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jueves, 5 de febrero de 2026

A DON OMAR J. MENVIELLE

 Cruza un boyero al tranquito

sin ansias de galopar,

como quien se ve emponchar

por el peso de un delito.

Del chajá ni se oye el grito

-casi volviéndose huraño-

y presintiendo algo extraño

se escuchan muy alejados

“Relinchos” entrecortados

de la “Tropilla de Antaño”.

 

La roldana del “Jagüel”

con su chirriar lastimero

fue la que dijo primero:

¡murió don Omar Menvielle!

Y al irse como en tropel

los nubarrones del cielo

detuvo una garza el vuelo,

quedó en silencio un zorzal,

y el “Retrato de un Mensual”

se hizo añicos contra el suelo.

 

Es que pechando al pampero

“Tranquiando Sobre la Güeya”

Dios lo llevó pa’ una estrella

porque Dios es buen “Resero”.

Sabrá que un hombre campero

en su virtud no se abolla,

y haciendo correr la argolla

a lazo lo fue arrimando

pa’ tenerlo “Platicando”

en rueda de gente criolla.

 

Y pa’él, que fue tan gauchón,

si en lo liso no refalo

yo quisiera “De Tal Palo”

hacer mi “Reclaración”.

Me sobra buena intención

como se han de imaginar,

mas, se debe perdonar

a quien la verdá enarbola:

soy “Como Indio Pa’ la Bola”

¡y apenas se deletrear!

 

Pero el gauchaje de afuera

le cantará pa’ su gloria

y lo tendrá en su memoria

toda la gente resera.

La “Milonga” corralera

aumentando su prestancia

sin preguntar la distancia

irá, en bordoniar parejo,

desde el “Boliche” más viejo

hasta el fogón de la estancia.

 

Yo una vez lo vi atareao,

-y “Con Pacencia”, además-

que “Pa’l Lobuno Torcaz”

diba atracando el recao.

Como pa’l rumbo tomao

también los curiosos van

supe después, que su afán,

era llegarse aquel día

pa’ darle, con picardía,

“Un Consejo a Santillán”.

 

Siempre firme y bien plantao

defendió  la tradición

como imitando en su acción

“A Un Viejo Gaucho Soldao”.

Su nombre estuvo encumbrao

por buen amigo y poeta,

y como a una flor coqueta

que perfuma el campo llano

“Mañanitas de Verano”

le enmarcaban su silueta.

 

También su tijera brilla…

dijo un viejo sentenciando.

cuando lo vido tuzando

“El Lunar de la Tropilla”.

Su inspiración tan sencilla

en el pasao se retrata,

y como espuelas de plata

muy gauchamente brilló,

porque el también enriendó

“El Regalón de mi Tata”.

 

Por eso el más verseador

pa’ imitarlo en su decir

debe “Al Cencerro” seguir

cuando suena orientador..

y aunque no encuentren valor

ni apariencia en mi atavío

les diré, que si el rocío

moja los pastos parejos

presiento que “Mis Consejos”

no ha de caer al vacío.

 

“Sarna con Gusto”, patrón,

se aguanta en “Las Romerías”

y el paisano en esos días

ni siente la picazón.

Menvielle en la diversión

siempre terció sin malicias,

y al sonar con sus caricias

las cuerdas del instrumento

pa’l lao donde fuera el viento

corrió las “Malas Noticias”.

 

Su nombre irá en el arreo

mesclao en la polvadera,

y en el volcao puerta afuera

que levanta un clamoreo.

Su nombre entrará al rodeo

con los gauchos de mi suelo,

y como emblema de duelo

el que le cante  a lo nuestro

lo llevará a su maestro

hecho nudo en el pañuelo.

 

De luto están “Los Medina”,

y allá está “La Forastera”

que en llantos se desespera

encerrada en la cocina.

El “Vecindario” se inclina

disminuido en su coraje,

y sin mirar ni el pelaje

yo de sus versos me agencio

para rendirle en silencio

mi más sentido homenaje.

