jueves, 23 de junio de 2011

JUAN AYALA

A unos ranchos de terrón
que hay en la costa del Tala,
cayó el gaucho Juan Ayala
luciendo su redomón;
y habiendo allí una junción
que sin duda había olfatiao,
iba el gaucho preparao
con su ropa de domingo
y hasta el herraje del pingo
era un sol, por lo lustrao.

En cuanto el mozo se apió,
ató el flete en el palenque,
colgó al facón su rebenque
y pa’l rancho enderezó;
a los dueños saludó
como paisano de trato,
y dispués de andar un rato
empacao por los rincones,
el bastonero Lugones
lo convidó para un “gato”.

Como era allí forastero
para tuito el paisanaje,
al verlo tan sin coraje
lo créiban un chapucero;
y el diantres de bastonero,
con intención muy malina,
le dio de yunta, una china
diablo, como pa’ que Ayala,
maturranguiara en la sala
con la mejor bailarina.

Cuanto rompió el guitarreo,
y el cantor soltó un lamento,
aquel mozo se hiuzo un viento!
¡Qué figuras! ¡Qué floreo!
Me parece que lo veo:
media res pa’ arriba, tieza;
y abajo, ¡qué lijereza
le meniaba á los garrones,
que parecían á ocasiones
jundidos en una pieza!

Sonó un aplauso cerrao
cuanto paró el guitarrero,
y hasta el mesmo bastonero
aplaudía entusiasmao;
La moza que había bailao
se babiaba de orgullosa,
porque sin duda, á la moza
se le arroyó el corazón,
al óir esta rilación
que Ayala dijo á la hermosa:

“-Su ranchito de terrón
con su huerta y su enramada,
sus vaquitas, su majada,
y su perro cimarrón,
Cinto, golilla, facón,
su rabicano y su apero,
su fama de guitarrero,
y aún más, si es poco ofrecer,
da en pago de tu querer
este mozo forastero.”

Se pueden afigurar,
que el que rodó á la dentrada
salió con la res parada,
como diestro en el parar;
El mozo empezó a tayar
como criando coraje,
y se ganó entre el gauchaje.
Hasta arriarse con las bancas,
el amor de las potrancas
y el aprecio del criollaje.
………………………..
Como una deuda sagrada
siempre se debe pagar,
quiero, viejo, hacer constar
en su gaceta mentada
(que es la única encargada
de las cosas del campero),
que entre gauchos de culero
que hay por la costa del Tala,
es el gaucho Juan ayala
más gaucho que asao con cuero!
                                       El Tape
(Al encontrar una versión datada en 09/1899, por lo que la entiendo anterior a la que estaba publicada, es que hago el reemplazo, teniendo ésta el titulo simplificado)

martes, 14 de junio de 2011

MI OSCURO PA' LOS TRES

A ese famoso “Manchao”
y al “Alazán” de Cirilo
les puedo correr tranquilo
lo mismo que al “Colorao.”
Tengo un “Oscuro tapao”
que no tiene sangre ‘e toro,
no lo muenta ningún Floro,
larga con o sin bandera
y en la cancha que usté quiera
corre por plata o por oro.

Con que ya sabe, cuñao,
si le gusta, priendasé,
hagale honor a la fé
que le tiene a su “Manchao”.
Yo ando muy entusiasmao
porque mi “Oscuro” es parejo
conque, a su criterio dejo
la eleción de ese final
y si tiene capital
ponga, y que se haga el cotejo.

Así se sabrá aparcero
de los fletes, el valor,
y siempre será mejor
aquel que llegue primero.
Tengo confianza y espero
fácil alcanzar la meta
pues mi “Oscuro”, aunque ‘maceta’
si lo hago correr por plata
no le hacen boliar la pata
ni lo hacen clavar de jeta.

Sé que su flete “Manchao”
pa’ moverse no es enclenque
y lo corre a dos rebenques
porque es medio retobao.
Pero por anticipao
encomiéndese a Jesús.
Mi “Oscuro” que es una luz
sabe correr como bueno
cuando lo afirmo en el freno
y me echo sobre la cruz.

Y si llega la ocasión
de aceptar el desafío
le jugaré al pingo mío
en priendas, un fortunón,
entre ellas un tirador
recuerdo del finao Tata
todito tapao en plata,
rastra, espuelas y el recao
y hasta un pañuelo bordao
que me regaló mi “Ñata”.

Con respeto a la distancia
será la que se le antoje,
mi “Oscuro” estira y se encoje
a según la circunstancia;
yo vivo en esa confianza
porque nunca me ha fallao
y está tan acostumbrao
a guapear en los finales,
que si corremos ¡no vale
si no le gano cortao!
(7/1945)

domingo, 12 de junio de 2011

EL REDOMÓN

¡Ah, china! Cuando te miro
y se me hincha el redomón
me corcovea el corazón
pa’ besarte en un suspiro,
la esperanza traigo ‘e tiro
y la intención en el lazo,
y como buen ginetazo
a mi pingo escarceador
en el brete de tu amor
lo haré entrar de un rebencazo.

