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lunes, 8 de enero de 2018

EL PEDIDO

Mandemé en nombre, paisano,
de la amistá de nosotros
un par de botas de potro
bien graniaditas a mano.
Bolé a cualquier orejano
cuando salga a las laderas.
Ensebe bien las potreras
y le ajunta los garrones.
Suebran por esas regiones
crudos pa’ engordar bichera.

O bolé algún redomón
de esos cebaos a voltiar;
yo sé que usté es pavo… liar
muy mentao en “el rincón”.
Allá en mis años de pión
cuando pa’dentro tropiaba,
me acuerdo que lo topaba
todas las güeltas domando
cada salao, que de blando
ni las riendas levantaba.

Aunque, usté sabe cueriar
tenga cuidao al sacarlas
y especialmente al lonjiarlas,
no me las vaya a cortar.
Las quiero pa’ zapatiar
con mis espuelas de plata,
y aunque pueda creer que a gatas
me asujeto en los garrones,
sepa que en los pericones
me baja el alma a las patas.

Póngaselas con rocío
que usté que es medio patón,
les va a amueldar el garrón
a lo justo pa’l pie mío.
En su sabencia confío,
gaucho prolijo lo sé…
las punteras cuesalé
con un pespunte oriental,
no les deje delantal
que estribo con todo el pie.

Nos le haga de botón
las guasquillas de jareta
porque mis dedos macetas
no sirven pa’ un apurón.
Me gustan más de corrión
pa’l hombre que anda en baguales…
aunque no es muy de orientales
son fácil de desatar:
ñudo pampa de acortar
dos tientos en los ojales.

Pa’ estreno les voy a atar
mis enormes nazarenas
con cabresto de cadena
alzaprima de ajustar,
un crudo voy a ensillar
pa’ lucirlas si él me deja,
tengo la costumbre vieja
que cuando voy jinetiando
corro la pata espueliando
hasta el tronco de la oreja.

Cuando me las traiga vamos
a asar un buen costillar,
chupando sin apurar
pa’ ver si no nos mamamos
porque, si a hablar empezamos
de yerras y jinetiadas,
pericones y payadas
y estancias que conocemos,
de siguro que tendremos
el chifle a las testeriadas.

Y, además será un orgullo
pa’ mi rancho de terrón
lucir en algún rincón
tan lindo ricuerdo suyo,
rancho, que oculto entre’l yuyo
se agacha en la soledá
pero el que trae amistá
halla siempre en su interior:
churrasco, cristiano amor
y gaucha sinceridá!


Versos de Wenceslao Varela

jueves, 10 de agosto de 2017

MAIDANA

Jué en una de mi flor. Hasta en los cerros
nacían margaritas coloradas
y quedamos dispersos unos pocos,
con malas armas y ninguna bala.

Entreviero feroz: ¡Vinchas y bolas!
melenas y clineras enredadas,
relámpagos de sables y facones;
divisas rojas y divisas blancas.

Allá sobre la frente del sol bajo,
semejaba una vincha roja franja.
Dejuro había salpicao la orilla
del horizonte azul la sangre gaucha.

Nos traiban derrotaos y de tan cerca,
los gritos nos golpiaban en la espalda,
y nosotros echaos sobre el pescuezo
charquiando los reyunos a rodajas.

Llovía un chaparrón de boliadoras
que acalambraba los matungos maulas;
como trío de yaras cabezonas
se enredaban juriosas a las patas.

Maidana me seguía a un tiro’e lazo
gastándole el resueyo a un criollo pampa,
cuando lo vide cáir, tosiendo sangre
ensartao en las aspas de una lanza.

El caballo cruzó. De puro instinto
lo agarré del cabresto a la pasada,
pa’ llevarle, a lo menos si volvía
la noticia a la viuda y las cacharpas.

Mejor me hubiese güelto sobre el pucho
a vender junto a él, la vida cara
a quebrar el facón contra los sables
pero a morir en ley como Dios manda.

Y lo dejé nomás… Pobre mi amigo…
Amigo de la paz y las patriadas;
amigo de las malas y las güeñas,
y amigo de las güeñas y las malas.

Y espueliando por juera a un duro’e boca
-como adentro el dolor pinchaba mi alma-
me escabullí por fin del chucerío,
como dice el refrán, echao en l’anca.

Se hizo la paz y regresé al ranchito
del que quedo tirao en las quebradas
defendiendo el color de una divisa
vergüenza ponzoñosa de mi raza.

Me acuerdo que me dijo muchas veces
en charlas del fogón o de la carpa:,
“-Si sos amigo y regresas con vida,
cuidame el gurisito si me matan”.

Por eso lo lloré junto con ella.
Igual que un perro le cuidé las casas
y gasté con los suyos los vintenes
que en domas o tropiadas agenciaba.

Y al gurisito, con cariño’e padre,
si se dormía, lo acosté en mi falda
y si lloraba de mimoso que era
le empriesté pa’ juguete mi guitarra.

