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jueves, 19 de diciembre de 2024

EL SALTO DE LA MAROMA

 De mis tiempos de chicuelo,

recuerdo más de una hazaña

y sobre un potro de maña,

salir montao dende’l suelo;

hacía de vincha, el pañuelo,

como el bagual, coloro,

que puertiando al descampao

dende’l corral palo a pique,

iba el gaucho a lo cacique

castigando al reservao.

 

Me acuerdo, de un ternejal,

que’n un concurso de doma,

se largó de la maroma

sobre’l lomo de un bagual;

que poste, horcón o puntal,

eran lo mesmo pa’l caso;

dos o tres vueltas de lazo

a cierta altura y tirante,

quedaba el hombre colgante

balanceándose en lo raso.

 

Gusto daba la fagina

viendo a los apartadores,

y a los potros cociadores

alborotando la clina;

cuando una yunta ladina,

obedeciendo un mandao

lo trásiban como entubao

paletiando en la reyerta

en dirección a la puerta,

a un lobuno entrecruzao…

 

se dio vuelta, y de un vistsazo,

el que estaba suspendido,

apenas el potro vido

hizo juerza sobre’l lazo,

esperó el encontronazo,

y ni bien le vido el tuz,

como un relámpago’e luz

se rafaló en el sotreta

y a lo gaucho, hecho una horqueta

quedó entre’l lomo y la cruz.

 

La zurda sobre los tuses

y la guacha castigando.,

iba el bagual corcoviando

entre las últimas luces;

por ´áhi, en uno ‘e los cruces

enfilando unos pantanos,

el potro se alzó de manos

y al boliarse quebrantao,

el hombre cayó parao

con la guacha entre las manos.

 

Por áhi se agrandó la rueda

porque otro, a cual más ladino!

de la ramazón de un pino

se colgó como una seda:

era el quilmeño Tejada

que’n el concurso no entró;

pero el hombre demostró

su habilidá en esa doma

al largarse’esa maroma

sobre un zaino que enfilo…

 

Viejo y todo como está,

si alguno apuesta unos pesos,

le largó un paisano de’sos

pa’ mostrar su habilidá;

y aunque lo nieguen acá,

o por allá por la loma,

estas hazañas de doma

yo afirmo como Echenique,

y en corral de palo a pique,

“el salto de la maroma”…


 (bastante anterior al año 1941)


Versos de Bartolomé Rodolfo Aprile

viernes, 24 de junio de 2022

FLOR PORTEÑA

 Sos el perfume rural

mañanero del follaje,

y el muy campero paisaje

mirado desde un brocal;

tendida sobre el tapial,

la madreselva olorosa;

la calandria melodiosa

que rompe al llegar al día

con la inmensa sinfonía

de la pampa misteriosa.

 

Sos el saludo del tero

que del bañao se levanta

cuando resoplando, canta

en las cañas, el pampero,

de mi rancho en el alero

la entretejida glicina,

y allá sobre la colina

cuando la tarde se acuesta,

el canto que a la floresta

da el mirlo y la becasina.

 

Y por el sueño vencida,

la torcaza arrulladora

cuando parece que llora

por alguna pena herida;

luz que alumbrando mi vida,

de mi destino se adueña;

la de sonrisa halagüeña,

que brinda, borrando agravios,

sangre de ceibo en los labios

porque naciste porteña.

 

Sos del mate cimarrón

cuando sediento amargueo,

la semilla del poleo

y la hojita del cedrón;

perfumando la extensión,

la pita y el duraznillo;

y haciendo un lazo sencillo

como pendón alardeando,

la cinta que está jugando

en la crin de mi rosillo.

 Versos de Bartolomé Rodolfo Aprile

 (*) En el Siglo 19 se denominaba porteño

Al habitante de la provincia.

No existía la voz: bonaerense.

miércoles, 7 de febrero de 2018

L'ALBORADA

La sombra como asustada
se escondió entre el pajonal,
esquivándosele  al pial
que le tiró l’alborada;
en un charco reflejada
se miró la última estrella
y al verla plateada y bella
a l’agua de la laguna
parecía que la luna
se estaba bañando en ella.

El lucero’e la mañana
se perdió rumbo al poniente,
y el sol asomó su frente,
roja, ardiente, soberana;
sus vivos tintes de grana
cargó en unos nubarrones:
en los camperos fogones
quedó solo el bracerío
e hinchando su lomo el río
se hundió en unos cañadones.

