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viernes, 3 de mayo de 2024

TORMENTA'E VERANO

 Un rojo alambrao de un hilo

divide el cielo un momento

y el potrero polvoriento

queda un instante tranquilo.

El lazo de un refucilo

piala una oscura tapada,

y aunque se corta la armada

la hace tronar contra el cielo,

entre esa hacienda de un pelo

que es la tormenta enojada.

 

Las pajitas por la greda

van jugando al remolino,

se vuelve loco el molino

y se le borra la rueda.

En un “sálvese quien pueda”

van los pollos pa’l cardal;

se embravece el avenal

con un ruido de suspiros

y comienzan a los tiros

la sábanas del tendal.

 

Llega un vientito chiflando

con una tropilla de hojas;

dicen “ay” las chapas flojas

que están de miedo temblando.

Una lata bellaqueando

se dispara campo ajuera,

ya cerca de la tranquera

levantan tierra unas gotas,

las primeras son grandotas

y llueve a la polvadera.

 

La paineta del alero

lo pone al malvón contento,

y madejas de agua el viento

retuerce sobre el potrero.

Contemplando el aguacero

los chicos se quedan bobos.

Cruza el patio a los corcovos

‘don sapiola’ muy campante

y se va de comandante

con un escuadrón de globos.

 

Un de repente limpea;

goteras en la cocina,

rebalsando está la tina,

‘don gallardo’ cacarea.

Una pata cucharea

el sol que se hunde en un charco.

Allá arriba se ve el arco

con las puntas en el suelo,

con siete listas que el cielo

le ha puesto a su poncho zarco.

 

Llega arriando nubarrones

el resero de la noche,

haciendo un vasto derroche

de brillantes patacones

en la rastra de botones

que el cielo se ha puesto nueva.

Hay un bicho en cada cueva

y en cada charco de luna,

y allá brama la laguna

que el demonio se la lleva.

 

Versos de Luis Domingo Berho

martes, 8 de junio de 2021

GALLETA'E CAMPO (*)

 Cuando en un tiempo anterior

con mis recuerdos acampo,

vieja galleta de campo,

me encuentro con tu sabor.

Te saco del mostrador

de un boliche imaginario,

o sigo el itinerario

de los panaderos fieles,

llenando de cascabeles

las calles del vecindario.

 

Te tostaron en la brasa,

te mojaron en la olla,

y en los bifes con cebolla

limpiaste el sartén con grasa.

Te hiciste sopa en la taza

en el rastrojo lejano,

y el que era criollo baquiano

pa’ cortar del asador,

no encontró nada mejor

pa’ comer sobre la mano.

 

El carrero te llevó

en el pesebre guardada,

y con una rebanada

a su guiso acompañó.

El resero te cargó

en viajes de muchos días,

y anduviste por las vías

bailando en la bagayera,

cuando juistes pa’l linyera

una de las “tres marías”.

 

Hermana del güevo frito,

del cuajo y el chinchulín,

y madre de aquel budín

chacarero y exquisito.

Te llevaron pa’l toldito

los deschaladores rudos,

y al fin de esos días crudos

de esquilas y de caballos,

anduviste entre los callos

de los dedos macetudos.

 

Sobre tu corteza güeca

era más lindo el tocino,

aquel jamón campesino,

el chorizo y la manteca.

Al romperte de reseca

era música tu ruido,

y si te habrán consumido

al lao de la trilladora

cuando llegaba la hora

del ansiao mate cocido.

 

Tu imagen a mi regresa

colgando adentro del rancho,

con la botella en el gancho

por esa laucha traviesa.

Te veo sobre la mesa

junto a la sopa caliente,

y siempre estabas presente

allá por las ocho y pico,

cuando en el almuerzo chico

desayunaba la gente.

 

Ya tu miga preferida

la familia no alimenta,

pero aunque hoy no estés en venta

el paisano no te olvida.

Vos llegastes a mi vida

con el uso de razón,

por eso en esta ocasión

quiero decirte, galleta,

que te llevo en la maleta

que nutre mi corazón.

 

Versos de Luis Domingo Berho

 

(*) Testimoniando el trato que tuvimos, en la

cartulina que está impresa esta poesía, Don Luis

le estampó está afectuosa dedicatoria:

“A Carlos Risso. Pa’ vos Carlitos, lo más

blanco y tierno de la miga de esta “Galleta

‘e Campo”. 15/03/1991

Me honró con ese trato.

