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martes, 7 de agosto de 2018

LA MATERA DE SAN FRANCISCO


Como adornando la estancia
está la vieja matera,
de aspecto se ve por fuera
que no perdió la elegancia,
preserva aún la fragancia
de aquel último tizón,
que se apagó hecho carbón
junto a una pava tiznada,
esperando a la peonada
que haga rueda en el fogón.

Unos bancos de madera
en los costados quedaron
y al tiempo crucificaron
esa reliquia campera;
para el mensual ella era
un lugarcito de estar,
allí podía matear
y si es que andaba con hambre,
sobre una trebe de alambre
un churrasquito tirar.

Si se habrán contado historias
de luces y aparecidos
o de hechos ocurridos
que ya son solo memorias,
algunos llenos de glorias
los recuerda el paisanaje,
porque llevan el coraje
costuriados con un tiento
y son motivos de un cuento
que se unen con el paisaje.

Hoy suelto mi canto al viento
como el grito de un arisco
en la estancia San Francisco
junto a tu fogón me siento;
al verte sola lamento
con mi guitarra sentida,
quisiera llenar tu vida
y encenderte esta milonga,
como un caldén que prolonga
una brasita encendida.

Versos de Atilio Reynoso

jueves, 16 de agosto de 2012

DON ANACLETO QUINTEROS


Don Anacleto Quinteros                        
es un gaucho de mi flor,                     
de mozo fue domador                        
y anduvo entre los reseros.                
Caminos, campos y esteros                
si lo habrán visto pasar,                      
al tranco y sin apurar                          
el paso de la tropilla,                           
con esa forma sencilla                        
el hombre sabía andar.                       
2                                                                            
Aficionado y no es cuento
al dibujo y a los cueros.                      
Aprendió de los sogueros                   
sacar de una lonja un tiento;              
enlazaba en campo abierto                
por encargue o diversión,                   
enseñando al redomón                       
a tirar de la esidera                             
o a correr una cuadrera                      
en medio de un callejón.                      
3                                                          
En los bastos del pasado                   
está sentado el tropero,                      
los años castigan fiero                       
pero él aguanta callado;                     
dejó su poncho encerado,                  
su rebenque, su puñal,                        
y el relincho de un bagual                   
le hace cosquillas la sangre,              
como el silbar de un alambre             
en noches  de temporal.                     
4
También dejó su trenzado
y su ponchito hecho hilachas,
aquel que tantas muchachas
se lo habían codiciado.
El maneador, el bocado,
riendas, cabresto, bozal,
la manea y un morral
junto a un palenque ladeado,
mudo el cencerro ha quedado
en el centro de un corral.
5
Se deshizo del recado
que tantas veces tendió,
me dijo que lo vendió
con un alazán tostado;
un pingo que había amansado
y que era el de dominguear,
porque sabía jugar
con la coscoja y sus manos,
lo elogiaban los paisanos
cuando se entraba  a cruzar.
6
Hoy es una luna llena
su cabeza encanecida
y es el dueño de una vida
que lleva el alma serena;
he querido en hora buena
talonear la inspiración
y cantar con emoción
a su estampa tan bizarra,
al compás de mi guitarra
a un gaucho de mi nación.

Versos de Atilio Reynoso

martes, 7 de junio de 2011

ESTAMPA DE UN DOMADOR

Oigo el tañir de un cencerro
y un relincho contestando,
señal que viene llegando
hombre, tropilla y un perro;
estampa de Martín Fierro
que adorna el verde del llano
es la que tiene el paisano
de mi noble inspiración,
si hasta siento el cimarrón
que me calienta la mano.

El pingo que trae montando
es de un pelaje tostao,
tiene un andar avispao
y pinta le anda sobrando;
lo viene como probando
de la boca y de la rienda,
para que vea el que entienda
que no lo está sancochando,
habrá de sacarlo blando
para trabajar hacienda.

De su maestría hace gala
guiándolo con el rebenque
hacia un robusto palenque
cerquita de un viejo tala;
toca el sombrero en el ala
en un saludo cordial,
acaricia al animal,
desmonta y tras de la grupa
el par de riendas agrupa
y ata en el poste al bagual.

Versos de Atilio Reynoso