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sábado, 11 de agosto de 2018

CORAZÓN DE TALA


Fría el agua -como nieve-
congelando hasta las bestias,.
y yo a un tronco las molestias
le sacaré -mientras yueve-.
Recostao contra la trebe
viá dejarlo todo el día
pa’ ver si la rebeldía
despacito se refala
y cuando lo atraque al tala
se prienda con alegría.

Un pedazo de madera
que habla de aves y de nidos,
de los inviernos sufridos
y flores de primavera.
Cada rama, la manera
de acariciar la distancia
y la espinuda arrogancia
se curtió con los poderes,
como se curten los seres
que sufren desde la infancia.

Hueya de su derrotero
es la cicatriz de un gajo,
la plataforma -barajo-
de una casita de hornero;
ayí se templó el pampero,
¡golpiaron los ventarrones!
…y en las frías oraciones
-la brisa suave que sopla-
dejó la silvestre copla
que acunaba a los pichones.

Si el final de su esistencia
lo vio rodar por la grama
tendrá que alzarse en la yama
como grito de presencia.
El chispiar será conciencia
y la brasa, integridá.
Dejando en la humanidá
el calor que fertiliza
…si hasta la misma ceniza
tiene alguna utilidá.

Lentamente debe arder
pa’ que’l humo ni se note,
pero que al fuego le brote
un amplio resplandecer.
Será como renacer
al yegar la madrugada.
Y el que no pueda ver nada
en la hoguera de’ste leño
¡qué despabile su sueño
al sol de la yamarada!

Versos de Julio H. Mariano

viernes, 4 de agosto de 2017

EL RELATO DE ANASTACIA

Salí temprano a boliar,
aprovechando la fresca
y en cuanto el s’hizo yesca
me decidí a regresar;
nos debíamos cuidar
por algún malón aislao,
y aunque avestruces cortao
vi como yendo de paso,
malicié, que por el mazo,
los habrían corretiao.

Pero al subir una loma
que la yanura resalta       
vi que  mi tropiya falta
y la primer duda asoma.
El “moro pampa” es paloma,
es mi corazón que avanza
procurando en lontananza
hundir la imaginación,
porque sepulta el malón
¡hasta la cerda su lanza!

¡Jamás sentí sobre’l cuero
una sensación tan fiera!
en furibunda carrera
rayo el “moro” en el alero,
por saber me desespero
si a Anastacia la han robao
y entro al rancho ilusionao
con una esperanza cierta:
antes de encontrarla muerta
que se la hubieran yevao.

Al entrar nomás, comprendo
que la pobre sigue viva…
aunque hacia el infierno iba
aqueya infeliz, muriendo.
Por instinto voy corriendo
a buscar tras de un horcón,
donde escuendo un “remigtón”
que se lo gané a un milico
¡apenas por el hocico!
siendo el “moro” redomón.

¡Son pocos!... eso me alienta,
cuantimás, siete -presumo-,
y se podrán hacer humo
si los alza una tormenta.
Mi “moro” ya tenía menta
de guapo en la travesía
y aunque trajinao venía
sé que en él puedo confiar,
lo he podido comprobar
caminando noche y día.

Y ya partí, sin más tregua
que la que el caso precisa;
ellos no van muy de prisa,
me habrán sacao… cinco leguas
vacas, tropiyas y yeguas
les hacen lerdo el andar,
de noche van a’vanzar
¡esa es mi oportunidá!,
Dios… si su ayuda me da
jamás le podré pagar!

El fin de mi travesía
sin ladero ni compadre,
es peliarlos donde cuadre
con la juerza que tenía.
Por mi prienda dejaría
hasta el último laurel…
supe en el momento aquel
que su esperanza es mi suerte
y que mi muerte es su muerte
en las manos del infiel.

Calculé que la manera
pa’ vencerlo al forajido
es sorprenderlo escondido
del lao de la delantera.
Ni sospecharon siquiera
de tan demente epopeya
y casi l’última estreya
vio entre la espesura parda,
¡un lión!, que al salvaje aguarda
agazapao en la hueya.

El relincho de un potriyo
los anuncia a la distancia
y siento el pecho un ansia
que se ciñe en el gatiyo.
Tantié el calce del cuchiyo,
miré al “moro” de reojo
oculto por el abrojo
¡bien estirao!, largo a largo;
ansina podía dejarlo
sin manea ni tramojo.