 

Versos de Pedro Risso

martes, 17 de diciembre de 2024

PA' MI EMPRENDAO

En una seca tremenda

cayó a la aguada un bagual,

como pidiendo un bozal,

cabresto, bocao y rienda.

Era más bien una ofrenda

despertando mis antojos;

clinudo, tapao de abrojos,

asustao de cualquier cosa,

con una estampa asombrosa

y un desconfiar en los ojos.

 

Era un oscuro tapao

que merece ponderarlo,

y ahí nomás al contemplarlo

ya me sentí enamorao.

Recordando a mi emprendao

me venció la tentación,

y a pesar del apurón

en disparar de la aguada

vino a quedar en la armada

por arisco y cimarrón.

 

Cuando le puse los cueros

una mañana en el puesto,

campo afuera, echando el resto

hicimos gritar los teros.

Pasé unos trances muy fieros

pues me tuvo a maltraer;

la vincha me hizo perder

beyaquiando el vivaracho,

¡pero cuando uno es muchacho

el peligro es un placer!

 

Hoy tan cuidao y mimoso

su pelo es un solo brillo

y únicamente lo ensillo

con mi emprendao relumbroso.

Desconfiao, ágil, fogoso

coscojero y juguetón,

y entre tanta admiración

en é, luciemndo mis prendas,

no le envideo las haciendas

ni el capital al patrón.

 

Versos de Pedro Risso


domingo, 14 de abril de 2019

RIQUEZAS DE UN POBRE

Este tirador, mi amigo,
y la rastra que aquí vé
justo a explicarme ni sé
los años que andan conmigo.
Prendas que van al abrigo
del lucero y de la luna;
dos prendas que se hacen una
y así son, sin que les sobre,
riquezas de un gaucho pobre
sin ambición de fortuna.

Hubo unos años tan flojos
pa’ mi oficio de resero
que estuve con el pulpero
endeudao hasta los ojos.
Como oveja con abrojos
andaba de mal en peor,
y más de un caballo flor
lo he dao pa’ poder pagar,
pero alcancé a conservar
mi rastra y mi tirador.

Lo chairé a mi corazón
pa’ enfrentar las horas malas,
por más que a veces, los talas,
se rinden al ventarrón.
Pa’ borrarme un nubarrón
la rastra brillaba igual,
y en ese tiempo fatal
mi tirador, ¡quien lo viera!
tapao de plata de afuera
y adentro sin medio real.

Hoy otra vez con tropilla
y con trabajo a montones
embozalando ilusiones
sigo mi vida sencilla.
Y cuando aquel que acaudilla
bien llamao Nuestro Señor,
me aplique la de rigor
pa’ ocupar mi sepultura
¡déjenmé en la cintura
mi rastra y mi tirador!

Versos de Pedro Risso 

domingo, 17 de marzo de 2019

BOTAS DE POTRO


Botas sobadas a mano
con la paciencia de un viejo
de un animal azulejo
que era  un pingo soberano.
En un tiempo muy lejano
también las supe calzar,
y aunque las dejé de usar
de vista nunca las pierdo,
porque me traen un recuerdo
de aquel pingaso ejemplar.

No olvido esas ocasiones
que al ceñir las ligas pampas
con sus camperas estampas
me apretaban los garrones.
Y al lucir en mis talones
unas espuelas sin brillo
con nudo fuerte y sencillo
las alzaprimas guapeaban,
y a mis botas las maneaban
del empeine y del tobillo.

La derecha, un buen rayón
ligó en el trabajo rudo,
que un toro bayo guampudo
le obsequió de un refilón.
Suerte que en esa ocasión
pude cuerpiar la embestida;
y en forma más conocida
en la izquierda está presente
la marca, clara y patente
que el bagual luciera en vida.

