martes, 21 de mayo de 2013

MI GATIAO

Diez años atrás, hermano,
compré un potrillo gatiao
que por fiero y arruinao
nadie daba un solo cobre,
y aunque soy un hombre pobre
con él tengo un gran tesoro
pues vale su peso en oro
por mansito y entendido,
porque hasta los hijos míos
andan prendido’en su lomo.

Cuando yo me acollaré
entuavía era redomón,
y no jué ningún chambón
el hombre que lo amansó,
un guitarrero cantor
que es mi compadre hoy en día,
padrino de la hija mía,
Rubito Sánchez, se llama,
y aunque no es hombre de fama
es criollo de gran valía.

Tres veces anduve mal
y vinieron a comprarlo,
pero solo con mirarlo
en el campo trabajar
nada tengo que envidiar
a ningún otro caballo,
pa’ la sortija es un rayo
lo es también pa’ apadrinar,
y si se ofrece enlazar
…mejor será si me callo.

No es que lo quiera alabar
pero le sigo contando
que es un maestro apartando
y un toro para cinchar;
no se me ha dao por probar
si sirve pa’ ser de pecho
pero seguro es un hecho,
si lo ato sale tirando,
porque nunca trabajando
me ha dejao salir maltrecho.

Estas son algunas cosas
que pienso sobre mi pingo,
mientras lo ensillo un domingo
pa’ ir a’lguna jineteada,
él sabe que no habrá nada
que nos pueda separar,
no hay plata para pagar
la condición que reúne
y el cariño que me une
al flete de mi cantar.

Ya le conté los motivos
que tengo pa’ no venderlo,
y si lo quiere ir sabiendo,
él es mi mejor amigo,
por eso a todos le digo
que en mi rancho ha de morir,
a Dios le voy a pedir
que cuando llegue el momento,
que sea sin sufrimiento
pa’ poderme despedir.

Versos de Soledad Mareco

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