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sábado, 16 de febrero de 2019

EL CANTO SURERO

¿Qué es “el canto surero”?
Y… asegún mi parecer
es entrenzar el ayer
y el hoy del hombre campero.
Pero también el pueblero
le aporta lo que aprendió,
que junto al que lo vivió
en la chacra o en la estancia,
le ingieren, en consonancia
lo que uno al otro le dio.

En esa interpretación
del pueta que se’splayó
y a lo crioyo describió
en muy rica esposición.
Es la fiel entonación
del hombre de la yanura
que no grita ni se apura
y no le pide a las almas,
de que lo ayuden con palmas
pues tiene su galanura.

Es la milonga campera
cantada sin titubeos
y adornada con floreos
que’s muy regional manera.
Es la rueda fogonera
o es un gaucho recitao,
y es el prolijo encordao
que’laboró un artesano,
pa’ un intérprete paisano
sin ningún cable enchufao.

Es lucir la vestimenta
con criterio y pulcritú
y mostrando su virtú
la dama cuando se sienta.
Es lograr audiencia’tenta
con mensaje bien medido
pa’ que quede un contenido
com’ofrenda’l soberano,
de nuestro canto pampiano
de azul y blanco sentido.
                             (12/10/2001)

Versos de Agustín López

sábado, 3 de febrero de 2018

MI SOMBRERO

Te dio forma un artesano
aplicando la sapiencia
con su pasmosa paciencia
y caricias de su mano.
Con tu copa de paisano
y tu muy negro color
supiste darme  el calor
que precisó mi cabeza,
y del ala, la tibieza
cuando un sol abrazador.

Cuántas veces me he mirao!
ayí en ese mismo espejo
y aunque cada vez más viejo
con vos me hayaba cambiao.
Es poco lo que te he usao
cuando anduve de pueblero
pero andando de campero
yo nunca te abandoné,
solo a veces te saqué
pa’un saludo placentero.

Siempre juiste bien tratao
y tras de cada jornada
en tu caja redondiada
panza’rriba a comodao…
que ya muy bien cepiyao
mi “patrona” te guardaba
y algunas veces t‘echaba
una bola’e naftalina
como protección, ansina
si algún bicho te acechaba.

Cuando sentao a comer
medio cerca te colgaba
ya que al pronto te’strañaba
y te volvía a poner.
Me ha gustao poderme ver
cuando el sol me ha retratao
y en mi sombra recortao
era en mostrarse primero,
¡la figura’e mi sombrero
pa’l lao derecho ladiao!

Versos de Agustín A. López

miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA BOLSA DE ARPIYERA

El día que te inventaron
naides habrá calculao
todo el uso que te han dao
en las cosas que te usaron.
De nuevita aprovecharon
tu tejido resistente
con un yeno permanente
levantao en la ocasión,
o colgada en el galpón
pa’ la cosecha siguiente.

Tanto coserte la boca
y tirarte las “orejas”
te jueron volviendo vieja
aunque no una cosa tioca.
El calador te provoca
una herida que no cose,
y hacían con vos pa’ las doce
la bandera de avisar,
a la hora de almorzar
pa’ que te vieran con goce…

Yo te usaba en el recao
de carona o sudadera
y hecha cincha chacarera
con un prolijo doblao.
A un bagual recién montao
servís pa’l ojo tapar
y yo te sabía atar
tantas veces a los tientos,
con destintos alimentos
que solían encargar.

Pa’ pelar, en la carniada,
o en la melga, de bandera,
y limpiar la volcadera
anterior a la engrasada.
También te he visto doblada
en el asiento’el arao
en los días que había helao;
y te vide cuando el pión
hacía de vos un colchón
y hasta lo hubieras tapao…!

De improvisao capuchón
pa’ no mojar la moyera
también sirvió la arpiyera
y pa’ tapar el recao.
Yo la vi de cortinao
hasta en una jinetiada
-¡pa’l que no paga la entrada!-;
y en un asao, pa’l pueblero,
vos juiste mantel campero
bien abierta y bien lavada.

Diste calor a mis pies
en los suecos o en las botas
si las medias ‘taban rotas,
y te tiraba después…!
Hoy maduro, ya lo ves,
de mi estirpe chacarera,
una décima surera
con desparejos renglones
resaltó tus condiciones
vieja bolsa de arpiyera…!

En artesano morral
pa’ la avena de un cuadrero
también te usó el chacarero
si no había otro material.
Pa’l moquiyo -que’ra un mal-
se te usa pa’ un ahumao
y de lo que he recordao
es una parte nomás,
porque en muchas cosas más
en el campo se te ha usao.


Versos de Agustín A. López

sábado, 12 de agosto de 2017

EL SURQUI

A más de uno a la partera
en un trote sin aliento
contra la yuvia o el viento
lo yevaste a que naciera.
¡Cuánta gente chacarera
con vos se había trasladao!
en tus viajes al poblao
pa’ buscar los comestibles,
o en los momentos temibles
cuando alguno había enfermao.