Ahura, cuando alguna vez
con cuidao las manoseo
son pa’ mi como un trofeo
de modestia y sencillez.
Por ser gauchas sin doblés
solía usarlas muy altivo,
y hasta encontraba un motivo
pa’ olvidar ciertas derrotas
al sentir contra mis botas
las caricia del estribo.

Versos de Pedro Risso

sábado, 16 de marzo de 2019

DE VUELTA


 Después de haber castigao
quemando en forma severa
el sol dio la vuelta entera
y allá abajo se ha tumbao.
Sus rayos han aflojao
y ante sus fuerzas escasa
librao de sus amenazas
voy a marchar con la fresca,
pa’ que así cuando amanezca
me halle cerca de las casas.

Allí cerca, a la madrina
diez rosillos la rodean;
diez pingos que se florean
si les toca una fajina.
Una que otra cina-cina
le hacen marco a lo visual,
y el reseco pastizal
al mirarlo así aparenta
una alfombra amarillenta
que nace atrás del corral.

Ya queriendo anochecer
casi estando entre dos luces
desde el puesto “Los Ombuses”
la vuelta voy a emprender.
Salí al tranquito y al ver,
del sol muy escasos brillos,
entre el canto de los grillos
ví echando atrás la mirada
que seguían a la gatiada
los otros nueve rosillos.

En un silencio absoluto
que ni se siente avanzar,
la noche, al poquito andar
se está vistiendo de luto.
La distancia le discuto
a la güeya con prudencia,
porque yo tengo querencia
y estoy ansiando el regreso
impaciente como el preso
que está esperando sentencia.

El montado, de improviso,
una espantada me intenta
al ver blanquiar la osamenta
de un animal yeguarizo.
Alzo la vista y diviso
todito el cielo estrellao,
y hasta se me ha figurao
viendo allá arriba la cruz
que estoy mirando al trasluz
un poncho todo augeriao.

Corría un vientito de frente
medio fresco y además,
arreaba pa’ el lao de atrás
la polvadera caliente.
Al tranco y pausadamente,
de mi voluntad muy dueño
sigo el rumbo con empeño
a los amagos primeros
entre el cencerro y los teros
me van ahuyentando el sueño.

Me doy cuenta al ir marchando
aunque parezca mentira
que una lechuza me mira
y un chajá me está sobrando.
Más allá como añorando,
está un viejazo esquinero
donde hizo nido un hornero
y al verlo tan tieso y mudo
parece un negro desnudo
que está parao sin sombrero.

Paré pa’ mudar caballo
en la inmensa soledá,
calculando la mitad
si en la distancia no fallo.
Pa’ que sepan les detallo
todo el cuidado que tomo,
y con precaución y aplomo
al soltarlo a mi rosillo
con el revés del cuchillo
le di vuelta el pelo el lomo.

Ni un alma se me ha cruzao
mientras voy pa’ mi destino
porque en la noche, el camino
es muy poco transitao.
Pa’ hacer las penas a un lao
que me atropellan de intento
le doy vuelo al pensamiento
y un estilo en la ocasión
es freno pa’ el corazón
y manea pa’ el sentimiento.

Ya en el rancho este paisano
está al cimarrón prendido,
y el día se ha sorprendido
porque le he ganao de mano.
El sol ilumina el llano
y en la campera extensión
cada rancho es un mojón,
monumentos los baguales,
y las güeyas y corrales
un altar de tradición.

Versos de Pedro Risso

domingo, 31 de diciembre de 2017

UNA GAUCHADA

A boca’e noche, un paisano
ladiándose del camino
cayó al rancho de Justino
en un zaino rabicano.
Llovía desde muy temprano
-desde antes de amanecer-
y al cáir la noche a envolver
según lo marca su plazo
el tiempo seguía fierazo
sin miras de componer.

Tras del saludo se vido
que el hombre recién llegao
al zaino le había bajao
el recao humedecido.
El dueño’e casa, cumplido,
muy contento, desde luego,
le atracó más leña al fuego
acomodando la pava,
y en tanto se calentaba
charquió un cuarto de borrego.

