viernes, 17 de agosto de 2012

MI RECAO

1
Es de soga mi recao,
poco tiene pa’ lucir,
pero mucho que decir
las pilchas por separao.
Campero y bien trabajao
en güen cuero es el bozal
y hacen juego por igual
las riendas y cabezadas,
freno de simple barbada,
coscoja tradicional.
2
Una bajera de lona,
bastante grueso el mandil
que’s de lana mil por mil
y de suela la carona.
Una matrita cortona,
bastos de suela, sureros,
correones de grueso cuero
y bien ancha la encimera,
con su gauchita’sidera
trabajada con esmero.
3
Muy juertes las estriberas,
estribos del sur, de suela,
bien clavadas las tachuelas
semejando una madera.
La cincha, a mi manera
con letras por iniciales
de los dos lao ¡bien iguales!
y manea desprendedora,
de grupa las boliadoras
de dos bolas desiguales.
4
De seis el lazo trenzao
-medio cortón y senciyo-,
algo negro el cojiniyo
y por debajo aforrao.
Va totalmente tapao
con sobrepuesto ‘e carpincho,
con el pegual que lo cincho
y ya una vez enfrenao,
agradece’mocionao
mi ensiyao, con un relincho.
5
De mi facón va colgao
un rebenque cola ‘e vaca,
de la vaina se destaca
un hermoso ribeteao,
sostenido y apretao
por campero tirador;
y un poncho reparador
que ya tiene sus galopes,
son pilchas de Agustín López,
lo que ordene, servidor!
                                                                      (02/1980)
Versos de Agustín A. López

jueves, 16 de agosto de 2012

EL APARTE

1
Copa el sol en el naciente
la banca a la oscuridá,
estiende su claridá
y huye la sombra al poniente.
La brisa va mansamente
peinando los pastizales
y en alivio de sus males
entre gorjeos divinos:
se hablan las aves con trinos
en mil notas de cristales.
2
Un grito vibrante y fiero
-nota aguda y sostenida-
clarín de la recojida,
rompe el silencio campero.
Y como un eco certero
que viene del infinito,
se oye repetirse el grito
al frente, a uno y otro lao
y entra a rumbiar el ganao
pa’l rodeo, derechito.
3
Suben desde la cañada
entreveraos con balidos
roncos y finos ladridos
de la furiosa perrada.
Una vaca rezagada
por defender su ternero
provoca aquel entrevero
y agachando la cabeza,
contra un gran perro endereza
que a cuerpiadas salva el cuero.
4
Del sol a los resplandores
va la hacienda como oleaje,
dándole vida al paisaje
con sus diversos colores.
Y al brindarles sus primores
la paleta de natura
a la vista se figura
que un telón se hubiese alzao
y un cuadro nos ha mostrao
de su más bella pintura.
5
Queda un momento en reposo
la hacienda que allí se junta,
el paisanaje se ayunta
dicharachero, animoso.
Y del trabajo anheloso
da comienzo a la jornada
y avizora la mirada
escudriñando al ganao,
por si ven un abichao
darle vuelta la pisada.
6
El día sigue avanzando,
y en diestras atropelladas
para esquivar las sentadas
sacan reses paletiando.
La tropa se va formando
con la hacienda más pareja,
porque siempre se aconseja
que el aparte ha de ser tal:
que uno con otro animal
no ha de sacarse una oreja.
7
Y ya la tropa formada
en la huella, maravilla
ver puntiando la tropilla
baquiana y aquerenciada.
El resero en la jornada
en gran mutismo se encierra,
todo su interés se aferra
al arreo de la tropa,
que’n ella, marchan a Uropa
las carnes de nuestra tierra.

Versos de “Pampa Viejo”
(seudónimo de Enrique M. Torres)

DON ANACLETO QUINTEROS


Don Anacleto Quinteros                        
es un gaucho de mi flor,                     
de mozo fue domador                        
y anduvo entre los reseros.                
Caminos, campos y esteros                
si lo habrán visto pasar,                      
al tranco y sin apurar                          
el paso de la tropilla,                           
con esa forma sencilla                        
el hombre sabía andar.                       
2                                                                            
Aficionado y no es cuento
al dibujo y a los cueros.                      
Aprendió de los sogueros                   
sacar de una lonja un tiento;              
enlazaba en campo abierto                
por encargue o diversión,                   
enseñando al redomón                       
a tirar de la esidera                             
o a correr una cuadrera                      
en medio de un callejón.                      
3                                                          
En los bastos del pasado                   
está sentado el tropero,                      
los años castigan fiero                       
pero él aguanta callado;                     
dejó su poncho encerado,                  
su rebenque, su puñal,                        
y el relincho de un bagual                   
le hace cosquillas la sangre,              
como el silbar de un alambre             
en noches  de temporal.                     
4
También dejó su trenzado
y su ponchito hecho hilachas,
aquel que tantas muchachas
se lo habían codiciado.
El maneador, el bocado,
riendas, cabresto, bozal,
la manea y un morral
junto a un palenque ladeado,
mudo el cencerro ha quedado
en el centro de un corral.
5
Se deshizo del recado
que tantas veces tendió,
me dijo que lo vendió
con un alazán tostado;
un pingo que había amansado
y que era el de dominguear,
porque sabía jugar
con la coscoja y sus manos,
lo elogiaban los paisanos
cuando se entraba  a cruzar.
6
Hoy es una luna llena
su cabeza encanecida
y es el dueño de una vida
que lleva el alma serena;
he querido en hora buena
talonear la inspiración
y cantar con emoción
a su estampa tan bizarra,
al compás de mi guitarra
a un gaucho de mi nación.