                                                       CRR

sábado, 17 de febrero de 2018

ALPILLERA


1
Hoy yo te canto alpillera
que serviste pa’ todo uso.
¿Qué fue lo que no se puso
en una bolsa cualquiera?
Aunque viniste de ajuera
para embolsar los cereales,
tus servicios fueron tales
que hoy decirte necesito
que ocupás un lugarcito
en las cosas nacionales.
2
Recorriste todo el mapa
y juistes en éste páis,
cincha y maleta pa’l máiz
y en la sacada de papa.
Pa’l apero juiste tapa
y se te uso pa’l candil,
juistes bajera y mandil
y pa’ llevar una res,
te he visto más de una vez
tendida sobre un cuadril.
3
Juiste hermana del mendigo,
su limosna en vos ponía
y, si la noche era fría,
vos le serviste de abrigo.
El linyera fue tu amigo
porque sin vos no era nada
y al salir de la ranchada
con vos el mono cuadró,
de vagallera te usó,
de colchón y de frazada.
4
Vos limpiaste la parrilla,
diste güelta el asador
y tapastes el motor
de la vieja cortitrilla.
Se te puso de almohadilla
pa’l pecho de un animal.
Vos serviste de morral
y en las quintas, de espantajos
y para muchos trabajos
te usaron de delantal.
5
Te ponían sobre el asiento
a veces en el arao,
y bajo el carro parao
juiste reparo pa’l viento;
por áhi en un campamento
te usaron de servilleta.
Pa’l monte juiste carpeta,
pa’ los dados silenciosa
y nunca se usó otra cosa
pa’ir a buscar la galleta.
6
Con vos tapaban el chancho
mientras que se lo pelaba,
y colgada se te usaba
como puerta de algún rancho.
Apagastes en el ancho
pajonal la quemazón.
Vos serviste de tapón
pa’l hormiguero de un vaso,
de media y de cielorraso
y pa’ forrar un jamón.
7
A veces te utilizaron
como vaina pa’l cuchillo
y a falta de cojinillo
pa’ andar en pelo te usaron;
con gallinas te ocuparon
aquellos que las vendían
y adentro tuyo metían
hasta el pavo más grandote
y pa’ que saque el cogote
un aujerito te hacían.
8
Juiste camita pa’l perro
arrolladito y temblando
y te manotiaron cuando
estaba caliente un fierro.
También afirmo y no le erro
que una piedra en la pelea,
si entre una bolsa se emplea
es terrible porque engaña
y esquilando en la campaña
te usaban como manea.
9
Dándole tiempo a que cobre
si tenía suerte un domingo,
juiste la tapa del pingo
de algún carrerista pobre.
El changa te puso sobre
la espalda después del pique,
y pa’ que naides critique
en la mayor humildá
salvaste la intimidá
con hechura de tabique.
10
El alambrador te tuvo
pa’ llevar las herramientas
y en cosechadoras lentas
juiste sombrilla que anduvo.
Vos le limpiastes el tubo
a las lámparas de ayer
y pa’ llamarlo a comer
el arador con  su yunta
de una alta caña en la punta
siempre te sabían poner.
11
Al cielo te remontaste
de un barrilete en la cola
y en la punta de una piola
la carne al pozo bajaste.
Pa’ la labor te prestaste
de punto cruz en la escuela.
Te pusieron de entretela
pa’l saco de algún pueblero
y hasta te usó el guitarrero
pa’ funda de su vigüela.
12
Pa’ hacer fuego a la mañana
siempre te usaron de mecha
y en el tiempo de cosecha
pa’ forrar la damajuana.
Juiste lienzo pa’ la lana
y pa’ una rueda remojo.
Vos le tapastes el ojo
al chúcaro más sin yel
y serviste de mantel
pa’ comer en el rastrojo.
13
Se fueron ‘los pugilistas’
por el tablón del olvido
y vos tampoco has querido
vivir sin esos artistas.
Aquellos malabaristas
que te llamaban ‘la baya’…
A veces pienso: ¡amalaya!
volviera a ver por un rato,
ninque sea en un barato,
personajes de esa laya.
14
Hoy todo el mundo te añora,
bolsa de los caminantes;
tanto el que quiere lo de antes
o el que quiere lo de ahora.
Porque juiste bienhechora
y en esto no hay desacuerdos
aunque ya con tranco lerdos
he llegao a este lugar
y aquí me puse a vaciar
la bolsa de los recuerdos.

