sábado, 7 de marzo de 2015

FLOR CRIOLLA

Entre grandes chañarales,
piquillines y brusquillas,
caldenes, jumes, jarillas
y muchos algarrobales.
Donde cantan los zorzales,
las calandrias y el boyero,
donde canta el teru-teru
y otras mil aves canoras,
vive sus últimas horas
el gaucho Braulio Lucero.

Es un rancho pobretón
que sostienen cuatro estacas,
con diez cabezas de vaca
que hacen círculo a un fogón.
Una yerbera, un porrón,
un mate y un asador,
un candil y un maneador
y en un cuerno de venao,
un ñandú recién boleao
con una picana flor.

De puerta un cuero estaqueao,
con el hollejo pa’juera,
sujeto a un marco’e madera
prolijamente cuadrao.
Tras de la puerta colgao,
un mate y un maneador,
un lazo, que es lo mejor
que se conoce en la zona,
se parece a una bordona
delgadito y zumbador.

Una tropilla entablada,
fiel al tin tin del cencerro,
varias ovejas, un perro,
diez chivos y una manada.
Una guitarra empolvada
que tiene en el clavijero
de azul y blanco un letrero,
bordado en cintas muy fina,
que dice: “Juana Molina,
pa’l gaucho Braulio Lucero”.


(según Tonito Rodríguez Villar, lo cantaba Félix Dardo Palorma. Lo cantaba... no que era el autor)

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