sábado, 26 de septiembre de 2026

MI PONCHO DE GUARDA ATADA

 1

Y en un moro que escarciaba

con ganas de atropellar

sin salirse del lugar

parecía que avanzaba,

a correr me convidaba

mostrando todo su empeño

un pampa altivo, su dueño,

de sonrisa desconfiada

con poncho de guarda atada,

lo más parecido a un sueño.

2

Con una mano en el tuse

mi tostao acaricié

y sin dejarlo hacer pie

yo también le salí al cruce,

lo tengo pa’ los ñanduces

porque es bastante avispao

y aunque no está cepillao

siempre levanta algún grano.

-Tenga cuidado, paisano

no vaya a salir boliao.

3

En trescientos fue cerrada

a poco de conversar,

era montar y montar

sin usuras ni cortadas

toda mi plata jugada

y, como soy medio audaz,

por un antojo nomás

agrandando el desafío

conociendo al flete mío

le pedí una cosa más.

4

Se volvió el indio sonriente

para escuchar mi pedido

y con un gesto atrevido

otra vez mostró los dientes.

Le dije serenamente

si otra cosa me jugaba

yo con mi rastra pagaba

en el caso de perder,

mas si llegaba a vencer

con su poncho me cobraba.

5

Asintió, medio asombrao,

apenas con la cabeza

después grito con fiereza

y salíó pa’l otro lao.

Yo serio con mis tostao

me atraqué hasta el partidero,

me apreté fuerte el sombrero

tras la señal de la cruz

y me encomendé a Jesús

pa’ semejante entrevero.

6

Le hizo dos o tres partidas

hasta la punta del monte,

yo apenas le hice un apronte

y me encajoné enseguida.

Hay momentos en la vida

que la duda nos socava

“voy al moro”, se escuchaba

pagando doble la apuesta

y al ver difícil la cuesta

yo sentí que me gustaba.

7

Baquiano pa’ la bandera

salió el moro como rayo,

pero atento mi caballo

no nos despegó siquiera.

Buscó el indio la manera

de salir aventajao,

cuando se vio emparejao

le dio dos guascazos secos

más le flameaban los flecos

más corría mi tostao.

8

Era sangrudo el morito

corredor de buena laya,

me la pelió hasta la raya

pero le gané clarito.

Del pampa se escuchó un grito

como un lamento lejano,

pero como aquel paisano

que a ninguna prenda se ata

con una me dio la plata

y el poncho con la otra mano.

9

Y es la prenda que más quiero,

siempre la llevo a mí lao,

en homenaje al tostao

que fue tan buen parejero.

Como soy medio trovero

sé amansar la madrugada

y en la última topada

ni aunque venga echando el resto

ni a la muerte yo le apuesto

mí poncho de guarda atada.

 

Versos de Coqui Sondón

lunes, 21 de septiembre de 2026

¡AY, DÉCIMAS DE MI PAMPA!...

¡Ay, décimas de mi pampa,

que en vuestra melancolía

encarnábais la poesía

de nuestro gaucho y su estampa!

Ya en el desierto no acampa

la carreta que crugía

mientras la picana hería

al manso buey que en su guampa

parecía llevar la estampa

de la criolla bizarría.


No sóis ya el triste lamento

que en labios del criollo errante

como un grito agonizante

volaba en alas del viento.

Ya no expresáis el contento

del gaucho noble y amante,

ni de la china arrogante

la altivez y el sentimiento.

Ya no encarnáis el talento

de esa raza claudicante.


Otros tiempos son ahora,

idos mensajes de amores.

Ya no os guarda entre unas flores

y unas cartas, soñadora,

la criollita encantadora

llena de gracia y rubores

que con ojos provisores

y sonrisa tentadora

inspiró al criollo que otrora

fue el rival de ruiseñores.


Yo os saludo reverente

desde mi lírico verso,

que, si más pulido y terso,

hijo de moderna mente,

sin ser menos leal y ardiente

mi melancólico verso,

es en un todo diverso

a vuestra simpleza ingente

y la admira reverente

aunque de ella es el reverso.

  

Mientras se pierde a lo lejos

una tradición divina,

aun la brisa matutina

trae nostálgicos reflejos…

¡Décimas, nobles espejos

en donde el gaucho y la china

pulieron rosas y espinas!...

