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miércoles, 4 de julio de 2018

EL RETORNO

Una vez que fue entregada
la tropa en el saladero,
se apresta cada tropero
a emprender la retirada.
La tarde que es apropiada
está invitando a ensillar
y después de bien sestear
las tropillas han reunido,
pues de lejos han venido
y hay mucho que galopar.

Salen; toman el camino
y al primer tramo que harán,
sus diez leguas matarán
al monte de “El Peregrino”.
Forman concierto divino
el cencerro y las canciones,
que los más jóvenes peones
entonan a su regreso,
hasta que muera todo eso
que hoy fusilan los camiones.

Llega la noche, se apean
y conociendo el lugar,
como van a churrasquear
desensillan y matean;
allí las yeguas manean
y, sin echar en olvido,
que la luna ha prometido
servirles de compañera,
andarán la noche entera
dando el resuello debido.

Y ya el cencerro se empeña
en ir sonando y sonando
y a su paso despertando
todo lo que duerme y sueña,
hasta que bella y risueña,
vestida con fantasía,
la alborada en su alegría
tira luz a la llanura,
deshaciendo la costura
que junta la noche al día.

Después…  cuando el sol ardiente
vuelve a mostrar su rigor,
dejan pasar el calor
para seguir nuevamente;
pero todo ese exponente
de gauchas ciencias rurales,
muere ante leyes fatales,
pues lo de hoy con su poder,
le inferido a lo de ayer
grandes heridas mortales.

Versos de Gualberto Gregorio Márquez

lunes, 10 de julio de 2017

LO QUE SOY

Yo nada soy, a mi ver,
nada tengo y nada valgo,
más, si ser nada es ser algo,
algo también debo ser;
pero sí, soy el que ayer
en la aurora de su edad,
admiró la realidad
del que ser gaucho sabía,
cuando la patria vivía
en mayor intimidad;

cuando no había entrevero
de costumbres importadas,
que tienen como aplastadas
tradiciones que yo quiero.
Soy el hijo de estanciero,
de aquella estancia primera,
formado en la verdadera
lucha del hombre rural
y aunque hago vida social
canto con ciencia campera.

Yo soy nativo uruguayo
siendo mi madre porteña,
por eso mi “santo y seña”
es “veinticinco de Mayo”;
de frente y no de soslayo
miro a este suelo divino,
defiendo de él lo genuino,
lo tradicional que quiero,
por lo que me juego entero
como el mejor argentino.

Yo sostuve una contienda
con las lluvias y el pampero,
con los solazos de enero,
con la siembra y con la hacienda,
y quiero que se me entienda
que el campo he bien conocido,
que lo conozco florido
como mustio y desolado
que es mi orgullo haberlo andado
y orgullo haberlo vivido.

Yo sé vestir con soltura
traje de campo completo,
y no caigo, por respeto,
disfrazado a la llanura;
brich, campera y montura
jamás me dio por usar,
y no me habrán visto andar
manga corta y escotado,
ni en cabeza, engominado,
porque el campo es profanar.

Yo conozco en general
todo trabajo campero,
se plantar un esquinero
como lidiar un bagual;
pero un detalle total
de lo muy mucho aprendido
sería largo y repetido,
ya que mis composiciones
no son charlas de fogones
sino cosas que he vivido.

No acepto que alguien se atreva
a dudar de lo que digo,
mi conciencia es mi testigo
y lo que escribo es mi prueba;
yo soy el que siempre lleva
verdad y honor como guías
y a esas dos cosas bien mías
mi dignidad va reunida,
que en el cielo de mi vida
lucen cual las “Tres Marías”.

Y dejo así establecido
para ese eterno mañana,
que tengo un alma paisana
y que bien de campo he sido;
que soy cardo florecido
allá en la agreste lomada,
que soy como esa cañada
que corre sin hacer ruido,
porque jamás he tenido
la vanidad por cascada.
Versos de Charrúa

miércoles, 5 de julio de 2017

TEMBLANDO

¡Linda estaba la tarde que la vide
el patio de su rancho acomodando,
y anque guapo pa’ todo me sentía…
no pude hablarla y me quedé temblando!

