martes, 9 de enero de 2018

ROMANCE DE MI CASTAÑO

Perdió una riña mi gallo,
cuerpió mi ñata ese día,
rumbié pa’ la toldería
y entonces gané un caballo.
A veces me busco y me hallo
en lo negro del destino,
nos fuimos por el camino,
él tranquiando leguas largas
y yo regustando amargas
cositas que deja el vino.

Se hacía larga la huella
el toldo distante estaba
mi caballo se cortaba
y yo iba pensando en ella,
pero la luz de una estrella,
tiene el “castaño” en la frente,
y obligau a ser valiente
se estiró en la noche larga,
llevando la enorme carga
de mis sombras al poniente.

Camino de largo andar
con rumbo a la toldería
ya la ñata no era mía,
ni era mío su cantar
por algo alargó el tranquiar
mi caballito “castaño”,
por algo su desengaño
iba yo manso y rendido
menos triste que su olvido
y menos cruel que su engaño.

Mi agüelo me dio una manta
mi mama me dio un caballo
y n o sé quién, aquel gallo
que ya no riñe ni canta,
el temblor de mi garganta
es cosa de otro querer
que mi taita supo ser
esa luz que agradecida
recuerda toda la vida
el alma de una mujer.

De las cuatro medio abierto,
con una estrella en la frente,
el resuellito caliente,
y el ojo siempre despierto,
hecho al rigor del desierto,
y al calor de mi carona
fibra loca y redomona,
menos pa’ mi, pa’ cualquiera
ni se le dio a la pulpera
ni lo palmió la patrona.

No anduvo en potrero ajeno,
ni sabe lo que es palenque
y al ñudo cargo rebenque
porque se pasa de güeno
lo tuve tascando el freno
por culpa de aquella ñata
y esa es pena que me mata
porque a la par de su engaño
merecía mi “castaño”
un regio apero de plata.

Jamás ganó una carrera,
al menos que sepa yo,
ni tampoco se lució
en la fiesta dominguera
sí en boliada guanaquera
algunas veces se vido
sería porque atrevido
su dueño gaucho sin suerte
quiso pedirle a la muerte
remedios para el olvido.

O supo de las cuadreras
con gloria de griterío
porque siempre a su albedrío
corretiaba campo ajuera,
pero en aquella carrera,
que le propuso mi incierto,
destino por el desierto,
alcanzó las tolderías
mi “castaño” en agonía
y yo en su cruz casi muerto.

Al verlo gacho y rendido
en las sombras del poniente
mi caballito valiente,
me recuerda lo que he sido
relincha al tiempo perdido
añora el lejano estero
pero es fiel y compañero
y amujando las orejas
se queda a sufrir mis viejas
tristezas de montonero.

Cimarrón venido a manso
mi caballito castaño
jue ganando año tras año
mi cariño y su descanso;
hoy es viejo, yo lo alcanzo
cuando aquí en la toldería
intenta otra correría
jinetiau por chango pobre
el indiecito de cobre
que ha pariu la india mía.

Perdió una riña mi gallo,
cuerpió mi ñata ese día,
rumbié pa’ la toldería
y entonces gané un caballo…


Versos de Buenaventura Luna

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