martes, 28 de agosto de 2018

DE PANZA EN EL MOSTRADOR



De güelta de una tabeada
donde no me fue muy bien

eché pie en un almacén
que lo encontré de pasada.
Y con la panza afirmada
al borde del mostrador
algo tristón ¡si señor!
por la pérdida sufrida,
dentré a mirar la bebida
con ojo calculador.


Había de tuitas layas
en tamaños y colores,
algunas hasta con flores,
lisas, cuadradas, con rayas,
coloradas, negras, bayas,
y encontré al andar hurgando,
no sé ni cómo ni cuándo,
que algún gurí le aproveche:
una botella de leche
que andaba de contrabando.

Vi botellas empezadas
y otras que andaban tecleando,
una de lejos gritando
su bebida adulterada;
otra con fama ganada
por una existencia honrosa,
algunas sucias, roñosas
y rompiendo la armonía
vi varias estanterías
copadas por las gaseosas.

Carculo que los humanos
forman otra estantería,
porque su mercadería
suele ser de varias manos;
sabido que entre cristianos
los hay burro’, inteligentes,
atentos, indiferentes,
maulas, guapos y embrollones
y no faltan figurones
que son falsos influyentes.

 “-¡Sirva otra güelta pulpero!
tenga mano que’sta es mía,
prepáremé una sangría,
corte un chorizo casero…”
yo bichando el entrevero
y sin llamar la atención,
descubrí allá en un rincón
algo que el hombre celebra:
lleno de güeña ginebra
sereno estaba un porrón.


Versos de Osvaldo Andino Alvarez

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