miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA BOLSA DE ARPIYERA

El día que te inventaron
naides habrá calculao
todo el uso que te han dao
en las cosas que te usaron.
De nuevita aprovecharon
tu tejido resistente
con un yeno permanente
levantao en la ocasión,
o colgada en el galpón
pa’ la cosecha siguiente.

Tanto coserte la boca
y tirarte las “orejas”
te jueron volviendo vieja
aunque no una cosa tioca.
El calador te provoca
una herida que no cose,
y hacían con vos pa’ las doce
la bandera de avisar,
a la hora de almorzar
pa’ que te vieran con goce…

Yo te usaba en el recao
de carona o sudadera
y hecha cincha chacarera
con un prolijo doblao.
A un bagual recién montao
servís pa’l ojo tapar
y yo te sabía atar
tantas veces a los tientos,
con destintos alimentos
que solían encargar.

Pa’ pelar, en la carniada,
o en la melga, de bandera,
y limpiar la volcadera
anterior a la engrasada.
También te he visto doblada
en el asiento’el arao
en los días que había helao;
y te vide cuando el pión
hacía de vos un colchón
y hasta lo hubieras tapao…!

De improvisao capuchón
pa’ no mojar la moyera
también sirvió la arpiyera
y pa’ tapar el recao.
Yo la vi de cortinao
hasta en una jinetiada
-¡pa’l que no paga la entrada!-;
y en un asao, pa’l pueblero,
vos juiste mantel campero
bien abierta y bien lavada.

Diste calor a mis pies
en los suecos o en las botas
si las medias ‘taban rotas,
y te tiraba después…!
Hoy maduro, ya lo ves,
de mi estirpe chacarera,
una décima surera
con desparejos renglones
resaltó tus condiciones
vieja bolsa de arpiyera…!

En artesano morral
pa’ la avena de un cuadrero
también te usó el chacarero
si no había otro material.
Pa’l moquiyo -que’ra un mal-
se te usa pa’ un ahumao
y de lo que he recordao
es una parte nomás,
porque en muchas cosas más
en el campo se te ha usao.


Versos de Agustín A. López

sábado, 12 de agosto de 2017

EL SURQUI

A más de uno a la partera
en un trote sin aliento
contra la yuvia o el viento
lo yevaste a que naciera.
¡Cuánta gente chacarera
con vos se había trasladao!
en tus viajes al poblao
pa’ buscar los comestibles,
o en los momentos temibles
cuando alguno había enfermao.

A veces en cayejones
ande naides daba un paso
desafiando el barquinazo
por los pozos o güeyones,
zanjas y barro, a montones,
¡la pucha si habrás pasao…!
al cruzar algún bañao
y acaso hasta’lgún arroyo,
y no siempre había un crioyo
que te guardara lavao.

A los bailes nos yevabas
más de la cuenta cargao
y ayí vos, junto a “tu atao”
bajo el rocío esperabas…
Otras veces te aguantabas
en una noche de helada
-cuando alguna trasnochada-
el frío taladrador,
y de tu dueño, el calor
era solo pa’ su amada…

Pocas veces a pintarte
te mandaba el chacarero
porque’n un círculo austero
se tenía que manejar.
Incluso hasta pa’rreglar
te conformaba un remiendo
y ansí seguías recorriendo
de nuestra patria, sus güeyas,
dejando marcao en eyas
lo que’stuve describiendo.


Versos de Agustín Alberto López

jueves, 10 de agosto de 2017

MAIDANA

Jué en una de mi flor. Hasta en los cerros
nacían margaritas coloradas
y quedamos dispersos unos pocos,
con malas armas y ninguna bala.

Entreviero feroz: ¡Vinchas y bolas!
melenas y clineras enredadas,
relámpagos de sables y facones;
divisas rojas y divisas blancas.

Allá sobre la frente del sol bajo,
semejaba una vincha roja franja.
Dejuro había salpicao la orilla
del horizonte azul la sangre gaucha.

Nos traiban derrotaos y de tan cerca,
los gritos nos golpiaban en la espalda,
y nosotros echaos sobre el pescuezo
charquiando los reyunos a rodajas.

