lunes, 15 de octubre de 2018

JUÉ PUCHA! QUE SUERTE TENGO


Si a veces el gusto tengo
de pasarme un rato largo
terciando con el amargo,
pa’ largar no me entretengo…
pero claro, le prevengo
ya que el hecho me divierte,
que esto es plata que se invierte;
y pa’ más claro le digo:
busco pa’l caso un amigo…
¡Jué pucha, que tengo suerte!

Y si aparecen las ganas
de hablar de Patria, de historia,
como hurgar en la memoria
las glorias viejas, lejanas;
tal vez porque peino canas
a ninguno desconcierte!
más si cabe que lo alerte
le aclaro de un solo trazo:
pa’eso tengo un amigazo!
¡Jué pucha, que tengo suerte!

Si acaso quiero dentrar
a charlar de tradiciones,
reuniones en los fogones
o a gauchos entropillar;
tenemos pa’ menudiar
hasta que el día dispierte!
o nos empuje la muerte
y es cierto que no exagero:
pa’eso guardo un aparcero…
¡Jué pucha, que tengo suerte!

Si es que hablamos de amistá,
de sentires familiares,
hallamos temas a mares
como pa’ una eternidá!
Soñando ver la verdá
cualquier opinión se vierte;
como pa’ quedar inerte
se gasta el último aliento;
mi criollazo, es un portento!
¡Jué pucha, que tengo suerte!

Estos y otros pormenores
apegaos a nuestro suelo
se discurren con anhelo
con los principios mejores.
Y quien derrama esas flores?,
el afecto que se vierte?
¿Qué me canta lindo y juerte
como un pájaro en su rama?
Carlos Raúlo Risso se llama…
¡Jué pucha, que tengo suerte!
                                  (21/01/1992)

Versos de Roberto Coppari
                     (1924 / 2007)

domingo, 30 de septiembre de 2018

PONCHOS


Tengo cuatro o cinco ponchos
muy sencillos, muy camperos,
no duermen en un ropero
porque en la huella me emponcho.
Jamás dejé que rechonchos
descansen en una silla,
me recuesto en la gramilla
hasta en los inviernos fríos,
por eso los ponchos míos
preguntan por las polillas.

Como dormí en el recado
en un tiempo muy seguido
amansé ponchos, y hoy cuido
de que estén siempre a mi lado.
Las veces que han faltado
nunca en los inviernos crudos
si en veranos peliagudos
en donde aprieta el calor,
si ando sin poncho, señor,
me siento medio desnudo.

Un bayito veterano
que anida sobre mis hombros,
es poncho que si lo nombro
se me viene hasta las manos.
Tejido de poco grano
ni muy grueso ni muy flaco,
es grupa cuando a un bellaco
que muestre garra le exijo
y según Huenchul me dijo
es de lana de guanaco.

Tengo un pampa colorado
que lo tengo y no lo tengo
pero es mío, les prevengo
que el pampa nació a mi lado.
De cacique, bien plantado
y de cacique araucano,
tejido por sabias manos
que rezan en camarucos,
me lo traje de Temuco
y se lo dejé a un hermano.

Blanco y negro hay otro pampa
y este sí que acá lo tengo;
con el pampa me sostengo
frente a la ley y a la trampa.
Donde yo acampo él acampa,
que de andar es partidario,
y a más del trabajo diario
donde conoce el sudor,
si salgo de payador
me acompaña al escenario.

Un zaino nacido en Cuyo
que mi señora me trajo
y al ser poncho de trabajo
el tenerlo es un orgullo.
Si él es mio, o yo soy suyo
la vida a mi me interroga,
le doy lazo, le doy soga
a las penas que me afligen,
y me conversa su origen
de Peñaloza y Quiroga.

El morito de Margot
Loyola es el que me falta,
yo payaba con Peralta
y Loyola se lo dio.
“-Eduardo, obsequieseló
ya que hasta Chile se vino”.
Lindo gesto repentino
que agradecer siempre sé,
un poncho de Chiloé
que abriga a un gaucho argentino.

Mis ponchos serán herencia
pa’ quienes viven conmigo
y ojalá al darles abrigo
les den calor de querencia.
Se nota menos la ausencia
que siempre suele ser cruel
cuando hay un recuerdo fiel
con que entibiarse las manos,
así el bayo veterano
es para mi hijo Manuel.

