miércoles, 20 de junio de 2012

RECORDANDO EL PASAO


Bajo el ombú corpulento
que’n la pampa se levanta
éste pobre viejo canta
sus cuitas con sentimiento,
pues ya no brinda mi acento
como ayá en mi primavera
cuando en mi rancho, hoy tapera,
mi madre me acariciaba
y a cambio yo le cantaba
alguna endecha campera.

Pobre madre, ¡con qué gozo,
con que inefable ternura
contemplaba mi ventura,
mi juventú, mi alborozo!,
cuando risueño y gozoso
y silbando algún estilo
iba yegando tranquilo
sin pensar y sin engaños,
donde en mis primeros años
jue para mi, dulce asilo.

A ese rancho querido
al que con trabajo rudo
mi padre levantar pudo
y que le sirvió de nido,
allí es donde he conocido
lo dulce que era el tener
una madre a quien querer,
a quien las penas confiar,
y un padre a quien respetar,
a quien hay que obedecer.

Donde mi infancia florida
tranquila se deslizaba,
ayí donde disfrutaba
sin desengaños, la vida,
donde mi madre querida
con una total unción
recitaba una oración
que yo aprendí a repetir,
y cada noche, al dormir,
me daba su bendición.

Hoy nadita me ha quedao,
ya mi madre y mi tapera,
mi infancia y mi primavera
todo, todo ha terminao.
Hoy solo y abandonao,
pobre, viejo y achacoso,
de cuando en cuando retozo
aunque de memoria lerdo,
evocando algún recuerdo
de mi vida cuando mozo.

Mis ilusiones volaron,
¿quién sabe p’ande se jueron?;
mis amores se estinguieron,
mis dichas se evaporaron;
ni tan siquiera dejaron
los años con su mudanza
un desteyo de esperanza
pa’ que se ilumine mi alma…
Y hoy solo veo, con calma,
a mi triste fin que avanza.
                               (anterior a 1923)

Autor Desconocido
(tomado de un cuerdo de Don José Tirado, en el que apuntaba versos mientras cumplía con el servicio militar)

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