Llovía un chaparrón de boliadoras
que acalambraba los matungos maulas;
como trío de yaras cabezonas
se enredaban juriosas a las patas.

Maidana me seguía a un tiro’e lazo
gastándole el resueyo a un criollo pampa,
cuando lo vide cáir, tosiendo sangre
ensartao en las aspas de una lanza.

El caballo cruzó. De puro instinto
lo agarré del cabresto a la pasada,
pa’ llevarle, a lo menos si volvía
la noticia a la viuda y las cacharpas.

Mejor me hubiese güelto sobre el pucho
a vender junto a él, la vida cara
a quebrar el facón contra los sables
pero a morir en ley como Dios manda.

Y lo dejé nomás… Pobre mi amigo…
Amigo de la paz y las patriadas;
amigo de las malas y las güeñas,
y amigo de las güeñas y las malas.

Y espueliando por juera a un duro’e boca
-como adentro el dolor pinchaba mi alma-
me escabullí por fin del chucerío,
como dice el refrán, echao en l’anca.

Se hizo la paz y regresé al ranchito
del que quedo tirao en las quebradas
defendiendo el color de una divisa
vergüenza ponzoñosa de mi raza.

Me acuerdo que me dijo muchas veces
en charlas del fogón o de la carpa:,
“-Si sos amigo y regresas con vida,
cuidame el gurisito si me matan”.

Por eso lo lloré junto con ella.
Igual que un perro le cuidé las casas
y gasté con los suyos los vintenes
que en domas o tropiadas agenciaba.

Y al gurisito, con cariño’e padre,
si se dormía, lo acosté en mi falda
y si lloraba de mimoso que era
le empriesté pa’ juguete mi guitarra.

Pero vino después la “primavera”;
se ajuntaron de a yuntas las bandadas,
y echaron flores, dende los rosales
hasta esos yuyos que a la hacienda matan.

Y un vaho de vida resurgió violento
que en ley pareja la natura implanta,
y ardió el instinto como un juego interno,
que a procrearse las especies manda.

Y ella tenía veintidós abriles…
Eran sus senos como dos torcazas,
tenían sus ojos un mirar profundo,
había en su boca contenidas ansias!

Y, yo me paro, si a degüeyo tocan,
y a veces, antes de copar la banca…
pero si dentran a jugar polleras,
si solo no me paro… no me paran!

Y como me conozco y soy güen gaucho
-antes dejuro, de meter la pata-
junté las pilchas, ensillé mi moro,
y con tristeza le anuncié la marcha.

Pensaba dirme como el hombre limpio,
bien atrás el sombrero, la frente alta!
que potros pa’ montar y chinas lindas,
ni nunca me faltaron ni me faltan.

Le dije: “-Me viá dir por un tiempito,
me han echao en el pago la perrada,
pero cuente lo mesmo con mi ayuda
que, teniendo yo plata, tendrá plata”.

Ñubló sus ojos el cristal del llanto,
bajó la frente de dolor cansada;
como una hermana se abrazó a mi cuello,
y yo la recibí como a una hermana!

Casualidá fatal que ató a mi vida
el ñudo potriador de la desgracia!,
sentí ruido de espuelas, miré afuera;
cuando en la puerta se paró Maidana!...

Nos miró sacudiendo la cabeza.
Tenía en los ojos un mirar de rabia
y se quedó parao como un palenque
sin decirnos siquiera una palabra.

Después, besó al botija que en un banco
como una piedra dormidito estaba
pa’ envolverlo temblando entre los pliegues
rojos y azules de su poncho patria.

Y con él en los brazos montó’e nuevo
y se puso chiquito a la distancia…
Mejor e hubiese güelto aquella tarde
a vender junto a él la vida cara…!!


Versos de Wenceslao Varela

viernes, 4 de agosto de 2017

EL RELATO DE ANASTACIA

Salí temprano a boliar,
aprovechando la fresca
y en cuanto el s’hizo yesca
me decidí a regresar;
nos debíamos cuidar
por algún malón aislao,
y aunque avestruces cortao
vi como yendo de paso,
malicié, que por el mazo,
los habrían corretiao.