Versos de Luis Domingo Berho

domingo, 28 de enero de 2018

HISTORIA DE UN RELINCHO

Cerca del camino aquel
tan solitario y tan ancho
había levantao su rancho
Amadeo Villarruel.
Tenía un sauce y un jagüel
con un balde en el crucero;
un perro grande ovejero,
que áhi se quedó de agregao.
Y un tordillo y un gatiao
pa’ sus changas de resero.

Villarruel acostumbraba
voltiar el aspa temprano,
sobre todo en el verano
diariamente madrugaba.
Y una mañana que estaba
divisando el infinito,
lo vido al gatiao solito
cuando el día dio un reflejo.
Pero el tordillo ¡canejo!
faltaba del potrerito.

Recorrió pacientemente
por todas las cercanías,
y anduvo unos cuantos días
preguntándole a la gente.
Y aunque el ser tan diligente
no le dio ninguna pista,
un día que tendió la vista
de aquel camino en el brillo,
se juntó con el tordillo
de una manera imprevista.

Divisó una polvadera
por detrás de las lomadas…
Era una de esas yeguadas
que el frigorífico espera.
Al enfrentar la tranquera,
se escuchó con insistencia,
relinchar con estridencia
de entre el polvo movedizo…
como lo hace un yeguarizo
cuando vuelve a la querencia.

El gatiao enloquecido
contestaba ese relincho
y, poniéndole un carpincho,
Villarruel, ya decidido,
lo montó, y en un soplido
alcanzó aquella manada.
Entre esa mancarronada
iba el tordillo mezclao;
y juntándose al gatiao
se apartó de la yeguada.

Los dos hocicos juntaron
los caballos, y con eso
parecieron darse un beso,
y un relincho se pegaron.
Los dos hombres se miraron
poniendo en los ojos brillos
Villarruel tantió el cuchillo
y al tropillero enfrentó
y áhi nomás le preguntó:
“-¿De ande sacó ese tordillo?”

“-A treinta leguas de aquí
lo compré -dijo el viajero-
a quien me aceptó ligero
lo poco que le ofrecí”.
“-No dudo que ha sido así”
-dijo entonces Villarruel-
pero sacando un papel,
le dijo: “el dueño soy yo”
y una marca le mostró
dibujada en forma fiel.

“-Viendo que se han relinchao
-dijo el hombre- ya estoy viendo
que han estao juntos viviendo
el tordillo y el gatiao…
Sin ese certificao
pa’ mi hubiera sido igual.
Pa’ entregarle el animal
ningún papel necesito
porque ya se ve clarito
que usté dueño del bagual”.

Villarruel que era un paisano,
lleno de agradecimiento,
le respondió en el momento:
“-Quiero estrecharle la mano…
en mi alero campechano
tal vez de nada carezca;
deje que el rancho le ofrezca;
tome mate, churrasquee,
y así, después que sestee,
podrá seguir con la fresca”.

Se entienden a la distancia
con un relincho cortao,
pingos que juntos se han criao
en el puesto o en la estancia.
Lo sabe desde la infancia
el hombre de la llanura…
Del compañero en procura
el tordillo relinchó
y el relincho lo salvó
de ir a una muerte segura.

Versos de Luis Domingo Berho

MAÑANITA SUREÑA

Risueña la madrugada
borrando estrellas venía.
Y se enderezaba el día
con su cabeza dorada,
entre sábanas de helada
de la cama del potrero…
Cuando todo el gallinero
se empezó a venir al suelo.
Y erizándosele el pelo
pegó un bufido el nochero.

Igual que cuando se entierra
la cuchilla de un arao,
y la mitá se ha quedao
brillando sobre la tierra,
el sol, por sobre la sierra,
mañeriando pa’ salir,
la mitá empezó a lucir,
y, al dir calentando el llano,
la vidriera del pantano
se empezaba a redetir.

El arador ya salía
respirando cerrazón.
Y en la blanquiada extensión
el surco primero abría,
que a lo lejos parecía
un hilo negro en la harina,
un rayón de tinta china
sobre una página blanca.
Y la rosada barranca
un gran paredón en ruina.

Llorando estaba el alero
cuando del rancho cerquita,
anunciando una visita
pasó a los gritos un tero.
Un pión a su parejero
le emparejaba el testuz.
Se pasiaba un avestruz
con su tranco señorial,
y las gotas del cardal
tenían espinas de luz.

Orillando el alambrao
con aire de calavera,
derecho a la madriguera
un zorro pasó apurao.
El día lo había agarrao
y arriesgaba su salú.
Las nubes con lentitú
cruzaron por la mañana
como  vellones de lana
de las esquilas del sú.
                              
