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domingo, 12 de abril de 2020

EL BAILE

Se ha procurado respetar la grafía utilizada en la publicación hecha en la uruguaya Revista El Fogón N° 431


Dentro de un rancho de paja
que algunas velas alumbran
y cuyos techos se encumbran
sobre tosco pedestal,
se oyen sonar como á duo
dos guitarras gemidoras,
como las notas sonoras
de un concierto musical.

Son dos paisanos que hieren
con su natural talento
las cuerdas del instrumento
que nadie les enseñó,
y con su son acompañan
á los que bailan cielito,
o el pericón favorito
que cantan en su caló.

Los bailarines ostentan,
como especiales vestidos,
sus ponchitos recojidos
sobre el hombro con desdén,
un pañuelito á la espalda
terciao de modo prolijo,
y sombrero con barbijo
sobre la nuca á la sien.

Las mugeres convidadas
y mugeres de la casa
sus vestidos de zaraza
bien cargados de almidón,
una bincha en la cabeza
y como adorno más bello
un pañuelo, que en el cuello
le asujeta algún florón.

Dándose frente en batalla
se colocan las parejas,
dan las guitarras sus quejas
más dulces que el ruiseñor,
y con acento que expresa
su apasionado deseo
tras un breve bordoneo
así prorrumpe el cantor:

“El que vive penando
por una dama
el llanto de sus ojos
también derrama;
quereme mi vida, quereme mi amor,
mirá que me muero de tanto dolor;
mirá mi pena
consolala mi alma
y hagan cadena”.

Apenas de estas estrofas
espira el último acento
que la voz del sentimiento
nos parece modular,
ya las parejas se acercan
y haciendo cadena entera
cada cual su compañera
vuelve de nuevo á tomar.

Entonces á las guitarras
se les hace una pregunta,
el hombre y mujer se junta
haciendo frente otra vez,
y al son de las castañuelas
que con los dedos imitan
los bailarines se agitan
zapateando con los pies.

Y en esta parte es que luce
su agilidad el paisano,
gracioso, esbelto y liviano
para seguir el compás,
y haciendo á cada figura
unos trenzaos con los pieses,
como al solo los ingleses,
sin que se turben jamás.

Después que ya el zapateo
acaban los bailarines,
dos vueltas con retintines
á sus chinas hacen dar,
y el que el pericón dirije
porque no salgan al trote
manda al son de camalote
que comiencen á balsiar.

La voz de mando se escucha
y el vals al punto comienza,
cada pareja se trenza
en cuanto suena la voz;
se arrolla el poncho el paisano
si acaso estorbo le causa,
y así balsiando con pausa
sigue uno del otro en pos.

De repente la guitarra
suena en pausado rasguido;
todos al punto el oído
ponen atento al cantor,
y éste de nuevo entonando,
como que allí se lamenta,
de esta manera les cuenta
las desdichas de su amor:

“Como el pájaro triste
que pierde el nido
así vivo yo lejos
del bien querido.
Y áura que sus ojos no puedo mirar
se secan los míos de tanto llorar
porque ellos fueron
los que á mis tristes ojos
la luz le dieron”.

Así termina el paisano
su melancólico canto, 
las parejas mientras tanto
vuelven su puesto a tomar;
y al que el pericón dirije,
en cuanto dicen ahora,
con voz resuelta y sonora
así se le oye mandar.

Aura mesmo, caballeros,
atacando y abran brecha,
sostenido á la derecha
y zapatiando nomás;
y á poco que le obedecen,
sin que ninguno se exceda,
manda á todos hacer rueda
mientras siguen el compás.

Se miran los bailarines
y de las manos se agarran,
sigue el son de las guitarras,
pegan la vuelta en unión;
y cuando se le hace bueno
vuelve á dar la voz de mando,
y á la bolsa van dentrando
por yuntas, sin distinción.

Después que una cae adentro
la rueda pega otra güelta,
el gaucho á su china suelta
mientras que calla el cantor,
y en una estrofa adecuada
que relación denomina,
así le dice á su china,
como haciéndole el amor.

“-Reclinado entre su seno
mi amor quisiera vivir,
pero antes me has de advertir
si el corazón es ajeno;
mi pecho está de amor lleno
desde la hora en que te vi,
y si hoy padezco por ti
y quieres calmar mi pena,
dime que no eres ajena
y que tu amor no perdí”.

La paisana que se siente
de tal modo requebrada
al paisano su andanada
le larga con intención,
y si es que acaso le gusta
y alguna inconstancia advierte
más o menos de esta suerte
le dice en su relación:

“-Pajarito que á tu dueña
con tal ternura le cantas,
¿para qué sirve tu amor
si la constancia te falta?

Un aplauso general
saluda al punto á la moza,
el compañero se goza
en su triunfo y en su afán;
cae otra yunta á la bolsa,
de nuevo la vuelta empieza
y otra copla se endereza
la paisana y el galán.