Pero al subir una loma
que la yanura resalta       
vi que  mi tropiya falta
y la primer duda asoma.
El “moro pampa” es paloma,
es mi corazón que avanza
procurando en lontananza
hundir la imaginación,
porque sepulta el malón
¡hasta la cerda su lanza!

¡Jamás sentí sobre’l cuero
una sensación tan fiera!
en furibunda carrera
rayo el “moro” en el alero,
por saber me desespero
si a Anastacia la han robao
y entro al rancho ilusionao
con una esperanza cierta:
antes de encontrarla muerta
que se la hubieran yevao.

Al entrar nomás, comprendo
que la pobre sigue viva…
aunque hacia el infierno iba
aqueya infeliz, muriendo.
Por instinto voy corriendo
a buscar tras de un horcón,
donde escuendo un “remigtón”
que se lo gané a un milico
¡apenas por el hocico!
siendo el “moro” redomón.

¡Son pocos!... eso me alienta,
cuantimás, siete -presumo-,
y se podrán hacer humo
si los alza una tormenta.
Mi “moro” ya tenía menta
de guapo en la travesía
y aunque trajinao venía
sé que en él puedo confiar,
lo he podido comprobar
caminando noche y día.

Y ya partí, sin más tregua
que la que el caso precisa;
ellos no van muy de prisa,
me habrán sacao… cinco leguas
vacas, tropiyas y yeguas
les hacen lerdo el andar,
de noche van a’vanzar
¡esa es mi oportunidá!,
Dios… si su ayuda me da
jamás le podré pagar!

El fin de mi travesía
sin ladero ni compadre,
es peliarlos donde cuadre
con la juerza que tenía.
Por mi prienda dejaría
hasta el último laurel…
supe en el momento aquel
que su esperanza es mi suerte
y que mi muerte es su muerte
en las manos del infiel.

Calculé que la manera
pa’ vencerlo al forajido
es sorprenderlo escondido
del lao de la delantera.
Ni sospecharon siquiera
de tan demente epopeya
y casi l’última estreya
vio entre la espesura parda,
¡un lión!, que al salvaje aguarda
agazapao en la hueya.

El relincho de un potriyo
los anuncia a la distancia
y siento el pecho un ansia
que se ciñe en el gatiyo.
Tantié el calce del cuchiyo,
miré al “moro” de reojo
oculto por el abrojo
¡bien estirao!, largo a largo;
ansina podía dejarlo
sin manea ni tramojo.

Noté en aqueya ocasión
que Dios a mi lao estaba
porque’l coraje esplotaba
más y más mi corazón.
La esperanza: ¡el remingtón!,
en la lucha desigual.
Y en el silencio total
solo se escuchan las patas
como arpegiando las matas
en una marcha final.

Apareció el primer bruto
que asoma en el firmamento
viene en punta, y al momento
el indiaje en absoluto.
Cuando el primer pampa enluto
se armó un tremendo regüelo,
yo que estaba contra el suelo
vi como todo se espacia,
y al que yevaba a Anastacia
cuando cerró los pigüelos.

Grité que lo amalcornara
y eya en la cruz, como pudo,
al espueliarlo el clinudo
ayudó a que se boliara.
Ayí perdió la tacuara
y yo, que me hayaba alerta,
al ver que mi gaucha acierta
a escapar en ese trance,
lo mandé pa’ que descanse
ande ninguno despierta.

Se vinieron sobre el pucho
otros tres, al verme solo,
y cayó como chingolo
al que le apagué un cartucho.
Me encaró un fiero matucho
con gritos de estremecer,
pero mi prienda al caer
se levantó con la lanza
pa’ que le entierre en la panza
el odio de esa mujer.

Un bolazo me saqué
que me rozó en el costao
pero al pampa encarnizao
el pingo le manotié,
el fierro desenvainé
en cuanto estuvo en el suelo,
quería terminar el duelo
por si venían los demás
y en dos entradas nomás
se fue gritando pa’l cielo.

Luego, el silencio total
…solo el pulso que galopa,
o alguna balar en la tropa
o el relincho de un bagual.
Cuando un yanto emocional
suelta mi pobre Anastacia
me consume su desgracia
en un abrazo infinito,
mientras le hablo despacito
de su invalorable audacia.