Pero vino después la “primavera”;
se ajuntaron de a yuntas las bandadas,
y echaron flores, dende los rosales
hasta esos yuyos que a la hacienda matan.

Y un vaho de vida resurgió violento
que en ley pareja la natura implanta,
y ardió el instinto como un juego interno,
que a procrearse las especies manda.

Y ella tenía veintidós abriles…
Eran sus senos como dos torcazas,
tenían sus ojos un mirar profundo,
había en su boca contenidas ansias!

Y, yo me paro, si a degüeyo tocan,
y a veces, antes de copar la banca…
pero si dentran a jugar polleras,
si solo no me paro… no me paran!

Y como me conozco y soy güen gaucho
-antes dejuro, de meter la pata-
junté las pilchas, ensillé mi moro,
y con tristeza le anuncié la marcha.

Pensaba dirme como el hombre limpio,
bien atrás el sombrero, la frente alta!
que potros pa’ montar y chinas lindas,
ni nunca me faltaron ni me faltan.

Le dije: “-Me viá dir por un tiempito,
me han echao en el pago la perrada,
pero cuente lo mesmo con mi ayuda
que, teniendo yo plata, tendrá plata”.

Ñubló sus ojos el cristal del llanto,
bajó la frente de dolor cansada;
como una hermana se abrazó a mi cuello,
y yo la recibí como a una hermana!

Casualidá fatal que ató a mi vida
el ñudo potriador de la desgracia!,
sentí ruido de espuelas, miré afuera;
cuando en la puerta se paró Maidana!...

Nos miró sacudiendo la cabeza.
Tenía en los ojos un mirar de rabia
y se quedó parao como un palenque
sin decirnos siquiera una palabra.

Después, besó al botija que en un banco
como una piedra dormidito estaba
pa’ envolverlo temblando entre los pliegues
rojos y azules de su poncho patria.

Y con él en los brazos montó’e nuevo
y se puso chiquito a la distancia…
Mejor e hubiese güelto aquella tarde
a vender junto a él la vida cara…!!


Versos de Wenceslao Varela

miércoles, 31 de mayo de 2017

DÉJENMÉN EN TIERRA

A mí no me recen
endispués de muerto.
en hacer gauchadas
gasten ese tiempo.
No quiero que el alma
me abandone el cuerpo…
Anduve la vida
por caminos güenos,
resignao y manso,
priestando mi apero,
priestando mi poncho
mi moro y mi techo,
que’s, al fin de cuentas
lo poco que tengo,
ganao con trabajo
y en míseros sueldos.
El cuchillo sólo
lo usé de tropero
hachando algún gajo
pa’ priender el juego.
Pa’ cortar alambre,
ni a Dios se lo empriesto;
corto una estribera
si un bagual mañero
arrastra algún gaucho
del estribo’e fierro.
En peliar? Mil veces
lo empeño primero.

Es pa’ mi lo mesmo
un blanco que un negro,
y en las religiones,
por denguna dentro
porque en todas ellas
encontré lo mesmo.
A mí que no me recen
porque tengo miedo
que los oraciones
me lleven al cielo
ande -dice- han ido
tantos que no quiero
ni en la mesma gloria
toparlos de nuevo.
Pasaron en vano
la vida, y mintiendo,
negándole al niño
el pan y los sueños;
matando a miseria
puebluchos enteros,
y haciendo de muchos
que sirven pa’ ejemplo
con sus injusticias
jaguares y perros.
Si es, que esos mandingas
han subido al cielo
empujaos de abajo
por misas y rezos
porque se achicaron
y se arrepintieron;
o porque donaron
pa’ salvar el cuero
a la Santa Iglesia
los robos que hicieron;
déjenmén en tierra
por si acaso es cierto.
A mí no me recen
que me voy contento
déjenmén el alma
pegadita al cuerpo…
Pero eso sí, hermanos:
que me entierren quiero
al pie de algún árbol
-cualquiera es lo mesmo-
déjenmén pagarle,
algo por lo menos
a la madre tierra
que tanto le debo.
Subiré a la savia…
brotaré en renuevos,
me abriré en las flores
de pétalos frescos,
ofreciendo el netar
al dardo mielero…
Maduro en semillas
nutriré polluelos…
cantaré en sus picos,
volaré con ellos…
A mí no me recen
que me encanta el suelo;
quiero ver la luna
que inspiró mis versos,
andar por los riachos
corriendo, corriendo…
Oír la guitarra
errante del viento,
aliviar las hondas
tristezas del muerto
extraño y profundo
dolor del silencio.


Versos de Wenceslao Varela

miércoles, 26 de abril de 2017

FIDEL

Jué una noche clara, de luna en menguante
de un junio tan frío, que helándome está;
como una golilla, blanquiaba la helada
tendida a lo largo del Arerunguá.

No sé si “mandinga” andaba esa noche,
lo cierto es que, ¡diande poderme dormir!
Ojalá me hubiera dormido del todo.
Me duele entuavía lo qu’he hecho sufrir.

