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jueves, 1 de agosto de 2019

UN DOMINGO


UN DOMINGO


Limpio el sol aparecía
en la estancia “La Torcaza
que antes era “La Picaza
cuando otro dueño tenía,
que conserva todavía
aquel nombre, en la tranquera,
bien grabao en la madera
tal vez por el carpintero
o con un fierro, el herrero
para que no se perdiera.

Don Ramón, el peón de mano,
lleva leche a la cocina
que recibe la Malvina
levantada de temprano;
relincha el petizo ruano
que está encerrao, impaciente,
porque ha visto de repente
que el boyero, con morral,
se va acercando al corral
pa’ que le de gusto al diente.

Domingo. Llega el patrón
con su grupo familiar
y lo espera un costillar,
chorizo’ y medio capón,
custodiao por Don Zenón
y ayudao por  el boyero
que ponía mucho esmero
en los consejos del viejo,
que pa’ él era un espejo
en los trabajos camperos.

Después de haber almorzao
con pasteles y empanadas,
apareció la encordada
en manos de un invitao,
mozo que no era rogao
pa’ pulsar el instrumento
con décimas al momento,
o triunfos, estilos, huellas...
¡Si parecía una estrella
que bajó del firmamento!

El cielo que se ha nublao
anuncia la Santa Rosa
y ya el patrón con su esposa
se han ido para el poblao.
La lluvia se ha desatao,
dan anca los animales,
debajo de los sauzales
se amontona la majada
y olor a tierra mojada
brota entre los pastizales.

Versos de Manuel Rodríguez 

domingo, 15 de enero de 2017

BOYERITO

1
Recién diez años tenía,
fui a trabajar de boyero,
pasaba días enteros
con tres perro’e compañía;
cuantas veces me dormía
apoyado al paraíso,
o montado en el petiso
viejo, bichoco, tobiano,
que por áhi  movía las manos
como  dándome un aviso.
2
Temprano de madrugada
orientado por los perros
o el tañido del cencerro
campeaba la caballada;
las alpargatas mojadas
por la escarcha o el rocío,
aunque tiritando ‘e frío
 pensaba con alegría
que a mi madre llevaría
¡seis pesos!, el sueldo mío.
 3
De esa forma fui creciendo
observando con esmero,
y el trabajo ‘el chacarero
despacio fui comprendiendo,
o mejor dicho, aprendiendo
como esto que detallo:
a empecherar los caballos
pa’ atarlos bien al arado,
¡cuántas veces me han pisado!
Lo que gritaba... lo callo.
 4
Tuve que arar y sembrar,
ayudar en la carneada,
atar bien la choriceada
y colgarlos pa’ secar;
también me tocó ordeñar
luchando con los terneros,
arreglar bien los chiqueros,
batir pa’ hacer la manteca,
dar de comer a las cluecas
y echarle pasto al nochero.
 5
Así se pasó mi infancia
en mis Pagos de Arenales,
entre maizal y trigales
 y del lino la fragancia.
Pa’ todo tuve constancia
y supe andar el camino;
hoy pienso que es mi destino
pasar sin hacer barullo
¡conservando alto el orgullo
de saberme campesino!

Versos de Manuel Rodríguez


PA' UN PAISANO DE VALOR

Disculpe Miguel González
si en una forma atrevida
cuento algo de su vida
y de lo mucho que vale;
espere a que yo iguale
las cuerdas de mi instrumento
y de que suelte al momento
mi voz pura de paisano
para que recorra el llano
enancada en los vientos.

 Fue domador, fue resero
en la costa ‘e Punta Lara
y le broncearon la cara
entre el sol y el pampero;
en los trabajos camperos
ponderiao como el mejor
demostrando gran valor
boleando en campo raso,
y en el cimbrón con el lazo
baquiano y calculador.
  
Si habrá cruzao los bañao
en épocas de creciente
luchando con la corriente
para salvar el ganao;
penurias habrá pasao
en las bravas travesías
poniendo su fe y baquía
para cruzar los arroyos.
Tirando con todo el rollo
supo asentar su valía.

Días felices llegaron,
conoció a su compañera
y a la usanza más campera
en el “Piria” se casaron,
cuando los meses pasaron
llegó la hija primero
-que cuidaron con esmero
en tibio nido ‘e terrón-,
el segundo fue el varón
que le salió bien campero.
  
Cincuenta años  trabajó
con honradez y constancia
y en aquella misma estancia
a jubilarse llegó;
a lo suyo se entregó,
se le agrandaron los callos
tironeando los caballos
cuando formó la tropilla
con la que hizo maravillas
al pisar suelo uruguayo.
  
Hoy que ya ha llegado a viejo
contento de ser abuelo,
pa’l paisano de este suelo
éste gaucho es el espejo.
Mi homenaje acá le dejo
con respeto y emoción,
se me agranda el corazón
-casi del pecho se sale-
gritando: ¡Miguel González,
un puntal de tradición!

Versos de Manuel Rodríguez


                                       

martes, 3 de julio de 2012

POR ESO, NOMÁS


1
Por qué canto ha de saber,
otros lo han preguntao
y a todos he contestao:
¡cantar pa’ mi es un placer!
De chico quise poder
cantarle al trabajador,
al que se seca el sudor
con el revés de la mano
al chacarero baquiano
tirando una melga flor.
2
Yo le canto al boyero
que echa la caballada
aunque sea  fuerte la helada
o sople fiero el pampero;
al que trabaja ‘e tambero
que se levanta cantando;
o al que pasa chiflando
en busca de la matera;
al que echa las lecheras
y al que anda rastriyando.
3
Al que vive en la ciudá;
al estudiante, al dotor,
porque alivia el dolor
de toda la humanidá;
al que nos brinda amistá
sin andarla calculando;
también al que está sembrando
pa’ la grandeza ‘el país ;
al que va a juntar maíz
y al que se encuentra emparvando
 4
Por ellos canto, aparcero,
porque soy agradecido
al suelo en que he nacido
y a nuestro sentir campero.
Al paisano tropiyero,
al que tiende un alambrao,
al que monta un reservao,
demostrando gran valor;
al maestro, al payador,
al que tiempla un encordao.
 5
Así seguiré cantando
recorriendo los caminos
defendiendo lo argentino
pero sin ir provocando.
Tal vez me estén esperando
debajo un sauce yorón,
en rueda de algún fogón
en alguna jineteada,
donde esté la paisanada
honrando la tradición.