A veces en cayejones
ande naides daba un paso
desafiando el barquinazo
por los pozos o güeyones,
zanjas y barro, a montones,
¡la pucha si habrás pasao…!
al cruzar algún bañao
y acaso hasta’lgún arroyo,
y no siempre había un crioyo
que te guardara lavao.

A los bailes nos yevabas
más de la cuenta cargao
y ayí vos, junto a “tu atao”
bajo el rocío esperabas…
Otras veces te aguantabas
en una noche de helada
-cuando alguna trasnochada-
el frío taladrador,
y de tu dueño, el calor
era solo pa’ su amada…

Pocas veces a pintarte
te mandaba el chacarero
porque’n un círculo austero
se tenía que manejar.
Incluso hasta pa’rreglar
te conformaba un remiendo
y ansí seguías recorriendo
de nuestra patria, sus güeyas,
dejando marcao en eyas
lo que’stuve describiendo.


Versos de Agustín Alberto López

martes, 29 de julio de 2014

MI RECAO

Es de soga mi recao,
poco tiene pa’ lucir,
pero mucho que decir
las pilchas por separao.
Campero y bien trabajao
en güen cuero es el bozal
y hacen juego por igual
las riendas y cabezadas,
freno de simple barbada,
coscoja tradicional.

Una bajera de lona,
bastante grueso el mandil
que’s de lana mil por mil
y de suela la carona.
Una matrita cortona,
bastos de suela, sureros,
correones de grueso cuero
y bien ancha la encimera,
con su gauchita’sidera
trabajada con esmero.

Muy juertes las estriberas,
estribos del sur, de suela,
bien clavadas las tachuelas
semejando una madera.
La cincha, a mi manera
con letras por iniciales
de los dos lao ¡bien iguales!
y manea desprendedora,
de grupa las boliadoras
de dos bolas desiguales.

De seis el lazo trenzao
-medio cortón y senciyo-,
algo negro el cojiniyo
y por debajo aforrao.
Va totalmente tapao
con sobrepuesto’e carpincho,
con el pegual que lo cincho
y ya una vez enfrenao,
agradece emocionao
mi ensiyao, con un relincho.

De mi facón va colgao
un rebenque cola’e vaca,
de la vaina se destaca
un hermoso ribeteao,
sostenido y apretao
por campero tirador;
y un poncho reparador
que ya tiene sus galopes,
son pilchas de Agustín López,
lo que ordene, servidor!


Versos de Agustín A. López 

domingo, 16 de junio de 2013

RECUERDOS DE UN ARREO

1
Contratao de capataz
ayá en mi “Pago Alsinero”
pa’rriar pa’ un pago surero
salimo con otros más.
Algo pocones, quizás,
pa’ la tropa que yevamos,
ya nos vimos dende’l vamos
en momentos medio feos,
pero… ¡los muchos arreos
jue la carta que mostramos!
2
Retozó la noviyada
en saliendo de la estancia
y áhi aprecié la prestancia
de mi gente’n la atajada.
¡Si hasta vi alguna coliada!
de algún noviyo porfiao
que al verse ansina tumbao
ya no buscó de’ncarar,
pues sintió en el paletiar
el rigor de lo enseñao.
3
Ansí me juí regordiando
y a veces me’ntreveraba:
cuando alguno se’spantaba
me lo tráiba ricostando.
Aura que’stoy ricordando…
¡que pial que se’chó un resero!,
una vaca con ternero
lo agarró desensiyao,
diba a mudar de montao
pero hasta a pie’ra campero…
4
Y pa’ bandiar “El Salao”
que’staba muy correntoso
por lo tanto peligroso
¡no quiera creerlo cuñao…!,
yo que nunca había nadao
me la vi medio fierona
y la hacienda cimarrona
hizo punta pa’ golverse,
pero al rato podía verse
la otra oriya tupidona.
5
Y no me puedo olvidar
de unos fieros temporales
que al no ver los animales
era difícil rondar.
Y cuantas veces armar
-una noche que había helao-
la cama con el recao
buscando un sitio oportuno,
ande se’chara el vacuno
tras de haberlo levantao.
6
Y que lujo las tropiyas…!
Había una’e redomones
-pa’lmirar a los mirones-
con la yegua doradiya.
 Si habré saboriao sestiyas…!
En las ruedas del fogón
había uno regüenón
y en las noches calidonas,
hacía vibrar las bordonas
si cuadraba la ocasión.
7
Cuando al yegar al destino
deseosos de descansar
nos vinieron a invitar
a la yerra de un vecino.
Había un mozo correntino
y el resto de la yanura,
amigazo, que hermosura
y que lujo pa’esigentes,
tantos piales diferentes
y aperos de preciosura.
8
Tras de otras tantas vivencias
y los deberes cumplidos
golvimos enriquecidos
de tan gauchas esperencias.
Cada uno pa’ sus querencias
rumbiamos cuasi al yegar,
y ayí me diba a premiar
tras de un viaje medio largo,
con un beso y un amargo
mi patrona, al desmontar.
                                     (3/03/1987)
Versos de Agustín Alberto López

martes, 23 de abril de 2013

COMO QUISIERA MI PINGO


Raza crioya, definida,
güena tabla del cogote
pa’ distinguirse de un lote,
güen tuse y cabeza erguida;
cola ancha y estendida
a la altura del garrón,
que sea, bien livianón
especialmente de abajo,
que se adate pa’l trabajo
o… pa’ salir de “pintón”.