Cuando ardió el fogón con brío
salió tranquiando una araña,
y un medio frasco de caña
empezó a matar el frío.
Manotió el mate vacío
con bombilla reluciente,
le echó yerba suficiente
y el matecito, de entrada,
con la primer “ensillada”
sintió la panza caliente.

Después de unos cimarrones
y de apurar unos tragos
el frío se fue en amagos
pa’ esos gaucho parejones.
Y luego, en dos ocasiones,
el hombre aquel, de rebote,
sacó su interés a flote
y averiguó preocupao
si daría paso el Salao
estando de bote a bote.

Al balar de unas ovejas
gritó alborotao un tero,
y al instante el forastero
dentró a parar las orejas.
El viento zumba sus quejas
mientras que sigue lloviendo,
y Justino comprendiendo
cualquier intención ladiaba,
porque ya se maliciaba
que el hombre venía juyendo.

Desde una rendija, el viento
le está soplando al candil,
y hace de almohada un mandil
pa’ dar blandura a un asiento.
Después Justino de intento
caso el cuarto bien asao,
y cuando hubieron cenao
cordialmente, mano a mano,
le dio su catre al paisano
y él se tendió en el recao.

Después, cuando al otro día
se quiso dir el paisano
le oferto Justino un ruano
que allí cerquita tenía.
Con gauchaza cortesía
el forastero, de atento,
rechazó el ofrecimiento
pero tuvo que aceptar
un poncho sin estrenar
de color amarillento.

De ande viene, pa’ande va,
quien es, quien deja de ser,
jamás pretende saber
quien gauchamente se da.
si en la historia no está
por olvido o mala suerte,
hay que decirlo bien fuerte
que aunque no tenga ni un cobre
se muere el gaucho de pobre,
¡pero es gaucho hasta la muerte!


Versos de Pedro Risso

lunes, 25 de diciembre de 2017

EL OSCURO MENTAO

Como el “overo rosao”
aquel del gaucho Laguna
más gallo!, sin tanta pluma
es este oscuro tapao.
Es un pingazo mentao
brillador como el lucero;
es un orgullo, aparcero
verlo empilchao, pa’ pasear
y cuñao… pa’ trabajar
hay que sacarle el sombrero.
  
Si anda en viaje, es seguidor,
ligerón pa’un tiro’e lazo,
buena boca, y como hondazo
si un novillo es volvedor.
De coraje y de valor
pa’agarrar a la cruzada,
y si en una disparada
alguno a un campo ha dentrao,
salta limpio el alambrao
sin peligro a la pialada.
  
Baquiano en una domada
pa’apadrinar a un bagual,
o pa’agarrar del bozal
al potro, en la disparada.
De aguante en la galopiada
si fue pa’afuera el patrón,
y si en una población
se topó con una cancha,
el hombre hizo pata ancha
porque el flete es ligerón.

Lo he visto bien ensillao
con un chapeao soberano,
que al oscuro hacía tobiano
todito en plata chapeao.
Y lo sabe andar montao
un amigo de mi flor,
que luce un buen tirador
el sombrero requintao
y un pañuelo colorao
de seda, de la mejor.

 Es Pedro Risso, quien luce
ese flete codiciao,
escarciador, bien domao,
buena estampa, lindo tuze.
Tal vez haya quien me acuse
de mucha ponderación,
mas me ha de dar la razón
el que entienda, porque en fija
cuando corren la sortija
sobresale entre el montón.
  
Ya el “oscuro” no es el de antes
porque está medio maceta
pero entuavía no hay sotreta
que lo eche por delante.
tuavía le sobra aguante
pa’ un rodeo a campo abierto
y está sobre sí, dispierto
por si se corta algún toro.
Pa’ mí, es mejor que el “moro”
que llevó Fierro al desierto!
  