Noté en aqueya ocasión
que Dios a mi lao estaba
porque’l coraje esplotaba
más y más mi corazón.
La esperanza: ¡el remingtón!,
en la lucha desigual.
Y en el silencio total
solo se escuchan las patas
como arpegiando las matas
en una marcha final.

Apareció el primer bruto
que asoma en el firmamento
viene en punta, y al momento
el indiaje en absoluto.
Cuando el primer pampa enluto
se armó un tremendo regüelo,
yo que estaba contra el suelo
vi como todo se espacia,
y al que yevaba a Anastacia
cuando cerró los pigüelos.

Grité que lo amalcornara
y eya en la cruz, como pudo,
al espueliarlo el clinudo
ayudó a que se boliara.
Ayí perdió la tacuara
y yo, que me hayaba alerta,
al ver que mi gaucha acierta
a escapar en ese trance,
lo mandé pa’ que descanse
ande ninguno despierta.

Se vinieron sobre el pucho
otros tres, al verme solo,
y cayó como chingolo
al que le apagué un cartucho.
Me encaró un fiero matucho
con gritos de estremecer,
pero mi prienda al caer
se levantó con la lanza
pa’ que le entierre en la panza
el odio de esa mujer.

Un bolazo me saqué
que me rozó en el costao
pero al pampa encarnizao
el pingo le manotié,
el fierro desenvainé
en cuanto estuvo en el suelo,
quería terminar el duelo
por si venían los demás
y en dos entradas nomás
se fue gritando pa’l cielo.

Luego, el silencio total
…solo el pulso que galopa,
o alguna balar en la tropa
o el relincho de un bagual.
Cuando un yanto emocional
suelta mi pobre Anastacia
me consume su desgracia
en un abrazo infinito,
mientras le hablo despacito
de su invalorable audacia.

Y después que una oración
el sentir nos entablara
yo le pedí que mirara
la solitaria estensión,
le dije: En esta ocasión
el Señor nos ha’mparao
rejuntemos el ganao,
agarremos la madrina
y vayámonos, mi china;
que’sto quede en el pasao.


Versos de Julio H. Mariano

jueves, 8 de mayo de 2014

MENOS MAL QUE DEJÉ EL RUANO

Mañana, si no descampa,
iré pa’l poblao temprano;
“¡menos mal que dejé el ruano!”
…que me anda poniendo banca,
y no es que le haga retranca,
pero si prueba el corcovo
se envician con el retobo
y están empacao por nada;
pero en esta galopiada
vas a ver como lo sobo.
  
Nos quedarán cuatro días
pa’ darle fin a la yerra;
si es que’l tiempo no se emperra
el miércoles volvería;
te escribo por si querías
ir apartando los potros,
se va a quedar con nosotros
Pancho y Luis pa’ la’garrada.
Salen los d’esa manada
¡beyacos como no hay otros!
  
Pancho reventó el trenzao
que le vendió el santiagueño,
y en convencerlo me empeño
que fue un tirón mal pegao.
El Indio Funes le ha dao
un torcido pa’ enlazar,
es pesao pa’ trabajar
-pa’ pior Pancho tira lejos-
aunque este gaucho… canejo
no es fácil que vaya a errar.

Hice de lazo “El Careta”
-el de colmiyos cruzao-
y por ingréido y taimao
solo acarrié pa’ la horqueta,
por suerte es blando en la jeta
y había enlazao livianito
porque si no… ¡Dios bendito!
cuando casi costaló
y en la vuelta se enredó,
¡bufaba fuego el maldito!
  
¡Si supieras la alegría
que recibí esta mañana!
cuando Rudecindo Arana
yegó al aclarar del día,
en su maleta traía
-conociendo mi pasión-
un poncho pampa, cimbrón
de alguna invasión indiana.
Porque Rudecindo Arana
ha léido mi corazón.

 Sin más, cuñao, un abrazo,
lamento no haigas venido…
vieras lo que te has perdido
vos, que tirás lindo el lazo;
¡hay unos toros machazos!
aspudos y cimarrones,
salen que parecen liones
moros, rosiyos y pampas.
Enlazando de las guampas
nos divertimos los piones.

Versos de Julio H. Mariano

jueves, 14 de febrero de 2013

RESTOS DE LA PAMPA

Un manto de cebadiya
está cercando la loma
que oculta su policroma
entre un malón de castiyas.
Hay un hombre en la gramiya
quebrao por una rodada
y la vidriosa mirada
muestra que’l dolor es tal,
…¡si mirando el animal
no hace falta ver más nada!