¡Décimas, versos añejos

que de la pampa argentina

se van perdiendo a lo lejos!...


Autor Desconocido
(Si alguien lo conoce, soy pura oreja...)

EL MATE

 ¡Mate que de la cocina,

cuando era el gaucho resero

en el fiador del overo

sujetó amante la china!

No era la mano muy fina

pero si muy cariñosa

la que en forma laboriosa

labró un lema que decía:

“Es de su gaucho, María”

En su corteza lustrosa!


En un alto del camino,

de madrugada o de tarde

cuando el sol de enero arde

por el cielo peregrino,

fue su amargor argentino

que retempló al andariego

y apagó fuego con fuego

vaciando más de una pava:

¡Que el alma se retemplaba

con el magnífico riego!


En la palma de la mano,

como si fuera su nido,

un hueco siempre ha tenido

este amigo del paisano;

la china desde temprano

con él andaba atareada

y con la crin enredada

olvidó todo artificio

para despuntar el vicio

con la primera cebada!


A un rancho apenas se llega

quiere su dueño obsequiar;

pone el agua a calentar

y en ello nos da una prueba

pronto un buen mate le entrega

a la visita que aceta

y si quien ceba, coqueta

parece dar ocasión

¡Disimulado y zorrón

la mano, el mozo, le aprieta!

                                  (1938)

Versos de Marcelo Altuna                                              

EL HEROISMO DE PAIVA

 “-Si es que Paiva se ha dormido

estando de centinela

hay que aplicarle la espuela

del código establecido.

Por lo tanto, Cabo Guido,

como sé de que se empaca,

ese gaucho y se destaca

por su soberbio derroche…

dispongo de que esta noche

duerma amarrao a la estaca”.

 

Al instante fue cumplida

la ordenanza superior,

y Paiva sufrió el rigor

de la pena consabida.

Con la palabra medida

de su voz clara y timbrada,

dijo: “-Aguanto la estaqueada

con toda calma paisano…

porque mañana temprano

quiero pelear con la indiada”.

 

“Pero después de luchar

como le cuadra a un valiente,

si no sufro un accidente

de aquí voy a desertar.

Y les quiero recalcar

ya que de guapo me alabo,

que no me asujeta el clavo

de promesas ni laureles…

Vine a pelear con infieles

y no pa’ servir de esclavo”.

 

Al enterarse el Teniente

de lo que Paiva decía,

esbozó una mueca fría

y repuso en tono hiriente:

“-Déjenlo que se lamente

que ya se le va a pesar,

no vengan a incomodar

con chismes, porque deduzco…

que ese gaucho como el cuzco

no sabe más que ladrar”.

 

Y cuando el gallo altanero

grabó su voz en el viento,

ya rumbeaba el regimiento

bajo el poncho del lucero…

Cabalgando en un overo

iba Paiva receloso,

observando cauteloso

los contornos del camino…

como olfateando el destino

en el campo silencioso.


Versos de Juan Pedro Carrizo

martes, 25 de agosto de 2026

PA'L PINGO DE APADRINAR

 Bozal en mano vía entrar

a tu gauchazo potrero

porque homenajearte quiero

caballo de apadrinar.

Se que vas a cabrestiar,

si conozco tu nobleza,

por ser de una sola pieza

hoy te quisiera nombrar

y en mis versos apreciar

tu gallardía y tu guapeza.

-

Si habré observau los domingos

a cada apadrinador

que confiando en tu valor

se vuelven uno, hombre y pingo;

es por eso que distingo

cuando en una jineteada

estás de orejas paradas

sereno, pero al momento

lo peinas con los encuentros

al potro en la atropellada.

-

Físico bien balanceau

del cogote a los garrones,

cascos y nudos fuertones,

sanito y en buen estau.

Siempre te tienen cuidau

cuál si fueses parejero.

Lindo es verte en un potrero

si bien enriendau te tratan ,

y gatillas con las patas

como flete ñanducero.

-

Y si un reservau sotreta

tras la campana persiste,

vos el rastro le seguiste

siempre paleta a paleta;

o si el hombre hecho maleta

se iba con rumbo a los bretes,

con tu astucia de buen flete

trás de un carrerón machazo

pegando un firme pechazo

lo salvaste a aquel jinete.