Me tiré del catre, con cierto fastidio
al sentir los perros, a gente ladrar,
y vide, en la sombra, de un cerco de talas
que al galpón un hombre pretendía entrar.

Me crucé el de apala, me engolví la faja,
más bien por costumbre, manotié el facón
y me juí agachando por atrás de un brete
con la certidumbre que juera un ladrón.

Lo vide clarito! Jué al gancho’e la carne,
no encontrando nada, por casualidá.
¡Era un mozo güeno como el pan bendito;
mire hasta ande llega la necesidá!

Yo lo conocía, era un gran amigo,
pude comprobarlo, pues más de una vez,
cuando de Entre Ríos tráibamos baguales
de distintas formas probé su honradez.

Pero allá en su choza tenía seis gurises
que, dende esa noche, huérfanos están
y qué no hace un padre que quiera a sus hijos
si llorando de hambre le reclaman pan.

Y en el rancho pobre de rotas paredes
temblando de frío la infeliz mujer,
con cuentos de brujas calmaría los hijos,
esperando a su hombre pa’ hacer de comer.

Como iba diciendo: traté de ocultarme,
pero en ese instante salía del galpón
y dejuro, al verme, de golpe y zumbido
le causó, quien sabe que fiera impresión.

Sorprendido el pobre perdió los estribos,
desnudó la daga y me atropelló!
El frío’e la helada que esmaltaba el campo
lo sentí en mi cuerpo, esa noche yo.

Talvez de vergüenza no alzaba la vista;
yo alcancé a gritarle: “¡Respete Fidel,
no me comprometa!, ¡piense en sus gurises!”.
Pero estaba ciego el cristiano aquel.

Nunca vi una daga más cerca’e mis ojos
como un rejucilo brillaba al pasar!
Le ladiaba el bulto, y en la mesma panza
como fría culebra la sentía rozar.

Perdí las chancletas, extravié el sombrero
¡cómo cuadra y media me hizo recular!
A los resfalones entre la gramilla
con helada y todo alcancé a sudar.

Y viendo dejuro, que me achuraría
no había ni un testigo, el cielo era el juez,
eché mano al fierro, y, hasta luego amigo.
¡Qué remordimiento me ha quedao dispués!

Al pensar canejo que al rancho derruido
dispués de esa noche de frío tan cruel
en lugar de carne pa’ los gurisitos
llevaron el cuerpo del pobre Fidel.


Versos de Wenceslao Varela

miércoles, 19 de abril de 2017

MODESTIA APARTE

Como vanguardi’aguerrida
traigo mi poco saber,
aprendido al recorrer
los caminos de la vida.
De humilde cuna, mecida
bajo techo de humildá,
que aguantó la tempestá,
los años y la pobreza;
traigo: valor, entereza
y amor a la libertá!

Y soy, de poncho y espuela
sobre cualquier redomón,
uno más de mi nación
con la vida por escuela;
el que a versos y vigüela
con nudos y disonancias,
en poblados o en estancias
se cortó solo, a lo entero,
con modestia o altanero
asegún las circunstacias.

Cuando encuentro un reservao
d’esos que ninguno ensilla
es, pa’ mi, cosa sencilla
dejarlo, a espuela, charquiao.
Cuando topo un mal hablao
con fama de aguantador,
le hablo a solas “con amor”
que’s güeno pa’ dominar
y, si no quiere aflojar,
lo sé llamar al rigor.

En rueda’e “monte” prefiero
apuntar a la menor,
y si salgo ganador
rescato cuando yo quiero,
en la taba soy certero
y muy cebao a ganar,
durísimo de aguantar
cuando el güeso es de mi gusto.
De ver plata, no me asusto
cuando me afirmo a “clavar”.

Jamás, con mi “moro” arrollo
si d’entro en una carrera;
con “rastras” no armo cuadrera
porque teng’orgullo criollo.
Salir “de abajo” es un “bolloz,”,
cuando quiero corto luz,
“fiador”, “pescuezo”, “testuz”
los saco justo, pues no!
Siempre que lo corra yo
que me hago un ñudo en la cruz.

Y pialando a medio lazo
en un rodeo parao
soy seguro pa’l “volcao”
y de “revés” segurazo!
En elogios a mi brazo
se ha gastao gente campera,
pues pa’ guampiar campo ajuera
soy cosa que ni de encargo,
aunque tengo un lazo largo
como legua brasilera.

En ruedas de pericón
como en versos, no me achico;
echo, apenas abro el pico,
pa’ mi lao un corazón
Lo endulzo a conversación
porque mi labia no es poca
y si una “taura” me toca
de’sas que andan coquetiando,
me l’arrincono bailando
hasta que “le copo en boca”.

En amores nunca dejo
que naides me pida cuenta;
de los “quince a los cuarentas”
me dio por remedio un viejo.
Voy ende’ntonces parejo
sin faltar a mis deberes,
pues, en cuestión de quereres
da más la fama que’l oro…
he dejao lunanco el “moro”
de tanto cargar mujeres!

