Mostrando entradas con la etiqueta Shedden. Juan Oscar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Shedden. Juan Oscar. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de agosto de 2023

PATRIA

 El que hoy quiera molestarte

por desconocer tu gloria

sepa que’s mucha la historia

para poder humillarte.

Y si pretende ultrajarte

solo por sentirse fuerte,

hasta el hijo que por verte

gloriosa, supo morir;

de su tumba ha de salir

para poder defenderte.

 

Ese que’ngolosinao

por la bondad de tus hijos

prepara sus amasijos

esta vez se ha equivocao.

Ha créido que descuidao

se haya el criollo de’sta tierra

que ya en su pecho no encierra

del heroísmo el calor

y que falto de valor

le’stá temiendo a la guerra.

 

Sabés que podés contar

con quien es todito tuyo,

que’l extranjero ni un yuyo

de tu terreno ha de hollar.

Y quien se llegó a cegar

con nuestra gaucha bondad,

sepa que no es flojedad

y que sabrán tus varones<:

¡defender como leónes

tu honor y tu libertad…!

                                    (1938)       

 

Versos de Juan Oscar Shedden

lunes, 1 de enero de 2018

QUE PA'ESO ERA AUTORIDÁ

Como por casualidá
y por diversas rasones
tuve en varias ocasiones
que bajar a una ciudá.
En donde es autoridá
según dije una ocasión
nada menos que Rendón
aquel negro “liendre” y piyo
que se recostó al caudiyo
que áhi manda la situación.

Creo no habrán olvidao
que yendo de mal en peor
el moreno Nicanor
tuvo que juir del Bragao.
Yo lo créiba ya curao
de su audasia y osadía
pero con tal picardía
al caudiyo lo envolvió
que al final nombrao salió
“comisario’e polisía”.

Y un domingo a las cuadreras
cayó un gentío al poblao
pues se había depositao
plata pa’ varias carreras.
Y yo, como “juan de ajuera”
traté de hacerme informar
pues no me gusta jugar
si no la creo rumbiada
y así entregar mi mascada
pa’ perder, o pa’ ganar.

La carrera más mentada
que se corría ese día:
“El Moro” ‘e la polisía
con un “saino” ‘e la Tablada,
propiedá de un tal Almada,
paisano muy ricachón,
de muy güena condisión
y más derecho que un palo.
¡Como peludo’e regalo
le cayó al negro Rendón!

Y cada uno convenía
que’l “saino” era lijeraso
pero que no habría caso
pa’ que ganase ese día,
pues ya la vos se corría
de que había mala intensión,
porque Nicanor Rendón
mucha plata había jugao
y tendría asegurao
el triunfo en esa ocasión.

Tuito el poblao se volcó
en la cancha aquella tarde
y jué sin hacer alarde
que la plata se jugó.
A correr se comensó
en la más corta distancia,
carreras sin importancia
de algún común alversario
¡y al fin cayó el comisario
emponchao con arrogansia!

Si parecía de hoyín…
relusía el condenao
cual si lo hubiesen lustrao
de las motas al botín.
Tras él, en un mal rosín
flaco pero diligente,
avansaba su asistente
dentro’un uniforme holgao:
“¡Pero era grande el finao…!”,
decía al verlo la gente.

¡Y llegó lo prometido…!
“El Moro” era una pintura,
la del “saino” una figura
de estao perfeto y señido.
Y cada cual alvertido
ya “rumbió” pa’ la largada;
de la gente alborotada
el ¡pago! ¡pago! se oía,
y cada uno pretendía
defender bien su parada.

Varias partidas erraron…
Un “¡vamos!”, se oyó y ligero
los dos fletes, aparsero
como cuerdas se estiraron.
Los jueces se prepararon
pa’ fallar en la ocasión
y el tercero, un mocetón
que había cáido del Bragao
ya nos había demostrao
ser más “liendre” que Rendón.

“El Saino” del forastero
sostenido se acercaba
y el de Nicano pegaba
y taloneaba lijero.
Llegaron: pasó primero
“El Saino” casi cortao,
se juntaron a un costao
los rayeros… y el tercero
gritó: “-¡Puesta cabayeros
pa’ todos ha resultao!”

A nadie nos conformó
como se había fayao
y Almada ya calentao
en vos alta protestó.
Pero Rendón ordenó
a un sargento muy corsario:
“¡Páselo a este perdulario!
pa’ que aprenda esta verdá:
¡Qué ande soy autoridá

no pierde el del comisario…!

Versos de Juan Oscar Shedden

miércoles, 11 de mayo de 2011

¡VIVAN LOS DE MI COLOR!

Como que juera invitao
a una yerra y señalada,
ensillé una madrugada
y me largué pa’l Bragao.
A tres leguas del poblao,
justo en l’estancia “El Horcón”
sofrené mi redomón,
y en un potrero ‘e gramilla
acomodé mi tropilla
y enderecé pa’ un galpón.

Se comentaba y sabía
de que la hacienda era brava
y cada cual aguardaba
lo que nos tráiba ese día.
Y que jué sin picardía
lo aseguro por mi honor
al moreno Nicanor,
aquel negro liendre y pillo:
¡le pegó un susto un novillo
que hasta cambió de color!

Jué así: se paró rodeo,
y ya algunos se ayuntaron
pa’ enlazar; y otros se apearon
pa’ lucirse en el pialeo.
El viejito Timoteo
se hizo cargo del fogón,
pa’ tener en la ocasión
la marca bien calentada,
y alguna cosita asada;
y allí lo vide a Rendón.

Y se dentró a trabajar
y cada uno se esmeraba,
pero ninguno lograba
siquiera al negro igualar.
Tan seguro pa’ pialar
se mostraba “el sabandija”
cada tiro era una fija
de palanca o de volcao:
¡quedando como plantao
cuantito echaba verija!

Tráiba el Vasco Apesteguía
un novillo yaguané,
lo habían enlazao porqué
la marca no se le vía.
Sobre el lazo se venía
buscándole el mancarrón,
quiso evitar el tirón
más no lo pudo lograr
¡se vino el lazo a cortar
y ya lo encaró a Rendón!

¡Más de uno se santiguó!
Cuando el yaguané bramando
créibamos lo iba alcanzando
y medio nos apampó.
Pero al punto apareció
como del suelo brotao,
otro “negro” en un tostao
marca del dueño ‘e “Los Talas”
¡que pareció tener alas
cuando pasó a nuestro lao!

¡¡Pechazo!! ¡Cayó el novillo!
Jué todito un entrevero,
y el tostao al forastero
también se le hizo un ovillo.
Pero él corriendo y sencillo
salió. ¡Ah “negro” parador!
Se dio vuelta Nicanor,
y al verlo, ya agradecido,
lanzó como un alarido:
¡¡Vivan los de mi color!!