Hasta el lobuno he’nsillao
y se me larga a llover,
¡con lo que tengo que hacer
que tiempo más desgraciao!
Pero si Dios lo ha ordenao
le tendré que cabrestiar,
¡que me voy a retobar
si el cielo no tiene agujeros
donde meterle los dedos
pa’ que deje de gotear!
Aura si, con esta leña
y algunas charamusquitas,
mi viejo fogón palpita
y en calentarme se empeña;
de mi voluntá se adueña
las ganas de no hacer nada
y me ayuda la encordada
con que mi mano trompieza,
pa’ asujetar la tristeza
que viene de atropellada.
Ya que la tengo abrazada
tan mansa y tibia la siento
que casi me hayo contento
que el tiempo haga esta jugada;
en su música embretada
queda mi melancolía
y toda la vida mía
desfila de a remezones,
como si arriara en sus sones
las tristezas y alegrías.
El rencor o la amistá,
lo bueno como lo malo,
la mezquindá o el regalo,
el amor… la soledá…,
odio, perdón y piedá
se mezclan en el izquierdo,
y al rastriar, el tiempo lerdo
toda la vida empareja,
como pa’ tapar las quejas
que nacen de los recuerdos.
¿Me estaré poniendo viejo
que al sentimiento le aflojo?
Él me maneja a su antojo
y yo, dominar, lo dejo.
Estos recuerdos añejos
que el mal tiempo me ha traído,
casi los he bendecido
aunque en antes renegué,
por eso aura pienso que:
¡gracias a Dios, que ha llovido!
Versos de Omar Italiano
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jueves, 27 de octubre de 2011
sábado, 7 de mayo de 2011
RESERIANDO
En la tropa ‘e los años,
yevo unas cuantas reses por delante.
Aqueyos, los que van balando al viento
son los primeros que pasé arrogante.
Este lote del medio
son mis años de mozo ya distantes.
Y estos de atrás, los negros,
que cuasi los arreo agonizantes,
son los de ahura, tan tristes y tan lerdos
que da pena apurarlos pa’ que marchen.
Mi flete que nombré “El Esperanzao”
lo perdí hace treinta años, más o menos,
me lo ganaron por lerdiarme ‘e sonso
en el amor, que viene a ser un juego
y ensiyo desde entonces pa’ mis viajes
mi pobrecito overo
que me ha dao por nombrarlo “El Esperencia”
y cada año es mejor, aunque más viejo.
Del lazo traigo dudas.
Las boliadoras son mi confianza.
Conformidá el talero.
Mi recao, la honradez, y de mis manos
nunca largo las riendas del aprecio
y pa’ que me acompañe tengo un cuzco
que se yama “El Silencio”.
Por esa güeya que marcó el destino
ansí voy siempre con el mesmo arreo
pechando mientras viva,
los animales que ha juntao el tiempo.
Y en esas noches largas, cuando ‘e frente
siento en la cara que chucea el viento,
pa’ no sentir el frío ‘e mis desgracias
me arrebozo en el poncho ‘e los recuerdos.
(1946)
Versos de Omar Italiano
yevo unas cuantas reses por delante.
Aqueyos, los que van balando al viento
son los primeros que pasé arrogante.
Este lote del medio
son mis años de mozo ya distantes.
Y estos de atrás, los negros,
que cuasi los arreo agonizantes,
son los de ahura, tan tristes y tan lerdos
que da pena apurarlos pa’ que marchen.
Mi flete que nombré “El Esperanzao”
lo perdí hace treinta años, más o menos,
me lo ganaron por lerdiarme ‘e sonso
en el amor, que viene a ser un juego
y ensiyo desde entonces pa’ mis viajes
mi pobrecito overo
que me ha dao por nombrarlo “El Esperencia”
y cada año es mejor, aunque más viejo.
Del lazo traigo dudas.
Las boliadoras son mi confianza.
Conformidá el talero.
Mi recao, la honradez, y de mis manos
nunca largo las riendas del aprecio
y pa’ que me acompañe tengo un cuzco
que se yama “El Silencio”.
Por esa güeya que marcó el destino
ansí voy siempre con el mesmo arreo
pechando mientras viva,
los animales que ha juntao el tiempo.
Y en esas noches largas, cuando ‘e frente
siento en la cara que chucea el viento,
pa’ no sentir el frío ‘e mis desgracias
me arrebozo en el poncho ‘e los recuerdos.
(1946)
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