Versos de Atilio Reynoso

martes, 14 de agosto de 2012

COCINA 'E CHACRA

1
Cocina vieja cocina
que jué de siete por cuatro,
lugar donde fuera el teatro
de la reunión campesina.
Hoy mi mente te imagina
y al tiempo lo he desandao.
Y ya me veo parao
allí mesmo donde estabas
y ese lugar que ocupabas
hoy es potrero pelao.
2
Aquí se habló de las trillas,
del tiempo y la maquinaria,
de los rinde por hetaria
y las clases de semillas.
Aquí estaban varias sillas
dispuestas en derredor,
y creo que sin error
podría decir certero
adonde estaba el aujero
de plantar el asador.
3
Aquí se afiló un cuchillo,
por acá pasó el amargo,
aquí estaba el banco largo
bien lavao con el cepillo.
Estaba haciendo un martillo
con la punta de la mesa,
que era larga, tioca y gruesa,
y estoy viendo el perro abajo
pellizcando con trabajo
el resto de alguna presa.
4
Aquí jué la carcajada
por la ocurrencia más cómica,
aquí estaba la “económica”
con su plancha bien fregada.
Aquí jué la choriciada
y el baile con acordeón;
aquí se colgó el jamón
y la caña choricera,
cerquita de la alpillera
del cielo raso panzón.
5
Aquí se contó el suceso
de la muerte de Lencina
esa tarde en que en “la esquina”
estaban tirando el güeso.
El silencio más espeso
la alegría jué copando.
Aquí se arregló Servando
con una de las muchachas.
Le lavó un par de bombachas
y se las siguió lavando.
6
Aquí se sintió el olor
que da la leña de vaca,
o el del guiso que se saca
con paciencia y con amor.
Aquí se sintió calor
la noche más invernal,
aquí se hacía el mensual,
al lao del fuego encendido,
sobre algún callo partido
su cura de unto sin sal.
7
Cocina vieja cocina
que jué de siete por cuatro,
hoy te ve como en un teatro
mi añoranza campesina.
Como buscando tu ruina,
después de güellas inciertas
por tus invisibles puertas
penetro con paso tardo
pa’ florecer como un cardo
sobre tantas cosas muertas.

Versos de Luis Domingo Berho

lunes, 6 de agosto de 2012

MATRERO

De poncho pampa terciao
por sobre del hombro izquierdo,
chueco y de tranco lerdo,
así era Ciriaco Aldao.
Anduvo po’el Colorao
siendo mozo, de resero,
y un día trece de enero
del año cuarenta y seis
mata a un hombre en buen ley
y lo apodan “El Matrero”.
  
No le gustaba el gatillo
-no era hombre cazador-,
en cambio le dio el Creador
habilidá pa’l cuchillo.
Arisco pa’ los caudillos,
decente y muy caballero,
fue mi mejor compañero,
yo le alcancé diez gatiao’
y juyó del Colorao
con rumbo al sur, “El Matrero”.

 Llegó a mis pagos y allá
entró en “Lonco Trapial”
de domador y mensual;
fue puestero y capataz.
Y en la costa del “Lepaz”,
en el boliche “Los Teros”,
mató un “busca” ventajero
porque le peló del medio…
No le quedó más remedio
seguir viviendo ‘e matrero.

Supe de que mis gatiao’
murieron de viejo’en “Teca”;
que allá, por “Nueva Lubeca”
ya echó raíces, Aldao…
Dicen, que se ha’collarao
con la viuda de un puestero,
que tiene catorce overos
contramarca ‘e “La Laurita”;
que su causa está prescrita…
Po’ eso te canto, “Matrero”!

Versos de Julio Secundino Cabezas

viernes, 3 de agosto de 2012

PUESTERO

La lluvia se ha descolgao
en abierto desafío
y enancao un viento frío
mortifica despiadao…!
La hacienda el monte ha ganao
hasta que’l tiempo mejore
porque’n los alrededores
donde la pampa se asienta…
¡con más fuerza la tormenta
hace sentir sus rigores…!

