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domingo, 26 de agosto de 2012

RICORDANDO

Al aparcero Jacinto Amores
1
Con mil apeyidos suyos
aquí le brindo, Ño Amores,
estas marchitadas flores
que más bien parecen yuyos;
no busque tiernos arruyos
en mis humildes canciones,
que’levo sin pretensiones
y en ellas solo reflejo,
de mi corazón de viejo
amarguras y afliciones
2
Ya soy muy viejo, amigazo,
no valgo lo que he valido,
si lijerón hube sido
hoy no me sacan del paso;
mas, como todo criollazo,
cuando ricuerdo el pasao
lo contemplo despejao
y de luz resplandeciente,
mientras mirando el presente
se me presenta ñublao.
3
“Hoy todo es luz qu’ilumina”
nos dice la estranjerada
maldigo la luz mentada
si pa’ mi, solo es ñeblina;
cuando yo tenía una china,
un rancho y un parejero,
cuando yo tenía un apero
y una guitarra… que hablaba;
¡esa era luz que alumbraba
porque’ra luz de campero!
4
Cuando bajo la ramada
sentao al lao de mi prienda
 (dispués de encerrar l’hacienda
y acorralar la majada),
una décima entonada
con amor puro y sin trampa
iba a conmover la estampa
de mi precioso lucero,
¡esa era luz, aparcero,
porque’ra luz de la pampa!
5
Cuando rodiando un jogón
estábamos los paisanos,
quién cantando unos pampianos,
quién prendido á un cimarrón;
otro pegao á un porrón
como cachorro á la perra,
ó cuando en alguna yerra
se carniaba un orejano,
¡eso si era luz, paisano,
porque’ra luz de mi tierra!
6
O cuando en noche serena
de’sas en que duerme’l viento,
bajo un ombú corpulento
cantaba el gaucho su pena;
cuando su negra melena
se peinaba con acierto,
formando como un concierto
con su estampa y con su flete,
esa era luz ¡la gran siete!
porque’ra luz del desierto.
7
Hoy nos han falsificao,
tuito se hace á maquinaria,
no le queda’l pobre paria
ni el ricuerdo del pasao;
hasta dicen que han sacao
(esto me contó un nación)
una especie de cajón
que guarda la voz humana;
¡y no hay un alma cristiana
que guarde la tradición!
8
La taba nos ha echao “cero”
y el criollo vive á tirones,
no se bailan pericones
ni se come un güen puchero;
ya el paisano no es puestero,
esos tiempos se acabaron,
ranchos y hacienda volaron
lo mesmo que la ilusión,
¡quién sabe que maldición
sobre los gauchos echaron!
9
Solo se vé algún paisano
soportando con pasencia
el rigor y la inclemencia
de su destino inhumano;
que pa’l criollo americano
esta tierra es casa agena,
naides consuela su pena
y es, á mi ver, sin disputa,
lo mesmo que la cicuta
que hasta su olor envenena.
10
Por eso es que’n la ocasión,
aunque lo hago sin estudio,
evoco en este preludio
a la gaucha tradición;
que la civilización,
á media rienda avanzando,
vá, poco a poco, tapando
con el poncho del olvido
y que algún viejo atrevido,
como yo, vá ricordando.
                        Buenos Aires, 1905
Versos de Anacleto Almada