Y después que una oración
el sentir nos entablara
yo le pedí que mirara
la solitaria estensión,
le dije: En esta ocasión
el Señor nos ha’mparao
rejuntemos el ganao,
agarremos la madrina
y vayámonos, mi china;
que’sto quede en el pasao.


Versos de Julio H. Mariano

miércoles, 2 de agosto de 2017

EL PONCHO

Al borde de la abertura
y en las hilachas del fleco
un tono de pasto seco
riza su indócil tiesura;
color de espiga madura
o de lapacho mojado,
olor de campo soleado
y de mañana de lluvia,
estira una gracia rubia
de ruano recién tusado.

Su diversidad ondea
con seguro cumplimiento
entre las alas del viento
o el quite de la pelea;
en el hombro balancea
el descanso de un felino,
tiene rastros de camino
y de trabajo tenaz,
como todo el que es capaz
de acompañar un destino.
  
Simpleza rectangular
sobre la grupa, varía
adorno por gallardía
si se lo sabe llevar;
donaire del galopar
y galanura del paso,
es un seguro retazo
de refugio suficiente
para hacer cama caliente
en medio del campo raso.

No hay prenda que más se quiera
ni que se cuide mejor,
no se toca sin amor
ni se le presta a cualquiera,
como cobija o bandera
sabe ser tierno y ser fuerte,
y compañero de suerte
en el correr de la vida,
debe ser sombra tendida
sobre la paz de la muerte.

Versos de Miguel D. Etchebarne

viernes, 21 de julio de 2017

EN LA CIMBRA

Para Luis Otero. Afectuosamente

 Con el acento más puro
de su varonil garganta,
el gaucho Cirilo canta
de su saber bien seguro.
El verso brota al conjuro
de la pasión que lo inflama;
cuando la atención reclama
de la rueda campesina,
hay unos ojos de china
que lo queman con su llama.

De la guitarra sonora
brota un raudal de armonía,
en la rústica poesía
como el albor de una aurora.
La morocha soñadora
forjadora de ilusión,
vuelca toda su atención
presa de ansia infinita
su albo seno se agita
a impulsos de la emoción.

Hay un ambiente en la sala
de amistosa simpatía,
el canto de su baquía
con entusiasmo hace gala.
La mano, suave, resbala
por el templado cordaje
y a impulsos del oleaje
de su amorosa corriente,
va pintando dulcemente
su triste peregrinaje.

Alza la voz al decir:
“-Cual mariposa sencilla,
en la luz que enfrente brilla
quiero tranquilo morir”.
Entona para advertir,
que su constante desvelo,
lo colmaría el anhelo
de sus cálidos antojos,
de quemarse en esos ojos
para subir hasta el cielo.

Calló la voz del cantor.
La madre de la muchacha,
criolla linda y vivaracha,
dictó un fallo de rigor:
“-Siendo tan grande su amor,
que no es cosa de este suelo,
dele al pensamiento vuelo
-si es que siente capaz-,
venga con el Juez de Paz…
¡De un galope está en el cielo!”

“-Eso es viejo y corcovea!,
-dijo sonriendo el cantor-
aflójeme el maneador
pues mi intención no patea.
Si a su hija la manea
el pial de mi simpatía,
si no encierra la falsía
en el corral de su pecho,
por ese rumbo derecho
la campea el alma mía”.

                                 (04/1945)
Versos de Lino Contrera

sábado, 15 de julio de 2017

TIEMPO DE LLUVIA

El  cielo, ennegrecido
por tupidos nubarrones,
va anunciando chaparrones
con relámpagos seguidos.
Muy cerca se escucha el ruido
de un molino que está abierto
y en ese raro concierto
con la música del viento,
él le sirve de instrumento
y anuncia que está despierto.

Va buscando refugiarse
la hacienda, pa’l lao del monte,
y se ve en el horizonte
que’l agua empieza a largarse.
Queriendo acomodarse
pa’ esperar el temporal,
alguno que otro animal
ya le va poniendo el anca
como si fuera una tranca
para este día infernal.

La peonada en el galpón
está guardando el apero
al ver que ya el aguacero
se largó sin compasión.
Después, prendiendo un fogón
se forma una rueda flor
donde no falta el cantor
que animando ese momento,
pone todo el sentimiento
y canta como el mejor.