Versos de Pedro Risso

(Revista "La Carreta" N° 168 - 04/1946 // firmado como "El Zurdo Nicasio")

lunes, 23 de enero de 2017

EL MAYOR DE LOS MUCHACHOS

1
Recién despuntaba el día
cuando el hijo de un puestero
montando un pasuco overo
rumbo a la estancia salía.
Un tero en su gritería
lo saluda a la pasada,
y entre los cueros, doblada,
pa’ entregarla ni bien cuadre
lleva la carta del padre
con letra despatarrada.
2
Es el muchacho mayor
hijo del “Pampa” Machao,
un criollo muy estimao
por serio y por cumplidor.
Como hombre trabajador
le traza al hijo una senda,
y pa’ que el patrón lo atienda
sin buscar mucho acomodo
escribiéndole a su modo
al mozo le recomienda.
3
Y así le escribe al patrón
a lo criollo y sin empacho:
“Áhi va Lauro… mi muchacho…
por si le falta algún pión.
De entrada andará cortón
al verse rodeao de extraños,
pero en verdá y sin engaños
es todo un hombre a mi ver,
y ayer, justamente ayer,
me cumplió los quince años.
4
Casi a leer no ha aprendido
y embarulla las vocales,
pero en trabajos rurales
puedo darlo garantido.
Es callao, muy retraído,
y enemigo de las charlas,
costumbres que al valorarlas
no son elogios de abuelas,
y si usté lo vé de espuelas
seguro que sabe usarlas.
5
Le he enseñao, sin fantasía,
como se enrienda un bagual,
y en la puerta de un corral
vuelca el lazo a la par mía.
Le gusta, tiene baquía
y afición pa’ ser soguero;
cura sarna con esmero,
es baquiano pa’ esquilar,
y si le toca cueriar
no le va a rayar un cuero.
6
Saturno, el finao mi hermano
-hombre campero y capaz-
fue su mentao capataz
de confianza y muy baquiano.
Recuerde a Juan, que paisano
tan parejo y liberal,
que cuando fue su mensual
tanto carniaba un novillo
como entregaba un potrillo
hecho un pingo escepcional.
7
Yo también, desde muchacho,
recordarlo es mucho honor,
fui en la estancia un domador
jinetón y vivaracho.
Ahura ya me deshilacho
como poncho muy gastao;
mi agilidá se ha mermao
por los años que amontono,
pero ni ansí lo abandono
y estoy siempre a su mandao.
8
Luce mi hijo ese apellido
que nunca llegó a mancharse,
y ha de saber compartarse
pa’ llevarlo merecido.
Le enseñé que sea cumplido,
decente, bueno y constante,
pero aunque sea tolerante
debe tener bien grabao:
¡qué jamás a los Machao
los han echao por delante!”


Versos de Pedro Risso

sábado, 31 de diciembre de 2016

PATIO DE RANCHO

Patio criollo, tradición,
que entre dos ceibos floridos
está de brazos caídos
el viejo sauce llorón.
Cautivo allí, un charabón
se va y vuelve a las gambetas,
y en esas horas tan quietas
en busca de algún charquito
un pato criollo, al tranquito,
va entre tinas y macetas.

Tiene un pozo con brocal
y una roldana chillona,
que aunque a veces desentona
su música es nacional.
Más que un pozo, es manantial
en sudar agua parejo,
y del fondo, que es espejo,
cuando lo están precisando
sube el balde cabrestiando
del trozo de un lazo viejo.

El horno, como de encargo,
para que alguno lo advierta
está con la boca abierta
en un bostezo muy largo.
Saboreando un mate amargo
contemplo unas torcacitas,
y si en muchas mañanitas
el horno traga más leña
es señal de que la dueña
espera muchas visitas.

Ese el patio del rancho
donde yo me empecé a criar,
y áhi supe diferenciar
un chimango de un carancho.
Un viento que cruza a lo ancho
me trae su recordación,
pues viendo al sauce llorón
añoro tardes inquietas
en que corrí a las gambetas
lo mismo que el charabón


Versos de Pedro Risso