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jueves, 2 de mayo de 2019

AGRADECIENDO

Amigo don Juan Moreles
áhi le mando el efetivo,
dos mil, según el recibo
junto con esos papeles
que están a nombre de Mele
por lo que hemos negociao
el “malacara” ensillao
más dos lazos y un cencerro
un par de estribos de fierro
y un juego’e sogas trenzao.

Lo que estoy aponderiando
de las sogas el estao
y lo mesmito el recao
que nya lo estuve probando
por lo bien armao y blando
no dan ganas de bajar
yo tuve que galopiar
como diez leguas ayer
hasta el campo’e los Goyer
por mandao de don Oscar.

Usté capaz se ha olvidao
de mandarme el bozalejo
que asigún dijo su viejo
me lo habría comentao
¡yo viá andar por esos lao
el mes que viene seguro!
Tengo que tráir el “oscuro”
que le compré a Justo Almada
así que en esa pasada
llego a su puesto ¡le juro!

Y hoy justo iba Aladino
pa’l campo “Las Polvaredas”
y sé que su puesto queda
a la orilla del camino
así que al pelo me vino
pa’ mandarle ese dinero
yo le agradezco ¡aparcero!
el aguante que ha tenido
¡pero usté sabe y ha sido
igual que yo un jornalero!

Bueno más que agradecido
perdonemé los borrones
más que ando a los apurones
y lo pior que siempre he sido
mala letra y mal leído
poco amante a los papeles
pero usté sabe Moreles
siempre estoy a su mandao
y un saludo entrelazao
de su aparcero, Ángel Mele.

Versos de Ángel F. Mele 

jueves, 7 de febrero de 2019

UNA ATADA DE CARRUAJES

Uribe vengo a invitarlo
pa’l campo de los Quesada,
áhi van hacer una atada
y ayí podrá comprobarlo;
yo, no es por alabarlo,
usté tiene condiciones:
volantas, charré y vagones
se atarán con todo briyo,
yeve los cuatro tordiyos
y los zainos percherones.

Y también los Balmaceda
yevan las amansadoras
y del campo “Las Auroras”
unos carros de dos rueda’;
de la estancia “La Alameda”
-que son atadores viejos-
carros que yo le aconsejo
no es de perderse de ver.
Y otros que van a traer
gente que viene de lejos.

Se verán pingos y aperos
y atadores de primera,
es una leción campera
que dejaron los pioneros,
aqueyos viejos carreros
de nuestros antepasao,
también habrá entrecortao
unas curva’, unos zanjones
¡áhi están sus condiciones!
Demuéstrelas sin cuidao.

Ansí que mi amigo Uribe
acete y haga coraje,
las atadas de carruaje
usté las vivió y las vive
¡tal este amigo describe
a más de ser muy campero!,
maneja los cadenero’
que’s un lujo de decir
y con gusto hace lucir
sus carros y sus aperos.

Versos de Ángel F. Mele 

martes, 19 de julio de 2016

EL TOBIANO COLORAO

-Con confianza muénteló,
se lo asiguro Cipriano,
usté ‘s hombre veterano
pero igual malcórneló,
dispacio tranqueeló
hasta que’l lomo ha’flojao,
dispués sí, ya no hay cuidao
puede floriarse ande quiera,
no le mueve una bajera
el “tobiano colorao”.

La boca como una seda
pero… ¡guarda! si hay contiendas,
como se afirma en las riendas
jamás apampao se queda,
y que se salve quien pueda
ligero es como un venao,
y si un toro se ha empacao
en el corral o el potrero
larguéseló al bulto entero
al “tobiano colorao”.

Ta’ domao en primavera
y salió flor de pingazo,
se que usté’s zurdo pa’l lazo
y lo usa a su manera;
a la izquierda ‘e la’sidera
usté yeva su trenzao,
capas lo tenga apurao
cuando entre al rodeo a enlazar,
¡es un lujo pa’ cinchar!
el “tobiano colorao”.