 

Caballo de apadrinar

quise estás rimas dejarte

pa’ poder homenajearte

desde mi humilde pensar,

vos te ganaste un lugar

en los potreros diversos,

llévate en ancas mis versos

y si puede, este poeta

va a palmearte en la paleta

pa’ reconocer tu esfuerzo.

 

Versos de Facundo Despo 

martes, 4 de agosto de 2026

EL RANCHO DEL MONTE

Entre el ramaje tupido

de un monte grande y cerrau

hay un rancho abandonau

que lo ha cubierto el olvido;

en la espesura escondido

como si fuera un matrero

está aquel nido campero

y un mojo verde y lugúbre

me parece que lo cubre

contra vientos y aguaceros.

 

Hay en el corral de rama

un cardal alto y crecido,

solo el palenque está erguido

como un gigante que clama

y que al monte le reclama

que vuelvan los tiempos idos,

de aquellos años vividos

cuando era color de rosa,

donde cantando una moza

barrió el patio florecido.

 

En los terrones partidos

se han hecho grandes rendijas

y entra y salen sabandijas

en el rancho guarecidos;

en el alero vencido

se anidaron los gorriones,

hormigueros a montones

en los rincones se ven

y han hecho cuevas también

los peludos y ratones.

 

Tan solo el viejo fogón

parece que hablar quisiera

con un banco de cadera

que está solo en un rincón.

Telas de araña en montón

que cuelgan de la techumbre;

como con incertidumbre

son dos ojos las ventanas

abiertas a las mañanas

para que el sol las alumbre.

 

Y esa vivienda paisana

oculta entre la maleza

en la cocina y las piezas

guardará historias lejanas.

Y del pozo, la roldana

se ve colgar del crucero

donde, su casa, un hornero

levanta con barro y paja

y mientras canta, trabaja

el pajarito barrero.

 

Pero ha de llegar el día

que pa’ siempre se derrumbe,

pero yo antes que se tumbe

lo guardé en las letras mías.

Aunque es dura la porfía

y para su fin se apronte,

mirando así al horizonte

sigue aquel rancho campero

oculto, como un matrero

en loa espesura del monte.

 

Versos de Hugo Pino


jueves, 9 de julio de 2026

PILCHAS VIEJAS

 La memoria galopando

dándole el frente al pampero

lleva de tiro al surero

que en mi pecho está cantando.

Así contento escarciando

y al encontrarme inspirao

voy concertando un rimao

entre frases bien parejas

pa’ unas pocas pilchas viejas

que fueron de mi recao.

 

Aquí está mi maneador

sobao como una badana,

y los mandiles de lana

que van perdiendo el color.

Los bastos ya sin valor;

y el sobrepuesto florido

que un alambre, por descuido,

le hizo un ‘barbijo’ pa’ abajo,

pero yo curando el tajo

con un tiento lo he zurcido.

 

Parece el freno un lamento

sin la espuma que lo moja,

y muda está su coscoja

cargada de aburrimiento.

Al ver cada estribo siento

apearse a la tradición,

y allí en el mismo rincón

están durmiendo colgadas

las riendas, las cabezadas,

bozal, cabresto y cinchón.

 

La fuerte y ancha encimera

de tanta y tanta enlazada

muestra bastante estirada

la argolla de la asidera.

Tanteo la cincha que fuera

pa’ el sudor y el barro guapa,

y como el tiempo se escapa

si al lazo acaricio y miro

se me desliza un suspiro

que va a enredarse en la yapa.

 

Mil noches a campo abierto

en mi recao bien tendido

a pata suelta he dormido,

y en otras soñé despierto.

Áhi con mi poncho cubierto

esperé a las madrugadas,

y cuando fieras heladas

volcaban crudo el rigor

me iban dando su calor

estas matras desflecadas.

 

Aunque ya mi poncho alcé

y en el pasado me pierdo

cada pilcha es un recuerdo

de un tiempo que se me fue.

Con ellas, cuando ensillé.

fue pa’ ganarme la vida,

y como el criollo no olvida

a lo que vive aferrao

aquí estarán a mi lao

¡hasta que Dios lo decida!

 

Versos de Pedro Risso