Traigo atada con los tientos
la duda que me has dejao
y por matras del recao
puse tuitos mis tormentos,
de freno los pensamientos
que ni siente el redomón
porque al salir del galpón
con la rapidez de un chumbo
relinchando agarra el rumbo
pa’l rancho de mi ilusión.

Vos, criolla, l’echaste un pial
a tan ariscazo flete
y aunque yo era buen ginete
cái junto con el bagual,
y hoy que vuelvo a tu corral
donde sufrí la pialada
sería injusto, china amada,
que me largués campo ajuera,
así que… abrí la tranquera
pa’ conocer tu invernada.

Ya lo sabés, bien querido,
tratámelo con amor,
que’l pingo es merecedor,
por lo mucho que ha sufrido.
Cuidalo… que está sumiso
y atendeme corazón…
si le quitás la ilusión
de rascarse en tu palenque
pior que espuelas y rebenque
será pa’ mi redomón!...

Versos de J. Luis Comparada

SURESTADA

Que el sol no se deja ver
van quince días, lo menos;
los campos de agua están llenos
de tanto y tanto llover.
El viento, que al parecer
no piensa amenguar su brío,
sigue soplando del río
y hace rodar a empujones
abultados nubarrones
por el espacio sombrío!

Cruzan los patos silbones
en línea, como soldados,
y entre los pastos mojados
mueren de frío los pichones.
En la cocina, unos peones
matean junto al fogón;
otros en blando vellón
dormitan el día entero.
¡Mientras canta el aguacero
en las chapas del galpón!

Nubes negras en tropel
recorren el cielo plomo
y el arroyo hinchando el lomo
ya rebalza su nivel,
a veces un redondel
de azul, amaga su intento;
pero otra vez ese viento
que en su rumbo continúa
¡y vuelve a cuartear garúa
y a entoldar el firmamento!

A un ranchito de terrón
lo socavó la corriente
y apenas pudo la gente
salvarse del aluvión.
Un ternerito mamón
se ahogó pegao al alambre;
la hacienda flaca y con hambre
se refugia en las lomadas,
¡y en el corral, las majadas
son víctimas del calambre!

Haciendo una cruz de sal
tras de una puerta cualquiera,
la gente creyente espera
alejar el temporal.
Pero es en vano; el caudal
colma campos y caminos;
las astas de los molinos
indican lluvia en los vientos,
¡y los batracios contentos
croan en charcos vecinos!

El que dobló el espinazo
sobre el surco en la labranza
ve naufragar su esperanza
y lamenta su fracaso.
Pero hay que esperar; acaso,
mañana sobre el crucero
del pozo, suelte el hornero
su canto de nota agreste;
¡y con chiripá celeste
llegue soplando el pampero!

sábado, 11 de junio de 2011

YO SOY SINFORIANO DÍAZ

Yo soy Sinforiano Díaz
de los milicos de López
del tiempo que en dos galopes
se entraba en las tolderías,
no tengo más garantías
que ser un paisano honrao,
yo nací sobre un recao
en un ranchito de barro
y en la Iglesia de Navarro
dicen que fui bautizao.

Mi padrino fue Gerardo
-un viejo como quebracho-
capataz desde muchacho
en la estanzuela de “El Cardo”,
hijo de Basilio Pardo
que una vez en el bañao
pelió con Rosendo Aldao
frente a frente y mano a mano,
por un potrillo orejano
que Pardo le había marcao.

Mi madre fue Primitiva,
hija de Crecencio Varga
de una decencia tan larga
y pura raza nativa;
la pobre murió cautiva
en la tribu de Painé
de un malón que me salvé
porque don Serapio Herrera,
me levantó en la tranquera
en ancas de un pangaré.

Señores soy Sinforiano,
para lo que ustedes manden,
porque… no quiero que anden
creyéndome un orejano;
de mi prienda y de mi ruano
tengo vista del juzgao,
yo fui chasqui y fui soldao
en las horas de la guerra,
y en la paz de nuestra tierra
soy resero y peón de arao.

VIEJA PAVITA CAMPERA

Vieja pavita campera
a vos te quiero cantar
Dios te quiso acollarar
al mate de mis quimeras.
Antigua y noble aparcera;
desinteresada y leal
fuiste amiga del mensual
y la novia del resero…
Y más de un viejo puestero
te ha sabido valorar.

Calderita compañera
fierro, bronce y aluminio,
te cuidaba como a un niño
aquel viejazo linyera.
Reliquia gaucha que fueras
estandarte en mil patriadas,
y aunque estás muy aboyada
que hasta te baila la tapa,
capaz de darme la yapa
si el agua está bien templada.

Si hasta detrás de las rejas
consolaste los quebrantos,
fuiste testigo del llanto
de un pasao que nos aqueja.
Tu fiel estirpe refleja
(aunque tiznada tu estampa)
que sos símbolo en las pampas
de nuestro suelo genuino…
Sos más criolla que los trinos
de un chingolo en una guampa.

Por eso quiero cantarte…
“vieja pavita campera”
con devoción verdadera
viá estas décimas brindarte.
M’he tentao de calentarte
con leñas del sentimiento,
y aprovechando el momento
de mi agreste inspiración,
te llevo en mi corazón…
Y enancada en mis “seis tientos”.