Es guapo pa’ galopiar,
se lo garanto Cipriano,
creo que hasta lo de Alvano
diez leguas han de quedar;
pa’ pior tuve que cruzar
el arroyo encajonao,
nadando como un pescao
repechó bien la picada;
es cruza y de güena alzada
el “tobiano colorao”.

Muchas gauchadas, Cipriano,
usté m’hizo a la distancia,
yo era muy nuevo en la estancia
y siempre me dio una mano;
por eso mi noble hermano
hasta su rancho he yegao,
¡le doy por adelantao!
y no se crea que’s broma:
hoy le regalo la doma
del “tobiano colorao”.

-Yo le agradezco Lucero
que me ha domao ese flete,
se que usté a más de jinete
es un amigo sincero,
su gesto de hombre campero
no se encuentra en cualquier lao,
yeve ese potro tostao
de aqueyos, el que se asoma,
un regalo por la doma
del “tobiano colorao”.

Versos de Ángel Feliciano Mele 

                             (Maipú)

martes, 18 de agosto de 2015

EL PUESTERO DE "EL ROSARIO"

Ensilló un “zaino” cacunda,
por costumbre alzó “el marote”,
se puso un poncho grandote
ansí medio de segunda,
y antes que’l lucero se hunda
tiene tuito acomodao,
y en los pastos escarchao
va dejando las pisada’
mientras le da una mirada
al fogón medio apagao.

Se llama Justino Riales
y es puestero en “El Rosario”,
el patrón, fuerte empresario
dueño’e miles de animales,
hombre de tratos cordiales
y por tal causa y razones
tiene confianza en sus piones
y por lo mismo Justino,
hace años que se vino
de la estancia “Los Mojones”.

El hombre como puestero
tiene mucho pa’ atender:
potreros que recorrer,
arreglar un esquinero,
capar un potro, un ternero
o una vaca parteriar,
y si tiene que cueriar
lo hace con mucho cuidao.
(no deja un cuero rayao
por si le toca lonjiar).

Y como es organizao,
de güelta de recorrer,
tiene tiempo pa’ tender
unas trampa’en el bañao;
-vio unos rastros que han andao
comiendo ayá en los unquillo’-,
prendida a unos duraznillo’
dejó seis trampas tendidas
pensó “¡estas son de medida!”,
porque’l paisano no es ‘grillo’.

Llegó arriando la tropilla
justito pa’l mediodía
y en esa mañana fría
el “cacunda” desensilla;
se revuelca en la gramilla
el pingo ricién largao,
priende el fogón apagao,
pone el agua a calentar,
se sienta a cimarroniar
mientras que se haga el asao.

Y en esa tarde cortona
ensilló el “gatiao overo”,
hay que cambiar de potrero
un lote de vaquillona’;
un estilo viejo entona,
monta y sale al trotecito,
y en cuanto pasa un charquito
alza un galope tendido
mientras el sol ha querido
perderse en el infinito.