Volvió el bullicio y asombra
al quebrar con gran derroche
el silencio de la noche
que huyó junto con la sombra;
sobre la mullida alfombra
que se tiende en la llanura,
ha engarzado con figura
el rocío, sus brillantes,
cual lagrimones de amantes
arrancaos por l’amargura.

Es la hora fresca y serena
en que la pena se olvida,
y amamos más a la vida
pues la sentimos más buena.
Y todo nos encadena
a las cosas de este suelo,
alcanzando un gran consuelo
pa’ la mayor aflición:
¡cómo si su bendición
nos la diera el Dios del cielo!

Versos de Bartolomé Rodolfo Aprile

jueves, 27 de noviembre de 2014

MI RANCHITO

Recostao contra una loma
y entre cardales perdidos,
hay un ranchito que es nido
de la más linda aploma;
tomando la cosa a broma
le arrastré el ala, sin ver,
que en la güeya del querer
seguro naides galopa
y menos cuando se topa
con astucia de mujer!

La muchacha me acorrala
con arrumacos y antojos:
y yo me quemo en sus ojos
como cigarro de chala!
Tengo el alma, como tala
pa’ estos enriedos, de dura:
pero su humana dulzura
me ha convertido en malvón,
¡si es pa’ perder la razón
y vean si no, qué pintura!

En sus trenzas se acurruca
la negrura de la noche:
y su estampa es un derroche
de gracia crioya, macuca;
entre sus dientes machuca
sus labios, como una flor;
y ¡cuñao!, ante el temblor
de sus caderas cuando anda
el más chúcaro se ablanda
pidiendo rienda al amor!

Su recuerdo en mi vihuela
se hace queja y sentimiento;
pensando en eya, de intento,
paso mis noche en vela!
El amor clavó su espuela
en mi corazón matrero;
pero esta güelta, aparcero…
en serio las cosa abordo:
¡estoy cansao de ser tordo,
quiero ser, como el hornero!

Versos de Bartolomé R. Aprile

martes, 25 de noviembre de 2014

SOS ANSINA

Sos mi flete “doradiyo”
parejito y bien armao,
los bastos de mi recao
y el filo de mi cuchiyo,
sos el maniador senciyo
y la calandria cantora
sos el rancho de totora
que tengo sobre la loma
y sos la blanca paloma
que arruya al venir l’aurora.

Sos de mi rancho el horcón
de ande cuelga mi vigüela,
sos rodaja de mi espuela
y vaina de mi facón,
sos el crioyo cimarrón
que tomo de madrugada,
sos mi vincha bien bordada
que sujeta mi melena
y sos la blanca azucena
que florece en la enramada.

Sos madrina’e mi tropiya
que cuido con tuito esmero,
sos el pretal de mi apero
y de mi cueyo, goliya;
sos la verdona gramiya,
la flor de la enredadera,
sos del rancho la cumbrera
y del pozo la roldana,
sos el sol que’n la mañana
ilumina la ladera.


Versos de Bartolomé Rodolfo Aprile

sábado, 30 de abril de 2011

ALBORADA

(Fragmento)

Rasgando el brumoso poncho
de una noche sin estrellas,
clareando rastros y huellas
y surcos del campo en flor,
una ancha faja rosilla,
que allá por el este sube,
arrea la última nube
trenzando el primer albor…

Con la luz de la alborada
que colorea el horizonte,
pumas y gatos del monte
ya dejan de matrerear;
relinchan los yeguarizos;
alzan vuelo los caranchos,
y abren las puertas los ranchos
dejando a la luz entrar.

En las cocinas, los peones,
después de un sueñito largo,
se prenden al mate amargo,
al churrasco y al porrón;
y cargadas hasta el tope
tiradas por sus masetas,
salen las viejas carretas
con los cueros, del galpón…

En los postes y alambrados,
en los sauces y los talas,
se va el zorzal en escalas,
y abajo, escarba el tatú;
mientras por entre las zarzas,
se pierden con sus gambetas,
las perdices martinetas
y el perseguido ñandú.

A los gritos del resero,
chirleados por los cuadriles,
vienen novillos cerriles
por el gran camino real;
y bajando a la laguna
siguen al tero en comparsas,
los flamencos y las garzas
que se alzan del fachinal.

De un buey viejo en la osamenta,
que allá quedó entre los fangos,
pellizcan cuervos, chimangos
y los perros en montón;
la yegua llama al potrillo;
mientras los peones mensuales
trabajan en los corrales
imitándolo al patrón.

Versos de Bartolomé Rodolfo Aprile