A todo el mundo respeto,
dende chico he respetao,
pero… cuando estoy mamao
mejor que me dejen quieto.
Ande me apretan, aprieto
y soy duro p’apretar.
Van a tener que aguantar
y es maña vieja que tengo:
a malas ni voy ni vengo
ni me dejo “caroniar”.

Que se abra cancha el caudillo
con las púas como gallo
y los baguales con callo
del bocao sobre’l colmillo…
Le saco el cuerpo al cuchillo,
tranquilo paro el hachazo,
a las mujeres… a brazos
-hijo de bárbara escuela-
a los baguales… a espuela,
y a los malos… a ponchazos!

Versos de Wenceslao Varela

                                         

domingo, 9 de abril de 2017

EL AMIGO

Éramos como hermanos, con mi amigo:
suyas eran las pilchas de mi apero,
mi “moro”, mi guitarra, mi confianza,
y hasta la intimidá de mis secretos.

Y era mío también todo lo suyo:
su caballo, su poncho, su dinero,
y sus males también y sus pobrezas.
Éramos como hermanos con Ruperto…

En yunta trabajamos en las yerras
o rondando ganao pasamos sueños;
por turnos galopiamos los ariscos
o charquiamos a espuela los mañeros.

Me ayudó y lo ayudé, parejo siempre,
en la paz, en la guerra, en todo tiempo.
A brazo lo saqué de una creciente
y ancas me sacó de un entreviero.

Después, pa’ mi desgracia hice una muerte
de esas que llegan como llega el viento,
que nos pecha nomás y en cualquier caso,
resulta inútil perfilarle el cuerpo.

Ya metida la pata no sabía
si ganar las bagualas o dir preso.
Conozco las angustias de la celda
y la arisca tristeza del matrero…

“Tenés un gurisito y una moza
que viven de tu amor y de tus pesos
-me aconsejó con su habitual sonrisa-
cambiame de facón y yo me entriego”.

No pude disuadirlo de su idea.
Era como hijo’e vasco el indio’e terco,
y después de acordar declaraciones,
a presentarse se marchó pa’l pueblo.

El tiempo que pasó, no estoy seguro,
pero jue, más o menos… año y medio.
Cuando una tarde regresó con todas
las hondas cicatrices del encierro.

Y como antes lo ayude otra güelta:
con mi confianza lo acerqué a mi pecho
pa’ansí ahuyentar la timidez huraña
de perro cuando llega a rancho ajeno.

Y le di la mitá de unos baguales
-que amansarles, le agarré a los Lemos-;
la mitá de los tragos de mi chifle,
un medio corazón y un medio techo.

Y tuvo pa’ sus potros mi palenque,
mi gaucha lira pa’enredar recuerdos;
la sombra de mi ombú pa’l sol de estío
y el calor de mi poncho pa’l invierno.

Pero una tarde comprobé una escena
que aunque la vide, me costó pa’ crerlo.
Y me hinca el corazón como una espuela
y me hace lagrimear cuando me acuerdo.

Jue en ese tiempo que se ve en las lomas
repuntar las manadas los enteros
y los toros alzao taparse en tierra
rompiendo los lunares del rodeo.

Y se ajuntan de a dos los pajaritos
y los jaguares de la selva, en celo,
con las diez medias lunas de sus garras
les dibujan tatuajes a los ceibos.

Y máullan mano a mano los monteces
en arco el lomo y erizao el pelo,
y charquiaos a colmillo andan sangrando,
los cimarrones de peliarse entre’llos.

Que los vide clarito junto al poso…
y la que con su amor tejió mis sueños,
entornó los ojazos media augada
con el calor asfixiador de un beso.

Me asujeté del crimen, a una vara.
Pa’ que me vieran me compuse el pecho
y me puse a ensillar de lomo duro
como dice el refrán, pero en silencio.

Por eso, cuando agarro una guitarra
pa’ ahuyentar el dolor que llevo adentro,
me salen remolonas las versadas
como si me lerdiara el pensamiento.


Versos de Wenceslao Varela

jueves, 6 de abril de 2017

TABA

¡Cómo te pareces a esas mujeres
que tienen siempre retobada el alma!
que a veces nacen buenas y la vida
de tanto hacerles mal… las hacen malas.

Mis manos te lustraron a caricias;
te llevé en las maletas cuando andaba,
gastando los caminos de la tierra
en busca de carpetas y tabiadas.

Y juistes en mis noches de desvelos
novia sin encetar, amiga, hermana,
toda mi fe de jugador sin suerte
pendiente de tu mísera esperanza.

Puse mi sencia en vos, con yapa y todo;
cuando entré a ejercitar tus güeltas pálidas
me faltó maña pa’enriendar un potro
o buscar un estilo en la guitarra.

Y, a siete pasos te dejaba siempre
como nacida allí… medio inclinada
sobre cualquier saliva en cancha dura;
naides pudo aguantarme en las oladas.

¡Y cómo me sentía de seguro
cuando las libra rebalsaban blancas!
¡Eres el alma de mi mano lisa
a riendas de domar, cabresto y grasa!

