jueves, 9 de julio de 2026

PILCHAS VIEJAS

 La memoria galopando

dándole el frente al pampero

lleva de tiro al surero

que en mi pecho está cantando.

Así contento escarciando

y al encontrarme inspirao

voy concertando un rimao

entre frases bien parejas

pa’ unas pocas pilchas viejas

que fueron de mi recao.

 

Aquí está mi maneador

sobao como una badana,

y los mandiles de lana

que van perdiendo el color.

Los bastos ya sin valor;

y el sobrepuesto florido

que un alambre, por descuido,

le hizo un ‘barbijo’ pa’ abajo,

pero yo curando el tajo

con un tiento lo he zurcido.

 

Parece el freno un lamento

sin la espuma que lo moja,

y muda está su coscoja

cargada de aburrimiento.

Al ver cada estribo siento

apearse a la tradición,

y allí en el mismo rincón

están durmiendo colgadas

las riendas, las cabezadas,

bozal, cabresto y cinchón.

 

La fuerte y ancha encimera

de tanta y tanta enlazada

muestra bastante estirada

la argolla de la asidera.

Tanteo la cincha que fuera

pa’ el sudor y el barro guapa,

y como el tiempo se escapa

si al lazo acaricio y miro

se me desliza un suspiro

que va a enredarse en la yapa.

 

Mil noches a campo abierto

en mi recao bien tendido

a pata suelta he dormido,

y en otras soñé despierto.

Áhi con mi poncho cubierto

esperé a las madrugadas,

y cuando fieras heladas

volcaban crudo el rigor

me iban dando su calor

estas matras desflecadas.

 

Aunque ya mi poncho alcé

y en el pasado me pierdo

cada pilcha es un recuerdo

de un tiempo que se me fue.

Con ellas, cuando ensillé.

fue pa’ ganarme la vida,

y como el criollo no olvida

a lo que vive aferrao

aquí estarán a mi lao

¡hasta que Dios lo decida!

 

Versos de Pedro Risso

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