El rancho que fue aporriao
por más de cien temporales,
entuavía sin puntales
se mantiene levantao…!
Bajo su techo abrigao
que no filtran las goteras,
en esta emergencia fiera
me he guarecido sabiendo…
¡que puede seguir lloviendo
por todo el tiempo que quiera…!

En la estancia el personal
hoy no sale a trabajar;
se dedica a descansar
mientras dure el temporal…!
Yo soy puestero, mensual,
más razón pa’ no afligirme;
si la lluvia sigue firme
y el tiempo malo no pasa…
¡me viá quedar en las casas,
matiando pa’ no aburrirme…!

Capaz, después de yerbiar,
le pegue un tajo al asao;
o eche un vistazo al recao
por si hay algo que arreglar….!
Y si me llega a tocar
la soncera con sus alas,
capaz que me pite un chala
pa’ quemar algún recuerdo…
¡de’sos tristones y lerdos
que ocasiones me acorralan…!

Afuera, sin aflojar,
la tormenta sigue fiera;
y yo en la vieja “tapera”
sin más que hacer que esperar…!
De a ratos pienso ensillar
lo mesmo pa’ no quedarme;
pero yo sé que al largarme
lloviendo así, pa’ los cerros…
¡seguro que ni los perros
podrían acompañarme…!

Por eso, pa’ que porfiar.
Que siga nomás lloviendo;
yo en el puesto me defiendo
y es día pa’ descansar…!
A veces suelo pensar
en mi largo derrotero;
esta vida de campero,
mis costumbres y maneras…
¡y, la verdá, que quisiera
siempre seguir de puestero…!

Versos de Cirilo Bustamente

jueves, 2 de agosto de 2012

DE MI TROPILLA


(5 sonetos)

LA MADRINA

Baquianaza en el llano o en el cerro,
destacando su estampa de “lobuna”
va la madrina al frente; una por una
desgranando las notas del cencerro.

Cuando l’he atao un potro a la collera
lo ha’madrinao al punto en dos tirones,
cual se ve amadrinao en ocasiones
el gaucho más matrero a una poyera.

Y no hago uso de traba ni manea
si tengo que hacer noche en algún bajo:
ande tendí el recao se aquerencea;

y no tengo al campiarla ni trabajo,
porque de rato en rato cabecea
¡castigando al cencerro su badajo!

MI CRÉDITO

Tengo un “bayo encerao”. ¡Una fortuna!...
Suele darle  mi flete tanto brtillo
luciendo mi chapiao… ¡Cuando lo ensillo
desparrama más plata que la luna!...

Llueven las alabanzas; y a la roja
luz del sol que se quiebra con la escarcha,
luce braciando al paso de la marcha
que va desenredando ‘e la coscoja.

Y como yo no soy alabancioso:
cuando siento mentar a mi caballo
me quedo cavilando, silencioso…

Pero me enllena el corazón de gozo
porque veo que no hay como mi “bayo”
¡un flete, más pingazo y más hermoso!

EL TOBIANO

Dicen que’s mi “tobiano” una pintura
cuando lo sé lucir en los paseos,
y lo viesen pasar!,  los escarceos,
resaltando entre todos su figura.

Nadie como él para una atropellada
o para una corrida de sortija,
y es en una cuadrera la más fija
que hasta puede cobrarse anticipada.

En todito mi pago no hay paisano
que no me lo codicie y envidee.
¡Él es todo mi orgullo! Y es en vano:

se acabó mi modestia, soy humano,
y aunque alguno al mirarlo malicee,
yo solo sé: ¡que vale mi “tobiano”!

EL ROSILLO

Cuando hay que trabajar en un rodeo
apero mi “rosillo-porcelano”,
el flete más parejo y más baquiano
que satisface todo mi deseo.

Y hay que verlo en el lazo, en la pechada,
pa’ sacar un novillo paletiando.
Trabajar en la manga, o si es arriando
alguna tropa para la Tablada.

Como lo dejo dicho, es el “rosillo”
mi pingo más parejo pa’l trabajo.
Después de la fajina desensillo…

Lo’yésen relinchándome al muy pillo:
sabe que hay un morral lleno, ¡barajo!,
mezcla de avena, máiz y rebasillo.

EL MORO

Tengo un “moro” tan guapo en la cinchada
que’s capaz de arrastrarse una carreta,
como hachazo en el pique, y ni a gambeta
se escapa un avestruz de su pisada.

Pa’ saltar, más liviano que una paja,
no hay tranquera ni alambre que respete;
y emponchao en coraje mi güen flete
¡ande lo mando áhi va, nada lo ataja!

Yo lo atiendo y lo cuido con esmero
y por mi “moro” hasta daría la vida,
está foguiao en más de un entrevero!

Fuera envidia ‘e Peralta, aquel cuatrero
que en Ascochinga, riendo ‘e la partida:
¡se lanzó en un abismo y salvó el cuero!

Versos de "Pampa Viejo"
(Seudónimo de Enrique M. Torres)