Chisporrotiaba el fogón
con su cresta colorada
y a un costao la paisanada
saboriaba el cimarrón.
Como llorando el capón
cáiba la grasa a gotita,
y pegaba la güeltita…
medio cansao… el porrón.
Acostaos alrededor
los perros grandes y chicos
se lambían los hocicos,
mirando pa’l asador.
Como arisquiando al calor
sentao medio a la distancia
el crédito de la estancia
cantaba que’ra un primor.
No faltaba en la reunión
el viejo dicharachero
medio zorrón y mañero
que vichaba en un rincón.
No perdía la ocasión…
y en cuanto a mano lo hallaba
al porrón… se lo empinaba
como ternero mamón.
Y a la voz de “¡Aura!”, en montón
pelaron tuitos, los fierros,
se entreveraron los perros
y comenzó la junción…
y del dorado capón
que estaba ensartao y tieso,
solo quedaron los güesos
misturaos… con el porrón.
Versos de José de Cicco