos Ríos