(Moreno, Pcia. de Bs. As.)

SÉ LO QUE'S

Sé lo que’s ir galopeando
por caminos polvorientos
y sé lo que son los vientos
cuando de frente van dando.
Sé lo que’s el ir arando
llevando el surco derecho,
sé bien lo que’s un repecho
lo mismo que una bajada,
sé lo que’s en la pialada
volcar de revé’ o derecho.

Sé lo que’s en la esquilada
largar sin haber cortao,
sé lo que’s haber andao
deschalando en la juntada.
Sé lo que’s en la tabiada
pisar y copar la banca,
sé lo que’s cuando se enanca
la contra en una baraja,
sé lo que’s sacar ventaja
a la vida, por si se manca.

Sé lo que’s en un arreo
ir a la punta marchando
y sé lo que’s ir trozando
si hay que hacer algún vadeo;
sé lo que’s el cencerreo
que va la huella alegrando,
sé lo que’s andar andar rondando
la tropa en noche serena,
sé lo que’s cuando una pena
al cristiano lo está ahogando.

Sé lo que’s en la emparvada
el manejo de la horquilla,
sé lo que’s hacer gavilla
y el trabajo de enfardada;
sé lo que’s es en la embolsada
coser parejo, orejiar,
y sé lo que’s al pasar
el bolsero pa’ la estiba
calar de abajo y de arriba
pa’ poder clasificar.

Sé lo que’s en la boleada
largar el tiro certero;
lo que’s cimbra, bebedero,
lo que’s laguna o aguada.
Sé lo que’s de madrugada
ensillar junto al galpón,
y aprovecho la ocasión
pa’ decir sin fantasía:
sé lo que’s en tierra mía
“¡la Patria y la Tradición!”

Versos de Rodolfo Nicanor Kruzich

FLOR DE YUYOS

Criolla como un entrevero
de alarido y de tacuara,
te va vendiendo la cara
como a pingo parejero.
Tenés adobao el cuero
con el humo del fogón
y de piedra el corazón
pa’ el rejucilo ‘e las cargas…
¡China de las trenzas largas
y el flequillito pompón!

Con ese mirar bandido
y esa risita zafada
me has enredao la mirada
en el vuelo ‘e tu vestido.
Carne de plumón de nido
aterciopelao y bello
más blanda pa’l atropello
que pucherito de pulpa…
¡Dicen que fue por tu culpa
que lo mataron a Cuello!

Tu vestido de percal
y l’enagua de festón
y ajustao el cinturón
en la hebilla de metal.
Tu mirada es un puñal
cuando el odio l’atormenta
pero cuando estás contenta
sos más sedosa que chaira…
¡Si vas pa’ lo de Moraira
dale recuerdo a Vicenta!

Ni un triste güeso pelao
de tuito lo que fué tuyo,
china pampa flor de yuyo
porque te has desalojao.
Cuando pasás por mi lao,
como lechera sin cría,
brazo a brazo me pondría
contra tu destino perro…
¡Razón tuvo Martín Fierro
pa’ dirse a la toldería!

Vidalita del amor
que te volaste y te juiste,
contrapunteada en un triste
que te compuso un cantor.
Y aura que sin un rencor
vos me abandonás, mi china,
y meditando se inclina
ya mi corazón opreso,
pa’ darte el último beso:
¡La República Argentina!

viernes, 10 de junio de 2011

AL CALOR DEL FOGÓN

He preparao el bayo pa’ la sortija,
Y si Dios no se opone la llevo en fija;
rogá, pues, porque el chuzo no se me empaque
y que al dir a embocarla no le erre el saque…

El domingo te vide venir de misa,
y te juro que cuasi me cái de risa;
porque pensé, mi negra, que a San Antonio,
no le contás las cosas de Celedonio…

La Patrona se güelve puro consejo,
y dice que no hay santo como su viejo;
dame lo que te pido y ya verás
que yo también soy santo como el que más…

Sé que andás a las güenas con Avelino,
y lo tenés al trote como el zorrino…
No pasaré más nunca por tu tranquera,
si me tratás, mi vida, d’esa manera…

por un beso ‘e tu boca yo diez te diera,
y por un beso y medio, la vida entera…
¡ay! quien pudiera, mi alma, ser picaflor,
pa’ vivir empachao de miel de amor!...

Hay mesmo en tu tranquera tal ponzancón,
que se hunde hasta el encuentro mi mancarrón;
y es que ande hay güenas mozas, hay entreveros,
y los pobres matungos son los poceros…

CONSEJOS

(Pa' un gurí)

Antes que tu güelo empriendas,
-ya qu’es chico el pastoreo
pa’l bagual de tu deseo
que te anda pidiendo riendas-
quiero, gurí, que me atiendas
y oigas bien mi habladuría;
sos muy borrego entuavía,
ansina escuchá, ¡canejo!
que ya sabrás por qué un viejo
tiene más luses qu’el día.

Al dentrar de apuntador
a esa carpeta temida,
and’es el naipe, la Vida,
y el Destino el tayador,
aprendé a’brir con valor
los dos ojos pa’ mirar;
pero no te has de olvidar
qu’en ocasiones, ¡pa’ enojo!
cuánto y más abras el ojo
¡más tierra te v’á dentrar!...