Cuando aburrido de gastar caminos
busqué la soledad de mi guitarra
pa’ revivir recuerdos en mis versos
y curarme de heridas que no sanan…

Te puse en la solera, pa’ olvidarte,
porque si bien me dista mucha plata
causaste con tu… liso, mi deshonra
como esas pobres mujercitas malas.

¡Por vos robé baguales entrerrianos,
pasé cien contrabandos pa’ mi Patria,
copé paradas sin tener ni un peso
y pelié sin razón; por vos malvada!

Me olvidé de rezar y de la Virgen,
me olvidé de golver de las tropiadas
al rancho tibio de mis padres pobres
ande la vida sus promesas canta…

Y estuve entre las celdas y los montes
pobre y hasta sin fe que es cosa amarga…
Te tengo un odio extraño vieja amiga,
mezcla de compasión, cariño o rabia!

Tu amarillo tiricia, tu azaroso
vivir entre machaje, vino y caña
manoseada por todos, por cualquiera,
igual que esas mujeres desgraciadas.

Que viven muertas por su propia vida,
me hacen sentir por vos cariño y rabia;
tu suerte es falsa, volcadora, arisca…
y eso que eché mis veintidós clavadas.

A ocasiones no puedo con el vicio
te saco’e la solera toda ahumada
te barajo en mi mano endurecida
a riendas de domar, cabresto y grasa.

Me voy al patio y en cualquier blandito
-como el que nace pa’ tirar la taba-
te dejo inclinadita a siete pasos
como en mis peores días, ¡qué desgracia!