¡Estaba como nunca la había visto:
vestido livianito de saraza,
con el pelo volcao sobre los hombros:
era una virgen qu’encontré en la casa!

¡Ni ella, ni yo, ninguno dijo nada;
con sus ojazos me siguió quemando…
dejó la escoba que tenía en la mano,
me quiso hablar, y se quedó temblando!

¡Era el recuerdo del amor primero,
amor nacido a nuestra edad temprana,
como esas flores rústicas del campo
que nacen de la noche a la mañana!

¡Amor que estaba oculto en los adobes
de su paterno rancho tan sencillo,
y en la corteza del ombú del patio
escrito con la punta del cuchillo!

Me di güelta pisando dispacito
como quien desconfea de un trampa,
envolviendo recuerdos y emociones
entre las listas de mi poncho pampa.

No sé qué me pasó; monté a caballo
y salí galopiando a riendas sueltas,
con todos los recuerdos y emociones
que’n las listas del poncho saqué’nvueltas.
…………………………………………
¡Linda estaba la tarde la vide
el patio de su rancho acomodando,
la tarde que anque guapo me sentía…
no pude hablarla y me quedé temblando!

Versos de Charrúa

miércoles, 28 de junio de 2017

MIS PINGOS

Aura años en “La Amarilla”
allá por ‘el monte hachao’
yo tuve un entrepelao
que era flor en mi tropilla;
rabicano, testerilla,
medias botas, muy lindón,
de enderezarlo a un fogón
por la apuesta más absurda
¡si era como hachazo’e zurda
dende que jue redomón!

También tuve un colorao
que le llamaba “Reflejo”
hasta en la cancha parejo
largándolo bien pisao;
como una guinda, agamao,
pingo de laya en la Estancia,
añudando a su arrogancia
la guapeza que tenía,
iba en él ande quería
sin preguntar la distancia.

Amansé un bayito overo
hijo’e la yegua madrina,
tiznau la cabeza y clina,
me salió guapo y ligero;
le llamaba el “Ñanducero”
porque en esas correrías
aunque durasen dos días
nunca lo vide aplastao,
y a más de un pingo mentao
le ganó en las pulperías.

Me acuerdo de un malacara,
zarco de uno, acodillao,
y de un rosillo nevao,
de lanciar con la tacuara;
a cualquiera que enfrenara
si me tocaba enlazar,
podía pronto bajar,
atarlo’e la rienda al lazo,
y confiao en el pingazo
correr y desgarretar.

 Y aura, solo, ricordando
los pingos que yo tenía,
es como si una alegría
dentrara en mi alma escarciando;
y después sigo pensando
y tengo que entristecer,
lloro esos años que ayer
jueron gloria en “La Amarilla”,
porque haciendo carretilla
se han alzao pa’ no volver…
Versos de Charrúa

martes, 13 de junio de 2017

CARTA GAUCHA

La pluma agarro, señor,
ensartada en un palito
pa’ mandarle en éste escrito
noticias del domador;
el “zaino colorau” flor,
que le entregó pa’ domar,
ya lo sabe galopiar
recorriendo los potreros,
se asusta hasta de los teros
y es muy fogoso pa’ andar.


Es animal que promete,
desengüelto, corajudo,
y hay laya en él, no lo dudo,
pa’ que le salga un güen flete;
en mil novecientos siete
yo tuve uno parecido,
voraciador y alvertido
de competirle al mejor,
pero dice el domador
¡que como el suyo no vido!
  
Le sabe dar rienda, y crea,
que parece adivinar
pa’l lau que lo va’a volcar
agatitas lo tantea;
el hombre en él se florea,
y créame, Don Lauriano,
que no le echó el ojo en vano
cuando lo sacó elegido…
¡va ser como falta envido
con las trainta y tres de mano!

A soga larga lo ata
a un poste suelto, pesau,
con un maniador sobau
por si se enrieda una pata;
después de allí lo desata,
le dá otro galope güeno,
lo desensilla, y sereno
lo muenta en pelo a veces,
y dentro de pocos meses
lo hará caballo de freno.
  
