sábado, 31 de octubre de 2026

YA NO SOY AQUEL CAMPERO

 Ya no soy aquel campero

que lucí con tanto honor

mi rastra, mi tirador

y aquel ludo sombrero;

quizás en algún ropero

tiradas en un rincón

junto al poncho y el facón

se encuentren abandonadas,

que ya no sirve pa’ nada

lo que ante’usó este varón.

 

Tal vez ya no vuelva a ver

las pilchas que yo he lucido,

unas, se que se han perdido

y otras vendió una mujer;

yo no soy ni debo ser

el último ni el primero

que el destino traicionero

le hizo una mala pasada,

dejar a un hombre sin nada

olvidado y prisionero.

 

Yo he sido, soy y seré

un hombre de poca suerte,

pero mis verdades vierten

y en este verso diré:

por mi vida yo crucé

por malo y buenos pasajes,

atiéndamé el paisanaje,

lo digo y sigo diciendo,

que el que nació pa’ remiendo

…difícil que llegue a traqje.

 

Supe tener un recao

con cuatro matras bordadas,

que las compré de pasada

en un boliche en Bragao;

también el poncho encerao

y las espuelas de fierro,

marca “Yegua” era un cencerro

que hacía sonar el badajo

cuando salía pa’ un trabajo

con mi tropilla y el perro.

 

Mi recao era bien gaucho

como “Carpincho”, su dueño,

me lo armé con mucho empeño

allá en los pagos de Ranchos;

cuantas veces a lo gaucho

lo tendí pa’ descansar

cuando solía llevar

junto con otros reseros

ganao pa’ algún estanciero

que sabíamo’ acarrear.

 

Mi gaucho lazo trenzao

con cascabeles de guampa

que un payador de La Pampa

un día me l’hizo un verseao;

fue un lujo, que en El Salao,

en el puente ‘e “Las Gaviota’,

tiré con todas las tortas,

me quedé con la presilla,

y lo saqué pa’ la orilla

medio ahogao, al Cacho Costa.

 

Ese lazo lo trenzó

mi amigo El Negro Acevedo,

de Ranchos, ese soguero,

y el mismo me regaló;

por eso lo extraño yo

a ese recuerdo paisano.

Puede ser que en gauchas manos

ande mi lazo prolijo,

que se haya hecho cargo m’hijo

o alguno de mis hermanos.

 

¿Qué será de la encimera

y los estribos calao’

que adornaban mi recao

con “las tres Marías” potreras?

Me acuerdo como si fuera

cuando sabía ensillar

un potro pa’ jinetear

con mil pilchas argentinas,

y hoy que me veo en la ruina

me dan ganas de llorar.

 

Por las pilchas no me aflijo,

tampoco por la mujer,

lo que no quiero perder

es el cariño’e mis hijos;

entonces sería preciso

que yo diera las razones

de mi verso en los renglones

con el alma dolorida:

¡lo que más quiero en la vida

es mi madre y los pichones!


Versos de Juan María Martínez (“Carpincho”)

viernes, 30 de octubre de 2026

POR DESARRUGAR LOS BRAZOS

(romance)

La cosa jue por jugar,

unos tiritos livianos

como pa’ probar las vistas

y desarrugar los brazos.

La comenzaron sonriendo

dentro una rueda’e paisanos

en el patio de un boliche

que jué de “Los Dos Hermanos”.

Los dos eran muchachones,

pisarían los veinte años,

pero los dos pretendían

echar fama de baquianos.

Hicieron unas salidas

con los facones cruzados,

y a la voz de ¡aura!, se abrieron

dejando un pie adelantado.

Eleuterio con un poncho

sobre la zurda enrollado,

y Sabino unas bajeras

que manotió de un recado.

Comenzaron a girar

como si fueran dos gallos,

uno tiraba de punta

y otro tiraba de hachazo,

Eleuterio por lujoso

se anotó el primer planazo,

que se alargó por las risas

de la rueda de paisanos.

Y el vino que estaba quieto

por la sangre fue montando,

y fue fácil colegir

que no se andaría jugando.

Por áhi se escuchó una ¡pun… tiada!

como remedio pa’ un tajo

y unas gotas coloriaron

el gris antiguo del patio.

“¡Basta!”, gritaron algunos

con ánimo de calmarlos,

pero el grito llegó tarde,

la muerte ya había copado.

Después… lo de siempre:

varios rostros preocupados,

uno camino a la noche,

otro que se fue marcado

por esas cosas del hombre

que ninguno me ha explicado,

que tiene finales tristes

aunque comiencen… jugando.

