lunes, 14 de mayo de 2018

DE CARNIADA

Cayó la primera helada
y es la forma de avisar,
pa’l que quiera faturar,
que’stá en la fecha indicada.
Dentra cáir la paisanada
convocaos, o por istinto;
los cuchiyos en el cinto
guardan los filos sin meyas;
mamajuanas y boteyas
muestran crioyo vino tinto.

Uno de los dos capones
ya cuelga del aparejo,
cayan todos y habla el viejo
que sabe de’stas cuestiones;
larga un par de indicaciones
y se mete en el galpón,
preparaos tiene un cajón
y algunas bolsas de sal
y su mano sin igual
p’hacer mondiola y jamón.

Un grandote forcejea
con el robusto noviyo
y al más ducho pa’l cuchiyo
pa’ otro chancho se lo arrea;
el fogón chisporrotea
con l’agua pa’ las morciyas;
otro está hachando variyas,
y aunque le dicen: “¡Dejalo…!”
al perro ladrón, un palo
le rebolia en las costiyas.

La máquina de picar
a la mesa quedó fija
lista pa’ darle manija
y la choriciada armar.
Lo güeno, hay que separar
lo demás, se va cortando;
el que la tripa va inflando
por áhi rezonga y se queja
que la sal de la madeja
dejó su jeta picando.

Sin pijotiar condimentos
uno le tira de todo
y otro le agrega a su modo
vino y sal sin miramientos;
prueban… y enyenan contentos
pa’ echar alguno al asao;
meten pata, pues clavao
que habrá larga sobremesa…
y dispués el tinto pesa
pa’ trabajar dimasiao.

La ‘tropiya’ hace un parate,
se come y chupa a lo grande
y hasta que el patrón no mande
sigue la ronda del mate;
una yunta da combate
al sueño que lo domina,
varios buscan la letrina
pa’ndar livianos la tarde
y hay uno que ¡Dios lo guarde!...
la gran pucha, cómo empina¡

Versos de Néstor E. Mori

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