Versos de Wenceslao Varela

miércoles, 18 de enero de 2017

UNA CARRERA

            -relato-
1
A la estancia “La Ilusión”
pa’lzar un ganao llegamos,
y, ni bien desensillamos,
encendimos un fogón.
Al rato, cayó el patrón
y en el suelo se sentó,
con nosotros amarguió.
Era un hombre campechano,
muy carrerista -el bayano-
según después resultó.
2
Dijo que’ra -el estanciero-
carrerista de afición,
y entró en la conversación
más de un caballo ligero.
Y nos mostró un parejero,
con trompeta y enmantao;
era un pingo “colorao”
de todas partes bonito,
largo de abajo, y finito
que parecía un venao.
3
Le almiramos con razón
aquel precioso animal
que valía un dineral,
y lo entraron pa’ un galpón;
regresamos al fogón
y el hombre quedó, en cuclillas,
contándonos maravillas
hechas por aquel tesoro
y averiguó por un “moro”
que venía en las tropillas.
4
Le contesté que’ra mío.
-“Se le anima au colorao?”
-“Si estuviera levantao
por lo menos, del rocío..”
-“Eu vi pasar, e confio
que’s cabalho liyerón…”
-“Guapea en tiro cortón,
pero pa’ su colorao,
le ha de’star faltando estao,
y a mi cinto un patacón”.
5
-“Si le aflueja o tirador
corremos por los cabalhos…
Esos redomoes balhos
¿no son suyos?” –“Si señor”.
Y atamos el potriador
de una tremenda carrera
que corrió por la frontera,
de'stancias a pulperías,
con plazo de siete días
pa’ bajarles la bandera.
6
Yo, al “moro”, le acomodé
a cuchillos los candao,
y los vasos encebao
varias veces le foguié;
tan pronto lo levanté
a mi dócil parejero,
que, al mirarlo, el estanciero,
como al quinto o sexto día,
dijo… “que no parecía
el cabalho de um tropero…”.
7
Cuando el domingo llegó,
estaba la pulpería
con tanta gente, ese día,
que ni Aparicio reunió.
En mi “moro” llegué yo
ensillao que’ra un primor;
liviano y observador
era un gato pa’orejiar,
muy tranquilo pa’ trotiar,
aunque muy escarciador.
8
A las sendas me acerqué,
saludé a la paisanada,
me apié junto a una enramada
y áhi nomás desensillé.
Me lo tuvo Iyazuiré
pa’ yo templar el garguero;
pasó el otro parejero
con una manta nuevita
y una inscripción parejita
con el nombre de “Pampero”.
9
Al caballo “colorao”
esa ocasión  lo corría
un negrito, que tenía
un gran tatuaje grabao,
el chiripá levantao
con las puntas añudadas,
camisa a franjas rosadas
de rota que daba penas,
y las grandes nazarenas
sobre el pie descalzo atadas.
               …….
10
Cuando a las sendas dentramos
le dije al brasilerillo:
-“¿Dicen que’s como cuchillo,
de cortador, en el vamos?”
-“Nu es certo, mas si largamos
y llega a salir cortau,
no olvide que’s colorau
cabalho muito liyero,
que si de un lau es pampero
pampero es del otro lau”.
11
-“Yo al pampero lo he dejao
hecho polvo en el camino…”,
le dije, al negro ladino,
mirándolo desconfiao.
-“Este verano he ganao
varias carreras de viaje”.
Y el moreno del tatuaje
se acomodó un cinturón
con cinco de munición
pa’emparejarme el quilaje.
               …..
12
La tarde estaba volcada
sobre la inmensa frontera,
uniendo la azul esfera
y la campiña dorada.
Copas, golillas terciadas,
bicharases y bayetas,
como bandadas inquietas
aletiando se posaban,
y las sendas nos mostraban
sus rígidas bayonetas.
13
Brillaban a la pasada,
como espejos siderales,
baticolas y pretales,
estribos y cabezadas.
Ricaza esa “bayanada”,
casi todos hacendaos…
Tanta plata, los recaos
relámpagos encendían,
y las libras relucían
sobre los ponchos listaos.
14
Al verse entre ajena gente,
un paisano pobretón,
si no es temple durón
se achica completamente;
si llegaba un exigente
como a obligarme a jugar,
lo escuchaba sin mirar
y me quedaba callao,
igual que’l toro empacao
escarbando pa’ peliar.
15
Si el diablo hubiera venido
luciendo poncho escarlata,
pa’ pararlo al pago a plata
al diablo me habría vendido;
jugador de talla he sido
y no pierdo la cabeza,
y, aunque con dura entereza
soporté mucha topada,
nunca sentí tan pesada
sobre el alma la pobreza.
16
Huérfano de aparcería
de mi lao ninguno estaba.
Tan solo, me agigantaba
cuando más solo me vía!
Iyazuiré no tenía
ni plata, ni fe, ni nada.
Como muerto la mirada
cuidando el apero mío,
contemplaba aquel gentío
con su gran tristeza aindiada.
17
Yo, ya llevaba jugao
el último bayo ajeno,
madrina, cencerro, freno,
rastra, facón y recao.
-“Hay que ganarle cortao
-le hablaba al moro- a ese gruyo;
jugué lo mío y lo suyo,
y, ande nos bajen la mano,
no se me haga el lerdo, hermano,
qu’he jugao libras de orgullo”.
                ……
18
El negro lo atropellaba,
lo paraba, lo volvía
al tranco, lo detenía,
y a los marcos lo apuntaba.
Allá cuando lo largaba
como al mandao de un pañuelo,
giraba el polvo en el suelo
en un círculo cerrao,
como el gato que le ha errao
un ‘viaje’ a un mosca en vuelo.
19
Pusieron sentenciador,
tercero y abanderao,
y, a medio tiro, apostao,
un sargento de ‘vedor’.
El negro, muy tajiador
quiso hacerse el remolón.
Sobrándole la intención
Le grité, medio arrogante:
-“Te viá largar por delante
p’avergonzar tu patrón…”.
20
Santo remedio!... largamos,
y me le pelé de abajo;
tan provechoso jué el tajo
que’l negro se ahogó en el ‘vamos’.
Allá cuando nos miramos
por sobre la polvadera,
iba como si quisiera
ensartarme con un ojo…
Parecía, el negro, un abrojo
enredao en la clinera.
21
Muy sangrudo el “colorao”
se me empezó a aproximar;
viera el gauchaje gritar
con usura, entusiasmao.
Al cuadril me había llegao
y se corrió hasta el fiador,
pero el “moro”, aguantador
en cien varas, s’estiró
en tal forma, que gritó:
-“Con luz!”, el sentenciador.
                   ….
22
Juí ande estaba Iyazuiré,
me bajé del fatigao,
me apié junto a mi recao
y a ensillarlo comencé;
tranquilo otra vez, monté
y, al tranquito entre’l gentío,
empecé a cobrar lo mío,
más humilde que altanero,
echao pa’tras el sombrero
pero enteramente frío.
23
El dueño del “colorao”
se me acercó, campechano,
me apretó juerte la mano
y me dijo: -“Casteyao
si su moro me ha ganao
de juro jue por meyor,
es cabalho superior
e se me ocurre que nu hay
ni en Brasil ni en Uruguay
quien se le ponga al fiador”.
24
Le pagué con mi habitual
sonrisa, porque escuchaba
a un viejo que me gritaba:
-“Me ha ganau um dineral;
aquí tene su pretal,
aquí tene su facón,
y además este montón
de libras ganó tambén;
han de ser perto de cen,
cóntelas con atensón…”.
25
Otro trajo mi madrina,
y en la maleta campera
volcó plata brasilera
muy brillante y cantarina.
Un mozo de l’argentina
me pagó de güeña fe,
y yo mismo le ayudé
a apartar de otros caballos
los seis redomones bayos
que, siendo ajenos, jugué.
26
Y así, todos los paisanos
me pagaron las paradas
aquella tarde jugadas,
orientales y ‘bayanos’;
pero un tal Yuquita Ramos
un pingo “overo” rayó
y altanero me gritó
como a quererme asustar:
-“Si usté es capaz de aguantar,
al moro le ganó yo!”.
27
-“¿Con ese mal enfrenao?”
-“Con ese padrillo overo,
que no se llama Pampero
pero es muy apamperao”.
El dueño del “colorao”
despacito me codió,
y me dijo: -“Aguánteló,
y patinar se lo hacemos.
Si el domingo le corremos
de su lau me pongo yo”.
28
-“Pa’ correr estoy -le dije-
pero ¿cómo es la cuestión?
Me contestó el ‘fanfarrón’
-“Tiro, plata y fecha… fije”
-“Pues, ya que nada m’exije…
mañana de tardecita,
y dende aquella sierrita
hasta’nde aura tengo el moro…
por quinientas chispas de oro,
en esta senda mesmita”.
29
-“Mañana es mucho apurarse,
-me contestó, más calmao-
si no tienen los montao
ni tiempo de revolcarse!”
La gente empezó a mirarse,
a sonreírse y toser,
y uno dijo: -“Al parecer
no llueve… el viento cambió”.
El gaucho ‘chucho’ arrolló
y ató a los tientos; ayer…
30
-“No, señores -dijo el criollo-.
No afluejo; pido un tiempito.
Ni muerto me hago el chiquito,
ni en las primeras arrollo;
sé que’l moro no es un ‘bollo’
mas le llamo ‘pan comido’.
Y el melenudo Garrido
le gritó al irse: -“Dejalo,
que te vas a cáir del palo
igual que gallo dormido”.
31
Le dije a mi amigo: -“Hermano,
si desenvaino el facón
le juro que’sta ocasión
hago ‘sapo’ algún ‘bayano’;
que Dios me corte la mano
si se me larga a matar;
tal vez de tanto aguantar,
estoy poco aguantador…
vámonós, que a lo mejor
me da el diablo por peliar”.