En un continuo hamacar
los sauces besan el suelo
y sienten el desconsuelo
de su raíz aflojar.
Pero todo ha de pasar
y tal vez mañana el día
volverá con alegría
de un sol lleno de tibieza,
y hará olvidar la tristeza
del viento y el agua fría.

Versos de Hebert Colombo

                 (Castelli, Bs. As.)

jueves, 13 de julio de 2017

TRANQUERA DE ALAMBRE

1
Ya nadie más te arregló
tranquera vieja de alambre,
cuando un mancarrón con hambre
las varillas te pisó.
Una soga te amarró
contra aquel poste machazo,
y un cuatrero apuradazo
la cortó con el cuchillo;
desde entonces un yuguillo
le daba al palo un abrazo.
2
Por vos la chata cargada
vi salir a rueda muerta.
Cien veces te dejé abierta
y otras tantas mal cerrada.
Y aparto de la manada
de recordaciones viejas
esa vez que con las rejas
del herrero regresé…
por dejarte sin el pie
se salieron las ovejas.
3
Por vos dentro una mañana
la sembradora nuevita
con la pintura fresquita,
cuando la trajo Quintana.
Por vos se jue la alazana
que después volvió con cría…
por vos dentraba y salía
el panadero en su carro;
y si había mucho barro
por un mes no aparecía.
4
En tu palo me afirme
una vez bajo la luna
cuando no tuve fortuna
en un baile al que llegué;
y a gatas te desaté
otra noche medio extraña
en que pude darme maña
para abrirte con trabajo,
cuando el matungo me trajo
medio vandiao en la caña.
5
Cuántas güellas polvorientas
en vos tuvieron final.
Por vos salió aquel mensual
cuando le dieron las cuentas.
Por  vos las yeguas sedientas
dentraban en los veranos
y aquel comprador de granos
que pa’ dentrar te ladiaba
al dirse no te cerraba
pa’ no estropiarse las manos.
6
Por vos pa’ las elecciones
dentraban con los retratos
de todos los candidatos
pa’ conversar con los piones…
y haciéndose los gauchones
se venían de alpargatas…
las que no por ser baratas
sirven pa’ disimular;
es difícil contrariar
las costumbres de las patas.
7
Con la cara satisfecha,
por vos dentro el chacarero,
con el auto aquel primero
cuando pegó esa cosecha.
Parecías más estrecha
cuando salía una tropa;
y mi añoranza galopa
por un día de chaparrón,
cuando te abría algún pión
que había llegao hecho sopa.
8
Por vos los enamoraos
con esperanzas pasaron.
Por vos en el sulki entraron
los novios recién casaos.
A mercachifles cargaos
le diste entrada y salida
y en la última partida
con un perro de cortejo
por vos salió “El Vasco” viejo
cuando se jué de la vida.
9
Llegó el progreso ladino
y vos, que a nadie atajaste,
también dentrar lo dejaste
tranquerita del camino.
Una de madera vino
que con cadenas se aferra,
y con un candao se cierra;
lo que no pasó con vos,
en los tiempos en que Dios
andaba sobre la tierra.
10
Hoy te hago esta humilde rima
tranquera como un consuelo;
yo que te dejé en el suelo
y te pasé por encima.
Ya que el recuerdo me arrima
con el tordillo cansao,
frente a vos me he desmontao,
porque en el alma te llevo,
y quise abrirte de nuevo
para entrar en el pasao.


Versos de Luis Domingo Berho

lunes, 10 de julio de 2017

LO QUE SOY

Yo nada soy, a mi ver,
nada tengo y nada valgo,
más, si ser nada es ser algo,
algo también debo ser;
pero sí, soy el que ayer
en la aurora de su edad,
admiró la realidad
del que ser gaucho sabía,
cuando la patria vivía
en mayor intimidad;

cuando no había entrevero
de costumbres importadas,
que tienen como aplastadas
tradiciones que yo quiero.
Soy el hijo de estanciero,
de aquella estancia primera,
formado en la verdadera
lucha del hombre rural
y aunque hago vida social
canto con ciencia campera.

