viernes, 14 de octubre de 2011

POR UNAS TRENZAS

Campo por medio nacieron,
se criaron a las vistiadas;
de talero se midieron
y unas trenzas que crecieron
dieron noche a la topada.

Patrones de sus destinos,
señores de sus locuras,
algún días esas bravuras
se harían sangre en el camino.

Sobraba un tigre de entrada
y eran dos, los dos iguales:
en el salto, en la topada,
volcando una puñalada
o echando al juego sus riales.

Marcos, de cuerpo delgao,
tejida en mimbre la estampa,
manejaba el cabo ‘e guampa
hasta con el brazo atao.
Naranjero recortao
le daba doble confianza
y en sus vistas una lanza
rota en dos se habi’afilao.

El otro, Crecencio Busto
yevaba vincha en la frente,
y un “marca sol” reluciente
pa’ darse ande quiera un gusto.
Cara de encargue pa’ un susto
cerrando un ojo miraba,
y en carpeta, caña y taba
nunca pasó de lo justo.
………………………………
El rancho ‘e la Mama China
como una garsita blanca
en el borde ‘e la barranca
de frente al zanjón s’empina.
Áhi vive una golondrina
que tiene luto en alas,
la florecida de galas
entre amor de dos reproches,
la que separa día y noche
con un briyo de lus mala.

Eran patrones en celo
cada cual con una aurora;
dos manos pa’ una sonora,
dos alas con igual güelo;
dos caricias en su pelo,
picaflores de una flor,
un coraje y un rencor
turnándose sus halagos,
y eya… jugando en el pago
dos cartas en el amor...

Uno salía, otro entraba
la madrugada ‘el encuentro;
una despedida adentro
y ajuera uno que’speraba;
tiran por eya esa taba
dos tigres enamoraos,
a “marca sol” ponderao
y a filoso cabo ‘e guampa,
que un mozo de fina estampa
va desvistiendo apurao.

Tanto buscarse se hayaron;
jué lo que tenía que ser:
por un amor de mujer
a fierro se despenaron;
ensangretaos se arrastraron
y por destino ‘e la suerte,
apariaos dos crioyos juertes
yegaron, de boca abierta,
y haciendo puesta en la puerta
vieron la liña ‘e la muerte.

Jué en la barranca el entierro:
Marcos, el de fina estampa
se jué con su cabo ‘e guampa
dormido al último encierro;
y acompañao por su fierro:
un “marca sol” reluciente,
iba, de vincha en la frente
Crecencio Busto a la fosa,
mientras la trenza ‘e la moza
se partía en dos ponientes…

Van por tuno en el lucero
sombra y luz a la ranchada,
y se siente la topada
clarita bajo ‘el alero;
yoran chispas los aceros
porque la trenza ha crecido,
y dos tigres malheridos
se apagan en las boquiadas,
hasta que la madrugada
los tapa con el olvido…

Crecencio quedó en La Noche,
y Marcos quedó en El Día,
y eya, en La Tarde caía
rodiada por dos reproches;
y los sosegó a derroches
siempre de trenzas crecidas,
y ayá en las amanecidas
se van topando por eya,
una noche sin estreyas
contra la luz de la vida.

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