 

Versos de Osvaldo Andino Álvarez

sábado, 26 de septiembre de 2026

MI PONCHO DE GUARDA ATADA

 1

Y en un moro que escarciaba

con ganas de atropellar

sin salirse del lugar

parecía que avanzaba,

a correr me convidaba

mostrando todo su empeño

un pampa altivo, su dueño,

de sonrisa desconfiada

con poncho de guarda atada,

lo más parecido a un sueño.

2

Con una mano en el tuse

mi tostao acaricié

y sin dejarlo hacer pie

yo también le salí al cruce,

lo tengo pa’ los ñanduces

porque es bastante avispao

y aunque no está cepillao

siempre levanta algún grano.

-Tenga cuidado, paisano

no vaya a salir boliao.

3

En trescientos fue cerrada

a poco de conversar,

era montar y montar

sin usuras ni cortadas

toda mi plata jugada

y, como soy medio audaz,

por un antojo nomás

agrandando el desafío

conociendo al flete mío

le pedí una cosa más.

4

Se volvió el indio sonriente

para escuchar mi pedido

y con un gesto atrevido

otra vez mostró los dientes.

Le dije serenamente

si otra cosa me jugaba

yo con mi rastra pagaba

en el caso de perder,

mas si llegaba a vencer

con su poncho me cobraba.

5

Asintió, medio asombrao,

apenas con la cabeza

después grito con fiereza

y salíó pa’l otro lao.

Yo serio con mis tostao

me atraqué hasta el partidero,

me apreté fuerte el sombrero

tras la señal de la cruz

y me encomendé a Jesús

pa’ semejante entrevero.

6

Le hizo dos o tres partidas

hasta la punta del monte,

yo apenas le hice un apronte

y me encajoné enseguida.

Hay momentos en la vida

que la duda nos socava

“voy al moro”, se escuchaba

pagando doble la apuesta

y al ver difícil la cuesta

yo sentí que me gustaba.

7

Baquiano pa’ la bandera

salió el moro como rayo,

pero atento mi caballo

no nos despegó siquiera.

Buscó el indio la manera

de salir aventajao,

cuando se vio emparejao

le dio dos guascazos secos

más le flameaban los flecos

más corría mi tostao.

8

Era sangrudo el morito

corredor de buena laya,

me la pelió hasta la raya

pero le gané clarito.

Del pampa se escuchó un grito

como un lamento lejano,

pero como aquel paisano

que a ninguna prenda se ata

con una me dio la plata

y el poncho con la otra mano.

9

Y es la prenda que más quiero,

siempre la llevo a mí lao,

en homenaje al tostao

que fue tan buen parejero.

Como soy medio trovero

sé amansar la madrugada

y en la última topada

ni aunque venga echando el resto

ni a la muerte yo le apuesto

mí poncho de guarda atada.

 

Versos de Coqui Sondón

lunes, 21 de septiembre de 2026

¡AY, DÉCIMAS DE MI PAMPA!...

¡Ay, décimas de mi pampa,

que en vuestra melancolía

encarnábais la poesía

de nuestro gaucho y su estampa!

Ya en el desierto no acampa

la carreta que crugía

mientras la picana hería

al manso buey que en su guampa

parecía llevar la estampa

de la criolla bizarría.


No sóis ya el triste lamento

que en labios del criollo errante

como un grito agonizante

volaba en alas del viento.

Ya no expresáis el contento

del gaucho noble y amante,

ni de la china arrogante

la altivez y el sentimiento.

Ya no encarnáis el talento

de esa raza claudicante.


Otros tiempos son ahora,

idos mensajes de amores.

Ya no os guarda entre unas flores

y unas cartas, soñadora,

la criollita encantadora

llena de gracia y rubores

que con ojos provisores

y sonrisa tentadora

inspiró al criollo que otrora

fue el rival de ruiseñores.


Yo os saludo reverente

desde mi lírico verso,

que, si más pulido y terso,

hijo de moderna mente,

sin ser menos leal y ardiente

mi melancólico verso,

es en un todo diverso

a vuestra simpleza ingente

y la admira reverente

aunque de ella es el reverso.

  

Mientras se pierde a lo lejos

una tradición divina,

aun la brisa matutina

trae nostálgicos reflejos…

¡Décimas, nobles espejos

en donde el gaucho y la china

pulieron rosas y espinas!...

¡Décimas, versos añejos

que de la pampa argentina

se van perdiendo a lo lejos!...


