viernes, 14 de octubre de 2011

CUANDO ME VAYA

Cuando al camino del cielo
lo empiece a tranquear despacio,
cuando ya deje el espacio
que hoy ocupo en este suelo,
quiero llevar de consuelo
a mi última morada
dos cosas que son sagradas
para cualquier gaucho altivo:
¡el rebenque y los estribos
que usaba en las jineteadas!

De mortaja, el poncho fino
que me pongan al marcharme,
pa’ cuando esté frío taparme
en ese largo camino;
quisiera como argentino
cuando se apague mi vida,
me diera la despedida
con un verso, un payador,
y de algún yuyo, una flor
me acompañe mi partida.

Me sentiré muy contento
si al llegar a esos lugares
me lo encuentro al Indio Bares,
Ayrala, al Pampa Barrientos,
soltando versos al viento
como en la tierra lo hicieron
en los pagos que anduvieron
con muchas amanecidas,
en su paso por la vida
junto a tantos que se fueron.

Y si hago ‘un alto en la güella’
por áhi lo hallo a Miguel Franco
pa’ después seguir al tranco
alumbrao por las estrellas,
y entre tantas cosas bellas
en el pago celestial,
zamarriando algún bagual
por áhi lo encuentro a Bilbao,
en un bruto bien sentao
de riendas y sin bozal.

Si alguna noche de farra
me lo encuentro a Alberto Danza
no pierdo las esperanza’
que han de llorar las guitarras,
siempre le sobraron garra
si canta como un jilguero,
y si está Domingo Berho
cerquita me via’rrimar,
seguro se va a largar
con algún verso campero.

Y si pa’ los versos nuestros
allá en el cielo hay escuela
pa’ mi Wenceslao Varela
seguro está de maestro;
yo viá a ver si les demuestro
lo poquito que aprendí,
en tanto que recorrí
en desfiles, jineteadas,
en peñas y guitarreadas
en el tiempo que viví.

Si hay jineteada y destreza
áhi la cuento como robo
si anima el Gringo de Lobos
y ‘el viejo’ Julio Cabezas,
también tengo la certeza
que en la rueda de cantores
estarán los payadores
de Uruguay y de Argentina:
Casquero, Lagos, Molina,
floriando a los montadores.

Que la hagan con las tropillas
de Labayén y Melón,
“El Penacho” de Zenón,
pelau de oreja a ranillas;
que hagan temblar las gramillas
lujos del gaucho nativo
y a aquellos que queden vivos
les pido de corazón:
¡ponganmén en el cajón
el rebenque y los estribos!

Versos de Hugo Pino

CAYE CORTADA

Nunca ha sido tan nombrada
como es “el camino real”
siendo que es tan servicial
la vieja “caye cortada”;
el ser poco transitada
tal vez le reste importancia,
pero cobra relevancia
y no hay halago que sobre
porque pa’ un paisano pobre
tiene el valor de una estancia.

El progreso en su embestida
pasó sin verla a su lao
y en ella quedó el pasao
porque no encontró salida,
muchas historias de vida
encierra en su corto trecho
y aunque distancias no ha hecho
todo el que supo tranquiarla,
seguro que al caminarla
le ha sacao algún provecho.

No conoció palanchones
ni cuidao de caminero,
es tan solo otro potrero
sin señales, ni mojones,
sin terraplén, ni güeyones,
cantariyas ni cunetas,
solo espejos de agua quieta
que a veces se hacen pantanos
y al secarse en los veranos
sirven de tumba a un “maceta”.

En no muy lejano ayer
cuando por meses se arriaba,
el resero la buscaba
pa’ rondar y pa’ comer.
En ella solían hacer
las chatas, noche a sus viajes,
y hubo en algunos parajes
algunas hasta famosas
que fueron entre otras cosas
“cancha”, pa’ medir corajes.

Con su chacrita arrasada
por heladas invernales,
por las secas estivales
o en crecientes, inundada,
ayí estaba la cortada
pa’ echar cualquier animal,
y algún domingo especial
también fue lugar propicio
pa’ la fiesta a beneficio
de la escuelita rural.

Aunque muchos la creen muerta,
solitaria y escondida,
ella siempre tuvo vida,
nunca se encontró desierta;
es como la mano abierta
tendida en toda ocasión…
Siempre cumple su misión
y aunque no sea muy nombrada,
en toda “caye cortada”
hay historia y tradición.

