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martes, 2 de julio de 2019

LESCANO Y "LA PANTERA"


Yo que fui el animador
de aquella fiesta campera
hoy relatarle quisiera
con la evidencia mejor
todo el Pago alrededor
comentaba la topada
de la invicta reservada
“La Pantera” de Albornoz
yegua que era portavoz
de una fama bien ganada.

Con el basto y la encimera
la montaba un entrerriano
el conocido Lescano
jinete de laya entera
dos mil personas de afuera
y otras tantas de Sarmiento
presenciaron el momento
cuando César la pidió
no habré de olvidarme yo
jamás de lo que les cuento.

Salió fuerte la gateada
corcoveando ni sé cómo
cuando a Lescano en el lomo
le vi la estampa ladeada
de pronto la reservada
sobre su pecho cayó
el paisanaje lo vio
a César ya entre los pastos
pero volvió hasta los bastos
y en ella se levantó.

Señores cuánta emoción
salió otra vez jineteando
a rienda y lonja peleando
con fuerza en el corazón
le soportó un enterrón
que otro quizás no lo aguante
fue sobre el lomo otro instante
pero después amalaya
fue el final de la batalla
cuando cayó hacia adelante.

Cada gringo que allí estaba
unido con el paisano
quería abrazarlo a Lescano
y en ancas lo levantaba
Albornoz que festejaba
su triunfo de tropillero
también llevó considero
el merecido homenaje
por el bagual más salvaje
que conocí compañero.

Las palabras me faltaron
pa’ relatar ese día
la tarde estaba tan fría
y unas gotas me surcaron
todos de allí se llevaron
la evocación más señera
de la famosa “Pantera”
y el gran jinete Lescano
como un recuerdo del llano
sobre la historia campera.

Versos de Juan José Somohano

jueves, 28 de marzo de 2013

DOMADOR ENVEJECIDO

Sobre un "bayo" de penacho
lindo de ancas y de lomo
“Es el último que domo
-me decía el paisano Cacho-,
empecé desde muchacho
con bocas para ablandar.
Mi oficio ha sido domar
y mi saber se acrecienta,
pero ayer cumplí cincuenta,
es hora de abandonar.

Treinta y seis años andando
arriba de los baguales
no son dolores casuales
los que me están molestando.
Por forzarme tironeando
suelo dormirme sufriendo.
El tiempo pasó corriendo
y como es ruda mi ciencia
lo que gané en experiencia
en fuerzas lo fui perdiendo”.

Tenía razón el paisano
conocedor de la pampa.
Lo reflejaba su estampa
de domador veterano.
Más de uno confió en su mano
pa’ que le amanse un bagual
en su trabajo rural
aunque pasó algún apuro,
ni por malo, ni por duro
¡jamás! largó un animal.

También decía al conversar
de las cosas de la vida:
“La vejez es una herida
que nadie puede curar…
la doma voy a dejar
¡si cuesta creerlo, canejo!,
ayer, un pingo azulejo
entró a tirar sacudones
y al apretar los garrones
me convencí que estoy viejo”.

Versos de Juan José Somohano

sábado, 23 de marzo de 2013

COSAS QUE PASAN


Junto a Patricio, mi hermano,
por la semana pasada
encerramos la manada
en el corral, bien temprano,
porque resulta, paisano,
que teníamos que marcar
unas yeguas pa’ llevar
a la feria al otro día.
Él y yo con alegría
porque ibamos a pialar.

Mi hermano entró en el corral
porque ya estaba la marca
y le echó el ojo a una zarca,
¡que belleza de animal…!
Viéndola tan servicial
dando vueltas, asustada,
dentró a revolear la armada
y al pasarle de derecho
el lazo paró en el pecho
de la potranca gateada.

Patricio, ya acostumbrao
a pialadas, puerta afuera
le aflojó pa’ que cayera
más para abajo el trenzao
después estando afirmao,
un tirón fuerte pegó.
La gateada pie perdió
y al caerse sin trabajo,
le quedó el cogote abajo
y el golpe la desnucó.

Que “va ser”, se había matao
y lamentando aquel caso,
monté sobre mi picaso
y la cinché pa’un costao.
Luego con el lazo armao,
viendo puntear una blanca,
hice un tiro de payanca,
erré y volví a tirar
pero no pude agarrar
ni siquiera una potranca.

Patricio a gritos decía,
desde afuera del corral:
“-Hombre más chambón pa’l pial
pensaba que no existía…”
Como tanto se reía
me dejó de malas ganas
y siguiendo en sus jaranas
me decía: “-Salí, payaso
que si no me das el lazo
van a quedar orejanas.”

El lazo le entregué yo.
Ya medio cansao estaba
y cuando el sol calentaba,
el trabajo terminó.
Una potranca quedó
tendida, sin palpitar…
Saqué de botas un par
a medida de mis patas,
pero andaré en alpargatas
hasta que aprenda a pialar.

Versos de Juan José Somohano

lunes, 19 de marzo de 2012

LAS GAUCHADAS NO SE COBRAN

- Llegué para devolverte
lo que me habías prestao.
Contento de estar curao...
Dando gracias a la suerte…
Quiso llevarme la muerte
con insistencia bravía
pero sigo todavía
redomoneando baguales
y aquí te traigo los reales
que me diste el otro día.

Además gracias, te digo,
porque andando en mala pata,
enfermo y con poca plata,
siempre estuviste conmigo.
En vos encontré un amigo
que ayudó sin pedir nada.
Hoy eso es cosa pasada
y traje al saber tu maña,
una botella de caña
pa’ agradecer la gauchada.

- Me siento contento, hermano,
por tan amable atención.
Y más grande es mi alegrón
verte enteramente sano.
Fue mi deber de paisano
hacer lo que hice con vos.
Y como crece en los dos
la amistá cada día más,
las gracias que a mi me das,
hay que dárselas a Dios.

No se cobra una gauchada
entre gauchos corazones.
Guardate esos patacones
que a mi no debés nada.
Arrimate a la enramada,
desensilla en la gramilla.
Voy a chairear la cuchilla
mientras bañás al overo,
porque tengo un buen cordero
pa’echar sobre la parrilla.

Versos de Juan José Somohano

domingo, 22 de mayo de 2011

APADRINADOR

Oh! gaucho apadrinador
que sobre el lomo de un pingo
cuidás en cada domingo
al jinete o domador,
en el caballo mejor,
de buena rienda y ligero,
todo el ambiente campero
comenta de tu experiencia,
apadrinar, una ciencia
donde hay que jugarse el cuero.

He visto algún reservao
tomar el campo con furia
y en situación de penuria
al jinete enhorquetao,
fue allí donde tu montao
supo jugarse al instante,
siendo lo más importante
salvar el hombre del caso
sacándolo con un brazo
y echándolo por delante.

En aquella jineteada
que no talle tu presencia
tal vez que la concurrencia
observe gente golpeada,
la estampa prefabricada
de aquellos que quieren ser,
jamás podría reponer
tu destreza conocida
porque cuidar una vida
no se trata de aprender.

Vos cortaste la estribera
del quedó en el estribo
y ya más muerto que vivo
flameaba como bandera.
En cada fiesta campera
donde el pago está reunido,
pasas desapercibido,
te olvida el animador,
pero yo, apadrinador,
te canté lo merecido.

Versos de Juan José Somohano