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jueves, 16 de agosto de 2012

EL APARTE

1
Copa el sol en el naciente
la banca a la oscuridá,
estiende su claridá
y huye la sombra al poniente.
La brisa va mansamente
peinando los pastizales
y en alivio de sus males
entre gorjeos divinos:
se hablan las aves con trinos
en mil notas de cristales.
2
Un grito vibrante y fiero
-nota aguda y sostenida-
clarín de la recojida,
rompe el silencio campero.
Y como un eco certero
que viene del infinito,
se oye repetirse el grito
al frente, a uno y otro lao
y entra a rumbiar el ganao
pa’l rodeo, derechito.
3
Suben desde la cañada
entreveraos con balidos
roncos y finos ladridos
de la furiosa perrada.
Una vaca rezagada
por defender su ternero
provoca aquel entrevero
y agachando la cabeza,
contra un gran perro endereza
que a cuerpiadas salva el cuero.
4
Del sol a los resplandores
va la hacienda como oleaje,
dándole vida al paisaje
con sus diversos colores.
Y al brindarles sus primores
la paleta de natura
a la vista se figura
que un telón se hubiese alzao
y un cuadro nos ha mostrao
de su más bella pintura.
5
Queda un momento en reposo
la hacienda que allí se junta,
el paisanaje se ayunta
dicharachero, animoso.
Y del trabajo anheloso
da comienzo a la jornada
y avizora la mirada
escudriñando al ganao,
por si ven un abichao
darle vuelta la pisada.
6
El día sigue avanzando,
y en diestras atropelladas
para esquivar las sentadas
sacan reses paletiando.
La tropa se va formando
con la hacienda más pareja,
porque siempre se aconseja
que el aparte ha de ser tal:
que uno con otro animal
no ha de sacarse una oreja.
7
Y ya la tropa formada
en la huella, maravilla
ver puntiando la tropilla
baquiana y aquerenciada.
El resero en la jornada
en gran mutismo se encierra,
todo su interés se aferra
al arreo de la tropa,
que’n ella, marchan a Uropa
las carnes de nuestra tierra.

Versos de “Pampa Viejo”
(seudónimo de Enrique M. Torres)

jueves, 2 de agosto de 2012

DE MI TROPILLA


(5 sonetos)

LA MADRINA

Baquianaza en el llano o en el cerro,
destacando su estampa de “lobuna”
va la madrina al frente; una por una
desgranando las notas del cencerro.

Cuando l’he atao un potro a la collera
lo ha’madrinao al punto en dos tirones,
cual se ve amadrinao en ocasiones
el gaucho más matrero a una poyera.

Y no hago uso de traba ni manea
si tengo que hacer noche en algún bajo:
ande tendí el recao se aquerencea;

y no tengo al campiarla ni trabajo,
porque de rato en rato cabecea
¡castigando al cencerro su badajo!

MI CRÉDITO

Tengo un “bayo encerao”. ¡Una fortuna!...
Suele darle  mi flete tanto brtillo
luciendo mi chapiao… ¡Cuando lo ensillo
desparrama más plata que la luna!...

Llueven las alabanzas; y a la roja
luz del sol que se quiebra con la escarcha,
luce braciando al paso de la marcha
que va desenredando ‘e la coscoja.

Y como yo no soy alabancioso:
cuando siento mentar a mi caballo
me quedo cavilando, silencioso…

Pero me enllena el corazón de gozo
porque veo que no hay como mi “bayo”
¡un flete, más pingazo y más hermoso!

EL TOBIANO

Dicen que’s mi “tobiano” una pintura
cuando lo sé lucir en los paseos,
y lo viesen pasar!,  los escarceos,
resaltando entre todos su figura.

Nadie como él para una atropellada
o para una corrida de sortija,
y es en una cuadrera la más fija
que hasta puede cobrarse anticipada.

En todito mi pago no hay paisano
que no me lo codicie y envidee.
¡Él es todo mi orgullo! Y es en vano:

se acabó mi modestia, soy humano,
y aunque alguno al mirarlo malicee,
yo solo sé: ¡que vale mi “tobiano”!

EL ROSILLO

Cuando hay que trabajar en un rodeo
apero mi “rosillo-porcelano”,
el flete más parejo y más baquiano
que satisface todo mi deseo.

Y hay que verlo en el lazo, en la pechada,
pa’ sacar un novillo paletiando.
Trabajar en la manga, o si es arriando
alguna tropa para la Tablada.

Como lo dejo dicho, es el “rosillo”
mi pingo más parejo pa’l trabajo.
Después de la fajina desensillo…

Lo’yésen relinchándome al muy pillo:
sabe que hay un morral lleno, ¡barajo!,
mezcla de avena, máiz y rebasillo.

EL MORO

Tengo un “moro” tan guapo en la cinchada
que’s capaz de arrastrarse una carreta,
como hachazo en el pique, y ni a gambeta
se escapa un avestruz de su pisada.

Pa’ saltar, más liviano que una paja,
no hay tranquera ni alambre que respete;
y emponchao en coraje mi güen flete
¡ande lo mando áhi va, nada lo ataja!

Yo lo atiendo y lo cuido con esmero
y por mi “moro” hasta daría la vida,
está foguiao en más de un entrevero!

Fuera envidia ‘e Peralta, aquel cuatrero
que en Ascochinga, riendo ‘e la partida:
¡se lanzó en un abismo y salvó el cuero!

Versos de "Pampa Viejo"
(Seudónimo de Enrique M. Torres)