Versos de Ricardo "Tito" Urnissa

DON SALUSTIANO QUINTEROS

Andaba con veinte pingos
todos rosillos overos,
clinudos a decir basta
pero todos criollos netos.
Lucía un poncho calamaco
corto a lo pampa, sin flecos,
flaco, alto, melenudo,
mal trazao, con poco apego,
a perder tiempo en posturas
y en “etiquetas” de pueblo.

De desteñido era verde
su chiripá largo, negro,
de punto, su camiseta,
y calzoncillo sin flecos.
Calzaban sus pies desnudos
grandes espuelas de fierro,
que arrastraba en los boliches
Don Salustiano Quinteros,
y a caballo parecía
un centauro de mi suelo.

Su risa de horno encendido
le hacía un lindo juego
a un pañuelo que fue rojo
suelto al descuido en el cuello.
Un sombrero ‘panza ‘e burro’
anochecedor de sueños,
y una faja ancha largona
sostiene con gran respeto,
su cuchilla marca “Chancho”
Don Salustiano Quinteros.

Lucía entre tantas cosas
con su recado hilachento,
dos pares de avestruceras
a cintura Don Quinteros.
Se güarecía en los contornos
bien alejao de los pueblos,
pasando días tranquilos
en puntos muy estratégicos,
lejos de la policía
más por cuidao que por miedo.

Había que ver a este gaucho
con sus rosillos overos,
sacar sin gritos un toro
y sin lonjas de un ‘un rodeo’.
Echar al medio, y ‘de un saque’
llevarlos hasta el señuelo,
y los pingos ni sudaban
aunque estaban bien rellenos…
Claro que el hombre había sido
del tiempo de Martín Fierro.

Versos de Héctor Del Valle

POR UNAS TRENZAS

Campo por medio nacieron,
se criaron a las vistiadas;
de talero se midieron
y unas trenzas que crecieron
dieron noche a la topada.

Patrones de sus destinos,
señores de sus locuras,
algún días esas bravuras
se harían sangre en el camino.

Sobraba un tigre de entrada
y eran dos, los dos iguales:
en el salto, en la topada,
volcando una puñalada
o echando al juego sus riales.

Marcos, de cuerpo delgao,
tejida en mimbre la estampa,
manejaba el cabo ‘e guampa
hasta con el brazo atao.
Naranjero recortao
le daba doble confianza
y en sus vistas una lanza
rota en dos se habi’afilao.

El otro, Crecencio Busto
yevaba vincha en la frente,
y un “marca sol” reluciente
pa’ darse ande quiera un gusto.
Cara de encargue pa’ un susto
cerrando un ojo miraba,
y en carpeta, caña y taba
nunca pasó de lo justo.
………………………………
El rancho ‘e la Mama China
como una garsita blanca
en el borde ‘e la barranca
de frente al zanjón s’empina.
Áhi vive una golondrina
que tiene luto en alas,
la florecida de galas
entre amor de dos reproches,
la que separa día y noche
con un briyo de lus mala.

Eran patrones en celo
cada cual con una aurora;
dos manos pa’ una sonora,
dos alas con igual güelo;
dos caricias en su pelo,
picaflores de una flor,
un coraje y un rencor
turnándose sus halagos,
y eya… jugando en el pago
dos cartas en el amor...

Uno salía, otro entraba
la madrugada ‘el encuentro;
una despedida adentro
y ajuera uno que’speraba;
tiran por eya esa taba
dos tigres enamoraos,
a “marca sol” ponderao
y a filoso cabo ‘e guampa,
que un mozo de fina estampa
va desvistiendo apurao.

Tanto buscarse se hayaron;
jué lo que tenía que ser:
por un amor de mujer
a fierro se despenaron;
ensangretaos se arrastraron
y por destino ‘e la suerte,
apariaos dos crioyos juertes
yegaron, de boca abierta,
y haciendo puesta en la puerta
vieron la liña ‘e la muerte.

Jué en la barranca el entierro:
Marcos, el de fina estampa
se jué con su cabo ‘e guampa
dormido al último encierro;
y acompañao por su fierro:
un “marca sol” reluciente,
iba, de vincha en la frente
Crecencio Busto a la fosa,
mientras la trenza ‘e la moza
se partía en dos ponientes…

Van por tuno en el lucero
sombra y luz a la ranchada,
y se siente la topada
clarita bajo ‘el alero;
yoran chispas los aceros
porque la trenza ha crecido,
y dos tigres malheridos
se apagan en las boquiadas,
hasta que la madrugada
los tapa con el olvido…

Crecencio quedó en La Noche,
y Marcos quedó en El Día,
y eya, en La Tarde caía
rodiada por dos reproches;
y los sosegó a derroches
siempre de trenzas crecidas,
y ayá en las amanecidas
se van topando por eya,
una noche sin estreyas
contra la luz de la vida.

