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lunes, 11 de diciembre de 2017

PA' "LOS ÁLAMOS"

Boliche’el camino real
que entre Cañuela’y Las Heras
vos fuiste lugar de espera
del resero, del mensual;
en mi verso decimal
yo le canto a tu memoria,
fue tan grande, tan notoria
tu ausencia de ese paraje
porque pa’quel paisanaje
fuiste un pedazo de historia.

“Los Alamos” se llamaba
aquel boliche qu’era
parada de la galera
y todo aquel que pasaba;
los gurises que pescaban
en el “arroyo tercero”,
frente a tu reja pidieron
con ansia de chiquilín
la cola o el naranjín
pa’ refrescar el garguero.

Días de lluvia, de barro
a veces meses enteros,
y allí cáiban los tamberos
en una veintena’e carro’,
al barullo de los tarros
después de haber descargao
era el parar obligao
para tomar el Vermú,
la ginebra o “Caña Ombú”
y dar resuello al atao.

Parece que se hamacaran
tuitos al mesmo compás,
el de adelante, el de atrás,
el ladero, el de las varas,
zainos, pampas, malacaras…
¡cha! si había una tropilla,
y al costao de la gramilla
ande empieza el caminito
hacía el sudor un charquito
al chorriar por las ranillas.

Anda al trote Don Vicente,
corre fuerte el coperío
pa’ atender tanto gentío
hay que ser sobresaliente
siempre atento con el cliente,
parroquiano o forastero,
repleto el estante entero
con yerba, fideo, sal fina
pa’ abastecer la cocina
de la estancia o el puestero.

Como resonando el eco
de aquel grito de ¡Opa… opa…!
por áhi llegaban las tropas
que venían dende Areco;
al tranco pausao y chueco
como Güiraldes lo nombra,
pisaba la verde alfombra
de mi “pago cañuelero”
Nogueira, el gaucho arequero
y el alma del Viejo Sombra.

“Alamos”…! que en un pasao
fuiste de Vicente Feito
el tiempo te ganó el pleito
y quedaste abandonao;
¡si se habrán hecho asao’,
corderos y costillares!
grandes bailes familiares
‘nel patio bordeao de yuyos,
sitio que fuera un orgullo
de nombre, en estos lugares.

Boliche que te lucías
con tu cancha, tu frontón;
pa’l tiro de algún chambón
tejido arriba tenías;
‘pelotaris’ que venían
a caballo, en bicicleta,
se juntaban los atletas
pa’ competir en el juego
y aún conservan “Los Gallegos”
varias yuntas de paletas.

Amigo ‘e toda la gente,
de Juan, de Pedro, de Andrés,
era el linyera irlandés
que vivía bajo el puente,
verlo allí era muy frecuente
al ruido de las chancletas,
tiocas las manos, masetas,
y aún hoy, endispués de muerto,
recuerdan a Don Alberto
su luchar con la maleta.

En un marco de recuerdo
sobre un lienzo de memoria
fui dibujando tu historia
al tranco cansino y lerdo,            
en el pasado me pierdo
para poder rescatarte
cual si fuera una obra de arte
te llevo en el corazón,
por si se da la ocasión
de exponerte en cualquier parte.

Versos de Luis Balbo

lunes, 6 de junio de 2011

CORREO DE ESTANCIA

Junto al canto de los gallos
con el fresco matutino
se ve pasar a Angelino
pa’l corral de los caballos,
entre zainos, moros, bayos,
de tordillos toma un par
y áhi nomás comienza’atar
bajo un coposo ucalito
a la yunta, en un carrito,
que hacia el pueblo va a marchar.

Al rato se oye el tañir
de la campana tres veces
y áhi Angelino aparece
ya dispuesto pa’ salir;
del “mayor” va a recibir
la cartera con los vales,
y al tiempo que unos baguales
relinchan por la estensión,
con rumbo a la población
el carro del casco sale.

Y cuando a Cañuelas llega
p’hacer la proveeduría
se va a la panadería
ande las bolsas entrega;
de áhi un trotecito pega,
por Lara se ve cruzar,
las cartas va a retirar
en menos de un santiamén
pa’ dir luego al almacén
y varias cosas llevar.

Ya con la carga completa
-yerba, pan, correspondencia-
por volver a la querencia
cada tordillo se inquieta,
hace marchar los sotretas
a un tranquito firme y sano
hasta lo de Chiarantano
que es la última parada,
lleva el diario a la pasada
y al campo vuelve el paisano.

A pecho de dos tordillos
viene avanzando el carruaje
que después de un largo viaje
llega al campo de Bustillo,
don Paz, con todo su brillo
pone frente al tiempo feo
y aunque es cruel el traqueteo
que le da la Villalonga,
sigue firme, meta y ponga,
con su oficio de correo.

Los “torchos” trotando van
y al llegar al primer puesto
se detiene en lo de Ernesto
y áhi baja una bolsa ‘e pan.
Luego viaje seguirán
por un amplio callejón
llevando en el carretón
los encargues de rutina
destinao’a la cocina,
chalé y administración.

Envuelto en la polvadera
va devorando distancia
hasta llegar a la estancia
en donde Torres lo espera,
y áhi entregar la cartera
que abre el oficinista
y mientras pasa revista
a las cartas que han llegao,
Angelino ha descargao
los pedidos de la lista.

La carne trae al momento
que cortó “El Negro” Giménez,
poco tiempo se entretiene
porque eso lo hace de intento,
nuevamente en el asiento
ya se dispone a seguir,
aún le queda repartir
galleta, mercadería
y algo más que’n la herrería
de pasada va a subir.

Firme las riendas empuña
por el camino “del cinco”,
como pa’ pegar un brinco
los pingos clavan la uña;
Isidro, Cabaña, Acuña
es la meta a continuar
para luego culminar
el trabajo ‘e la mañana
junto al toque de campana
que once y media va a sonar.

Quizás me faltó pintura
pa’ filetear lo pintao
pero el verso que he narrao
encierra una verdá pura;
es la paisana figura
de un hombre bueno, capaz,
y dejo el verso áhi nomás
con un lenguaje sencillo
pa’l correo de Bustillo
mi amigo, Angelino Paz.

Versos de Luis Balbo