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lunes, 13 de julio de 2015

MIRANDO LEJOS

Amalhaya quien pudiera
volver a ese tiempo de antes:
sentarse lo más campante
junto al fuego, en la matera
y hacer galopiar la pera
con un guiso gaviotero
caldudo, o un buen puchero
de falda, más bien gordón,
comer como un sabañón
y al cinto hacerle otro ahujero.

Mojar aquella galleta
de campo en los huevos fritos
y hacer unos gorgoritos
de giñebra en la limeta
-eso sí, en forma discretapa
´ desparramar la grasa;
poner más luego en las brasas
la tiznada, y de un tirón
sentársele a un cimarrón
pa´ sacarse la cachaza.

Velay el plato enlozao
playo u hondo, según fuera,
y la cuchara sopera
de bronce o metal platiao,
y el tenedor ya gastao
con los dientes desparejos,
o aquellos cuchillos viejos
de mesa, marca Eskiltuna…
Qué cortadores, ahijuna!
A los de hoy, los dejan lejos.

Yo tengo uno que mi Negra
hace tiempo dio de baja,
filoso como navaja
-que supo ser de mi suegrael
volverlo a usar me alegra
y aunque tengo otros de plata
cuando de lonjear se trata
a él recurro sin recelo
pues corta en el aire un pelo
si lo asiento en la alpargata.


 Y aunque el pasao no regrese,
no es asunto que me apene,
pues la memoria sostiene
y en el sentir no envejece
lo vivido que florece
cuando la motivación
cencerrear el corazón
nos hace por el contento
de atizar el sentimiento
cual brasitas de un fogón.

Versos de Guillermo Villaverde

martes, 21 de febrero de 2012

PA' SU GOBIERNO

Tenga cuidao, Salustiano,

que es nuevito el colorao

y aunque algo lo he trajinao

y en el campo para a mano,

a Secundino Lozano

ande le mostró el talero

pegó un arrastrón tan fiero

qu’enantes que se aperciba

lo dejó la ráiz pa’ arriba

estropeándole el sombrero.

 

Le digo pa’ su gobierno,

que yo… ¡ni así me confío!

El pingo es de lomo frío

y en las mañanas de invierno

ni salido del infierno

v’hallar animal más loco

si a pie no lo mueve un poco

enantes de enhorquetarse,

porque es capaz de boliarse

de puro geniudo el zoco.

 

Por precaución, pa’ montar

mancórnelo, porque esquivo

en cuanto pise el estribo

el cuerpo le va a sacar.

Después me querrá contar

cómo le fue en la boliada

con este pingo que Almada

me dejó cuando se fue

y que yo le presto a usté

pa’ hacerle a la desplumada.

 

Por mí duerma sin cuidao

-dijo Salustiano Soja-

si esta garuga me moja

lo tiro al poncho encerao!

Y sin más al colorao

confiao se le enhorquetó

con las riendas lo animó

y después de un trotecito

zapateando un galopito

de las casas se alejó.

 

Por ver qué puntos calzaba

enfiló para el potrero

mientras don Pablo, el puestero,

dende el patio l’oservaba.

El colorao escarciaba

cambiando a trechos de mano

como si quisiera el llano

arrasar con su vigor,

y sentao como un dotor

lucía su estampa el paisano.

 

Ni bien pasó la tranquera

dejando a un costao la senda

largó el pingo a media rienda,

desató las ñanduceras,

y cruzando a la carrera

en el recao se empinó:

con juerza las revolió

a todo lo largo’el brazo.

y un soberano bolazo

al palenque le encajó.

 

Iú piú jú jú! El alarido

cortó el aire como hachazo

y una perdiz como hondazo

se hizo perdiz de un volido.

De la perrada el ladrido

se oyó al punto consecuente

y con la sangre caliente

después de la atropellada

era como el as de espadas

el colorao…, ¡mesmamente!

Versos de Guillermo Villaverde

domingo, 24 de abril de 2011

ESCARCIANDO

Yo nunca he sido rogao
pa’ cantar, cuando me invitan;
sé pitar ande otros pitan
del juerte, si han convidao.
Aprendí a no ser quedao
dende que este mundo es mundo,
y por llevar muy profundo
lo que la tierra me ha dao
soy hueso que, aunque pelao,
en criollo sabor abundo.

Pa’ decir una verdad
no ando como el malacate,
soy paisano como el mate,
mi ley es la honestidad.
No tengo escuela, es verdad,
mas pa’ vertir lo que siento
soy pingo de largo aliento
cuando dentro a galopiar
y al guadal lo sé olfatear
aunque de atrás venga el viento.

Y nunca gasto cartuchos
en bicho que no se come,
quien a mi canto se asome
no tendrá que pensar mucho
hablo clarito y escucho,
no acepto ponderaciones,
mis versos son las razones
que como mojón clavadas
marcarán las rastrilladas
de paisanas tradiciones.

Soy surero hasta las patas,
mídanme con cualquier vara,
soy calandria que se para
por las tardecitas gratas
en la enramada y desata
la sencillez de su trino
para que el hombre argentino
nunca olvide su costumbres
y sea un lucero que alumbre
de nuestra raza el camino.

Versos de Guillermo A. Villaverde