El pampa del payador,
es pa’ Luisito nomás,
el zaino para Tomás
por ser poncho superior.
El otro será señor
pa’l más chiquito, Mariano,
ojalá que crezcan sanos,
y en el momento oportuno
sin quedar atrás ninguno
se defiendan como hermanos.

Que sea para Carolina
el morito de Loyola,
hermosa gringa española
que yo encontré en la argentina.
Si mi vida se termina
-cosa que a todos sucede-
me entierren sin poncho, adrede
ligerito de equipaje,
que llevaré en ese viaje
de poncho… el amor de ustedes.

PD
Tengo otro poncho, en trajín
de un tablado a otro tablado,
guarda pampa un “colorado”
obsequio de Marta Suint.
Me siento un espadachín
de las timas al embrujo
de su abrigo, flor de lujo,
regalo de esta colega
del arte de Santos Vega
a quien obsequié un dibujo

Versos de Pablo Díaz

miércoles, 19 de septiembre de 2018

RAMOS GENERALES


Viejo almacén de campaña
reflejo de un tiempo ido,
hoy, ya has desaparecido
y sos una cosa extraña.
Viejo almacén de campaña
tapera de una estación,
te regalo mi emoción
por todo lo que me diste.
Y te digo que cumpliste
con tu muy noble misión.

Tu caja registradora
que era marca “National”,
habrá tirado el total
al llegar su última hora.
Su campanilla cantora
duerme un silencio oxidao.
Ya no se acoda un mamao
en tu mostrador machazo…
Ni hay un resero de paso
comprando un poncho encerao.

Las viejas estanterías
ya no encuentran acomodo.
¡Pensar que tenían de todo!
en otros lejanos días.
De poder, me subiría
a’quel majestuoso tren
que cortaba el terraplén
echando humo en la subida,
y para verte sutida…
trajo cajas del andén.

Hasta vos, llegó el puestero
sin tener una moneda,
y cuanta “Alpargata Rueda”
habrán comprao los bolseros.
Si habrás aguantao ¡mañeros!
con una excusa berreta,
y sin que nadie se meta
a revolverle cajón…
Seguro, que en un rincón
quedó impaga una boleta.

Yo iré imaginariamente
pidiendo “fiao” un recuerdo,
desandando el tiempo lerdo
de un ayer de buena gente,
y cuando diga… ¡presente!
en la puerta de tu casa
se le ha de prender la brasa
al fogón del corazón…
y habrá nostalgia en montón
envuelta en papel de estrasa.

Versos de Darío Lemos

EL VIEJITO SALVADOR


El Viejito Salvador
cuida un campo y anda solo,
picando como el chingolo
por demás madrugador.
Años junta sin temor
como’chenta compañero;
fue pión de estancia, resero;
le quedó de tantas leguas
el tobiano con la yegua
y un perro cruza ovejero.

Abandonó la rosilla,
ni atada al sulky la usa;
pero al tobiano lo tusa,
lo desvasa y desranilla.
El supo tener tropilla
en sus tiempos de muchachos;
aura menos vivaracho,
rondador en la cocina,
pastorea unas gallinas
con unos lechones guachos.

Callao se pasa las horas
cavilando con un mate,
quien sabe qué disparates
de su juventud añora…
hasta parece que llora        
cuando se muerde las uñas,
porque el cuchillo que empuña
‘ta gastadón y no corta.
Al fin a qué circo importa
un tigre que no rasguña.

Se apoya en una muleta
rengueando de la cintura,
pero hace cruces y jura
que soba guasca a maceta.
Alunao, a las gambetas
tiene un rosario infinito
de rezongos y de gritos;
suele pasarse semanas
acurrucao en la cama
a papas y huevos fritos.

Molesto bajo patrón
ni con el cura comulga,
güey solo de pocas pulgas
orejano y ariscón,
ni jubilao ni pensión
sin recibos y por chauchas
antigua manera gaucha
apalabrando contratos
lo dejó como los gatos
al salto por una laucha.

Golondrina y siete oficios
es un criollo dendeveras.
Aura mira, piensa, espera,
aburrido de otros vicios.
En su andar de sacrificios
l’última loma repecha;
al mirarlo se aprovecha
la moraleja sencilla…
“Al sembrar una semilla
de lo mismo se cosecha”.

