viernes, 1 de enero de 2016

DON GOYO BUSCAVIDA

Así paga el diablo a quien bien le sirve

1
A Don Goyo Buscavida
lo conocí por reflejo,
montaba en un “azulejo”
de marca desconocida,
persona muy conocida
entre la gente rural,
imponente, y como tal,
de expresión áspera y terca,
con más güeltas que una tuerca
en el rumbo más lineal.
2
Viejo chismoso, embustero,
curioso como lechuza,
con una mirada abstrusa
y desconfiao como el tero;
imponente, barullero,
siempre andaba bien armao,
y cuando estaba mamao
vociferaba a su antojo,
su lengua era como abrojo
por el tono desbocao.
3
Yo sospecho que Don Goyo,
por su temple crudo y frío
era el alma de un judío
en la persona de un criollo;
y más capaz de un embrollo
que de un sano proceder,
y como mandao a hacer
para las compras al fiao,
pa’dir a pedir prestao
pero nunca devolver.
4
Una ocasión se enfermó
el viejo camandulero,
y Don Zoilo, el curandero,
del todo lo desahució;
susto grande se pegó
cuando el viejo oyó decir
que se estaba por morir,
que casi no tenía cura,
que la madre sepultura
ya lo empezaba a pedir.
5
Hizo esfuerzos de manera
hasta poder postrar sus
rodillas ante Jesús
que estaba en la cabecera;
ante la cruz de madera
Don Goyo se santiguó
y al Cristo le suplicó
que le salvara la vida,
con voz triste y compungida
mil cosas le prometió.
6
-“Dios Santo” que estás en cruz
si me salvás el pellejo,
te regalo mi azulejo
que es ligero como luz;
pondré a tus plantas Jesús,
riendas, rebenque, fiador,
los bastos, el maniador
y las espuelas también;
yo pagaré tanto bien
milagroso salvador.
7
-Me subiré a juntar flores
a la cumbre de la sierra,
buscaré en toda la tierra
capullos de mil colores;
cada año, por tus favores
una procesión te haré
y tras de tu busto iré
por piedritas de arenillas
cinco leguas de rodillas
y descalzo volveré.
8
-Mi poncho, prenda tan fiel,
se lo pondré de golilla
al Santo de la Capilla
que está afuera, en el dintel,
para que en el frío cruel
mi poncho le dé calor;
la rastra y el tirador
los donaré con halago
a la Virgen de mi pago
que está en el altar mayor.
9
Después de una larga estada
Don Goyo se mejoró;
al principio se acordó
de la promesa jurada,
pero resultó que cada
prende que comprometió
después la necesitó
pa’ dir ganándose un cobre:
como el gaucho andaba pobre
echó mano a lo que dio.
10
 Primero pidió permiso
al Cristo crucificao,
después entró sin cuidao
a tomar lo más preciso;
poco a poco el compromiso
perdió la expresión de fe,
y para evitarse que
el Salvador no lo viera,
puso al Cristo de madera
con la cara a la pared.
11
Y cuando Goyo está beodo
-porque es como damajuana-,
por educación cristiana
se llega a acordar de todo,
arrepentido a su modo
dice: -Soy un empeñao,
mi poncho deshilachao
a la Virgen se lo debo
a Cristo se la he trampeao.
12
-Si Cristo -repite el viejo-
está tan necesitao,
para eso tiene el Juzgao,
que me demande, ¡canejo!
Lo güeno es que el azulejo
no tiene certificao,
y como el potro es robao
no podrá llevarlo al cielo;
para mejor que ando en pelo
porque hasta vendí el recao.
13
-Me acusan que ando sin priesa
pa’ cumplir lo prometido,
tampoco Cristo ha cumplido
su ya caduca promesa;
no ha de ser por güeña pieza
cuando lo han crucificao;
Dios me perdone el pecao
-repetía el viejo criollo-
en mi Patria a ningún criollo
por ser güeno lo han clavao.
14
-Con Don Zoilo el curandero
estoy bastante empeñao,
y a Cristo como me ha fiao
le debo parte del cuero;
apuesto que si me muero
al tribunal del pecao
le doy el nombre cambiao
y me salvo con disculpas,
para que pagué las culpas
el alma de otro finao.


Versos de Martín Castro

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