Con cautel’and’avansando,
dispasito, pero ‘e fé;
ansina, al mudar un pié,
ya estás el otro afirmando.
Pero, si andás trompesando,
haséte una reculada;
andá p’atrás, que no es nada,
tomá distancia y carcula,
“que cuanto y más se recula
es más juerte la topada”.

El agua más dentradora
es la que cái dispasito.
La gayina, di a granito
come, pero hasta se atora.
Si un asunto se t’empiora,
por no encontrarte “costiao”,
no te hagás el emperrao
y juyile al regoltijo:
que, “cabayo é campo, m’hijo,
no come pasto cortao…”

Disconfiále al esplendor,
buscá la gente sensiya:
“El facón que mucho briya
no es el corta mejor”.
Sé costante y sinchador,
aprovechá tu trabajo.
Y no te olvidés, ¡barajo!
si querés adelantar,
“qu’el juego, pa’ calentar,
debe ir siempre por abajo…”

Uno deb’e rispetar,
pa’ que ansina lo rispeten.
Y pa’ que nunca lo aprieten,
debe saber aflojar.
Al que sea le has de dar
su derecho meresido;
pero, n’olvidés, te pido,
lo que áhura dise mi vos:
“El derecho de la hós,
¡siempre debe ser torsido!...”

Arrancate visi’o maña
de réis, y no te conduelas;
que p’acabar con las telas
hay que matar a l’araña.
Si rumbiás pa’ otra campaña,
andá solo, no en montón.
Y confiá, de corasón,
pa’ correr cualquier albur,
tan solo en la Crus del Sur
y en la crus de tu facón.

No hagás causa con cualquiera;
si te obligan, ráscaté;
más tené priesente qué
“naides se rasca p’ajuera…”
Cuidat’e tuita sonsera,
que pa’ tu bien te lo pido.
Y, como no sós dormido,
has de saber colegir,
lo que te quiere desir
el Viejo Santos Garrido.

(Se ha respetado la grafía del libro “El Agregao” de 1926)

Versos de Guillermo Cuadri
                      (uruguayo)

miércoles, 8 de junio de 2011

EL CUENTO DE APARICIÓN

Una pava renegrida
de veinte mil calentadas
concentró a la paisanada
en dispués de la comida.
Es que’ra cosa sabida
que’n la rueda del fogón
el girar del cimarrón
entre medio encandilao
daba ese clima buscao
pa’ cuentos de aparición.

El más viejo y más ladino
de los que ayí se amucharon
ni en cuanto se acomodaron
tosió imitando al zorrino,
y frenó al yegar un vino
apurándolo a contar
que tan solo el respirar
del ovejero dormido
era l’único sonido
que se oía n’el lugar.

Con una voz muy rascada
de arena por la garganta
como víbora qu’encanta
enganchó a la paisanada:
“mandinga” en el campo andaba
y una mujer con su crío
por los uncos en el río
iba clamándole a Dios
que los rescate a los dos
de las garras del impío.

Centellas y rejusilos
y causes de inundación
despertaban la emoción
yevando a todos en vilo,
y el Viejo manso y tranquilo
pa’ darle magia a su cuento
hacía un poco de espamento
y las cejas levantaba
como tanteando una taba
o afilando un estrumento.

Montando un tordiyo entero
el tal Clemente Luján
ensartaba a ese Satán
con una lanza de acero,
y en una bolsa de cuero
rejuntó los cuajarones
que sin más contemplaciones
los arrojó n’una hoguera
y todo volvió a lo qu’era
antes d’esas maldiciones…

Sin decir que había’cabao
echó mano n’el bolsiyo
y un pucho de cigarriyo
sacó bastante arrugao,
lo prendió para el costao
y esperó como durmido
que’l último se haya ido
pa’ juntar de abajo‘el taco
un boyito de tabaco
que otro pión había perdido.

Versos de Nicolás "Quino" Luna

UNA TROPILLA MAS

De mis tiempos de resero
siempre recuerdo con pena
que allá por la Madalena
tuve mi rancho primero;
sencillito y bien campero
de paja y barro lo alcé,
un lindo cuadro alambré
con aguada y buenos pastos,
y haciendo honor a los bastos
esta tropilla entablé.

A la madrina “tordilla”
la seguía un “rabicano”,
un arisco “porcelano”
y un “alazán gargantilla”,
un “colorao testerilla”,
un “overito fajao”,
un potrillo “ensabanao”,
un “pampa de lomo overo”,
y también un parejero
de pelo “zaino bragao”.

Podía enfrenar a cualquiera
y en un rodeo apartar
con lujo, sin desatar
del rebenque, la azotera;
de enlazar donde quisiera
sin temor a una rodada
y en los tiempos de boliadas
en mi flete como luz
le dentraba a un avestruz
en cualquier atropellada.

martes, 7 de junio de 2011

EL RANCHO DE DON JOSÉ *

El rancho de Don José
tiene la puerta entornada
y el que llega de pasada
escucha un: “Abajesé”,
áhi puede encontrar usté
con un amargo en la mano,
de grueso bigote cano,
igual pelo y ancha frente,
¡a un gaucho!, fiel exponente
de un tiempo no muy lejano.

