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miércoles, 20 de junio de 2018

DEL MESMO PALO


De las  costas del Tuyú
truje un moro pampa viejo
gordo, lustroso el pellejo,
lo llamaba “El Tacurú”.
Guapazo para el ñandú,
conocido en las boliadas,
era pa’ las gambetiadas
como soplido de viento,
había que hacerse tiento
pa’ no cáirse en las cuerpiadas.

Cuando había asao con cuero
pa’ demostrar su destreza
saltaba sobre la mesa
sin redamar ni un salero.
No había zaino, no había overo
con que igualarlo pudieran,
ni en toda mi vida entera
hallaré otro mancarrón
que tenga su corazón
y su mirada altanera.

Hoy, que han pasado los años,
vos estás viejo y vencido;
yo estoy triste y abatido
charquiao por los desengaños;
vos te acordarás de antaño
en que eras guapo y ligero
mientras que yo, compañero,
añoro mis alegrías
que se me fueron un día
volando tras un lucero.

Te acordás mi moro viejo
del lindo tiempo pasado
cuando estabas pelechado
y lustroso como espejo.
Hoy en un box desparejo
te mezquinan la ración,
vos que fuiste un redomón
que costó un triunfo domarte
has tenido que entregarte
…lo mesmo que tu patrón.

Versos: (presumiblemente) de
Carlos María Cervetti

domingo, 16 de octubre de 2011

EL RANCHO

Tengo un rancho de totora…
ataperao por el tiempo,
tirao a un lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
Son de adobes las paredes,
de adobes son los cimientos,
y de tala, los horcones
y la cumbrera del techo;
y como no tuve paja
pa’ terminarle el alero,
y me faltó -entre otras cosas-
las ganas de hacerlo y tiempo…
cacé un puñao de ilusiones,
me agencié de algunos sueños,
los misturé con suspiros
y se los puse de alero.
Y pa’ que no me lo arranquen
el viento de los recuerdos,
lo afirme con cuatro cifras,
con estilos y con cielos.
Ansí levanté mi rancho,
ansí lo puse derecho:
a un costao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.
En él, no me falta nada
aunque no me sobra un cuero:
tengo güen horno, fogón,
y catre pa’ dos tengo hechos…
porque nunca me ha faltao
a quien arrimar los güesos;
¡privilegio de los sonsos
que somos corto de genio!
Varias cabezas de vaca
tengo pa’ hacerme de asiento,
y en las paredes: cencerros,
bolas, lazos y cabrestos,
encimeras y peguales
forman tuito el ornamento.
Y allá en un rincón… dormida
hasta que yo la despierto,
tengo una gaucha guitarra
que’s ¡pavada de instrumento!
Ni bien le pego un rasguido
parece que tiene adentro
cien zorzales encerraos
que se despiertan riyendo
y que juyen por las notas
cara al sol y pecho al viento.
De cuando en cuando,
uno de ellos, se para en el clavijero,
pa’ leer la cinta bordada
que una morocha le ha puesto
y dice: “Dolores Junes,
pa’ quien me ha robao el sueño”.

Todo eso tengo en el rancho…
y algo más que no me acuerdo.
En él son bien recibidos
amigos y forasteros;
los primeros por ser tales,
los segundos, por aquello
de que “en el rancho de un criollo
a naides le falta un cuero
en que tirarse una noche,
ni un pedazo de asao tierno,
ni un gollete a que prienderse
si no mezquina el garguero”.

Si pasa por él, mi amigo,
apeesé sin recelos,
va a entrar al rancho de un criollo
más servicial que’l yesquero;
es un rancho pobretón
pero adentro hay un entero.
Lo hallará al lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.

Versos de Carlos María Cervetti

(La versión corresponde a la grabación efectuada por Alberto Merlo)