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jueves, 10 de enero de 2019

LA ÚLTIMA CARRETA


Va la carreta tranquiando
por una huella de olvido
y el boyero va terciando
su tristeza en el silbido.

No la apuris, güey manchau,
no la apuris, yaguané,
vamos en viaje al pasau
y ya nunca volveré…

Por aporriau tu destino,
y por escudar tu suerte,
jamás sabrás, güey barcino,
que tu azaroso camino
lleva derecho a la muerte.

Sigue y sigue el cabecear
de la carreta vencida
y al boyerito el cantar
se le escapa con la vida.

Qué triste tu andar legüero
y qué aporreada tu suerte,
jamás sabrás, carretero,
que contra lluvia y  pampero,
vos vas rumbiando a la muerte.

Versos de Buenaventura Luna

martes, 9 de enero de 2018

ROMANCE DE MI CASTAÑO

Perdió una riña mi gallo,
cuerpió mi ñata ese día,
rumbié pa’ la toldería
y entonces gané un caballo.
A veces me busco y me hallo
en lo negro del destino,
nos fuimos por el camino,
él tranquiando leguas largas
y yo regustando amargas
cositas que deja el vino.

Se hacía larga la huella
el toldo distante estaba
mi caballo se cortaba
y yo iba pensando en ella,
pero la luz de una estrella,
tiene el “castaño” en la frente,
y obligau a ser valiente
se estiró en la noche larga,
llevando la enorme carga
de mis sombras al poniente.

Camino de largo andar
con rumbo a la toldería
ya la ñata no era mía,
ni era mío su cantar
por algo alargó el tranquiar
mi caballito “castaño”,
por algo su desengaño
iba yo manso y rendido
menos triste que su olvido
y menos cruel que su engaño.

Mi agüelo me dio una manta
mi mama me dio un caballo
y n o sé quién, aquel gallo
que ya no riñe ni canta,
el temblor de mi garganta
es cosa de otro querer
que mi taita supo ser
esa luz que agradecida
recuerda toda la vida
el alma de una mujer.

De las cuatro medio abierto,
con una estrella en la frente,
el resuellito caliente,
y el ojo siempre despierto,
hecho al rigor del desierto,
y al calor de mi carona
fibra loca y redomona,
menos pa’ mi, pa’ cualquiera
ni se le dio a la pulpera
ni lo palmió la patrona.

No anduvo en potrero ajeno,
ni sabe lo que es palenque
y al ñudo cargo rebenque
porque se pasa de güeno
lo tuve tascando el freno
por culpa de aquella ñata
y esa es pena que me mata
porque a la par de su engaño
merecía mi “castaño”
un regio apero de plata.

Jamás ganó una carrera,
al menos que sepa yo,
ni tampoco se lució
en la fiesta dominguera
sí en boliada guanaquera
algunas veces se vido
sería porque atrevido
su dueño gaucho sin suerte
quiso pedirle a la muerte
remedios para el olvido.

O supo de las cuadreras
con gloria de griterío
porque siempre a su albedrío
corretiaba campo ajuera,
pero en aquella carrera,
que le propuso mi incierto,
destino por el desierto,
alcanzó las tolderías
mi “castaño” en agonía
y yo en su cruz casi muerto.

Al verlo gacho y rendido
en las sombras del poniente
mi caballito valiente,
me recuerda lo que he sido
relincha al tiempo perdido
añora el lejano estero
pero es fiel y compañero
y amujando las orejas
se queda a sufrir mis viejas
tristezas de montonero.

Cimarrón venido a manso
mi caballito castaño
jue ganando año tras año
mi cariño y su descanso;
hoy es viejo, yo lo alcanzo
cuando aquí en la toldería
intenta otra correría
jinetiau por chango pobre
el indiecito de cobre
que ha pariu la india mía.

Perdió una riña mi gallo,
cuerpió mi ñata ese día,
rumbié pa’ la toldería
y entonces gané un caballo…


Versos de Buenaventura Luna

lunes, 28 de noviembre de 2011

VIEJO PONCHO SANJUANINO

Viejo poncho sanjuanino,
a mi destino ligau,
cuantas veces me has tapau
a lo largo del camino…!
Viejo poncho sanjuanino
que en mis andanzas de arriero
juistes el fiel aparcero
de mis dichas y dolores,
y amparo de mis amores
con la chinita que quiero.

Viejo poncho sanjuanino,
refugio de mi osamenta
cuando azota la tormenta
al alto poniente andino.
Andariego y peregrino,
viejo poncho como yo,
cuántas veces te cortó
la daga del entrevero
y cuántas el aguacero
sobre tus pliegues lloró!

Te tienen por montonero,
viejo poncho sanjuanino,
pero antes sos argentino,
tradicional, guerrillero…
vos venís de un entrevero,
hecho a tambor y clarín,
vos conociste el confín
romántico del Perú;
ya te llevaba en Maipú
Don José de San Martín!

La historia de mi pasau
en tu vejez se resume;
a mi el tiempo me consume
y a vos te tiene olvidau…
Viejo poncho que ha rodau
unido siempre a mi suerte…
cuando mi osamenta inerte
descanse al fin de la vida,
estarás pilcha querida,
cubriéndome hasta la muerte.

Versos de Buenaventura Luna

viernes, 3 de junio de 2011

RODOLFO FLORES

Una guitarra encintada,
güen caballo, güen apero,
poca plata en el culero
y mucha dicha soñada.
Alguna china olvidada
entre otros viejos amores
unos cuantos sinsabores,
poquitas sus alegrías,
así era, señora mía,
el gaucho Rodolfo Flores.

De verlo tan sin agüela
las criollas lo maldecían
pero alguna brujería
sabría darle a las mozas
que al volver, las muy donosas
otra vez lo bendecían.

Cuando cáiba a las cuadreras
ya lo rodeaba la gente,
con una vincha en la frente
y otro pañuelo en gorguera
concertaba una carrera
a vaciar los tiradores,
porque en sus tiempos mejores
tenía un zaino de laya,
primero siempre en la raya
los fletes del gaucho Flores.

Pa’ correr dos cuadras libres
ninguno se le igualaba:
él siempre de atrás picaba
el hocico a la paleta
pero áhi nomás su sotreta
como tres cuerpos sacaba.

Pa’nde te juiste aparecero
de mi mocedá bravía?,
si sabrás que mi alegría
se acabó, porque te quiero,
que conservo tu yesquero
y tus lazos potriadores,
y en la sombra ‘e mis dolores
tu yesquero es sombra y luz
para encenderle a tu cruz
mis velas, Rodolfo Flores.
(La presente responde a la versión incluída en "Buenaventura Luna - su vida y su canto", libro homenaje publicado por el Senado de la Nación en 1985)