Y ansí, en esquela cortita
ya lo dejo anoticiau
de su “zaino colorau”
y el domador Ramón Pita.
Memorias a Doña Rita,
a su patrona y Don Calvo,
y, de mientras pongo en salvo
lo que a mi pluma no viene,
usté, Don Lauriano ordene
a Natividad Monsalvo.

Versos de Gualberto Gregorio Márquez 
                                (Charrúa)

lunes, 18 de julio de 2016

JUNTO AL FOGÓN


En la estancia “El Pajonal”
partido de Pueyrredón,
encontró a Lorenzo Alcón
Juan Ceferino Cabral;
después del ‘dentrá’ habitual,
se pusieron a matear
y en su mucho recordar
escarbando en la memoria
hallaron penas y glorias
que los hacían meditar.

Acorralaron hazañas,
acollararon motivos
y relatos sucesivos,
de llanuras y montañas;
no hallaron cosas extrañas
de que hablar ningún momento;
recordaron a un Barriento,
gran jinete y domador,
mientras algo evocador
florecía en el pensamiento.

Mil recuerdos barajaron
que del recuerdo salían
y que iban y venían
porque ellos los despertaban;
las alegrías se mezclaban
a malos ratos de ayer;
contradicciones, placer…
todo una íntima historial…
músculo hacía la memoria
por no dejarse vencer!...

Al fin la mente exprimida
tanto y tanto recordar,
se entraron a lamentar
que se acortaba la vida;
mientras yo, a mi despedida
al salir fui deduciendo,
que esos dos hombres haciendo
sus más viejas narraciones,
eran como dos mojones
dos épocas dividiendo.

Y ya cerrando el final
de aquella conversación
dorada en aquel fogón
por Lorenzo y por Cabral,
éste, pisando el umbral
y con voz del que hago olvida,
preguntó a su despedida:
-¿Y de qué murió Mariano?
-Mirá… pa’ decirte, hermano,
murió de falta de vida!


Versos de Charrúa

martes, 3 de noviembre de 2015

APRENDAN MUCHACHOS

1
En este tiempo que estamos,
en que tan fácil se olvida,
dejando correr la vida
sin saber ni donde vamos;
es justo nos detengamos
un instante a meditar,
y entrando a reflexionar
sobre costumbres de ayer,
hoy debemos aprender
para mañana enseñar.

2
Aprendan muchachos de ahora
nuestras bellas tradiciones,
y a nuevas generaciones
transmitirlas sin demora;
lo viejo ha de ser aurora
en los días que vendrán;
auroras que inundarán
el alma del colorido
de costumbres que se han ido
pero que muertas no están.

3
Para ello hay que revivir
el amor patrio primero,
inequívoco sendero
que los debe conducir;
amen, no dejen morir
lo que les dará expansiones;
amen como aman los leones
la selva en que han nacido,
¡que no sé si sus rugidos
no son amantes canciones!

4
Una guitarra encordada
jamás les debe faltar,
pues ella alcanza a llegar
al alma en toda jornada;
que no haya nadie ni nada
que la pueda ensombrecer,
y está en ustedes hacer
que brille y que vibre más,
porque no ha de ser la jazz
la que la haga enmudecer.

5
Lo nativo hay que inculcar,
tomarlo sagradamente,
con la fe con que el creyente
se acerca al pie del altar;
y hasta en el aula escolar
debía ser obligación
enseñar el pericón,
danza de música bella,
para que deje una huella
de Patria en el corazón.

6
Aprendan nuestras canciones
que nunca causan desdoro;
ellas son el hilo de oro
que bordan las tradiciones;
tengan algunas nociones
de la doma, esquila, yerra;
descubran lo que se encierra
en los trabajos camperos,
¡no parezcan extranjeros
estando en su propia tierra!

7
Por eso, aprendan siquiera
los que estén en este ambiente,
y podrán ser exponentes
de sabiduría campera;
sepan lo que es la mancera
y el timón en el arado;
lo que es pelo colorado
distingan de un doradillo;
cuándo es sabino el tordillo;
qué es rabicano manchado.

