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domingo, 23 de junio de 2024

DE PURO CRIOYO

 Gatiao viejo compañero

vos que fuiste tan capaz

hoy me pidió el capataz

que te saque del potrero,

ya que pasa el camionero

‘Lucho’ Acosta con ‘El Cacho’,

van a cargarle a Valacho,

tres al “Gallego” Manolo,

Los que no sirven pa’l polo

igual los cargan pa’l tacho.

 

 No me pude resistir

a quedarme sin hablar,

la gorra me entré a agarrar

cuando le empecé a decir:

“-Yo no quiero discutir

pero entiéndame, hermano,

será que soy veterano

por eso estas cosas digo

porque vender a un amigo

no es muy de crioyo, paisano”.


Al hombre no le gustó

mi campera reflesión

pero es que mi corazón

en ese momento habló,

aparte, ya demostró

su forma de proceder

y esta clarito de ver

que pa’ andar bien con el rico,

vende la madre, los chico

y hasta la propia mujer.

 

 Y por tales circunstancia

hoy mi rabia se acrecienta,

ya mismo pido las cuentas

y alzo vuelo de la estancia.

Dirán que’s por arrogancia

o por renegao nomás.

Se quedará el capataz

con ganas de verte fiambre,

yo podré morirme de hambre

pero venderte, ¡jamás!


Versos de Enrique Mario Cabrera

AL TRANCO PA' LA FIESTA

     Hoy acomodé’l recao

y las pilchas bien pareja’,

a mi guitarrita vieja

ya le cambié’l encordao;

preparé’l poncho pesao

por si la noche está fría

porque justo el  otro día

en el boliche del Pino

me dijo el gaucho Manino

que vaya pa’ Lobería.

  

El amigo me ha invitao,

es para mí un gran gustaso

aunque ando de tiempo escaso

presentaré mis gatiao’,

parejitos, bien formao,

la madrina es ejemplar

tubiana negra, al andar

es todo un lujo campero

y le eché un bayito overo

pa’ que resalte’l lunar.


Otra vez me metí en cuenta

y ando seco del bolsiyo,

pero me compré un lomiyo

que’s de mil ocho noventa.

aunque rotas y rumbrienta’

están las espuelas mía,

le hice hacer el otro día

en oro, las iniciales,

con mi amigo Luis Morales

que’s toda una garantía.

  

En pilchas un dineral

sabe lucir esa gente

y yo tan sencillamente

con mis cosas de mensual,

pienso entreverarme igual

con el crioyo y el pueblero

porque pa’ serles sincero

será pa’ mí cosa grata

de pasar tras de la chata

que nombró Domingo Berho.


Versos de Enrique Mario Cabrera

domingo, 22 de mayo de 2022

SERAPIO LUCERO

                    (relato)        

        Yo soy Serapio Lucero

Pión de arreo por capricho

Y en las costas del Gualicho

Tengo un ranchito campero;

Ayá la mujer que quiero

Es buena, noble, gentil,

Pero una tarde de abril

Me conchabé ayá en Conesa

Pa’ yevar  dos mil cabezas

A las sierras del Tandil.

 

Al cabo de varios días

Cumpliendo el trabajo a pleno

Con el tirador bien yeno

Para mi rancho volvía;

Era tanta la alegría

Que a mi tropiya alazana

Recién la paré en lo Arana

Donde alcé pa’ mis hijitos,

Tres o cuatro regalitos

Y un vestido pa’ Juliana.

 

Cambié cabayo y salí

Con la madrina de tiro

En un profundo suspiro

Me decía para mí:

“A gaucho que sos feliz

Y volvés tan armonioso”,

Y al arroyo caudaloso

Lo cruce del lao más ancho

Pa’ salir frente a mi rancho

Que estaba muy silencioso.


Bajé del flete silbando

Para ponerlos alerta

Pero al enfrentar la puerta

Hayé a mi mujer yorando,

A los críos apretando

Y en un yanto acongojao

Me dijo: “A Dios l’he rogao

Que yegaras enseguida

El pior momento en mi vida

Recién nomás lo he pasao”.

 

Me dijo que Juan Servando

Hijo de un vecino crioyo

Se le acercó hasta el arroyo

Cuando eya estaba lavando,

Primero le empezó hablando

De las vacas, de las crías,

Al rato con picardías

Ya la quiso manotiar.

¡Se pueden imaginar

De la intención que traía!

 

Al ver a mi compañera

En tal tristísimo estado

En busca de aquel malvado

Salí rumbo campo a fuera;

Yegué  hasta su madriguera,

Desmonté del parejero,

Bajé’l poncho, el caronero

Por lo que pucha pudiera,

Y al enfrentar la tranquera

Me eché pa’tras el sombrero.


Golpié dos veces las manos

Y apareció muy sonriente,

Haciéndose el inocente

Me dijo: “-Qué busca hermano?”

-A vos te busco paisano

Y sabés por qué razón.

Echando mano al facón

Se me vino ciegamente

Y ya lo marqué’n la frente

Por mí herido corazón.


Y... que más voy a contar

Si mi tristeza lo esplica?

Encerrao en Sierra Chica

Mi cuenta debo pagar.

Y no dejo de pensar

En mi tropiya de crioyos,

En mis pequeños pimpoyos,

En la mujer que yo quiero,

Y en el ranchito campero


Que tengo al lao del arroyo. 