Versos de Luis Domingo Berho

jueves, 13 de julio de 2017

TRANQUERA DE ALAMBRE

1
Ya nadie más te arregló
tranquera vieja de alambre,
cuando un mancarrón con hambre
las varillas te pisó.
Una soga te amarró
contra aquel poste machazo,
y un cuatrero apuradazo
la cortó con el cuchillo;
desde entonces un yuguillo
le daba al palo un abrazo.
2
Por vos la chata cargada
vi salir a rueda muerta.
Cien veces te dejé abierta
y otras tantas mal cerrada.
Y aparto de la manada
de recordaciones viejas
esa vez que con las rejas
del herrero regresé…
por dejarte sin el pie
se salieron las ovejas.
3
Por vos dentro una mañana
la sembradora nuevita
con la pintura fresquita,
cuando la trajo Quintana.
Por vos se jue la alazana
que después volvió con cría…
por vos dentraba y salía
el panadero en su carro;
y si había mucho barro
por un mes no aparecía.
4
En tu palo me afirme
una vez bajo la luna
cuando no tuve fortuna
en un baile al que llegué;
y a gatas te desaté
otra noche medio extraña
en que pude darme maña
para abrirte con trabajo,
cuando el matungo me trajo
medio vandiao en la caña.
5
Cuántas güellas polvorientas
en vos tuvieron final.
Por vos salió aquel mensual
cuando le dieron las cuentas.
Por  vos las yeguas sedientas
dentraban en los veranos
y aquel comprador de granos
que pa’ dentrar te ladiaba
al dirse no te cerraba
pa’ no estropiarse las manos.
6
Por vos pa’ las elecciones
dentraban con los retratos
de todos los candidatos
pa’ conversar con los piones…
y haciéndose los gauchones
se venían de alpargatas…
las que no por ser baratas
sirven pa’ disimular;
es difícil contrariar
las costumbres de las patas.
7
Con la cara satisfecha,
por vos dentro el chacarero,
con el auto aquel primero
cuando pegó esa cosecha.
Parecías más estrecha
cuando salía una tropa;
y mi añoranza galopa
por un día de chaparrón,
cuando te abría algún pión
que había llegao hecho sopa.
8
Por vos los enamoraos
con esperanzas pasaron.
Por vos en el sulki entraron
los novios recién casaos.
A mercachifles cargaos
le diste entrada y salida
y en la última partida
con un perro de cortejo
por vos salió “El Vasco” viejo
cuando se jué de la vida.
9
Llegó el progreso ladino
y vos, que a nadie atajaste,
también dentrar lo dejaste
tranquerita del camino.
Una de madera vino
que con cadenas se aferra,
y con un candao se cierra;
lo que no pasó con vos,
en los tiempos en que Dios
andaba sobre la tierra.
10
Hoy te hago esta humilde rima
tranquera como un consuelo;
yo que te dejé en el suelo
y te pasé por encima.
Ya que el recuerdo me arrima
con el tordillo cansao,
frente a vos me he desmontao,
porque en el alma te llevo,
y quise abrirte de nuevo
para entrar en el pasao.


Versos de Luis Domingo Berho

domingo, 21 de agosto de 2016

PION DE FIERRO

Te veo como hace mucho
molino rodiao de quinua
y a tu música continua
me parece que la escucho.
El recuerdo es un matucho
al que hoy le suelto la rienda
y en el potrero no hay senda
que conduzca hasta vos,
por siempre juiste y sos
el boliche de la hacienda.

Te veo en esas mañanas
en que el aire no se queda
y parece que tu rueda
diera güelta con más ganas;
o en las tardes alazanas
que al cerro bañan el lomo
cuando en un tímido asomo
y en tu espejo de agua clara,
se iban a mirar la cara
las hijas del mayordomo.

Queriendo matar la sé
en algún día sereno,
después de aflojarte el freno
por un vientito rogué.
Cuántas veces me bañé
en tu líquido profundo
y pa’ gozar sin segundo
esperé que anocheciese,
pa’ que ningún o me viese
como Dios me ha echao al mundo.

Una güelta te rompiste
y, cuando bajó el solazo
bajó el flotante su brazo,
la cosa se puso triste.
Un insulto recibiste
como si el culpable jueras
de las quejas lastimeras
que se oyeron con balidos,
manotones y mugidos,
cuatro jornadas enteras.