Yo soy nativo uruguayo
siendo mi madre porteña,
por eso mi “santo y seña”
es “veinticinco de Mayo”;
de frente y no de soslayo
miro a este suelo divino,
defiendo de él lo genuino,
lo tradicional que quiero,
por lo que me juego entero
como el mejor argentino.

Yo sostuve una contienda
con las lluvias y el pampero,
con los solazos de enero,
con la siembra y con la hacienda,
y quiero que se me entienda
que el campo he bien conocido,
que lo conozco florido
como mustio y desolado
que es mi orgullo haberlo andado
y orgullo haberlo vivido.

Yo sé vestir con soltura
traje de campo completo,
y no caigo, por respeto,
disfrazado a la llanura;
brich, campera y montura
jamás me dio por usar,
y no me habrán visto andar
manga corta y escotado,
ni en cabeza, engominado,
porque el campo es profanar.

Yo conozco en general
todo trabajo campero,
se plantar un esquinero
como lidiar un bagual;
pero un detalle total
de lo muy mucho aprendido
sería largo y repetido,
ya que mis composiciones
no son charlas de fogones
sino cosas que he vivido.

No acepto que alguien se atreva
a dudar de lo que digo,
mi conciencia es mi testigo
y lo que escribo es mi prueba;
yo soy el que siempre lleva
verdad y honor como guías
y a esas dos cosas bien mías
mi dignidad va reunida,
que en el cielo de mi vida
lucen cual las “Tres Marías”.

Y dejo así establecido
para ese eterno mañana,
que tengo un alma paisana
y que bien de campo he sido;
que soy cardo florecido
allá en la agreste lomada,
que soy como esa cañada
que corre sin hacer ruido,
porque jamás he tenido
la vanidad por cascada.
Versos de Charrúa

miércoles, 5 de julio de 2017

TEMBLANDO

¡Linda estaba la tarde que la vide
el patio de su rancho acomodando,
y anque guapo pa’ todo me sentía…
no pude hablarla y me quedé temblando!

¡Estaba como nunca la había visto:
vestido livianito de saraza,
con el pelo volcao sobre los hombros:
era una virgen qu’encontré en la casa!

¡Ni ella, ni yo, ninguno dijo nada;
con sus ojazos me siguió quemando…
dejó la escoba que tenía en la mano,
me quiso hablar, y se quedó temblando!

¡Era el recuerdo del amor primero,
amor nacido a nuestra edad temprana,
como esas flores rústicas del campo
que nacen de la noche a la mañana!

¡Amor que estaba oculto en los adobes
de su paterno rancho tan sencillo,
y en la corteza del ombú del patio
escrito con la punta del cuchillo!

Me di güelta pisando dispacito
como quien desconfea de un trampa,
envolviendo recuerdos y emociones
entre las listas de mi poncho pampa.

No sé qué me pasó; monté a caballo
y salí galopiando a riendas sueltas,
con todos los recuerdos y emociones
que’n las listas del poncho saqué’nvueltas.
…………………………………………
¡Linda estaba la tarde la vide
el patio de su rancho acomodando,
la tarde que anque guapo me sentía…
no pude hablarla y me quedé temblando!

Versos de Charrúa

miércoles, 28 de junio de 2017

MIS PINGOS

Aura años en “La Amarilla”
allá por ‘el monte hachao’
yo tuve un entrepelao
que era flor en mi tropilla;
rabicano, testerilla,
medias botas, muy lindón,
de enderezarlo a un fogón
por la apuesta más absurda
¡si era como hachazo’e zurda
dende que jue redomón!

También tuve un colorao
que le llamaba “Reflejo”
hasta en la cancha parejo
largándolo bien pisao;
como una guinda, agamao,
pingo de laya en la Estancia,
añudando a su arrogancia
la guapeza que tenía,
iba en él ande quería
sin preguntar la distancia.

Amansé un bayito overo
hijo’e la yegua madrina,
tiznau la cabeza y clina,
me salió guapo y ligero;
le llamaba el “Ñanducero”
porque en esas correrías
aunque durasen dos días
nunca lo vide aplastao,
y a más de un pingo mentao
le ganó en las pulperías.

