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viernes, 12 de julio de 2019

POBRE RANCHO ABANDONAO!


Cuasi cáido de cansao
el viejo horcón de maclura
sostiene la techadura
apenitas, del quinchao.
¡Pobre rancho abandonao
a las yuvias y a los vientos!
que cobija sentimientos
funerarios y transidos
convocando aparecidos
y lúgubres esperpentos.

Ya no lo anida el hornero
ni yegan los pajaritos
lo humiyan los ocalitos
y se burla el tero-tero
el patio se abrió al potrero
y en los oscuros rincones
las arañas dan leciones
de tejido artesanal
que’s una trampa mortal
pa’ los insetos chambones.

El alma si esiste irá
dende’l campo hacia el olvido
yevando en su recorrido
fantasmas pa’l más ayá
memorias de soledá
y como un puñal clavao
el dolor del derrotao
sollozando en letaníoa
con quejidos de agonía
y amargor de condenao.

Pena da solo mirar
si ayí todo es del pasao
puro intento fracasao
que naides va a remediar.
Ya más nada hay que esperar
salvo que quede’l mojón
pa’ que’n cualquier ocasión
cuando pase algún paisano
se haga cruces con la mano
y le espiche una oración.

Versos de Nicolás Joaquín Luna

jueves, 14 de mayo de 2015

LA TENAZA PERDIDA

Volviendo de trabajar
en yegando hasta la casa
vi que perdí la tenaza
y tenía que regresar.
¡Ganas de desensiyar
a decirle la verdá!
¡Pero si es fatalidá
que tanto la precisaba!...
¡Y a ver si no la encontraba
antes de la oscuridá!

Era una marca “peuyó”
que mi abuelo había agencia’o
de un trabajo de alambra’o
ayá por Claromecó,
que ‘ndispués mi viejo usó
y la yevaba en la faja
pa’ dejarla en una caja
guardada con tal cariño
qu’era mi antojo de niño
créirla qu’era alguna alhaja .

Por las dudas revisé
otra vez en “la pelota”
que de una caña de bota
p’hacer maleta agarré,
un torniquete saqué,
californias, escofín,
clavos y un royo’e piolín,
la cadena y el canda’o
que siempre yevo guarda’o
por el puro berretín.

Mi plan, era senciyito,
fue volver por donde vine
derecho a los casuarines,
de ayí hasta los ocalitos;
tal vez yendo al trotecito
la viera desde el cabayo…
Y ahura bien, si ansí no l’hayo
fue que quedó en l’alambrada
donde la dejé colgada
y entonces, mejor me cayo...

Así arranqué decidido
oservando atentamente
pensando en el suconciente
por donde la habría perdido,
y aunque no estaba aflijido
porque yo la’iba a encontrar,
no paré de renegar
y aguzaba la mirada
pero igual no véia nada
¡y ande se habrá ido a parar!...

Más la noche se me vino
casi qu’en un pestañar
y apenas pude rastrear
una parte del camino;
la otra parte me imagino
fue solo adivinación,
por pálpito o sugestión
pero… ¿sabe qué me pasa?
No apareció mi tenaza
¡y en eso no hay solución!...

Versos de Nicolás "Quino" Luna

miércoles, 8 de junio de 2011

EL CUENTO DE APARICIÓN

Una pava renegrida
de veinte mil calentadas
concentró a la paisanada
en dispués de la comida.
Es que’ra cosa sabida
que’n la rueda del fogón
el girar del cimarrón
entre medio encandilao
daba ese clima buscao
pa’ cuentos de aparición.

El más viejo y más ladino
de los que ayí se amucharon
ni en cuanto se acomodaron
tosió imitando al zorrino,
y frenó al yegar un vino
apurándolo a contar
que tan solo el respirar
del ovejero dormido
era l’único sonido
que se oía n’el lugar.

Con una voz muy rascada
de arena por la garganta
como víbora qu’encanta
enganchó a la paisanada:
“mandinga” en el campo andaba
y una mujer con su crío
por los uncos en el río
iba clamándole a Dios
que los rescate a los dos
de las garras del impío.

Centellas y rejusilos
y causes de inundación
despertaban la emoción
yevando a todos en vilo,
y el Viejo manso y tranquilo
pa’ darle magia a su cuento
hacía un poco de espamento
y las cejas levantaba
como tanteando una taba
o afilando un estrumento.

Montando un tordiyo entero
el tal Clemente Luján
ensartaba a ese Satán
con una lanza de acero,
y en una bolsa de cuero
rejuntó los cuajarones
que sin más contemplaciones
los arrojó n’una hoguera
y todo volvió a lo qu’era
antes d’esas maldiciones…

Sin decir que había’cabao
echó mano n’el bolsiyo
y un pucho de cigarriyo
sacó bastante arrugao,
lo prendió para el costao
y esperó como durmido
que’l último se haya ido
pa’ juntar de abajo‘el taco
un boyito de tabaco
que otro pión había perdido.

Versos de Nicolás "Quino" Luna