Versos de Julio Migno

jueves, 13 de octubre de 2011

PLATICANDO

Tengo unos animalitos
que yo mesmo los lidéo
y que a juerza de porféo
hoy están entabladitos.
Los tengo acomodaditos
como pa’ dir ande quiera…
porqu’es fiera la carrera
pa’l que debe reseriar,
tenerse que priesentar
como un arrastrao cualquiera.

V’esa yegüita tubiana
marca de una “ese” p’ajuera?
Se la comprié a Zenón Vera
cuando le vendí la lana.
Me ofiertó tres; una ruana
y dos tubianas iguales;
cada una diez nacionales
y la cosa era a elición,
nos ráibamos con Zenón
pu’el negocio ‘e los baguales.

Retozábamos los viejos
en conversación sencilla,
devisando la tropilla
no se juera a dir muy lejos.
La d’él era de azulejos
parejones muy iguales,
relinchaban los baguales
al sonar de los cencerros
y yo apretando los fierros
chiflaba mis animales.

Yo ya estoy acobardao
de tanto andar en la güeya
y qué hacer si esa es la estrella
que Dios nos ha reservao.
¡Y hay que ser juerte cuñao
pa’ cuando llame el destino,
qu’es honra pa’un argentino
que le hizo frente al coraje,
¡¡¡Dir de resero en el viaje
ande’s más largo el camino!!!

Versos de Omar J. Menvielle

CAMPERITA

No ha visto tras la lomada
como se muere solito
el fogón de algún solsito
que ha calentao la enramada…?
Y ha visto usté como lanza
tristona luz de agonía…?
Pues bien; como muere el día
así murió mi Esperanza!

No ha visto las golondrinas
que huyendo se van del nido
si ven el campo adormido
sin flores y sin espinas,
buscando siempre regiones
de más saumerio y más bellas…?
Pues bien; como se van ellas
se jueron mis Ilusiones!

Y no le ha dao por mirar
temprano, de madrugada,
cuando la mar enojada
vá en las toscas á quebrar
con ronco furor indino
olas de aguas inquieta y loca…?
Pues como el agua y la roca
me estrellé con el Destino.

Y cuando extiende el ñublao
su negro poncho de sombra
poniéndolo como alfombra
allá, en el cielo encrespao,
la lechuza con pereza
cantando los aires cruza…
Y así, como la lechuza
me canta a mi la Tristeza…

domingo, 9 de octubre de 2011

LA CARRERA (o "Gajito de Cedrón")

-estilo gateado-

¿Te acordás que fue un domingo
que te vi por vez primera
después de aquella carrera
que yo gané con mi pingo?
Se bailaba en lo del gringo,
el puestero del bañao,
yo te miraba embobao
como tigre al gallinero,
cuando gritó el bastonero:
“-¡Pa’ tuitos, gato polqueao!”

Yo te dije con temores:
“Diga, moza, ¿me acompaña?”
Vos retrucaste con maña:
“¡Cómo no, de mil amores!”
Vos revoleaste las flores
de tu pollera escarlata,
yo empecé a menear la pata
y uno de tantos mirones
dijo: “¡Voy diez patacones
al de las tabas de plata!”

Terminó el gato polqueao,
se sentaron las parejas
y en un rincón varias viejas
hablaban de lo pasao.
Y yo que estaba a tu lao,
haciéndome el inocente,
te di un beso redepente
que una vieja oyó el chasquido
y dijo: “¡Gaucho atrevido!
¡Ya ni respeta que hay gente!”

¡Lindo tiempo aquel, canejo,
cuando entuavía me amabas
y a los bailongos llegabas
en ancas de mi azulejo!
Hoy solo queda el reflejo
de tanto lindo domingo;
te casaron con un gringo
que tenía mucha plata…
¡Pero esa carrera, Ñata,
ya la había ganao mi pingo!

¡Ojo! Según el investigador Roberto Selles, Alfredo Navarrine no es el autor como figura en algunas grabaciones.