De bombachas y alpargatas
o botas, según el día,
con paisana cortesía
sonríe de forma grata,
en su rostro se retrata
el gaucho por excelencia,
y tras su rica existencia
por convivir entre criollos
fue recogiendo los rollos
del lazo de la experiencia.

Al punto lo harán pasar
y solícita su esposa,
en forma muy afanosa,
se ha de poner a amasar,
y lo habrán de convidar,
como es su costumbre vieja
con pasteles en bandeja,
con empanadas o asao
y verá el recién llegao
que’s una yunta pareja.

Sabrá que’s un maneador,
que’s un recao con lomillo,
un Potosí, un cojinillo,
una yapa, un arreador,
que’s un pingo escarceador,
o que tipo de bozal
se le pone a tal bagual
y aprenderá por supuesto,
porque se usa el sobrepuesto
y como se hace un pretal.

Oirá de gauchos cantores
las décimas espinelas
o el tin-tin de las espuelas
de criollos zapateadores,
y habrá de saber de autores
de tiempos que ya se han ido,
pero en su rancho querido
por siempre han de perdurar
pues los sabe rescatar
de los pagos del olvido.

En fin, a ese Don José
hoy yo le canté por gusto,
y si pasa por San Justo
a su rancho arrimesé,
podrá comprobar usté
lo cierto de mi verseada,
tendrá su mano estirada
y con ella el corazón,
y verá en tal ocasión
que su puerta, está entornada.

Versos de Alberto Andérica

* Refiere el autor a Don José Yebré y su esposa Doña Kika, yunta criolla de las que casi no hay, a quienes tuve el gusto de tratar disfrutando de su amistad.
Vivía en Isidro Casanova y trabajó hasta su jubilación en el Mercado de Hacienda; tenía una yunta de tobianos, todo los día ensillaba en uno y hacia allá marchaba, con el otro suelto, a la par.

ESTAMPA DE UN DOMADOR

Oigo el tañir de un cencerro
y un relincho contestando,
señal que viene llegando
hombre, tropilla y un perro;
estampa de Martín Fierro
que adorna el verde del llano
es la que tiene el paisano
de mi noble inspiración,
si hasta siento el cimarrón
que me calienta la mano.

El pingo que trae montando
es de un pelaje tostao,
tiene un andar avispao
y pinta le anda sobrando;
lo viene como probando
de la boca y de la rienda,
para que vea el que entienda
que no lo está sancochando,
habrá de sacarlo blando
para trabajar hacienda.

De su maestría hace gala
guiándolo con el rebenque
hacia un robusto palenque
cerquita de un viejo tala;
toca el sombrero en el ala
en un saludo cordial,
acaricia al animal,
desmonta y tras de la grupa
el par de riendas agrupa
y ata en el poste al bagual.

Versos de Atilio Reynoso

lunes, 6 de junio de 2011

TROPILLA ENTABLADA

¡Allí están! ¡Esos son!
Juntos forman la tropilla,
de tal palo tal astilla
morros, crines y garrón;
distingo de tradición
y para más… ¡entablada!
Cualquier cosa, una pavada,
lujos de la Patria mía.
¡Amor de la gauchería
para verla engalanada!

Si parece un espejismo
al verlos así alineaos,
tan lustrosos y tusaos,
tan seguros de si mismo;
que al saltar tanto criollismo
no sé… que me está pasando
que de no hallarme cantando
viendo manso a tanto arisco,
¡de fijo que me pellizco
por temor a estar soñando!

Emoción de rejuntar
capacitao’ yeguarizos
justo en los días precisos
en que se deben domar;
alguno que otro ejemplar
por chambón o por inquina,
hay veces en que no atina
a encajar en su sitial,
¡pero la yegua al final
demuestra porque es madrina!

Es un sueño la tropilla,
que orgullo para su dueño,
puso garra… puso empeño…
puso potros por semilla,
y hoy germina en la gramilla
pelajes en ramillete,
una flor es cada flete…
en sierra, en monte o en pampa,
tal vez la última estampa
que nos queda ¡la gran siete!

El cencerro los convoca
con su cadencia nativa,
eco criollo que reaviva
la llama que nos sofoca;
tañir que la fibra toca
a todo aquel que lo escucha,
¡dolón… dolón! que serrucha
polvareda o cerrazón,
ni nieblas ni chaparrón
lo manean, ¡la gran pucha!

Ya puedo cerrar los ojos
y esta estampa me la llevo,
buscaré un candil de sebo
y esta noche en los rastrojos,
allí con los ojos rojos…
voy a tratar de cantar,
y si me vieran llorar
no ha de ser por el humito:
¡si no morir con un grito
si ya nadie va a entablar!

CORREO DE ESTANCIA

Junto al canto de los gallos
con el fresco matutino
se ve pasar a Angelino
pa’l corral de los caballos,
entre zainos, moros, bayos,
de tordillos toma un par
y áhi nomás comienza’atar
bajo un coposo ucalito
a la yunta, en un carrito,
que hacia el pueblo va a marchar.

