miércoles, 18 de enero de 2017

UNA CARRERA

            -relato-
1
A la estancia “La Ilusión”
pa’lzar un ganao llegamos,
y, ni bien desensillamos,
encendimos un fogón.
Al rato, cayó el patrón
y en el suelo se sentó,
con nosotros amarguió.
Era un hombre campechano,
muy carrerista -el bayano-
según después resultó.
2
Dijo que’ra -el estanciero-
carrerista de afición,
y entró en la conversación
más de un caballo ligero.
Y nos mostró un parejero,
con trompeta y enmantao;
era un pingo “colorao”
de todas partes bonito,
largo de abajo, y finito
que parecía un venao.
3
Le almiramos con razón
aquel precioso animal
que valía un dineral,
y lo entraron pa’ un galpón;
regresamos al fogón
y el hombre quedó, en cuclillas,
contándonos maravillas
hechas por aquel tesoro
y averiguó por un “moro”
que venía en las tropillas.
4
Le contesté que’ra mío.
-“Se le anima au colorao?”
-“Si estuviera levantao
por lo menos, del rocío..”
-“Eu vi pasar, e confio
que’s cabalho liyerón…”
-“Guapea en tiro cortón,
pero pa’ su colorao,
le ha de’star faltando estao,
y a mi cinto un patacón”.
5
-“Si le aflueja o tirador
corremos por los cabalhos…
Esos redomoes balhos
¿no son suyos?” –“Si señor”.
Y atamos el potriador
de una tremenda carrera
que corrió por la frontera,
de'stancias a pulperías,
con plazo de siete días
pa’ bajarles la bandera.
6
Yo, al “moro”, le acomodé
a cuchillos los candao,
y los vasos encebao
varias veces le foguié;
tan pronto lo levanté
a mi dócil parejero,
que, al mirarlo, el estanciero,
como al quinto o sexto día,
dijo… “que no parecía
el cabalho de um tropero…”.
7
Cuando el domingo llegó,
estaba la pulpería
con tanta gente, ese día,
que ni Aparicio reunió.
En mi “moro” llegué yo
ensillao que’ra un primor;
liviano y observador
era un gato pa’orejiar,
muy tranquilo pa’ trotiar,
aunque muy escarciador.
8
A las sendas me acerqué,
saludé a la paisanada,
me apié junto a una enramada
y áhi nomás desensillé.
Me lo tuvo Iyazuiré
pa’ yo templar el garguero;
pasó el otro parejero
con una manta nuevita
y una inscripción parejita
con el nombre de “Pampero”.
9
Al caballo “colorao”
esa ocasión  lo corría
un negrito, que tenía
un gran tatuaje grabao,
el chiripá levantao
con las puntas añudadas,
camisa a franjas rosadas
de rota que daba penas,
y las grandes nazarenas
sobre el pie descalzo atadas.
               …….
10
Cuando a las sendas dentramos
le dije al brasilerillo:
-“¿Dicen que’s como cuchillo,
de cortador, en el vamos?”
-“Nu es certo, mas si largamos
y llega a salir cortau,
no olvide que’s colorau
cabalho muito liyero,
que si de un lau es pampero
pampero es del otro lau”.
11
-“Yo al pampero lo he dejao
hecho polvo en el camino…”,
le dije, al negro ladino,
mirándolo desconfiao.
-“Este verano he ganao
varias carreras de viaje”.
Y el moreno del tatuaje
se acomodó un cinturón
con cinco de munición
pa’emparejarme el quilaje.
               …..
12
La tarde estaba volcada
sobre la inmensa frontera,
uniendo la azul esfera
y la campiña dorada.
Copas, golillas terciadas,
bicharases y bayetas,
como bandadas inquietas
aletiando se posaban,
y las sendas nos mostraban
sus rígidas bayonetas.
13
Brillaban a la pasada,
como espejos siderales,
baticolas y pretales,
estribos y cabezadas.
Ricaza esa “bayanada”,
casi todos hacendaos…
Tanta plata, los recaos
relámpagos encendían,
y las libras relucían
sobre los ponchos listaos.
14
Al verse entre ajena gente,
un paisano pobretón,
si no es temple durón
se achica completamente;
si llegaba un exigente
como a obligarme a jugar,
lo escuchaba sin mirar
y me quedaba callao,
igual que’l toro empacao
escarbando pa’ peliar.
15
Si el diablo hubiera venido
luciendo poncho escarlata,
pa’ pararlo al pago a plata
al diablo me habría vendido;
jugador de talla he sido
y no pierdo la cabeza,
y, aunque con dura entereza
soporté mucha topada,
nunca sentí tan pesada
sobre el alma la pobreza.
16
Huérfano de aparcería
de mi lao ninguno estaba.
Tan solo, me agigantaba
cuando más solo me vía!
Iyazuiré no tenía
ni plata, ni fe, ni nada.
Como muerto la mirada
cuidando el apero mío,
