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jueves, 28 de marzo de 2013

ALBOREANDO

Con los primeros destellos
de las auras incipientes,
el monte muestra su frente
y el pajonal sus cabellos,
un gallo estirando el cuello
arrea su clarinada
y el vapor de las cañadas
sobre el ondulante cauce,
besa las ramas de un sauce
que llora en su correntada.

La hacienda se despereza
al tiempo que se disgrega,
mientra’un molino despliega
su sonido con pereza.
Allá en un rancho bosteza
de a ratos los chimenea,
los borregos juguetean
en el tronco de un ombú,
y al divisarme un ñandú
sus alones balancea.

Un mensual con un puestero
que están arroyo por medio,
gritan: “-No habrá más remedio
que perseguir los nutrieros”.
“-Y lo que valen los cueros…”
Entre otras cosas se dicen.
Echao en una raíces
tapo con uncos las trampas,
y al divisarme se zampan
entre unas matas, los cuíces.

Un vuelo de martineta
se despierta en la llanura
y cruzan de patas duras
al tranco, las gallaretas.
Allá las garzas inquietas
en las barrancas vigilan,
las lechuzas intranquilas
le chistan a los caranchos
y yo gano rumbo al rancho
como a su cueva la anguila.

De miedo que alguna ‘mora’
quiera rasguñarme el cuero
me hago un gato en el estero
y un relámpago en la aurora.
Me chairo entre las totoras,
me peino en los cañadones
y me siento en los garrones
igual que carpincho viejo,
si grita un tero a lo lejos
o los horneros arcones.

Sé que si tomo una copa
a vece’en la pulpería
me tienen antipatía
como toruno en la tropa.
Y en cuanto cambio de ropa
se dicen: “-Este ha robao”.
Y si me ven bien montao,
se averiguan de soslayo:
“-¿De quién será ese cabayo
que está tan bien ensiyao?”

En una reunión de criollos
hay torcidos y derechos,
y atrás de cada repecho
hay flores como pimpollos.
En el vuelo de los rollos
va la posición del brazo,
se defiende a los zarpazos
el puma que se ha sentao
y el animal muy peliao
¡previene los cimbronazos!

Versos de Juan Carlos Bares
                "El Indio" -uruguayo-

domingo, 16 de octubre de 2011

ROMANCE PARA MI MATE

Aparcero de la pava
amadrinao a mis callos,
afirmao a un trasfoguero
o en las patas de algún banco.
Como un sueño de visita
en la boca de un hallazgo,
en las manos de una moza
sos ausencia, charco y lazo.
Lazo pa’ pialar las charlas,
charco pa’ ahogar el cansancio.
Y ausencia para quedarse
como dormido en sus labios.
Y áhi andás como un siñuelo
si entropillo algún churrasco,
cruzando por el camino
la presencia de algún gaucho
te alzás en invitación:
“eche pie a tierra, paisano”.
Galopiao por los luceros
llevás el chasque de un trago,
si te apura un dormilón
o te revuelca un bellaco.
Curandero en cada yuyo
y rumbo en cada cigarro,
si habrás llevao pisotones
cuando te rastrió una mano
a flor de tierra en las llantas.
Si te habrás golpeao el casco
palanqueando en las bombillas
el recuerdo de otros labios,
ablandando un alunao
o riéndote de algún guapo
que simuló acomodarte
solo pa’ mirar pa’ abajo.

De tanto ejuagarte el pecho
y engrasarte en los descansos
quedaste marrón oscuro
pa’ hacer juego con los bastos.
Tenés una cicatriz
recuerdo de aquel “picazo”
que anduvo de feria en feria
como vos de mano en mano.
Vos pa’l fondo ‘e la maleta
y yo apurao por montarlo,
me acuerdo se voleó entero
y vos quedastes abajo.
Con unas grampas de cobre
te fui remendando un tajo,
pero sangraba tu herida
hasta reclamarme un trapo.
Fue entonces que en una yerra
se quebró un pampa en el lazo.
Los asao pa’ los fogones,
los cuartos pa’ choricearlos
y los güevos, ni que hablar,
sobre las brasas se asaron
y calculen, con el forro
quedó el porongo del gaucho,
que las mozas acarician
como a un pasajero manso.

Mientras la tierra dé yerbas,
yuyos el monte y el campo,
yo soy el pobre más rico
sobre el rumbo de mi amargo.

Versos de Juan Carlos Bares
    "El Indio" -uruguayo-