Autor Desconocido
(Si alguien lo conoce, soy pura oreja...)

EL MATE

 ¡Mate que de la cocina,

cuando era el gaucho resero

en el fiador del overo

sujetó amante la china!

No era la mano muy fina

pero si muy cariñosa

la que en forma laboriosa

labró un lema que decía:

“Es de su gaucho, María”

En su corteza lustrosa!


En un alto del camino,

de madrugada o de tarde

cuando el sol de enero arde

por el cielo peregrino,

fue su amargor argentino

que retempló al andariego

y apagó fuego con fuego

vaciando más de una pava:

¡Que el alma se retemplaba

con el magnífico riego!


En la palma de la mano,

como si fuera su nido,

un hueco siempre ha tenido

este amigo del paisano;

la china desde temprano

con él andaba atareada

y con la crin enredada

olvidó todo artificio

para despuntar el vicio

con la primera cebada!


A un rancho apenas se llega

quiere su dueño obsequiar;

pone el agua a calentar

y en ello nos da una prueba

pronto un buen mate le entrega

a la visita que aceta

y si quien ceba, coqueta

parece dar ocasión

¡Disimulado y zorrón

la mano, el mozo, le aprieta!

                                  (1938)

Versos de Marcelo Altuna                                              

EL HEROISMO DE PAIVA

 “-Si es que Paiva se ha dormido

estando de centinela

hay que aplicarle la espuela

del código establecido.

Por lo tanto, Cabo Guido,

como sé de que se empaca,

ese gaucho y se destaca

por su soberbio derroche…

dispongo de que esta noche

duerma amarrao a la estaca”.

 

Al instante fue cumplida

la ordenanza superior,

y Paiva sufrió el rigor

de la pena consabida.

Con la palabra medida

de su voz clara y timbrada,

dijo: “-Aguanto la estaqueada

con toda calma paisano…

porque mañana temprano

quiero pelear con la indiada”.

 

“Pero después de luchar

como le cuadra a un valiente,

si no sufro un accidente

de aquí voy a desertar.

Y les quiero recalcar

ya que de guapo me alabo,

que no me asujeta el clavo

de promesas ni laureles…

Vine a pelear con infieles

y no pa’ servir de esclavo”.

 

Al enterarse el Teniente

de lo que Paiva decía,

esbozó una mueca fría

y repuso en tono hiriente:

“-Déjenlo que se lamente

que ya se le va a pesar,

no vengan a incomodar

con chismes, porque deduzco…

que ese gaucho como el cuzco

no sabe más que ladrar”.

 

Y cuando el gallo altanero

grabó su voz en el viento,

ya rumbeaba el regimiento

bajo el poncho del lucero…

Cabalgando en un overo

iba Paiva receloso,

observando cauteloso

los contornos del camino…

como olfateando el destino

en el campo silencioso.


Versos de Juan Pedro Carrizo

martes, 25 de agosto de 2026

PA'L PINGO DE APADRINAR

 Bozal en mano vía entrar

a tu gauchazo potrero

porque homenajearte quiero

caballo de apadrinar.

Se que vas a cabrestiar,

si conozco tu nobleza,

por ser de una sola pieza

hoy te quisiera nombrar

y en mis versos apreciar

tu gallardía y tu guapeza.

-

Si habré observau los domingos

a cada apadrinador

que confiando en tu valor

se vuelven uno, hombre y pingo;

es por eso que distingo

cuando en una jineteada

estás de orejas paradas

sereno, pero al momento

lo peinas con los encuentros

al potro en la atropellada.

-

Físico bien balanceau

del cogote a los garrones,

cascos y nudos fuertones,

sanito y en buen estau.

Siempre te tienen cuidau

cuál si fueses parejero.

Lindo es verte en un potrero

si bien enriendau te tratan ,

y gatillas con las patas

como flete ñanducero.

-

Y si un reservau sotreta

tras la campana persiste,

vos el rastro le seguiste

siempre paleta a paleta;

o si el hombre hecho maleta

se iba con rumbo a los bretes,

con tu astucia de buen flete

trás de un carrerón machazo

pegando un firme pechazo

lo salvaste a aquel jinete.

 

Caballo de apadrinar

quise estás rimas dejarte

pa’ poder homenajearte

desde mi humilde pensar,

vos te ganaste un lugar

en los potreros diversos,

llévate en ancas mis versos

y si puede, este poeta

va a palmearte en la paleta

pa’ reconocer tu esfuerzo.

 

Versos de Facundo Despo