Versos de Enrique Mario Cabrera

sábado, 24 de junio de 2017

MARCAS DEL TIEMPO

Galpón de la estancia vieja
al abrir tu puerta oscura
siento la triste amargura
de una vida que se aleja.
En tu paré se refleja
todo un tiempo amontonau,
la humedá que se ha ganau
te saca el revoque a gatas
y asoman las alpargatas
en barro crudo asentau.

Al mirar hacia un rincón
donde hay manchas de humareda
en donde más de un linyera
le diera vida a un fogón;
tan solo quedó un cajón
comido por las poliyas
con herraduras, variyas,
varios pedazos de fierro
y sin badajo un cencerro
quién sabe de qué tropiya…

Se ha tumbao una nortera
con el máiz amojosao,
una laucha la’aujeriao
pa’ verle un granito afuera;
del viejo arao de mancera
quedó la reja oxidada
y de aquellas choriciadas
tan solo quedan las cañas
donde las telas de arañas
tienen moscas enredadas.

Un catre patas gastadas
que ya no tiene remedio
con la lona desde el medio
al otro extremo rajada.
Sobre dé’l quedó tirada
una revista “El Hogar”,
hay un tarrito a la par
que todavía se conserva
de “Salus”, aqueya yerba
con la que aprendí a matear.

Entre la paré y el techo
el tiempo le dejó un hueco
donde con pastito seco
la ratonera hizo un lecho;
junto a ese nido maltrecho
están colgao los aperos,
resecos y cortao, fieros;
un freno copas de plata
y entre eso aparece a gatas
un par de zuecos tamberos.

Vuelvo a cerrarte la puerta
pa’ echar de nuevo cerrojo,
y una lágrima en los ojos
del letargo me despierta.
Verte así me desconcierta
mi vieja y gaucha guarida,
es que en cada atardecida
más lejos te estoy sintiendo
o será que están cediendo
los horcones de mi vida.


Versos de Enrique Mario Cabrera

viernes, 28 de junio de 2013

PUESTO CRIOLLO

Rancho pobre de un mensual
lindero de un arroyito
tras un monte d’eucalito
y un ancho cañaveral,
todito blanquiao con cal,
algo petisón de afuera,
pero ya de la tranquera
se le ve el horno de barro,
la bomba, plantas en tarros
y un cerco de enredadera.

La cocina es muy sencilla
-se va a dar cuenta al entrar-
junto a la vieja “Istilar”
una pilita de astillas;
dos bancos largos, tres sillas,
la mesa larga y coqueta,
con florero y con carpeta
prolijamente bordada
y tras la puerta colgada
la bolsa con la galleta.

Enfrente de la ventana
la máquina de coser
donde siempre la mujer
remienda, zurce o hilvana,
una cajita alazana
es costurero, presumo;
allá por el techo, el humo
se enrieda en la telaraña
y del otro lao: la caña
con algo para el consumo.

Al lao, la pieza chiquita
con cama catre y ropero,
un retrato del puestero,
el baúl, una mesita;
por si cayeran visitas
hay manta’ y ponchos doblao.
Con una lezna ha clavao
el mayor de los cachorros
la foto grande de “El Zorro”
cuando Nielsen lo ha montao.

Hay otra pieza a la vez
-esa es la del matrimonio-
color “florcitas de otoño”,
será… de cinco por tres,
la cama, de bronce es,
la mesa de luz, divina,
el ropero haciendo esquina,
en un rincón la escopeta,
y abajo de la banqueta
el tarro de acaroína.

Así es, como les digo
el rancho de este paisano,
si gusta, golpeé las manos
que va a encontrar un amigo,
un catre, un plato, un abrigo
y la sincera amistá,
entre tanta soledá,
rodeao de tanta simpleza…
¡Lo que le falta en belleza
le está sobrando en bondá!
                                   (10/1993)

Versos de Enrique Mario Cabrera

sábado, 26 de noviembre de 2011

A DON ARANDA

Muchos años jué juntando
sobre la tierra surera,
se nota en la cabeyera
que la helada jué quedando;
el tiempo lo jué achatando
pero no teme al rigor,
el sol le dá el resplandor
en las mañanitas beyas
y entre vasos y boteyas
hoy atiende un mostrador.

Yo sé que’l viejo campero
el cordaje había templao
…pero jué’l del alambrao
girando el torniquetero.
Bajo soles o pampero
cantó su copla bizarra
poniendo sudor y garra
en las milongas senciyas,
hizo décimas de astiyas
con un hacha por guitarra.

De San Pedro hasta Obligao
montó semanas enteras
y en tropiyas de ‘norteras’
dejó su nombre grabao;
por el rastrojo que ha’ndao
en horas güenas y malas
sus dos manos jueron alas,
sus patas, iban inquietas,
jinetiando a la maleta
soltando a palenque, chalas.

Y de herencia pa’ su nieto
jué juntando el viejo Aranda
cosas que su mente agranda
en esos días inquietos.
Con alegría y respeto
conserva el noble paisano
versos del tiempo lejano
hechos en montes y playos.
¡Son rimas hechas en cayos
sobre el libro de sus manos!

Versos de Enrique Mario Cabrera