contemplaba aquel gentío
con su gran tristeza aindiada.
17
Yo, ya llevaba jugao
el último bayo ajeno,
madrina, cencerro, freno,
rastra, facón y recao.
-“Hay que ganarle cortao
-le hablaba al moro- a ese gruyo;
jugué lo mío y lo suyo,
y, ande nos bajen la mano,
no se me haga el lerdo, hermano,
qu’he jugao libras de orgullo”.
                ……
18
El negro lo atropellaba,
lo paraba, lo volvía
al tranco, lo detenía,
y a los marcos lo apuntaba.
Allá cuando lo largaba
como al mandao de un pañuelo,
giraba el polvo en el suelo
en un círculo cerrao,
como el gato que le ha errao
un ‘viaje’ a un mosca en vuelo.
19
Pusieron sentenciador,
tercero y abanderao,
y, a medio tiro, apostao,
un sargento de ‘vedor’.
El negro, muy tajiador
quiso hacerse el remolón.
Sobrándole la intención
Le grité, medio arrogante:
-“Te viá largar por delante
p’avergonzar tu patrón…”.
20
Santo remedio!... largamos,
y me le pelé de abajo;
tan provechoso jué el tajo
que’l negro se ahogó en el ‘vamos’.
Allá cuando nos miramos
por sobre la polvadera,
iba como si quisiera
ensartarme con un ojo…
Parecía, el negro, un abrojo
enredao en la clinera.
21
Muy sangrudo el “colorao”
se me empezó a aproximar;
viera el gauchaje gritar
con usura, entusiasmao.
Al cuadril me había llegao
y se corrió hasta el fiador,
pero el “moro”, aguantador
en cien varas, s’estiró
en tal forma, que gritó:
-“Con luz!”, el sentenciador.
                   ….
22
Juí ande estaba Iyazuiré,
me bajé del fatigao,
me apié junto a mi recao
y a ensillarlo comencé;
tranquilo otra vez, monté
y, al tranquito entre’l gentío,
empecé a cobrar lo mío,
más humilde que altanero,
echao pa’tras el sombrero
pero enteramente frío.
23
El dueño del “colorao”
se me acercó, campechano,
me apretó juerte la mano
y me dijo: -“Casteyao
si su moro me ha ganao
de juro jue por meyor,
es cabalho superior
e se me ocurre que nu hay
ni en Brasil ni en Uruguay
quien se le ponga al fiador”.
24
Le pagué con mi habitual
sonrisa, porque escuchaba
a un viejo que me gritaba:
-“Me ha ganau um dineral;
aquí tene su pretal,
aquí tene su facón,
y además este montón
de libras ganó tambén;
han de ser perto de cen,
cóntelas con atensón…”.
25
Otro trajo mi madrina,
y en la maleta campera
volcó plata brasilera
muy brillante y cantarina.
Un mozo de l’argentina
me pagó de güeña fe,
y yo mismo le ayudé
a apartar de otros caballos
los seis redomones bayos
que, siendo ajenos, jugué.
26
Y así, todos los paisanos
me pagaron las paradas
aquella tarde jugadas,
orientales y ‘bayanos’;
pero un tal Yuquita Ramos
un pingo “overo” rayó
y altanero me gritó
como a quererme asustar:
-“Si usté es capaz de aguantar,
al moro le ganó yo!”.
27
-“¿Con ese mal enfrenao?”
-“Con ese padrillo overo,
que no se llama Pampero
pero es muy apamperao”.
El dueño del “colorao”
despacito me codió,
y me dijo: -“Aguánteló,
y patinar se lo hacemos.
Si el domingo le corremos
de su lau me pongo yo”.
28
-“Pa’ correr estoy -le dije-
pero ¿cómo es la cuestión?
Me contestó el ‘fanfarrón’
-“Tiro, plata y fecha… fije”
-“Pues, ya que nada m’exije…
mañana de tardecita,
y dende aquella sierrita
hasta’nde aura tengo el moro…
por quinientas chispas de oro,
en esta senda mesmita”.
29
-“Mañana es mucho apurarse,
-me contestó, más calmao-
si no tienen los montao
ni tiempo de revolcarse!”
La gente empezó a mirarse,
a sonreírse y toser,
y uno dijo: -“Al parecer
no llueve… el viento cambió”.
El gaucho ‘chucho’ arrolló
y ató a los tientos; ayer…
30
-“No, señores -dijo el criollo-.
No afluejo; pido un tiempito.
Ni muerto me hago el chiquito,
ni en las primeras arrollo;
sé que’l moro no es un ‘bollo’
mas le llamo ‘pan comido’.
Y el melenudo Garrido
le gritó al irse: -“Dejalo,
que te vas a cáir del palo
igual que gallo dormido”.
31
Le dije a mi amigo: -“Hermano,
si desenvaino el facón
le juro que’sta ocasión
hago ‘sapo’ algún ‘bayano’;
que Dios me corte la mano
si se me larga a matar;
tal vez de tanto aguantar,
estoy poco aguantador…
vámonós, que a lo mejor
me da el diablo por peliar”.


Versos de Wenceslao Varela

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