Después vino la alegría
con un despacioso arranque,
volviste a llenar el tanque
y a trabajar noche y día.
Volvió a salir a porfía
un torrente de tu caño.
Hizo sobre el travesaño
un hornerito su casa
y otra vez pediste grasa
con un alarido extraño.

Me hacés acordar al pión,
viejo pero voluntario
trabajando sin horario
por un sueldito pobrón.
Por eso, con emoción
después de andar por la vida,
vuelvo a vos de recorrida,
el corazón fatigao,
como el pecho colorao

al charco de tu bebida.

Versos de Luis Domingo Berho

domingo, 14 de julio de 2013

UN BOLICHE DE ANTES

1
Cerca del paso nivel
de aquella vieja estación,
que tuvo la pretensión
de ser pueblo en su papel
está el caserón aquel
y, con blancuzco reflejo,
crece el pasto desparejo
en cornisas y ventanas,
como si fueran las canas
de aquel edificio viejo.
2
Vos fuiste un boliche de antes,
y hoy en tus horas de calma,
por áhi no pasa ni un alma,
reseros y caminantes.
Tus polvorientos estantes,
duermen un sueño profundo,
mientras yo, meditabundo,
pienso que fueron testigos
de mil reuniones de amigos
que ya no andan por el mundo.
3
Aún mi mente conserva
tu despacho al menudeo,                   
las barricas de fideos
y los cilindros de yerba,
y aún al evocarte observa
mi memoria en sus visiones,
tus maltratados cajones
con su cuchara violenta,
con harina, con pulenta
o el azúcar en terrones.
4
Vos llegaste a ser un centro
donde había, a más de las cartas,
dos trenzas que eran dos cuartas
que tiraban para adentro;
produciéndose el encuentro
de carruajes y de pingos,
de paisanos y de gringos
que venían por el camino,
como hacienda pa’l molino
sobre todo los domingos.
5
Pero hoy ya no entra el mocito
de alpargatas y de blusa  
ni llega en la chata rusa
don Jacobo al trotecito.
No está la “falta” en un grito
del truco de cuatro en cruz,
ni está de noche la luz
a kerosén y apocada,
ni está el órdago “sin nada”
en los finales del mus.
6
Ya no entra el caballerizo
con su sombrero de trapo,
y ya nadie juega al sapo,
que era de bronce macizo.           
Ya no se habla de granizo
de la isoca o de la seca;
y el domador pierna chueca
con su inconfundible facha,
ya no dentra con la guacha
colgando de la muñeca.
7
La mortadela y el queso
en la fiambrera grandota
ya no está ni la chacota
de aquel muchachón travieso.
No se llena el cartón grueso
con fariña en la balanza,
ya el comedido no alcanza
la bolsa con cascarilla,
ni en el tiempo de la trilla
dentra el pión lleno de granza.
8
Ya no está más el barril
ni el jarro bajo el espiche,
ni está el olor a boliche,
ni el “despáchame un Brasil”;
ni el “tome algo”, ni el mandil
entre ollas y cacerolas.
Ya no están palas y piolas,
sogas y aperos colgando,
ni “el gallego” comentando
las romerías españolas.
9
Ya no entra el poncho de ajuera
arrastrándole los flecos
ni se ven botas y zuecos
con la suela de madera.
La entrada de esa tapera
ya la espuela no la raya,
y cuando el día desmaya,
ya no entra el estibador
pa’ reemplazar el sudor
que dejó sobre la playa.
10
Ya no entra el vasco tambero
luciendo su faja negra,
ni aquel paisanaje alegra
el paso de un guitarrero.
A las bochas y a potrero
ya nadie suele, al jugar,
con el rebenque tirar,
ni está el que sacó ventajas
con el chico entre las pajas
si era maula pa’ bochar.
11
Ya nadie pide una grapa,
ni con vino se chorrea
tu piso de pinotea
ni tu mostrador de chapa,
y ya no pide la yapa
el chico que venía en pelo
en su matungo chicuelo
por un mandao de la madre;
y con saludos pa’l padre
se llevaba un caramelo.       
12
Ya ninguno pide un jarro
de café ni lleva grasa
envuelta en papel de estraza
ni aquel pimentón en tarro.
Ya no para más el carro
ni el manejante desata,
ni dentra a gastar su plata
saludando en su ademán,
y dejando de guardián
al perro junto a la chata.
13
Ya no llegan las mujeres
en sulki que, de antemano,
ordeñaban más temprano
y apuraban los quehaceres.
Y adquirían sus alfileres
o alguna otra prenda fina
de intimidá femenina,
y si había algún curioso
que miraba malicioso
pasaban pa’ la cocina.
14
Y como en aquella vía
ya no pasa el tren de carga,
ya el linyera no se larga
como en un tiempo solía,
y pa’l negocio venía
transportando su maleta;
y aunque trayendo secreta
su condición idealista,
llegaba el croto anarquista
a pedir yerba y galleta.
15
Se podía llevar allí
pa’ aquellas carniadas viejas,
desde tripas en madeja
hasta pimienta y ají.
“Hoy no fío, mañana sí”,
decía un cartel sin sentido
que era siempre desmentido
por la libreta deshecha,
en la que pa’ la derecha
las comas se habían corrido.
16
Si había remate en la zona,
al rato de terminarse,
no tardaba en asomarse
la bombacha de cambrona
con dureza de carona
y con manchas de corral;
o trasponía el umbral,
bajándose del “fortacho”
el estanciero ricacho
que volvía del “especial”.
17
En esa calle de enfrente
hubo cuadreras famosas,
y en esas tardes hermosas
se juntaba mucha gente.
Y después era frecuente
que se jugase a la taba,
o al monte, si se cuadraba,
como a los dados o al fico,
donde hasta el propio milico
algunas veces copaba.
18
Cuando se jugaba fuerte
se ponía el clima violento,
y  no extrañen si les cuento
que una vez hubo una muerte:
calló un mozo que a la suerte
la ayuda con sus mañas.
El efecto de unas cañas
se hizo furia en los cuchillos;
y el que vació los bolsillos
pagó caro sus hazañas.
19
Aunque esa puerta hoy no se abra,
dejo a las almas que acudan,
y oigo a dos que se saludan
con una mala palabra.
Y como todo se labra
adentro de la cabeza
cuando uno a vivir empieza,
recuerdo la boca oscura
del sótano y su frescura
con cajones de cerveza.
20
Tu desgastada paré,
tu palenque y tu vereda,
es de lo poco que queda
de aquel pueblo que no fue.
Desde lejos se te vé
boliche viejo, callao,
porque en silencio has quedao
desde que se te cerrara
como a un pantión que guardara
el cadáver de un pasao.