Me acuerdo de un malacara,
zarco de uno, acodillao,
y de un rosillo nevao,
de lanciar con la tacuara;
a cualquiera que enfrenara
si me tocaba enlazar,
podía pronto bajar,
atarlo’e la rienda al lazo,
y confiao en el pingazo
correr y desgarretar.

 Y aura, solo, ricordando
los pingos que yo tenía,
es como si una alegría
dentrara en mi alma escarciando;
y después sigo pensando
y tengo que entristecer,
lloro esos años que ayer
jueron gloria en “La Amarilla”,
porque haciendo carretilla
se han alzao pa’ no volver…
Versos de Charrúa

domingo, 25 de junio de 2017

CHAPUCERO

Bueno, m’hijo, escuchemé:
quiero dejarle de herencia
un puñado de experiencia
que en la vida coseché.
Soy su Tata y, creamé,
su amigo y su compañero,
y por lo tanto lo espero
ponga sus cinco sentidos.
Haga honor a mi apellido,
no pase por chapucero.

Si es que le toca enlazar
campo afuera un yeguarizo
dele lazo, que es preciso
más de un tirón evitar.
Tenga cuidao al carnear
porque el matambre no es cuero;
no lo corra al que es ligero
cuando es larga la campaña.
Debe el hombre darse maña,
no pase por chapucero.

Si su afición es domar,
dejé en la tranquera el chucho.
Entregue, si agarra muchos,
pingos mansos, de enlazar.
Si se ofrece jinetear
defienda el unco y el cuero,
hache grande, a lo campero…
cuide m’hijo, su picana:
no quiero que hoy o mañana
pase por un chapucero.

Si cái a’lguna pialada
de convite puerta afuera
pongaseló hasta la pera
de revés con llamaradas;
dele yapa que en la armada
se ve el que no es ventajero,
afírmese en el culero,
largueselé a la retranca,
que castigue con el anca…
No pase por chapucero.

Atienda bien lo que digo:
y respete en sus andanzas,
que el abuso de confianza
será su peor enemigo.
Eso sí, no busque abrigo
ni se me esconda a lo tero;
y si hay que jugarse el cuero
con razón, ni busque cancha:
donde quiera haga pata ancha…
¡No pase por chapucero!


Versos de Julio Secundino Cabezas

sábado, 24 de junio de 2017

MARCAS DEL TIEMPO

Galpón de la estancia vieja
al abrir tu puerta oscura
siento la triste amargura
de una vida que se aleja.
En tu paré se refleja
todo un tiempo amontonau,
la humedá que se ha ganau
te saca el revoque a gatas
y asoman las alpargatas
en barro crudo asentau.

Al mirar hacia un rincón
donde hay manchas de humareda
en donde más de un linyera
le diera vida a un fogón;
tan solo quedó un cajón
comido por las poliyas
con herraduras, variyas,
varios pedazos de fierro
y sin badajo un cencerro
quién sabe de qué tropiya…

Se ha tumbao una nortera
con el máiz amojosao,
una laucha la’aujeriao
pa’ verle un granito afuera;
del viejo arao de mancera
quedó la reja oxidada
y de aquellas choriciadas
tan solo quedan las cañas
donde las telas de arañas
tienen moscas enredadas.

Un catre patas gastadas
que ya no tiene remedio
con la lona desde el medio
al otro extremo rajada.
Sobre dé’l quedó tirada
una revista “El Hogar”,
hay un tarrito a la par
que todavía se conserva
de “Salus”, aqueya yerba
con la que aprendí a matear.

Entre la paré y el techo
el tiempo le dejó un hueco
donde con pastito seco
la ratonera hizo un lecho;
junto a ese nido maltrecho
están colgao los aperos,
resecos y cortao, fieros;
un freno copas de plata
y entre eso aparece a gatas
un par de zuecos tamberos.

Vuelvo a cerrarte la puerta
pa’ echar de nuevo cerrojo,
y una lágrima en los ojos
del letargo me despierta.
Verte así me desconcierta
mi vieja y gaucha guarida,
es que en cada atardecida
más lejos te estoy sintiendo
o será que están cediendo
los horcones de mi vida.


Versos de Enrique Mario Cabrera