martes, 10 de junio de 2014

LA VIDA DEL PAISANO

Cuando me vuelvo pa’ ver
los años que he galopiao
me siento tan asombrao
que ni lo puedo creer.
Dispués de tanto correr
me sangran las mataduras,
y al cuet’es que con misturas
desies que cambeé tu suerte
cuando empiezan a dolerte
sin asco, las coyunturas.

Ahijuna! quien me dijiera
que tras tanto trajinar
me diba a deshilachar
como una jerga cualquiera!
Se me jué la primavera,
ya el otoño se me ha juido,
y  aunque almariao y aturdido
los vide dirse con calma,
siento que me duele el alma
al arrimarme al olvido.

Porque’s olvido, patrón,
cuando a un paisano s’entierra
con esos puñao de tierra
que l’echan sobre’l cajón.
M’estoy volviendo maulón
como un sotreta, canejo…!
Como si juera el peyejo
algo que valiese mucho…
Si no vale más que’l pucho
que’stá pitando este viejo.

Yo jui güeno pa’l arreo,
p’hamacarme en redomones,
pa’ meniar los patacones
y hasta pa’ parar rodeo;
jué pa’ mi como un floreo
redomoniar un potriyo,
en las guampas de un noviyo
cerrar silbando la’rmada,
y salir de una topada
a hacha y punta de cuchiyo.

Jamás a la oscuridá
le tuve ni tengo apego,
es mejor que vivir ciego
hundirse en la eternidá.
Pero si la’lversidá
me pone’n esa apretura
jamás podrá la negrura
que yueva dentro de mi,
hacerme olvidar que jui
lial y franco hasta l’artura.

Ah malaya! quien pudiera
desandar lo que se ha’ndao ,
darle güelta a lo pisao
pa’ curar la gusanera.
Pero, qué…! Su polvadera
el viento atrás se dejó,
y lo que’l tiempo barrió
nunca jamás ha volvido
como nunca vuelve al nido
el pájaro que murió.


Versos de Pedro Alejandro Gil

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