8
En este país que ha sido
cuna de gauchos camperos
y que en tropillas y aperos
hubo lujo desmedido,
casi ha desaparecido
lo que aquí estoy recordando;
y en los que se vienen criando
en los trabajos del suelo…
¡hay quién ni conoce el pelo
del pingo que va montando!

9
Aprendan a conocer
campos, haciendas, cereales,
pastos y cosas rurales
que han hecho el país florecer;
¡y no olviden el deber
en que están en repudiar
al que en vez de a trabajar,
viene de algún suelo extraño,
como embajador del daño
a corromper y agitar!

10
La reacción será lograda,
pero tras lucha constante,
con el Himno por delante
que es la Patria condensada;
y sin más arma ni espada
que patrióticos ideales,
soldados espirituales
sean para defender…
¡muros que quieren caer
se sostienen con puntales!...

Versos de Gualberto Gregorio Márquez

                               “Charrúa”

lunes, 7 de abril de 2014

CAMPIANDO

“-Ave María, patrón.
-Sin pecao es concebida.
De güelta pu’esa bebida
y dentre en aquel portón…
-Busco quien me dea razón
o me sepa anoticiar
si no me han visto pasar
unos caballos perdidos,
o que güenos conocidos
me los jueron a buscar…

…a la madrina gatiada,
va acollarao un bagual,
que es lunanco el animal,
punta de oreja rajada;
va un rosillo anca nevada,
dos picazos, como teros,
de unos muchachos puesteros
del lao de “La Dorotea”,
y va un rosillo batea
y un zaino lomos overos.

Va un escurito cacunda
con un cebruno sillón,
y un pangaré redomón
de la estancia “La Segunda”;
y pa’ que naide confunda
la tropilla que campeo,
va un colorao algo feo,
contramarca’e “la mojarra”,
que Don Florentino Parra
me regaló en “El Recreo”.

-Si han pasao, yo no he’cho caso;
ningún cencerro he sentido;
solo anoche oyí un chiflido
y después un rebencazo…
Se despidió; rumbo a un paso
siguió aquel hombre apenao
que se había lamentao
que tan solo le dejaron,
dos petizos que no arriaron,
el de tiro y el montao.”

Versos de Charrúa

sábado, 18 de mayo de 2013

NEGOCIANDO UN BAYO

-Póngale precio, señor-
dijo el dueño de un caballo
al mostrar un lindo bayo
airoso como el mejor;
muéntelo, haga el favor,
y verá que no es chacota,
si en él golopea o si trota
podrá llevar, si es baquiano,
un vaso de agua en la mano
y sin volcar ni una gota.

También, como es de rigor,
hágale una atropellada
pa’ que vea en él retratada
la mano del domador;
da güelta como el mejor
porque no es un sancochau
y pa’éste y pa’l otro lau
vuélquelo en cualquier momento…
es un remolino’e viento
en un callejón trillau!...

En lo demás de la doma
pa’ que lo viá ponderar?
es también de levantar
en el anca una “paloma”,
no se encoge ni por broma
si lo toca una pollera,
y pa’ enlazar campo ajuera…
siempre con él me he lucido
porque es de salir prendido
con la yegua más ligera.

Estando parejeriau
hay que correrle con güeno
y cuando le pongo el freno
yo sé que ando bien montau;
es mejor que un colorau
que supe tener primero;
me lo compró un estanciero
al que no pude negarlo;
sin dentrar a valorarlo
me lo tapó con dinero.

-Sin hacer ningún desprecio
después de haberlo probado,
resultando de mi agrado
no le haré cuestión de precio;
yo a lo que es bueno lo aprecio
y ante la razón me callo;
si es tan bueno su caballo,
pida lo que va a pedir…-
-Vea, señor… me viá dir…
No voy a vender mi bayo!...

Versos de Charrúa

AL PATRÓN

…ponele ditau, hija…

         -Ditau-

Ay va mi’jo Doroteo
pa’ que me mande el dinero
que se nos viene el primero
y él es mejor que el correo;
si demoro, medio feo
puedo quedar con usté;
y así, patrón, oigamé:
la plata que necesito
la he tarjau en un banquito
pa’ saber cuanto y pa’ qué.