Al rato se oye el tañir
de la campana tres veces
y áhi Angelino aparece
ya dispuesto pa’ salir;
del “mayor” va a recibir
la cartera con los vales,
y al tiempo que unos baguales
relinchan por la estensión,
con rumbo a la población
el carro del casco sale.

Y cuando a Cañuelas llega
p’hacer la proveeduría
se va a la panadería
ande las bolsas entrega;
de áhi un trotecito pega,
por Lara se ve cruzar,
las cartas va a retirar
en menos de un santiamén
pa’ dir luego al almacén
y varias cosas llevar.

Ya con la carga completa
-yerba, pan, correspondencia-
por volver a la querencia
cada tordillo se inquieta,
hace marchar los sotretas
a un tranquito firme y sano
hasta lo de Chiarantano
que es la última parada,
lleva el diario a la pasada
y al campo vuelve el paisano.

A pecho de dos tordillos
viene avanzando el carruaje
que después de un largo viaje
llega al campo de Bustillo,
don Paz, con todo su brillo
pone frente al tiempo feo
y aunque es cruel el traqueteo
que le da la Villalonga,
sigue firme, meta y ponga,
con su oficio de correo.

Los “torchos” trotando van
y al llegar al primer puesto
se detiene en lo de Ernesto
y áhi baja una bolsa ‘e pan.
Luego viaje seguirán
por un amplio callejón
llevando en el carretón
los encargues de rutina
destinao’a la cocina,
chalé y administración.

Envuelto en la polvadera
va devorando distancia
hasta llegar a la estancia
en donde Torres lo espera,
y áhi entregar la cartera
que abre el oficinista
y mientras pasa revista
a las cartas que han llegao,
Angelino ha descargao
los pedidos de la lista.

La carne trae al momento
que cortó “El Negro” Giménez,
poco tiempo se entretiene
porque eso lo hace de intento,
nuevamente en el asiento
ya se dispone a seguir,
aún le queda repartir
galleta, mercadería
y algo más que’n la herrería
de pasada va a subir.

Firme las riendas empuña
por el camino “del cinco”,
como pa’ pegar un brinco
los pingos clavan la uña;
Isidro, Cabaña, Acuña
es la meta a continuar
para luego culminar
el trabajo ‘e la mañana
junto al toque de campana
que once y media va a sonar.

Quizás me faltó pintura
pa’ filetear lo pintao
pero el verso que he narrao
encierra una verdá pura;
es la paisana figura
de un hombre bueno, capaz,
y dejo el verso áhi nomás
con un lenguaje sencillo
pa’l correo de Bustillo
mi amigo, Angelino Paz.

domingo, 5 de junio de 2011

EL REBENQUE

En el machazo pasao
que envuelve a nuestra llanura
perdido en la noche oscura
de todo lo ya olvidao,
quedó quien te ha bautizao,
quien te patentó varón,
y en más de una ocasión
te tuvo como defensa:
cuando detrás de una ofensa
relampagueaba un facón.

No es alarde fanfarrón
ni demuestra ser bisoño
quien hace a la lonja un moño
y lo cuelga del facón;
de sentirse en la ocasión
es más cómodo el avío,
decía un amigo mío:
“Si el mozo es capaz y bravo
ha emplear mejor el cabo
si por casual hay un lío”.

Como si fuera de seda
lonja que es bien sobada
en la paleta arraigada
por buena puntada queda;
antes se rompa que ceda
al igual que la manija,
de confeción muy prolija
que del hocico asujeta
¡y al bagual por muy sotreta
como a palenque lo fija!

Lonja que trata a rigor
al potro que corcovea
y en las paletas chasquea
o en las verijas, mejor,
y hace alarde de primor
el que doma y no sancocha
y su habilidá derrocha
aunque de taura resume
¡si hasta jugando, presume,
con el rebenque, a las bochas!

Cuando el grosor desmedido
del cabo, resulta fiero,
le dá el nombre de “talero”
el gauchaje prevenido;
muchas veces le ha servido
al jinetear a un paisano,
para lucirse en el llano:
voltear de un palo tremendo
¡y salir fácil corriendo
con el rebenque en la mano!
                                         (1938)
Versos de Marcelo Altuna

viernes, 3 de junio de 2011

RODOLFO FLORES

Una guitarra encintada,
güen caballo, güen apero,
poca plata en el culero
y mucha dicha soñada.
Alguna china olvidada
entre otros viejos amores
unos cuantos sinsabores,
poquitas sus alegrías,
así era, señora mía,
el gaucho Rodolfo Flores.

De verlo tan sin agüela
las criollas lo maldecían
pero alguna brujería
sabría darle a las mozas
que al volver, las muy donosas
otra vez lo bendecían.

Cuando cáiba a las cuadreras
ya lo rodeaba la gente,
con una vincha en la frente
y otro pañuelo en gorguera
concertaba una carrera
a vaciar los tiradores,
porque en sus tiempos mejores
tenía un zaino de laya,
primero siempre en la raya
los fletes del gaucho Flores.

Pa’ correr dos cuadras libres
ninguno se le igualaba:
él siempre de atrás picaba
el hocico a la paleta
pero áhi nomás su sotreta
como tres cuerpos sacaba.