¡Arrancó con el bozal
tierra, raíces y pasto
y con la punta del basto
dejó un surco colosal!
-Cuánto riesgo por un rial
y comer una picana-…
pa’ pior, la pluma liviana
y comienza el “Turco” piyo:
“que’s época de martiyo”
y que “va’umentar mañana”.

Mudo el campo. La esperanza
de que cruce algún paisano
es un consuelo lejano,
un puntito en lontananza.
Mientras que la noche avanza
con paso sentenciador
puede ver el boliador
que la luz del nuevo día,
la apagaba… o la encendía
la mano del Salvador.

Tal vez montó con esfuerzo
el gaucho de mi poesía,
de saberlo: la alegría
estreyaría este verso.
De cualquier modo el reverso
de estas décimas descampa
una peligrosa trampa,
que puede costar la vida,
cuando el coraje convida
en los restos de la pampa.

Versos de Julio H. Mariano 

sábado, 30 de julio de 2011

¡NO AFLOJÉS MORDAZA!

Dijo: “-Vengo de pasada,
viajando con mi tropiya
y vi en el pajal que oriya
un potro entre la manada,
lo comparé por su alzada
y es como los míos, su taya,
por tener tan linda laya,
y de mis pingos el pelo,
si me lo vendiera, agüelo,
¡lo yevo cuando me vaya!

Le diré lo que me apura
a entablar estos baguales,
y que sean los animales,
pelo, caja y mesma altura;
que no pierdan la gordura,
verá si vale la pena
el afán que me encadena
lo mesmo que un relicario:
de dir pa’l aniversario
del Pago de Magdalena!”


Y el viejo aquel… que domara
crudos, penas y alegrías
en desiguales porfías
nadie lo vio que aflojara,
nadie lo vio que quedara
de pie, solo o resignao;
jamás hubiera dejao
por el gran honor campero
que le yeve un forastero
el potro más codiciao.

Pero un lazo fue tormenta,
ayá en el viejo corral,
y en la yapa, un animal,
entre una nube se asienta;
en la polvadera lenta
…solo resplandece un briyo,
es el gesto de un caudiyo,
gesto fiel de nuestra raza,
¡gesto como una mordaza
que no la corta un cuchiyo!

“-¡No eche mano al tirador!
ni pregunte cuánto vale,
lo que de mi pecho sale
¡jamás tendrá comprador!
Veo que’s entablador
y prolijo en el manejo,
déjeme sentir, ¡canejo!
al fin una, maraviya…
al desfilar su tropiya
con un potro de’ste viejo”.

Se le nubló la mirada
y respondió conmovido…
“-Será el pingo preferido
en mi tropiya entablada,
volveré en otra alborada…”

-dijo ya sobre el recao-,
y un tañido emocionao
se fue enancao a su estampa,
yevando el lobuno pampa
que’l viejo le ha regalao!

Versos de Julio Mariano

sábado, 23 de abril de 2011

RESUEYO

Mientras me deje el patrón
yo tendré pa’ mi consuelo
un pedacito de suelo
custodiao en un rincón;
lo cuido con gran pasión
del filo de las cuchiyas
que le han rondao las oriyas
como lanzas invadiendo;
es un clinudo remiendo
rodeao de siembras y triyas.

Por suerte a la rinconada
un gran talar la proteje,
un cardal demás hereje,
un bajo y una cañada;
ayí tengo la manada,
que’s mi gloria cuando voy,
por áhi, un grito les doy
pa’yarlos en las neblinas
y mojao hasta las clinas
se vienen donde yo estoy.

Ayí mi paz alborozo,
cuando en esa lejanía
encuentro el sol, cada día
que’l espíritu retozo,
y si un potriyo curioso
me vuelve a la realidá,
siento que’l campo me da
“resueyo” en ese momento,
y oigo en el silbar del viento
que gime la humanidá.

¡Oh pampa!, cuanto misterio
guarda la naturaleza
como si entre la maleza
germinara un cautiverio,
o acaso será el saumerio
del aroma que respiro,
por donde yega un suspiro
del pasao que me contagia
y va dejando una magia
en cada cosa que miro.

Confín, luz de amanecida,
donde la’rmonía conversa,
donde’l silencio da fuerza,
donde florece la vida;
áhi estás tierra querida,
pedazo de mi esistir:
si un día yegan a oir
que’ste cristiano se aleja,
será… porque’ntró la reja,
entonces… voy a partir!

Versos de Julio Mariano