Cada oreja bien formada,
manso, pero tranquiador  
y que sea encarador
en cualquier atropeyada,
descontao la güena’lzada
y el andar acompasao,
que haya estao bien tironiao
en la boca, sin pasarlo,
y que yo pueda‘garrarlo
con un pañuelo estirao.

Me gustaría de que juera
de pelo tradicional
y lo vasos, por igual
tuitos negros, los tuviera.
De una cuarta bien entera
entre medio’e los brazuelos,
que no ande mirando el cielo
y encare las zanjas bravas,
que no se fabrique babas
o vaya enfrentando el suelo.

Que no estrañe la comida
de cualquier tipo que sea,
por si una vez escasea
que sea de laya sufrida.
Que me de’l frente enseguida
cuando lo voy a enfrenar
y no lo vea tutubiar
si está lejos y lo yamo,
que haga’l galope ese tramo
y escuche su relinchar…

 Versos de  Agustín A. López

viernes, 17 de agosto de 2012

MI RECAO

1
Es de soga mi recao,
poco tiene pa’ lucir,
pero mucho que decir
las pilchas por separao.
Campero y bien trabajao
en güen cuero es el bozal
y hacen juego por igual
las riendas y cabezadas,
freno de simple barbada,
coscoja tradicional.
2
Una bajera de lona,
bastante grueso el mandil
que’s de lana mil por mil
y de suela la carona.
Una matrita cortona,
bastos de suela, sureros,
correones de grueso cuero
y bien ancha la encimera,
con su gauchita’sidera
trabajada con esmero.
3
Muy juertes las estriberas,
estribos del sur, de suela,
bien clavadas las tachuelas
semejando una madera.
La cincha, a mi manera
con letras por iniciales
de los dos lao ¡bien iguales!
y manea desprendedora,
de grupa las boliadoras
de dos bolas desiguales.
4
De seis el lazo trenzao
-medio cortón y senciyo-,
algo negro el cojiniyo
y por debajo aforrao.
Va totalmente tapao
con sobrepuesto ‘e carpincho,
con el pegual que lo cincho
y ya una vez enfrenao,
agradece’mocionao
mi ensiyao, con un relincho.
5
De mi facón va colgao
un rebenque cola ‘e vaca,
de la vaina se destaca
un hermoso ribeteao,
sostenido y apretao
por campero tirador;
y un poncho reparador
que ya tiene sus galopes,
son pilchas de Agustín López,
lo que ordene, servidor!
                                                                      (02/1980)
Versos de Agustín A. López

domingo, 24 de abril de 2011

DE RECORRIDA

Después de larga matiada
ensiyo siempre el nochero
poniéndole cada apero
con la pausa acostumbrada.
A los tientos, bien atada,
una bolsa de herramientas,
encerao pa’ las tormentas,
alambre, por si han cortao,
y un lazo por mí trenzao
que ya tiene algunas mentas.

Buscando algún abichao
en la hacienda, voy tranquiando,
mientras sigo vigilando
el tiro del alambrao.
Un perro de cada lao
van haciendo de laderos;
el alboroto ‘e los teros
da melodía matinal
y hacen coro musical
con su canto, los horneros.

Lagunas, lomas, uncales,
los talas desparramaos,
unos cardos resecaos,
varias clases de animales;
bordeo los tembladerales
por si alguno empantanó,
y el “Picazo” que avistó
a lo lejos, un caído,
con desconfiao resoplido
a mi orden se le acercó.

Un lindo noviyo holando
de noche’ncontró la muerte,
tal vez... por el trébol juerte
que de apoco va asomando.
Dispacio lo juí cueriando
pa’ sacarlo sin cortar,
porque lo quería guardar
como adorno pa’ la pieza,
o justo abajo ‘e la mesa
pa’ risguardo ‘el pisotiar.

Seguí dispacio tranquiando
y ya con el cuero en ancas
del picazo patas blancas
que soplaba, disconfiando.
Estaba un toro escarbando,
otro balaba enojao
y un tercero prieparao
pa’ trenzarse’n la topada,
y más ayá una yeguada
que’l padriyo ha’montonao.

Al pasar, a un esquinero
lo vi que estaba tumbao,
(al “pión” se lo había ladiao
el correntoso aguacero);
parao al torniquetero
tras de un rato lo dejé,
ansí a mi rancho yegué
con la gran satifación
de cumplir bien la misión
que a diario m’encomendé.

Versos de Agustín A. López