sábado, 26 de julio de 2014

POSTAL DE MEDIODÍA

Se ve volver al puestero,
es su montao quien relincha,
viene con algo a la cincha
que pareciera es un cuero,
lo arrima hasta el colgadero,
lo extiende bien desde abajo
y terminando el trabajo
saca la armada que aprieta
dos cuartos y una paleta
que pa’ los perros les trajo.

Con el caballo de tiro
silba y camina despacio,
y la sombra del  “acacio”
a su agobio da un respiro,
suelta el matungo un suspiro
cuando le baja el recao,
le da un baño y queda atao
a la sombra, pues conoce
que’l sol fuerte de las doce
quema el pelo, si ha sudao.

Da vuelta la sudadera,
cincha y cinchón tira encima,
y ya pa’l rancho se arrima
donde anda su compañera,
una mosca en la fiambrera
la está haciendo renegar,
pero lo ha visto llegar
y atareada sin embargo
le ha ensillao el mate amargo
mientras se va a refrescar.

El tirador y el sombrero
cuelga después que se lava,
y con el mate y la pava
se sienta bajo el alero;
del trabajo mañanero
conversa con su señora
que apurada por la hora
va y viene avivando el fuego,
y un costillar de borrego
dentro del horno se dora.      

Se va el calor acentuando,
el viento se hace mezquino
y la rueda del molino
se mueve remoloneando;
anda un moscardón zumbando
en la cumbrera del rancho,
pica la grasa del gancho
una calandria atrevida,
y al pozo de la bebida
se va revolcar un chancho.

Sigue el sol con su rutina,
reina el silencio de a ratos,
y trajina con los platos
la patrona en la cocina;
un colibrí en la glicina
hace un alto y sigue viaje,
aletargando el paraje
calla hasta el monte su orquesta…
y los duendes de la siesta
se hacen dueños del paisaje.
                                            (27/08/09)
Versos de  Pablo L. Gallastegui 

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