Versos de Wenceslao Varela

domingo, 8 de enero de 2017

SOY

Soy chasquido de facón
-cuando choca en otro acero-
y soy del viento pampero
el violento sacudón;
ansia’e perro cimarrón,
espina de zarza mora,
el filo de la totora,
del ñapindá dura garra;
y la angustia’e la cigarra
que’n la verde fronda llora.

Tucutucal en llanada,
yara oculta en el estero
y del reservao mañero
soy peligro de boliada.
Soy la yapa ramaliada
que en el apuro revienta,
el tizón que no calienta
y sin arder se consume;
soy sin calor ni perfume
yuyo que el pampero avienta.

Soy aquello que más cansa,
soy garúa dentradora,
retobo de boliadora,
media luna de la lanza;
asrisco que no se amansa
ni el progreso lo domina;
soy la emponsoñada espina,
sobra dañina de “aruera”
y esqueleto de tapera
que se agacha en la colina.

Soy de la espuela el crujido,
melladura de cuchiyo
y el lamento del lomillo
al lomo en arco oprimido;
del toldo del vicio, nido,
de la desgracia, guarida;
parada siempre perdida,
taba que el diablo cargó,
cencerro que Dios colgó
a la yegua de la vida!


Versos de Wenceslao Varela

sábado, 7 de enero de 2017

LA TROPA

Noche de estío sumida
en un profundo letargo,
como un crespón ancho y largo
sobre la tierra extendida.
La llanura adormecida
rodea al estero callao;
está el silencio posao
sobre forma… indescriptible;
como un pájaro invisible
pero agorero y pesao.

En los brazos de la brisa
la enorme selva se acuna
y con palidez de luna
su sangre el ceibal matiza.
Lentamente se desliza
por la cuesta del paraje
una gran tropa salvaje
perezosa y ondulante,
como una boca gigante
que va buscando el follaje.

Flotan sobre la hondonada
gritos juertes y alargaos,
y silbidos prolongaos,
que empujan la novillada.
Aletean entrelazadas
las melenas y las vinchas,
y, mientras que corta o pincha
-filosa como navaja-
llora al morder la rodaja
en los hilos de la cincha.

La fatigante tarea
va floreciendo en sudor,
y entre el polvo cegador
los ponchos relampaguean.
Una coscoja granea
el ambiente matizao,
y bajo el cielo estrellao
-que el orbe infinito abarca-
van rajando la comarca
los balidos del ganao.

En el bajo, o la cuchilla,
con un ritmo acompasao
ante el cencerro cansao
picotiando la tropilla.
Los flechillales se humillan
ante esa calma apasible,
y algún relincho terrible
que estaya de trecho en trecho,
hiere al silencio en el pecho
como una flecha invisible.

Después el chisporroteo
de un gran fogón campesino
pone a un costao del camino
punto final al arreo.
La hacienda forma un rodeo;
humean las pavas chillonas,
el mate, la rueda entona,
enfrente a un lecho de brasas
lloran lágrimas de grasa
los asao de una mamona.