Pa’l alambrador Ensúa,
trescientos ochenta y tres
y, al almacén de Nogués,
ochenta de alambre’e púa;
aura, pa’ don Zabalúa
que acarrió los materiales,
cincuenta pesos cabales,
y mi sueldo, que no inora,
y a la cocinera Flora
otros trainta nacionales.

Pa’l jefe de la estación,
sesenta pesos y pico
que pagué de mi bolsico
por la carga del vagón;
y a mi compadre Simón
que anduvo humiando vizcachas,
mándele pa’ unas bombachas
o páguele lo que quiera,
o empriestelé una lechera
que precisa la muchacha.

Dispués… pa’ don Agapito
que hizo la cava’el jagüel,
eso arreglará con él
asigún dice Benito
y ansí ya le mando escrito
todito como es ansina,
solo falta la cocina,
lo que usté hará por contrata;
y aquí firma por mi Tata
la hija, Serapia Molina.

Versos de Charrúa

sábado, 9 de junio de 2012

AL TRANQUITO


Después de un solazo ardiente
lindo es salir al tranquito
en un caballo mansito
pero vivo y reluciente;
tender la vista hacia el frente
como agrandando el lugar
y con otro comentar,
que la tarde, ya en derrota,
le abre una puerta grandota
al sol que se quiere entrar.

Corre a tal hora una brisa
que invita a seguir andando
al tranquito… conversando
y siempre sin darse prisa;
el mosquito, a banda lisa,
sigue tenaz, cargador,
y se va alzando el olor
de los pastos, que asoleados,
se ven como marchitados
y van perdiendo vigor.

Llegamos a una tapera,
que en un lugar solitario,
es templo sin campanario
existente campo afuera;
entre el silencio que impera,
nace alguna sugestión,
pues parece que un cordón
de mostazas y flechillas,
estuvieran de rodillas
rezándole una oración.

Tras de una hojita que vuela
o un cascotito rodando,
parece estarse escuchando
las pisadas de una abuela;
inmensamente se anhela,
a pura imaginación,
remover cada terrón,
por descubrir lo que ha sido
y ante escombros de su olvido
hacer su reconstrucción.

Seguimos, y algún yuyito
de seductora fragancia,
lo lleva a uno a tal distancia
que lo interna en lo infinito;
parece abrir despacito
las portadas del placer
y, como si florecer
quisiera en el pensamiento,
forma pimpollo un lamento
entre alegrías de ayer.

Ya noche casi cerrada,
con la última vislumbre,
al regresar, por costumbre,
bajamos en la enramada;
la luna, como incendiada,
va comenzando a subir;
lo que convida a seguir
después de un buen asadito,
al tranco… siempre al tranquito,
como nuestro porvenir.

Versos de Charrúa

martes, 5 de junio de 2012

BRAVA LA PAISANA


Me fí pa’ ver a Loreta
por encargo de Velarde,
y de alunada esa tarde
ya se pisaba la jeta.
Andaba de mala veta,
ni el paine se había pasao;
con cada ojo colorao
como tajada ‘e sandía,
y pu’arriba se le vía
que’l horno estaba caldeao.

Poco me gusta dentrar
en custión con las mujeres,
ellas son pa’ sus quehaceres
y el hombre pa’ trabajar.
Yo la quise conversar
con palabras de güen criollo,
y anque sabe que no arrollo
y corajiando la indina,
me cargó como gallina
cuando le agarran un pollo.

Y ya pegué la sentada
pa’ no tener que aporrearla,
porque ¡a qué diantre ib’hablarla
viéndola así encachilada!
Chispiando la condenada
lo mesmo que un jogonazo,
y como no le hacía caso,
de purita indinación,
gritaba como un lechón
cuando le cierran el lazo.

Yo sé que cuando m’enojo
como cualesquier soy malo,
y podía, de darle un palo,
quedar rivoliando el ojo.
No s’iba a morir de antojo
si es lo que andaba buscando,
y la intención sofrenando
antes que más me tentara,
me volví en mi ‘malacara’
muchas, mil cosas pensando.

Versos de Charrúa