Pa’nde te juiste aparecero
de mi mocedá bravía?,
si sabrás que mi alegría
se acabó, porque te quiero,
que conservo tu yesquero
y tus lazos potriadores,
y en la sombra ‘e mis dolores
tu yesquero es sombra y luz
para encenderle a tu cruz
mis velas, Rodolfo Flores.
(La presente responde a la versión incluída en "Buenaventura Luna - su vida y su canto", libro homenaje publicado por el Senado de la Nación en 1985)

MI CABALLO PANGARÉ

Se luce en él mi emprendao
cuando me esmero en el tuse
y su pelaje reluce
cuando bien lo he cepillao,
y luciéndome el recao
tranquea de sobrepaso,
si llego al pueblo, en tal caso
en un escarceo arranca,
mientras golpea sobre’l anca
como jugando, mi lazo.

Cuando al boliche del “gringo”
me llego a la tardecita
o cuando voy de visita
a ver mi amada, el domingo,
por largas horas mi pingo
queda en el palenque atao,
y siempre ha soportao
lluvia, calor, viento o frío
y las gotas del rocío
que mojaron el recao.

Las riendas, las cabezadas,
el cabresto y el pegual
al cuerpo del animal
parecen como pintadas,
mis letras están grabadas
sobre del pretal de suela;
y si lo raya mi espuela
un istante y por descuido,
hace con un resoplido
bailotear la pontezuela.

Y cuando a mi se me antoja
tirarlo un poco en la boca
al ver que se lo provoca
hace sonar la coscoja,
y en cuanto la vincha roja
de mi paisana se ve
que abajo el alero de
su rancho me’stá esperando,
¡golpea en el tuse, escarceando,
las riendas, mi pangaré!

Versos de Rubén O. Díaz

jueves, 2 de junio de 2011

CUANDO APRETABA EL GARRÓN

Viejo y querido Entre Ríos
al recordar tus cuchillas,
veo retozar las tropillas
que domé en los pagos míos.
Como gotas de rocío
es mi llanto en la poesía,
al ver tras la lejanía
el hachazo en los quebrachos,
y a mis tiempos de muchacho
machucando las encías.

Perdiéndose en la llanura
del camino un poco lejos,
la estancia es como un espejo
después, vienen las alturas.
La cuchilla y sus pasturas,
saliendo de “Tres Esquinas”,
ande la senda se inclina
muchas veces galopié
en los tiempos que domé
en la estancia “La Argentina”.

También al ser domador
en la estancia “La Victoria”
galopea en mi memoria
un paisano flor y flor.
Vide en él un gran amor
con nobleza de hombre entero,
muy pialador, buen soguero
y al ser pa’l potro capaz,
era un gaucho capataz
Don Rodolfo Pellichero.

¡Si habré rejuntao baquía
con mano firme y serena!
Allá por “La Magdalena”
entre brincos y porfías.
Garrón, fuerza, gallardía,
tirón, tacazo, revuelo.
Allí me dieron los duelos
tantas grandes experiencias,
que por buenas referencias
fui a domar a “San Carmelo”.

En sus corrales están
los recuerdos que amansé;
y los pingos que monté
de poncho y de lazo están.
Pero los años se van
como el agua cristalina;
y hoy ni el monte se imagina
que llevo sobre los hombros,
estos recuerdos que nombro
del pago de “Tres Esquinas”.

DE PASO POR LA LLANURA

Es un espejo el arroyo
que le abre un tajo al potrero
y taloneando un overo
se larga a cruzarlo un criollo;
marca la boca de un hoyo
chiflando el alambrador;
rompe el silencio un cantor
pecho de bronce y badajo,
mientras deja boca abajo
la gramilla, el arador.

Dos nubes medias lobunas
al sol lo van emponchando
y mira al maizal pensando:
“¡Dios quiera que llueva, ahijuna!”;
un gran ventarrón acuna
en el alambre, a un zorzal,
al ancho camino real
le da un chirlo a la pasada
y deja la rastrillada
de blanco polvaderal.

Un toro muy enojao
da unos balidos machazos
y escarba a los manotazos
un pozo medio ovalao;
un corderito asustao
no sabe pa’nde agarrar;
un tero empieza a gritar
al ver una comadreja
y en el lomo de una oveja
un tordo sale a pasear.

De repente parecía
que era una “poya” de luces
la bandada de ñanduces
que por el bajo corría,
y cuando el potro del día
daba el último arrastrón
sin trinos, medio tristón,
de lejos miraba el monte,
que hacía fuego el horizonte
pa’ tomar un cimarrón.

Versos de Gilberto De Goicoechea

A OMAR J. MENVIELLE

(El más criollo de todos los poetas)

Hay en tus rimas de acero
no sé qué extraño coraje,
si pintás al paisanaje
o ahondás en su venero.
Sos humilde y altanero,
persona como no hay dos.
Tu gaucho. Tu eres un dios
de sobria y férrea pintura,
y encuentro en ti más altura
que en los cuadros de Quirós.

La historia de esos Medinas
está de mano machaza
¿Quién es el que no te abraza
por cosas tan peregrinas?
Son tus décimas ladinas
que nadie podrá voltearlas;
el que quiera interpretarlas
ha de ser mucho y muy criollo
o ser Anastasio el Pollo
pa’ poder caracuciarlas.