Versos de Ángel Feliciano Mele

sábado, 16 de mayo de 2015

EL GATIAO Y LOS OVEROS

1
Yegué al puesto de Valerio
que está cerca’el callejón
y salió un hombre viejón,
alto, bigotudo y serio,
y con un recio criterio
dijo: “-Yo soy el puestero,
que anda haciendo compañero…?”
y ya le fui comentando
le dije: yo ando buscando
un "gatiao" y dos "overos".
2
Se quedó como pensando
con cara’e pocos amigos,
me dijo: “-Ayer fui testigo
ver unos pingos pastiando;
después pasó galopiando
por aquí, un tal Carabayo,
arriando varios cabayos
y después no sé más nada,
yo pensé, pa’ las arriadas
ese mozo es como un rayo”.
3
Muchas gracias por el dato
-le dije-, hasta la güelta,
ya vi mi mente resuelta
y le sentí mal olfato;
después de pensar un rato
el destino’e mis cabayos
si los arrió Carabayo,
y al istante calculé,
que capaz que ha entrao tal vez
al campo de los Ramayo.
4
Cuatros leguas esigidas
galopiando sin cesar,
por ayá empecé a oservar
una alambrada caída,
yo con mi vista tendida
hacia adentro de un potrero
vi al “gatiao” y a los “overos”
mezclao’ con unos potritos,
y más ayá, al trotecito
se aprosimaba el puestero.
5
Cuando ya s’iba acercando
fijamente me miró
y también lo hacía yo
sin pensar y ni jugando,
que fuera mi amigo Orlando
y en cuanto lo conocí
el también pensaba en mi:
“-¡Pero tanto tiempo hermano!,
¿qué andás haciendo Mariano
por estos pagos y aquí?
6
Yo estoy en la estancia “El Tero”
y ayí empecé a trabajar
y me vieron pa’ domar,
a más de pión de un puestero,
tal que agarré unos “overos”
cuatros “bayos” y un “gatiao”,
y es la causa qu’he yegao
a estos parajes juyido
porque se me habían perdido
tres pingos que ‘ahí ‘tan al lao.
7
“-Yo ricién los veo, hermano,
más del alambre caído,
pensé, serán de Salido
-el mensual de “San Laureano”-,
pero ansí es la suerte hermano
que los encontraste aquí,
si esto no se daba ansí
ni enterao por donde estabas!,
y ni pensar de que andabas
bastante cerca y… te vi.”
8
Ya hace tres meses que entré
en “El Tero”, a trabajar,
y solo había pa’ensiyar
unos mancarrones, ché,
ansí es que la corajié
pa’ domar esos baguales,
hay potradas sin iguales
de todo tipo y pelaje,
me gustó e hice coraje
con la ayuda’e los mensuales.
9
“-Así es la cosa, Mariano,
¡que alegría haberte encontrao!
y también que haigas hayao
a tus tres pingos, hermano;
un día te venís temprano
pa’ recordar lo pasao,
hoy sé que andás apurao
pero siempre estoy dispuesto
pa’ recibirte en mi puesto
y comernos un asao.”


Versos de Ángel Feliciano Mele

martes, 24 de julio de 2012

SIEMPRE QUE NO SEA DE A PIE

1
Le asiguro Don Mansiya,
salvando algunas distancias,
capás que yego a la estancia
mañana, con mi tropiya;
mi propuesta es muy senciya
ya lo hemos aclarao, Don,
alviertale a su patrón
de movida y de soslayo
que yo soy pión de a cabayo,
de a pie… siempre fui chambón.
2
Usté bien sabe Mansiya
que yo siempre he reseriao
y algunos pingo’he domao
como estos de mi tropiya.
En el campo “Las Variyas”
fui mensual, dispués puestero,
¡lo pasaba compañero
sobre’l lomo de los fletes!
en el corral o en los bretes
trabajando días enteros.
3
Pa’ las yerras ¡ni que hablar!
había miles de terneros
y junto a otros aparceros
siempre me tocó enlazar;
en los tiempos de apartar
a rebenque y a pichico
áhi no había nada chico,
tenía que andar bien montao,
tratando ‘e salir parao
si el pingo se iba de hocico.
4
Lo que no aprendí: a puntiar
ni a manejar una horquiya,
y le arisquié a las variya
en los tiempos de esquilar;
chapetón pa’ deschalar
fui dende muy chiquilín,
cuando el maíz cuarentín
se sembraba en tuitos lao,
¡yo l’hice la cruz, cuñao
a ese tan fiero trajín!
5
Por tal causa no les fayo,
no trabajo más de a pie;
mi vida terminaré
arriba de los cabayos.
Mansiya, ¡iré como un rayo!
de mañana muy temprano,
ya tengo ensiyao un ruano,
tomo dos u tres amargo’,
unas pocas pilchas cargo
¡y hasta la güelta, paisano!

Versos de Ángel Feliciano Mele