Después de esto se repiten
en el baile las figuras,
zarandeando las cinturas
cuando llega la ocasión;
y si acaso es de recibo
y bastante la mozada
al rayar la madrugada
se termina el pericón.
                (de 1908 o anterior)

Versos de Alcides de María (Calisto El Ñato)

martes, 9 de diciembre de 2014

LA CARRETA

Cantando a la patria amada
pasé mis años mejores
y ahora siento los rigores
de aquella gloria pasada;
porque hoy que no tengo nada
paso la vida penando
como quien va manotiando
entre pura agua salobre,
que llegar a viejo y pobre
es casi como irse ahogando.

El consuelo que me queda
es el del gaucho de garra,
que solloza en la guitarra
mientras la bola le rueda
y el de que cuando no pueda
tocar siquiera un estilo
me quedará el refosilo
que da el acero templao,
como machete mellao,
que en un tiempo tuvo filo.

Para el trabajo, soy franco,
aunque con poca fortuna
trabajando a sol y a luna
no he sido lerdo ni manco;
a las faenas del campo
me aficioné de muchacho
y aunque hoy no me les agacho
como antes, con tanta gana,
suelo empuñar la picana
y encasquetarme mi gacho.

Esa afición de carrero
no he perdido ni un poquito,
y puedo, aunque sea al tranquito,
picar a un buey delantero.
La carreta que prefiero
es la antigua, la toldada,
que aunque de marcha pesada
ha de andar siempre distante
llevando yuntas de aguante
de quedarse empantanada.

Pues bueno, hace ya un tirón
que pico en una carreta
que por lo linda y paqueta
va llamando la atención;
de tan buena construcción
que en viaje de largo trecho
siempre marchando derecho
en ninguna parte escolla,
esa carreta es “La Criolla”
que va salvando el repecho.

Pronto tendremos, quizás,
la toldada en la cuchilla
que no ha de ser maravilla
mientras sigamos en paz,
y mientras que el capataz
Braulio Araujo la maneje;
basta con que Dios nos deje
dos cosas en la bolada:
el aumentar la boyada
y el juntar grasa pa’l eje.

Y con esto me despido
saludando al auditorio
que a esta velada o velorio
como siempre ha concurrido;
y al despedirme les pido
que si el volver les es grato
desde ahora cierren trato
para venirse en montón
y pegarle un coscorrón
al viejo Calisto el Ñato.


Versos de Alcides de María
                    (uruguayo)

martes, 10 de enero de 2012

ES AL ÑUDO QUE LO FAJEN

Dice un refrán compadrón
pero de lindo lenguaje,
“que es al ñudo que se faje
al que nace barrigón”,
y se acierta, en mi opinión,
con que en tal forma se diga,
porque el tal refrán estriba
en afirmar, de contao,
que al que nace jorobao
no hay quién le quite la giba.

El que nace para medio
y no llega nunca a real,
es que padece de un mal
á que no se halla remedio,
y en su interminable tedio
puede esclamar con razón:
¡gran siete!... en toda ocasión
el que es dichoso relincha,
y al ñudo le atracan cincha
al que nace barrigón!

A su gusto, satisfecho
halla un gaucho una morocha
y en seguida desabrocha
todo el amor de su pecho,
pero cuando mas derecho
cree realizar sus anhelos,
se le atraviesan los celos,
y á ese gaucho ardiente y rudo
que lo fajen es al ñudo
para acortarle los vuelos.

Nace suertudo un cristiano
y si cuando juega envida,
en el truco de la vida
no le ganan ni de mano
y si un “picudo” paisano
comienza á payar de lleno,
por más que le digan, bueno!
no para el hombre la lata,
que al ñudo es la serenata
si la moza no es de freno.

Quien de chico tiene mañas
sin que le acorten la rienda,
y sin que nadie lo ofenda
sale de malas entrañas,
cuando sus tristes hazañas
realiza sin miramientos
es porn que soplan los vientos
de esa su vida pasada
y porque “al ñudo es sin nada
llevar maleta á los tientos”.

Generalmente una fea
halla marido buen mozo
y á la de rostro precioso
no hay quien le encienda la tea;
no falta en eso quien vea
lo de que “el amor es ciego”,
pero más bien yo me allego
á que otra cosa ha de ser
“que si no es leña de arder
al ñudo es prenderle fuego”.

Trabaja el agricultor
constantemente en la brecha
y la anhelada cosecha
se le pierde á lo mejor;
el que no es trabajador
siembra á veces al descuido
no cuida lo que ha nacido
y es todo una bendición,
porque “al que nace panzón
es al ñudo”… ¡por sabido!

El carrerista ocasiones
lleva la plata robada
y á veces una rodada
le roba sus ilusiones;
á veces los mancarrones
ganan de modo casual,
no porque sea el animal
blando ni duro de boca,
sinó porque “á suerte loca
no hay quien le ponga bozal”.

Y así es todo en esta vida,
del nacimiento a la muerte
hay que luchar con la suerte
para ganar la partida,
y ¡pobre del que se olvida
que la dicha es ilusión!
y llegando la ocasión
entre chircales se mete,
porque “cincharlo es al cohete
al que nace barrigón”.