Yo, que soy toro sufrido
y que busco a los mejores
poetas y payadores,
y a ninguno le he temido,
pero al verte tan erguido,
me dio por pedir socorro,
por disparar a lo zorro
viendo tantas maravillas,
bien trenzadas y sencillas,
tan hijas del mismo chorro.

Adonde quiera que vayas
has de cosechar respeto,
pues tu canto es como un reto
que no conoce murallas;
cantores de todas layas
que quieran sacarte el cuero
si sacás el caronero
dirá tu canto machazo:
“Donde bala este torazo
no bala ningún ternero”.

Este verso no es campero, pero está dedicado a un campero. Lo incluyo porque es una curiosidad, y pienso que sobran los dedos de una mano para contar a los que lo conocen.

miércoles, 1 de junio de 2011

EL RODEO

Desde temprano en la estancia
se oyen sonar los cencerros,
balidos y grito ‘e perros
se escuchan en la distancia
donde pinta la arrogancia
el sol de rojo copete,
donde la hacienda arremete
pa’ pegar la disparada
hasta quedar sujetada
por gritos, ponchos y fletes.

Cuando el rodeo ha parao,
se corta un montón chicuelo,
que le llamamos “siñuelo”
los que hablamos del pasao,
éste debe estar plantao
pa’l lao de que viene el viento
donde salen de un intento
cada res a los bufidos,
porque las sacan prendidos
con la cola como tiento.

Mayordomo o capataz
cuando a rodeo va a entrar
éste siempre ha de llevar
dos paisano por detrás,
los que esperarán nomás
que le apunte con el dedo
los que quedan sin enriedo
que la res quede oriyada
para sacarla calzada
en los encuentros, sin miedo.

A veces solo se escucha
una voz que ha convidao
cuando la sacan calzao
dos caballo’en la marucha,
y el vacuno en esa lucha
se va derecho al “siñuelo”,
como no pisando el suelo
va cortando la gramilla,
porque sintió en las costillas
dos raspones contra el pelo.

Cosas que quedaron viejas
de los campo’ y sus labores,
hoy se ven garrotiadores
que ni el caballo manejan;
de lo nuestro que se aleja,
hombre pa’ campo y hacienda
y sin que nadie se ofenda
yo he visto gauchos de empleo,
entrar de a uno al rodeo
llevando largas las riendas.

Lujo del campo argentino
sacando por el de Uropa,
de campero ni la ropa
usan nuestros campesinos.
Cosas que llevó el destino
y lo nuestro ni se nuembra,
parece que hasta se siembra
naciones con otras voces,
hay quien manda y no conoce
ni al macho, ni cual es hembra.

Versos de Ángel San Esteban

LUNA GAUCHA

La noche viene bufando
y entre el vapor de su aliento,
se ve un rancho ceniciento
y a dos que están “dragoneando”.
El viento pasa escardando
la nube que encuentra guacha,
y en tanto que a la muchacha
él se declara formal,
ella mira el delantal
para buscarle una hilacha.

Entre el color amarillo
de la luz que dá un candil,
están los dos de perfil
haciendo un cambio de anillo.
Ese traspaso sencillo,
ese amor que no se grita,
ni pide a la margarita
que al deshojarla de un sí,
guarda miel de camoatí:
silvestre pero exquisita.

Cuando ya, codo con codo,
preso el amor se quedaba,
la luz del candil mermaba
hasta apagarse del todo.
La luna buscó acomodo
entre una nube barrosa
y al asomarse, curiosa,
volvió a esconderse, perpleja,
porque vio que la pareja
se besaba cariñosa.

MENSUAL DE ESTANCIA

En un catre pobretón
hecho con toda rudeza
y allá, en l’última pieza
que está pegada al galpón,
allí duerme el pobre peón
o sea el mensual de la estancia,
el que se crió en la inorancia
pero al trabajo arremete,
aquel que ensillando el flete
no le teme a la distancia.

En la mañana temprano
poco después que yerbea
a su tropilla rodea
como todo buen paisano,
y levantando una mano
corta un “overo rosao”,
pingo que se ha destacao
por ser de tan buena rienda
en los trabajos de hacienda,
cuando lo ha necesitao.

Ensilla y después espera
salir junto al capataz,
como éste se queda atrás
abre el mensual la tranquera,
después sale campo afuera
juntando una novillada,
porque va a ser revisada
por un fuerte comprador
y temprano, a lo mejor
va a estar allí de pasada.

Después una recorrida
tiene que echarle a un rastrojo,
lleva bien abierto el ojo
con la mirada extendida;
un desperfeto enseguida
él lo descubre al momento
y con cuidao, muy atento,
cruza po’entre la majada
hasta unas vacas echadas
que han buscao el lao del viento.

Y después que ha galopiao
divisando la llanura
vuelve al tranco, no se apura,
trae el “overo” sudao;
conciente que ha trabajao
cumpliendo su obligación
no le gusta que’l patrón
lo vaya a’garrar del pico,
¡fue pioncito desde chico
y aura, sigue siendo peón!

Versos de Juan G. García