1
Y en un moro que escarciaba
con ganas de atropellar
sin salirse del lugar
parecía que avanzaba,
a correr me convidaba
mostrando todo su empeño
un pampa altivo, su dueño,
de sonrisa desconfiada
con poncho de guarda atada,
lo más parecido a un sueño.
2
Con una mano en el tuse
mi tostao acaricié
y sin dejarlo hacer pie
yo también le salí al cruce,
lo tengo pa’ los ñanduces
porque es bastante avispao
y aunque no está cepillao
siempre levanta algún grano.
-Tenga cuidado, paisano
no vaya a salir boliao.
3
En trescientos fue cerrada
a poco de conversar,
era montar y montar
sin usuras ni cortadas
toda mi plata jugada
y, como soy medio audaz,
por un antojo nomás
agrandando el desafío
conociendo al flete mío
le pedí una cosa más.
4
Se volvió el indio sonriente
para escuchar mi pedido
y con un gesto atrevido
otra vez mostró los dientes.
Le dije serenamente
si otra cosa me jugaba
yo con mi rastra pagaba
en el caso de perder,
mas si llegaba a vencer
con su poncho me cobraba.
5
Asintió, medio asombrao,
apenas con la cabeza
después grito con fiereza
y salíó pa’l otro lao.
Yo serio con mis tostao
me atraqué hasta el partidero,
me apreté fuerte el sombrero
tras la señal de la cruz
y me encomendé a Jesús
pa’ semejante entrevero.
6
Le hizo dos o tres partidas
hasta la punta del monte,
yo apenas le hice un apronte
y me encajoné enseguida.
Hay momentos en la vida
que la duda nos socava
“voy al moro”, se escuchaba
pagando doble la apuesta
y al ver difícil la cuesta
yo sentí que me gustaba.
7
Baquiano pa’ la bandera
salió el moro como rayo,
pero atento mi caballo
no nos despegó siquiera.
Buscó el indio la manera
de salir aventajao,
cuando se vio emparejao
le dio dos guascazos secos
más le flameaban los flecos
más corría mi tostao.
8
Era sangrudo el morito
corredor de buena laya,
me la pelió hasta la raya
pero le gané clarito.
Del pampa se escuchó un grito
como un lamento lejano,
pero como aquel paisano
que a ninguna prenda se ata
con una me dio la plata
y el poncho con la otra mano.
9
Y es la prenda que más quiero,
siempre la llevo a mí lao,
en homenaje al tostao
que fue tan buen parejero.
Como soy medio trovero
sé amansar la madrugada
y en la última topada
ni aunque venga echando el resto
ni a la muerte yo le apuesto
mí poncho de guarda atada.
Versos de Coqui Sondón