Versos de Luis Domingo Berho

martes, 14 de agosto de 2012

COCINA 'E CHACRA

1
Cocina vieja cocina
que jué de siete por cuatro,
lugar donde fuera el teatro
de la reunión campesina.
Hoy mi mente te imagina
y al tiempo lo he desandao.
Y ya me veo parao
allí mesmo donde estabas
y ese lugar que ocupabas
hoy es potrero pelao.
2
Aquí se habló de las trillas,
del tiempo y la maquinaria,
de los rinde por hetaria
y las clases de semillas.
Aquí estaban varias sillas
dispuestas en derredor,
y creo que sin error
podría decir certero
adonde estaba el aujero
de plantar el asador.
3
Aquí se afiló un cuchillo,
por acá pasó el amargo,
aquí estaba el banco largo
bien lavao con el cepillo.
Estaba haciendo un martillo
con la punta de la mesa,
que era larga, tioca y gruesa,
y estoy viendo el perro abajo
pellizcando con trabajo
el resto de alguna presa.
4
Aquí jué la carcajada
por la ocurrencia más cómica,
aquí estaba la “económica”
con su plancha bien fregada.
Aquí jué la choriciada
y el baile con acordeón;
aquí se colgó el jamón
y la caña choricera,
cerquita de la alpillera
del cielo raso panzón.
5
Aquí se contó el suceso
de la muerte de Lencina
esa tarde en que en “la esquina”
estaban tirando el güeso.
El silencio más espeso
la alegría jué copando.
Aquí se arregló Servando
con una de las muchachas.
Le lavó un par de bombachas
y se las siguió lavando.
6
Aquí se sintió el olor
que da la leña de vaca,
o el del guiso que se saca
con paciencia y con amor.
Aquí se sintió calor
la noche más invernal,
aquí se hacía el mensual,
al lao del fuego encendido,
sobre algún callo partido
su cura de unto sin sal.
7
Cocina vieja cocina
que jué de siete por cuatro,
hoy te ve como en un teatro
mi añoranza campesina.
Como buscando tu ruina,
después de güellas inciertas
por tus invisibles puertas
penetro con paso tardo
pa’ florecer como un cardo
sobre tantas cosas muertas.

Versos de Luis Domingo Berho