Versos de Wenceslao Varela

sábado, 30 de marzo de 2013

PIONANDO

1
Más de una ocasión quedamos
con mi amigo Iyazuiré
sin plata y con poca fe
y a pionar “nos rebajamos”;
una vez nos conchabamos
por día, y pa’ remediar,
y unos pesitos juntar
en cerrada economía
sin dir a la pulpería
pa’ no beber ni jugar.
2
Allí, como en toda estancia,
a lo chajá madrugaban
y, ocasiones, nos mandaban
por días y a gran distancia;
campos había en abundancia,
leguas de un puesto hasta el otro,
mucha vaca, mucho potro,
mucha y muy güena invernada,
mucha sarna en la majada
pa’entretenernos nosotros.
3
Se amolda el pobre paisano
a la más dura tarea,
curvo sobre la batea
en tiempos de cura a mano;
en cuanto acaba el verano
ya comienza la “chorrera”
y, aunque gran sarna no hubiera,
siempre hay oveja “picada”…
Pasar l’última majada
y empezar por la primera…
4
En cuanto la mosca empieza
s’extienden las gusaneras;
si se curan diez bicheras,
cien se llenan de queresas.
Hay zonas que se tropieza
con mayor dificultá.
Es una barbaridá
lo que’n esto se trabaja;
apenas uno se baja
come, ensilla y ya se va.
5
Mil veces, de noche oscura
vuelve el pión, muerto’e cansáo,
con algún cuero terciáo
sobre su cabalgadura;
por estaquiarlo se apura,
pues tiene que madrugar,
y sin lavarse y matiar,
si pa’ese trajín no hay pión
pica leña pa’l fogón
y hace a veces de cenar.
6
No hay tregua pa’l pobre pión
con sol, con viento o garuga
se acuesta tarde y madruga
siempre con igual tesón;
si se güelve remolón
pronto güela del conchabo.
Ha de ser vago o esclavo,
su destino está marcáo:
pa’l pértigo o pa’l aráo
pero siempre clavo y clavo.
7
Menos mal que nos dejaban,
en algunas ocasiones,
tropiar en los redomones
en cuanto corriente estaban.
Ya pocos acostumbraban
sacar al camino rial,
ande s’entrega el bagual
como si escuchara a Dios,
y uno queda de “che y vos”
con el más perro animal.
8
Volver a la pulpería,
marchar atrás de una ganáo,
cruzar pagos enrabáos…
mentira nos parecía.
En nosotros s’encendía
liberto instinto salvaje
y, borrachos de paisaje,
en la campiña tendida
nos acercaba la vida
mujeres y beberaje.
9
Mas yo recordaba al pión
en su eterno trajinar,
con sueño, de madrugar,
y sin fe en el corazón.
También al criollo patrón
que’s a veces envidiáo,
sin pensar que ha trabajao
a lo negro y ’ende chico.
Si el trabajo lo hizo rico,
Dios lo ayude… si jué honráo!
10
La estancia es vida oriental,
aunque’l que’n ella pionó
de niño se’sclavizó
de una manera brutal.
La quiero porque al bagual
libre, matrero y fogoso,
dominé, en el anchuroso
escenario de su ayer.
…aunque alguna suele haber
con origen vergonzoso.

Versos de Wenceslao Varela
                     (uruguayo)

lunes, 8 de octubre de 2012

TUS MANOS

Echao p’atrás y muy juancho
iba yo al trote cortón
del que no tiene patrón
ni quien lo espere en el rancho.

Mi tropilla sin apuro
iba laderiando un cerro
atrás del duro cencerro
por sobre el camino duro.

¡Qué lindo el campo!, tenía
bajo cada piedra un grillo
y el sol en cada espinillo
espuma de oro cernía.

Limpio el pincel del cardal
en azul tinta teñido
parecía haber subido
al alto cielo estival.

Y, hasta la planta raída
pobre de aromas y flores
tenía multicolores
aladas flores con vida.

Y el pedregoso camino
por donde lleva el linyera
en un fardo de arpillera
su tragedia y su destino,

camino de los poetas
de los aludos sombreros
que limaron los troperos,
los vientos y las carretas:

¡que lindo estaba! Tenía
oculto tambor sonoro
y, era como un chorro de oro
que por la tarde corría.

Y en esas regiones bajas
dilatadas y serenas
gotiaron mis nazarenas
música por las rodajas.

Era un musical gotero
el monótono sonido,
monótono y repetido
del cencerro madrinero.

Y, por el camino aquel
en repecho y en bajada
tráiba la boca endulzada
con unas coplas de miel.

Vos cazabas mariposas
-o fingías que cazabas-
y plena en gracia elevabas
tus bellas manos hermosas.

Me miraste, te miré
tan alegre, tan sencilla
que di güelta la tropilla
y áhi nomás desensillé.

Y viste por sobre el tul
del cicutal sombrillero
dende mi fogón tropero
alzarse un suspiro azul.

Se jue borrando la güeya
de horizontal lividez
y quedó el día a través
de cada aujero de estrella.

Y sobre el campo desierto
bajo un silencio de arcilla
tocó a “rancho” en la cuchilla
un gran clarín de oro muerto.

Cuando se borra el sendero,
una lechuza se asombra
y une girones de sombra
con un pespunte agorero.

Nunca más te vi. En los llanos
miro en las tardes hermosas
aletiar de mariposas
por ver… si veo… tus manos!

Versos de Wenceslao Varela
                     (uruguayo)