Mostrando entradas con la etiqueta García. Juan G.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta García. Juan G.. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de septiembre de 2012

MAÑANA RURAL


Como un ojo gigantesco
sale el sol en la mañana
y a la campaña pampeana
pone un tinte pintoresco;
forman un cuadro gauchesco
un rancho y una tropilla,
esa vivienda sencilla
primitiva, en la Argentina,
con su cerco ‘e cina-cina,
el ombú y las mostacilla.

Como si fuera un pañuelo
está flameando el trigal,
y el chajá tradicional
grita al levantar el vuelo.
Está tan limpito el cielo
que no se ve un nubarrón,
brilla la chapa’el galpón
porque lo ha pintao la helada,
y ya salió la pionada
a cumplir su obligación.

Hasta el viejito soguero
ha buscao el reparito,
con un cuchillo chiquito
bien afilao, corta un cuero;
desde la rama, el jilguero
deja escuchar sus gorjeos;
cuatro gauchos a un rodeo
lo han parao en un rincón,
y en la lanza del vagón
canta un gayito pimeo.

El balerío de la hacienda
se escucha como un rumor,
y trabaja el domador
con un redomón de rienda,
lo da vueltas, pa’ que aprienda
con el rebenque, al bagual,
mientras que cruza un mensual
que monta un picazo pampa,
adornando con su estampa
a la mañana rural.

Versos de Juan G. García

sábado, 26 de noviembre de 2011

MI TROPIYA

Voy a rodiar mi tropiya
para prestarle algún pingo,
de paso -como es domingo-
viá desvasar “la rosiya”;
más crioya que la gramiya
mi pobre yegua madrina,
la huella no la arrocina
y nada le miento en esto:
con un pañuelo ‘e cabresto
yo cruzaría la Argentina.

Embozale “el colorao”
si quiere un pingo mansito,
le va a quedar muy bonito
si le pone su emprendao.
O si no, tiene “el rosao”
si quiere un pingo ligero,
es ágil pa’l entrevero
y en él yo salvé la vida
disparando a la partida
antes, cuando juí matrero.

Si quiere de raza fina
encarone “el pata blanca”,
es sin cosquiya en el anca
en él, se yevar mi china.
A ese “zaino” que de clina
solo le dejé un penacho,
a bajao varios muchachos
-yo entuavía no lo he probao-
dicen que jué reservao
de la estancia “El Quebracho”.

“El bayo” que al caminar
parece de tranco lerdo
me trái miles de recuerdos
cuando me pongo a pensar;
a ese, lo enseñé a saltar
cuando anduve enamorao,
es ágil pa’l alambrao
porque’s de pata finita,
cuando le haga una señita
… ya estuvo del otro lao.

Y si quiere en el poblao
lucirse una tardecita
corte y agarre “el pampita”
de clavijero tuzao,
lo tengo bien preparao
para cualquier ocasión,
desde que’ra redomón
jué’l pingo de mi delirio,
andando en él, no le envidio
los coches a mi patrón.

“El picazo” o “el tostao”
son de enlazar campo ajuera,
lárguelos por ande quiera
nunca conmigo han rodao.
Bueno, ya le he presentao
todos mis pingos, señor,
es el capital mayor
de éste gaucho que le esplica:
mi tropiya es medio chica
porque’s de un trabajador.

Versos de Juan G. García

miércoles, 1 de junio de 2011

MENSUAL DE ESTANCIA

En un catre pobretón
hecho con toda rudeza
y allá, en l’última pieza
que está pegada al galpón,
allí duerme el pobre peón
o sea el mensual de la estancia,
el que se crió en la inorancia
pero al trabajo arremete,
aquel que ensillando el flete
no le teme a la distancia.

En la mañana temprano
poco después que yerbea
a su tropilla rodea
como todo buen paisano,
y levantando una mano
corta un “overo rosao”,
pingo que se ha destacao
por ser de tan buena rienda
en los trabajos de hacienda,
cuando lo ha necesitao.

Ensilla y después espera
salir junto al capataz,
como éste se queda atrás
abre el mensual la tranquera,
después sale campo afuera
juntando una novillada,
porque va a ser revisada
por un fuerte comprador
y temprano, a lo mejor
va a estar allí de pasada.

Después una recorrida
tiene que echarle a un rastrojo,
lleva bien abierto el ojo
con la mirada extendida;
un desperfeto enseguida
él lo descubre al momento
y con cuidao, muy atento,
cruza po’entre la majada
hasta unas vacas echadas
que han buscao el lao del viento.

Y después que ha galopiao
divisando la llanura
vuelve al tranco, no se apura,
trae el “overo” sudao;
conciente que ha trabajao
cumpliendo su obligación
no le gusta que’l patrón
lo vaya a’garrar del pico,
¡fue pioncito desde chico
y aura, sigue siendo peón!

Versos de Juan G. García