domingo, 31 de diciembre de 2017

LO QUE LE PASÓ A UN JINETE

En la estancia “La Entrerriana”
presagiando un sol intenso,
se da al trabajo comienzo
un lunes por la mañana.
Tranquilo Ramón Maidana
se presentó al personal
y al mayordomo Cabral,
le dijo en tonos bajitos
que él reunía los requisitos
que pedían pa’un mensual.

El mayordomo prudente
le tomó en ese momento
los datos más que contento
porque le hacía falta gente.
Le comentó cordialmente:
“-Sabe, que peones no hallo,
ya la orden le detallo
y para evitar demora,
si quiere empezar ahora
vaya ensillando caballo”.

Pidió disculpas Maidana
por desarmarle el esquema
y dijo: “-Si no hay problema
quisiera empezar mañana,
no es que vengo con macanas
es que no traje el recao,
porque ayer en un tostao
en Maciá, saqué el primero,
quedé en lo de un compañero
y hoy de pasada he llegao.”

Don Cabral, muy cabizbajo
le dijo: “-Me compromete,
lamento, pero a un jinete
no puedo darle trabajo.
Será difícil, barajo,
que lo tomen aunque hable,
lo tildan de irresponsable,
me prohíben que lo inscriba,
la orden viene de arriba
y eso sí es inobjetable.

Dicen que es tiempo perdido
que no hay nadie que lo emparde
los lunes en llegar tarde,
estropeado y dolorido.
y al estar amanecido
después de una jineteada,
merma el rinde la peonada
cuando uno acusa dolor
y hay que llevarlo al doctor
porque no sirve pa’ nada”.

Se retiró saludando
y al pasar los eucaliptos,
sin saber, dos horneritos
lo despidieron cantando.
Iba bajito chiflando
y pensaba con razón:
“-¿Qué va a saber un patrón
metido en sus oficinas,
de costumbres argentinas
de patria y de tradición?”

Sintió no hallar en la estancia
ese puesto que anhelaba
porque con eso lograba
volver de nuevo a su infancia.
Hoy ante esa circunstancia
su libertad no somete,
y a sí mismo se promete:
“-Sigo en el pueblo changueando
y los domingos montando
porque he nacido jinete”.

Versos de Liliana Salvat


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