Versos de Pablo Díaz

PEONA CORAZÓN DE FIERRO


Fuiste reina indiscutida
vieja cocina de leña,
y mi memoria se empeña
en recordarte por vida.
Quizá sucia y carcomida
te encuentres en un rincón
el fuego de tu emoción
hoy, te calienta la plancha…
porque hiciste la pata’ncha
junto a tu hermano el fogón.

Te vi en el campo con brillo
bien reluciente y limpita,
cuando la buena abuelita
te frotó con un ladrillo.
Método simple y sencillo
para que luzcas esbelta
y al calorcito que suelta
la llama en una ramita…
mientras el fuego crepita
se hace un bife vuelta y vuelta.

Si habrás quemado ilusiones
junto a quienes te rodeaban
en años en que escaseaban
los lujos y patacones.
Si habrás escuchao los peones
en las frías madrugadas
y esa, tu almita tiznada
debe aguardar todavía
el eco de una alegría
o una pena trasnochada.

Pa’l tiempo’e las choriceadas
te hicieron rendir a pleno,
de humo se fue el caño lleno
con tren en repechadas.
Y se puso colorada
la chimenea con razón
por tu férreo corazón
se desangró la ceniza…
y tu horno doró con prisa
la torta de chicharrón.

Vieja cocina querida
cuantas cosas que vivimos,
en tiempos que compartimos
aquel pedazo de vida.
La nostalgia dolorida
en un nudo retorcido
pero el tiempo no ha podido
sacarte de mi memoria…
vos, sos un cacho de historia
con gusto a mate cocido.

Versos de Darío Lemos

domingo, 9 de septiembre de 2018

DOMADOR


Domador, que duro oficio
pa’ quien lo quiera ejercer,,
porque además de saber
dominar con sacrificio,
sin admitir ningún vicio
al crudo o al redomón,
él sabrá en cada ocasión
demostrando su pericia
entre rigor y caricia,
decir quién es el patrón.

Los veo de madrugada
mateando junto al fogón
y luego yendo al galpón
a buscar guascas sobadas,
como pa’ hacer amansadas
con potros en el palenque,
y sin mostrar el rebenque
les va sacando cosquillas
por las patas, las costillas,
o por el anca o por la frente.

Cuando el potro se ha entregao
dentran a tratar la boca
y algunos, cuando les toca
colocarles el bocao
lo tironean de montao,
otros los tiran de pie,
poniendo en esto la fe
que al montarlo el primer día,
luego de breve porfía
se entregue sin más porque.

Luego, lo sigue tratando
las mañanas de temprano,
y al mostrarle con la mano
el rebenque, va logrando,
que el potro vaya aflojando
pa’l lao que tiran las riendas,
y pa’ que’sto bien aprenda,
como a parar y arrancar
y el buen galope largar,
todo el campo se hace senda.

Y así siempre en esta lucha
jugándose día a día
en esta dura porfía
aunque su experiencia es mucha,
él bien sabe ¡la gran pucha!
que aquí se juega su honor,
tratando de ser mejor
sin sacar un sancochao,
porque en su alma se ha plantao
¡su orgullo de domador!
                                 (12/11/1994)

Versos de Luis Lorenzo Leglise

jueves, 30 de agosto de 2018

MILONGA PA´L ESQUILADOR


Le canto al esquilador
a máquina o a tijera,
porque de las dos maneras
tienen el mismo valor;
obrero leal, luchador,
que debajo de un tinglao,
a veces en cualquier lao
dentro de un brete o corral,
lo trabaja al animal
para largarlo esquilao.

A galpón o en cualquier planta
que hasta puede ser un tala,
con su pilchaje se instala
poncho, cobijas o mantas,
mientra’escucha como canta
un gallito tempranero,
lo resplandece el lucero
que le anuncia el madrugón
y él va por un cimarrón
junto con su compañero.

Con un saludo matiza
esa linda madrugada
y hay una pava tiznada
que espera entre las cenizas;
busca una rama y la pisa
para quebrarla mejor,
de la llama el resplandor
sale entre troncos y brasas
y el le pone un cacho’e grasa
pa’ que se prienda mejor.

Y el mate de mano en mano
va pasando muy tranquilo,
hay tiempo de mirar filo
porque entuavía es temprano,
los ‘ovejeros’ baquianos
torean a la majada,
y balando alborotada
llama la madre a su cría
y empieza a venir el día
que anuncia nueva jornada.

Versos de Carlos Salvador Luján