Por eso yo no me cincho
y desafiando al destino
cuando me duele me empino
y en vez de llorar relincho.
Sé que no corto ni pincho
obrando de esta manera,
pero si á la suerte fiera
nadie la puede torcer,
lo mejor es, á mi ver,
no atropellar la tranquera.
                                                   (ca. 1902)
Versos de Alcides De María
                   (uruguayo)

martes, 23 de agosto de 2011

LA DESPEDIDA

Dame otro, china, otro amargo
como pa’ no dirme cojo,
y no morirme de antojo
porque el viajecito es largo;
y al mesmo tiempo te encargo
que me lo tengás prontito,
que á la güelta necesito
que los volvás a cebar,
pues nada me hace gozar
como este tu matecito.

Es cosa que aquerencea
de un modo particular
cuando lo sabe cebar
la china á quien se aprecea.

- Ya me estás dando correa
y se me hace que mentís.

- No seas, chirusa, infeliz,
¿y á cual otra viá querer
si como vos no hay mujer?

- ¿De endeveras los decís?


- Creemeló, que es realidá,
solo por vos desensillo.

- Güeno, cuidalo al tordillo
y volvé pronto. - Ya está.
Mirá, mi china, mirá,
mañana de tardecita
cáigo al rancho, y me palpita
que te he de tráir un barato,
pa’ que veás no soy ingrato.

- Tráime cariños, vidita!
                                    (08/1900)
Versos de Alcides De María
                   (uruguayo)

sábado, 28 de mayo de 2011

GUITARREOS

Es al ñudo balaquear
cuando no dá la osamenta,
que la guasca se revienta
de tanto hacerla estirar;
cuando me pongo á tocar
ya los dedos se me entumen
y aunque de máistros presumen
al ñudo es la presunción;
se pierde la ejecución
como se pierde el cacumen.

Puede horquetarse en el lomo
de un bagual, un viejo quiebra,
mas ya no muestra la hebra
como antes, ni por asomo;
pues por más que sepa como
se trabaja en el recao,
encontrándose pesao
ese saber es en vano,
que al ñudo, sin ser liviano,
es querer salir parao.

En el viaje de la vida
se marcha lindo y parejo
mientras que á matungo viejo
no se llega en la partida,
pero cuando ya entumida
se siente la chiquizuela
es al ñudo que le duela
cuando se siente aporriao,
porque á matungo cansao
no lo aligera la espuela.

En un tiempo fuí clavel
que en la mata se mecía
mientras su aroma esparcía
perfumándolo al verjel,
pero el invierno crüel
que la vida va agostando,
poco á poco ha ido secando
mis gajos más corpulentos
y aunque en el tronco hay alientos
ya no vivo perfumando.

Así es todo en la existencia,
incluso aquello del vino,
pues se me hace desatino
creer que sea eterna su esencia;
á toda, la Providencia
le ha puesto termino fijo,
y por eso yo colijo
que cuando sopla el pampero
lo lleva el diablo al sombrero
en cuanto afloja el barbijo.

Como les iba diciendo,
voy marchando á lo cangrejo,
como marcha todo viejo
que ya vichoco va siendo;
al ñudo agarro y enriendo
animal que bellaquea,
cuando le aflojo colea,
se hamaca si lo sujeto
y en cuanto me le enorqueto
dejuro me basurea.

Precaviendo machucones
aura matungos prefiero,
pues con matungo aguatero
no hay peligros de arriesgones.
En mi saco hay chicharrones,
se me hace cosa sabida,
pero no arriesgo partida
si la flor no es de cuarenta,
porque así no me revienta
ningún chambón ¡en la vida!

La vida tiene ilusión
mientras que brindan placeres
flores, música y mujeres,
cuando el hombre es mocetón,
pero llegando á treintón
ya la cosa es más formal,
hay que cuidar el caudal
mezquinándole á los tantos,
y al pingo de los encantos
echarle medio bozal.

Yo ya soy de los que viajan
despuntando cañadones,
y hacen el viaje á tirones
si escollos no los atajan;
con los años se rebajan
las fuerzas, eso es sabido,
y cuando al hombre entumido
lo deja la suerte adversa
tiene que buscar por fuerza
el calorcito del nido.

Eso es lo que me sucede
y lo que el mal me aconseja,
el arrimarme á mi vieja
que es quien aliviarme puede.
No hay nadie que desenrede
con más tino la madeja;
¡dichoso del que se queja
de dolor en la cadera
si tiene una curandera
que cure como vieja!

Quien á buen árbol se arrima
de buena sombra disfruta,
y come la mejor fruta
quien del árbol está encima.
Y aquí le aflojo á la prima
por temor que se reviente,
pues siempre tengo presente
que con la cuerda añadida
es serenata perdida
por más que el pulso se asiente.

Pajarito que á la aurora
te columpias en la rama,
mientras que trinos derrama
tu gargantita sonora,
si hay algún triste que llora
cuéntale que no me has visto,
porque si en el mundo existo
ya no es para consolar;
que es un puro suspirar
el pobre viejo Calisto.
                                            (03/1901)
Versos de Alcides De María
                      (uruguayo)