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domingo, 10 de octubre de 2021

MI TROPILLA

 Para Rodolfo N. Kruzich, amigo y gaucho cabal

 

Viéndome con esta traza

no van a creer, si me empeño,

en decirles que fui dueño

de una tropilla machaza.

No fueron fletes de raza,

pero sí, muy guapetones;

después, por varias razones

de mi esistencia sencilla,

perdí mi linda tropilla

igual que mis ilusiones!

 

Recuerdo que entre el plantel

había un “overo manchado”

que parecía pintado

por la magia de un pincel.

Un “moro”, mansito y fiel,

que al escuchar mi silbido

se me acercaba el ‘bandido’

para comer, en mis manos,

un puñadito de granos

o algún pastito elegido!

 

Un “alazán pico blanco”,

que yo domé de potrillo,

y también un “doradillo”

muy braceador en el tranco.

Un “azulejo” lunanco,

regalo de mi tocayo;

y la figura de un “bayo”

que si tenía rienda suelta

largaba de cara vuelta

con la ventaja de un rayo!

 

Para trabajos de yerra

tenía siempre un “picazo”,

que a cada cimbrón del lazo

más se clavaba en la tierra…

pero el recuerdo se aferra

a un “renegrido” de un pelo,

que yo montaba con celo

porque el chapeao se lucía

igual que una platería

con fondo de terciopelo!

 

A la madrina “cebruna”

seguían como señuelo,

como siguen en el cielo

las estrellas a la luna:

la taba de la fortuna

se me dio vuelta después;

y cuando en la esplendidez

de aquellos días me pierdo

la tropilla del recuerdo

viene a alegrar mi vejez!

                                   (7/12/1947)

Versos de Domingo F. Arietti

domingo, 10 de junio de 2012

MI YUNTA


Tengo una yunta ‘e cachorros
como no hay dos de lindaza;
(disculpen si me bandeo
un  poquito en la alabanza!).
Diez años en flor la niña
morena y fresca la cara,
manojo‘e nervios el cuerpo
cimbreante como tacuara,
y con el alma limpita
como riacho de cascada!
Doce meses el cachorro
retobaditos en grasa;
pecho’e torito; expresión
picarona y vivaracha,
y ojos retintos que brillan
como dos gotas de agua!
Un año justo el machito
y diez la gurisa guapa!
¡Dos ilusiones que avivan
el rescoldo’e mi esperanza!
Dos retoños que se enriedan
a mi corteza de tala!
¡Cómo se aventa el cansancio
y el malhumor, en la nada,
cuando de regreso al nido
los pichones me acorralan!
La “moza” me sale al paso
mimosa al cuello me salta
y me da un besito suave:
¡mesmo que el roce de un ala!
El cachorrito gateando,
hasta mis piernas se arrastra,
y me anuncia su presencia
tironeando mis bombachas!
La escena me deja un ñudo
de emoción en la garganta!
Y es entonces cuando pido
al Señor como una gracia:
¡salú para mis cachorros;
trabajo para mis ansias;
y un nidito con tibiezas
de cariño y de esperanza!!
                                         (Ca. 1940)
Versos de Domingo F. Arietti

domingo, 12 de junio de 2011

SURESTADA

Que el sol no se deja ver
van quince días, lo menos;
los campos de agua están llenos
de tanto y tanto llover.
El viento, que al parecer
no piensa amenguar su brío,
sigue soplando del río
y hace rodar a empujones
abultados nubarrones
por el espacio sombrío!

Cruzan los patos silbones
en línea, como soldados,
y entre los pastos mojados
mueren de frío los pichones.
En la cocina, unos peones
matean junto al fogón;
otros en blando vellón
dormitan el día entero.
¡Mientras canta el aguacero
en las chapas del galpón!

Nubes negras en tropel
recorren el cielo plomo
y el arroyo hinchando el lomo
ya rebalza su nivel,
a veces un redondel
de azul, amaga su intento;
pero otra vez ese viento
que en su rumbo continúa
¡y vuelve a cuartear garúa
y a entoldar el firmamento!

A un ranchito de terrón
lo socavó la corriente
y apenas pudo la gente
salvarse del aluvión.
Un ternerito mamón
se ahogó pegao al alambre;
la hacienda flaca y con hambre
se refugia en las lomadas,
¡y en el corral, las majadas
son víctimas del calambre!

Haciendo una cruz de sal
tras de una puerta cualquiera,
la gente creyente espera
alejar el temporal.
Pero es en vano; el caudal
colma campos y caminos;
las astas de los molinos
indican lluvia en los vientos,
¡y los batracios contentos
croan en charcos vecinos!

El que dobló el espinazo
sobre el surco en la labranza
ve naufragar su esperanza
y lamenta su fracaso.
Pero hay que esperar; acaso,
mañana sobre el crucero
del pozo, suelte el hornero
su canto de nota agreste;
¡y con chiripá celeste
llegue soplando el pampero!